Cuando la campaña gana impulso

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El escritor se dispone a escribir.
Novelista, periodista, ensayista, columnista…Escritor.
Todo dispuesto. Computadora encendida, procesador de texto abierto, página en blanco, silencio y tranquilidad en el ambiente.
¡A escribir!

Hay por lo menos 3 momentos claramente diferenciados en el oficio de escribir. 3 fases por las que todo el que escribe tiene que pasar. Podrán ser más o menos breves, más o menos difíciles…pero las 3 forman parte de la tarea:

1.La página en blanco
2.La pelea con el texto
3.El momentum

Érase una vez una página en blanco…La historia de escribir siempre empieza así: una hoja en blanco. Lo cual genera diversas reacciones según cada persona y cada momento que esté viviendo. Algunos se paralizan, se bloquean, se inmovilizan. Otros se lanzan rápidamente sobre ella.

Sea como sea, tarde o temprano comienza la pelea con el texto. La lucha inicial, la batalla del comienzo, la pelea a brazo partido con el lenguaje.

Hasta que llega el momentum.
Es ese momento en el que el lenguaje y las ideas ya han hecho “calentamiento”. Ya se han ejercitado y se han tonificado. Ese momento en el cual el texto comienza a fluir, a desplegarse con mayor facilidad y velocidad. Ya no hay lucha con el lenguaje, sino fluir. Cada vez con mayor impulso, con mayor fuerza y espontaneidad.

Es el momentum.

Se trata de una fase clave que debe ser aprovechada al máximo. Y potenciada: escribir, escribir, escribir…Porque es cabalgando sobre ese momentum que el escritor avanza considerablemente.

Lo mismo ocurre en las más diversas actividades humanas.
En el deporte. En la ciencia. En la creación musical o cinematográfica. En el trabajo. En la empresa.
Y en la política.

Una campaña electoral gana momentum cuando logra impulso, fluidez, potencia.
Parece que la campaña avanza sola, que se despliega por todas partes cada vez con mayor espontaneidad. Parece simple pero imparable. Los medios de comunicación le prestan cada vez máyor atención. Siempre es noticia. Crece. Los electores hablan bien del candidato. Las encuestas dan bien.

La campaña de ese candidato tiene su momentum.

Y al tener su momentum ocurren otras cosas que ayudan y que empujan en la misma dirección.
Ya mencioné la atención de los medios y las encuestas.
Pero también el entusiasmo de los partidarios, que comienza a contagiar. Y cierto repliegue de los adversarios, que comienzan a dudar o a flaquear.
Además de una sensación general en la opinión pública acerca de que ese candidato ganará.
Y la eventual decisión favorable de quienes tienden a subir al carro de los presuntamente vencedores.

Tener momentum no asegura ganar una elección…¡pero cómo ayuda!

Por eso una tarea crucial en una campaña electoral es construir ese momentum.
Y si ya se lo tiene…sostenerlo, fortificarlo, prolongarlo en el tiempo al máximo posible.
Y si es el adversario el que tiene momentum…encontrar los caminos para bloquearlo, interrumpirlo, cortarlo.

Muchas veces no se habla del momentum.
Pero es un engranaje fundamental en la definición de una elección.
Es como abrir una compuerta para los votos. Como liberar una energía extraordinaria.

Recuerda.
Momentum.

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Daniel Eskibel – Psicociudad
El cerebro del votante es un oscuro laberinto. La psicología política lo ilumina.

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