EMPATÍA Y SOLIDARIDAD

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Empatía y Solidaridad – Aníbal Quiroga LIMAYPE https://limay.pe/politica/empatia-y-solidaridad/


Aníbal Quiroga León ([1])

“A un hombre se le cayeron tres monedas, y otro las encontró. Ambos fueron ante el juez y los dos insistían en que no les correspondía quedarse con el dinero. El que dejó caer las monedas, explicó que no merecía recuperarlas porque la pérdida se debía a su propia negligencia. El que las encontró argumentó que no podía quedarse con ellas, porque no le no le pertenecían originalmente. Después de escuchar a las partes, el juez sacó otras tres monedas de su propio bolsillo y las agregó a las otras, luego dividió la seis entre los tres. Al final dijo: ‘el que dejó caer las monedas, y tenía tres al principio, ahora tiene dos; el que encontró las monedas, también tiene dos; yo tenía tres monedas en mi bolsillo, pero ahora tengo dos. Cada uno de nosotros perdió una moneda. Este es mi fallo’”. Decisión Judicial del periodo feudal Edo (1600.)

No cabe duda que la pandemia del COVID-19 ha golpeado mucho en todos los aspectos de nuestra vida, sin que nada ni nadie se haya salvado: la salud, la libertad de movimiento, la educación, la economía, el trabajo, los salarios, los ingresos, la seguridad, las FFAA y FFPP, la institucionalidad política, el pobre desempeño del Congreso, el poco eficiente desempeño del Ejecutivo sobre todo después de un buen inicio, etc.

La vida ha cambiado abruptamente y, se ha anunciado, cambiará para siempre, pues tendremos que ir “hacia una nueva convivencia social” como dramáticamente reza el decreto supremo que extiende la emergencia nacional hasta el 30 de junio.

Eso quiere decir que, en verdad, ante esta crisis sin precedentes en la historia nacional (y en la universal por su magnitud, extensión y costo económico, aunque no por costo en decesos), todos vamos a perder algo. Todos, sin excepción. Es, como aquel refrán urbano: “cuando llueve, todos se mojan”.  Pero he aquí que, en medio de esta pandemia, cuya solución no está ni a la vista, ni será en el corto plazo, algunos no solo no quieren perder nada, sino que quieren salir gananciosos, es decir, que la pandemia represente una oportunidad de negocio, de acumular dinero a costa del sufrimiento, de la enfermedad y del deceso de los demás. Por ejemplo, algunos bancos, pese al descarado apoyo del BCR, y al soporte que ha dado el MEF, están exprimiendo a sus clientes cerrando sus tarjetas bancarias, cancelando sus créditos, ajochándolos con llamadas de cobranza, como si nada hubiese pasado, como si los clientes no hubiesen estado confinados sin poder trabajar y sin recibir sus ingresos o, peor aún, habiendo perdido su trabajo e ingresos. Cero empatía, cero solidaridad, full rentabilidad. Con ellos no es ni la crisis de salubridad, ni la crisis económica, ni la plaga que a todos nos afecta; caminan campantes como si el mundo fuera perfecto cobrando sus réditos e intereses con una mano, y recibiendo ayudas estatales con la otra.

Mención honrosa para muchas clínicas privadas que han hecho su agosto cobrando por pruebas que el Estado ha realizado gratuitamente y, cuando han sido pilladas in fraganti, han enumerado un listado de “gastos” que pretenden justificar el cobro: mascarillas, guantes, mandiles, personal, traslado, movilidad, isopos y hasta el refrigerio. Cero empatía, cero solidaridad.

El premio mayor se lo llevan las farmacias pequeñas, las del barrio, que a nivel nacional han escondido medicamentos básicos para aumentar su precio, que distribuyen medicamentos bamba en base a azúcar impalpable y harina para lucrar, como los gallinazos, del dolor y del drama de los contagiados y de sus familiares. O de aquel médico de un hospital del Callao que hacía delivery, previo depósito en su cuentita bancaria, con un medicamento que hurtaba de su centro de trabajo engrosando indebidamente sus ingresos. Cero empatía, cero solidaridad.

El premio mayor lo tienen los carroñeros del oxígeno medicinal, que han quintuplicado su precio, o que han comercializado como medicinal el oxígeno industrial no apto para consumo humano, lucrando fuertemente con el dolor y con la vida y muerte de los necesitados con algo tan esencial como el poder respirar.  Cero empatía, cero solidaridad. Quizás por eso mismo resulta tan digna la actitud del Sr. Barsallo, del Callao, al mantener en S/.15.- por M3 la recarga. Lo que debería ser normal, se convierte en heroicidad. Mucha empatía y gran solidaridad con los que sufren.

Y, asimismo, un Sacerdote en Iquitos, y dos empresas mineras, han logrado montar y donar, respectivamente, plantas de oxígeno para aliviar a los contagiados, evitando una absurda muerte por falta de algo tan esencial como elemental que debió estar en el cálculo estatal. Un gremio de empresarios ha donado un número de respiradores artificiales para salvar vidas que no se deben perder, tomando el ejemplo de Guayaquil donde la iniciativa privada sacó a la ciudad del infierno de la pandemia. Verdadera empatía y solidaridad.

([1]) Jurista. Profesor Principal PUCP

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