** EL SEÑOR PRESIDENTE NO ES UNA MUJER DESNUDA NADANDO BAJO EL AGUA **

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En un estilo algo irónico, pero muy didáctico el Dr. Daniel Eskibel nos enseña a hacer política
Gianna

EL SEÑOR PRESIDENTE NO ES UNA MUJER DESNUDA NADANDO BAJO EL AGUA

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Uruguay, año 1994. Es de noche, justo en el momento más alto del
rating televisivo. Comienza la música. Desde los primeros acordes
el espectador la reconoce. Es la música característica de su
telenovela preferida y se extiende generosamente en la apertura de
la misma para luego repetirse en el cierre. La música y la letra
repiquetean fácilmente en el cerebro del televidente. Algunos la
tararean casi sin darse cuenta mientras ven distraídamente las
imágenes de la presentación de la telenovela.

Uruguay, año 1994. La misma noche, pero 15 minutos después.
Comienza la publicidad. El país está en campaña presidencial y
arrecia la publicidad política. De pronto suenan los mismos acordes
de presentación y cierre de la telenovela. Es la misma música,
aunque con un texto distinto. Es la publicidad electoral de un
candidato a la Presidencia.

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Breve apunte sobre el funcionamiento psíquico
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La vida psíquica del ser humano está compuesta por diversos
elementos: recuerdos, fantasías, ideas, imágenes visuales,
representaciones auditivas…La estructura es compleja porque cada
elemento específico se asocia con otros elementos formando cadenas
asociativas.

La asociación de un elemento psíquico con otro no es el resultado
de una operación racional ni de una clasificación bien pensada y
plenamente conciente. En realidad lo que liga a un elemento con
otro es el resultado de los procesos inconcientes de semejanza y
contiguidad.

O sea que forman una misma cadena asociativa los elementos
psíquicos que son inconcientemente percibidos por el cerebro como
parecidos o que simplemente son percibidos uno al lado del otro o
uno después del otro.

Un elemento se parece a otro aunque sea en un detalle lateral…y
el cerebro hace un click y los asocia. Un elemento aparece a
continuación del otro…y el cerebro también hace un click y los
asocia.

Las cadenas asociativas mentales forman redes, y cada elemento
psíquico puede formar parte de varias cadenas y también de varias
redes mentales.

A ésto debemos agregarle un aspecto clave: los afectos. Porque los
elementos psíquicos también pueden provocar respuestas afectivas.
Entonces el cerebro no solo asocia sino que además siente, le da
una tonalidad afectiva a sus elementos. Puede ser deseo,
curiosidad, temor, verguenza, asco, rabia, placer, excitación,
desprecio, alegría o lo que sea en cada caso. Pero siente. Y el
afecto que siente se desplaza y puede pasar de un elemento al otro
e ir recorriendo las cadenas y las redes.

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La telenovela del señor Presidente
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¿Qué logra la aludida campaña presidencial uruguaya de 1994 al
utilizar la misma música que la telenovela más vista de aquel
momento?

Logra notoriedad, por supuesto. Y alta recordación, claro. Y hasta
el tarareo involuntario de su melodía, logrando que suene en bocas
y cerebros tanto de simpatizantes como de adversarios y también de
indiferentes.

Pero además logra otra cosa, más inconciente y más profundamente
arraigada en el cerebro del votante: se cuela entre sus cadenas
asociativas. Se mete dentro mismo de las redes mentales del
votante. Y el nombre del candidato a Presidente se “contamina” de
otros contenidos psíquicos y de otros afectos, los vinculados a la
telenovela en cuya red mental se inocula.

Cuando el votante escucha la música del candidato, su cerebro
asocia de inmediato con la telenovela y todo lo que ella dispara en
su mente. Y cuando escucha la música de la telenovela su cerebro la
asocia de inmediato con el candidato. Es así que el político y la
obra televisiva quedan integrados en una misma red psíquica. En el
cerebro del votante queda una huella, una conexión, un patrón que
une fenómenos diversos.

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Una mujer desnuda nadando en la campaña electoral
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La telenovela a la que me refiero es la brasileña “Mujeres de
arena”.

Su música de presentación y cierre es el tema “Sexy Iemanjá”, de
Pepeu Gomes. En sintonía con lo sexy de su título, toda la canción
es una alusión constante a la seducción y a lo sexual.
“Entre nós só sexo e Deus”, dice de modo inequívoco en su momento
culminante.

Y mientras suena la música, la imagen que domina la presentación de
“Mujeres de arena” es la de una mujer desnuda nadando bajo el agua.

El candidato presidencial queda entonces asociado a una red mental
altamente erotizada y sexualizada. Una red cuyos contenidos varían
en función de cada individuo pero que seguramente es rica en
recuerdos, fantasías y afectos ligados a la sexualidad. Más
específicamente: a una sexualidad trabajada desde lo sensual, lo
cálido, lo seductor, lo íntimo.

No es una red de asociaciones vinculadas al sexo duro ni a la
pornografía ni a la violencia ni a lo grotesco ni a lo
gratuitamente sobreexpuesto, sino más bien al sexo integrado a la
calidez del vínculo humano y a sus connotaciones afectivas.

El votante no piensa en la mujer desnuda ni en las alusiones
sexuales mientras ve y escucha la publicidad electoral de ese
candidato. Eso sería una burda caricatura. Lo que le ocurre es que
siente. ¿Qué siente? Calidez, afecto, proximidad, intimidad con el
candidato.

Eso que siente tal vez no determina por sí solo su voto, claro
está. Pero ayuda. Fortalece simpatías. Neutraliza antipatías. Y
comienza a mover a los indiferentes.

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