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07/12/16: La universidad y elmundo actual

La construcción y transmisión del conocimiento en el mundo actual y la universidad.

Efraín Gonzales de Olarte

La Universidad es el lugar por excelencia donde se transmite, elabora y avanza el conocimiento científico, humanista y artístico. Es decir, es la institución donde tenemos la responsabilidad de organizarnos para que los estudiantes reciban de manera sistemática y progresiva este acervo, que hoy es colosal. Sin embargo, el hecho más importante es que el conocimiento está hoy al alcance de cualquiera que desee aprender gracias a la tecnología de la información. En consecuencia, hoy el derecho a aprender tiene menos limitaciones que en el pasado y la universidad está en la obligación de ponerlo al alcance de cada vez más personas.

El conocimiento lo tratamos de adquirir de manera sistemática y ordenada para formarnos como personas, como profesionales, como ciudadanos, es decir como seres humanos. Y es el colegio y la universidad donde aprendemos a absorber el conocimiento de manera sistemática, secuencial y acumulativa.

Uno de los avances sociales más importantes, en los últimos cincuenta años, ha sido la masificación de la educación superior. Ella es ahora parte de la aspiración de cada vez más personas, no sólo como medio de movilidad social, sino también porque no es posible alternar socialmente si uno no está imbuido de mayor conocimiento. Las personas conseguirán mejores empleos, mayor consideración de otros, podrán acceder a círculos más amplios en función del conjunto de conocimientos que tengan. Por ello, la Universidad adquiere mayor relevancia, pues siendo la depositaria y administradora del conocimiento científico, humanístico y artístico, es la institución responsable de transmitirlo, cada vez a más personas, para lo cual tiene que evolucionar de una universidad de elite a una universidad de masas.

Ser universidad es pues una gran responsabilidad, pues estamos encargados de transmitir el conocimiento de la manera más eficaz para que más estudiantes aprendan temas nuevos, aprendan a aprender, es decir les enseñamos a distinguir y seleccionar lo que se requiere saber para cada necesidad de conocimiento, les enseñamos a utilizar el conocimiento y los inducimos a ampliar sus fronteras, a través de la investigación.

Empero, el conocimiento acumulado es inmenso y, los más importante, va creciendo de manera exponencial, sobre todo porque hay cada vez más gente investigando, pensando y produciendo teorías, ideas, métodos, literatura, artes escénicas y plásticas, nueva ciencia, innovaciones tecnológicas, formas de comunicar, documentales, etc. etc. Hoy no es posible que alguien pueda absorber todo el conocimiento sistemático como parece que lo fue antes de la aparición de la imprenta. Por ello, el conocimiento es una mina inagotable que debemos aprender a explotarla para beneficio nuestro y para beneficio de los demás.

Por ello, la transmisión del conocimiento es en parte una ciencia, la pedagogía, y un arte, la forma de interesar y cautivar al que quiere aprender. Por esto, la combinación de conocimiento acumulado, la forma de transmitirlo y la eficacia de hacerlo ha evolucionado a través de los siglos, desde la academia de Platón y el Liceo de Aristóteles, la universidad árabe y europea creada a finales del primer milenio e inicios del nuevo, hasta la Open University y los Moogs de nuestros tiempos. Los métodos de enseñanza han cambiado, la tecnología ha evolucionado a tal punto, que gracias a la informática y la transmisión satelital de datos ha permitido que la información llegue más rápido, pero sobre todo esté al alcance de todo el mundo. En la tercera revolución industrial iniciada a fines de la segunda guerra mundial, los medios de transmisión de conocimientos han sido una de las causas principales de la expansión de los contenidos, a tal punto que el medio también se ha convertido en materia del conocimiento, lo que permite crear más conocimiento de maneras cada vez más sofisticadas.

Existen distintas fuentes del conocimiento son: la experiencia, las tradiciones, la intuición, la investigación científica y no científica, la creencia. De ellas, no todas están en la universidad, pero todas ellas las estudiamos en la universidad y tratamos que los estudiantes distingan estas distintas fuentes, pues cada una tiene una estructura y una trayectoria. Es decir, el conocimiento que nos interesa en la universidad es el elaborado a través del lenguaje, ya sea el lenguaje ordinario con el que nos comunicamos oralmente y por escrito, sino también a través de lenguajes formales como las matemáticas, la música, sin desechar los otros caminos, que a menudo nos llevan también al conocimiento académico.

Vivimos, verdaderamente, una época por demás excepcional no sólo por lo que podemos aprender, sino porque las barreras al aprendizaje se han ido reduciendo. Hoy la mayor pobreza es no poder acceder al conocimiento.

Por estas razones, en el futuro la universidad se ha de transformar, pues tendrá que abrir sus puertas a todo aquel que quiera aprender de manera sistemática, además deberá tener una oferta continua, pues con la inmensidad del conocimiento no queda otra alternativa que seguir aprendiendo a lo largo de la vida, no sólo para “estar al día” sino para satisfacer la curiosidad por cosas nuevas, pues los temas a tratar serán siempre cambiantes. Creo que, como nunca antes, vale la pena vivir la aventura de sumergirse en el mar del conocimiento y, para ello, la universidad es el mejor lugar para darle un sentido a los contenidos que aprendemos y, como consecuencia, encontrar la ruta intelectual que regirá nuestras vidas.

 

28/11/16: SABOR A DESARROLLO

SABOR A DESARROLLO: LAS POTENCIALIDADES OCULTAS PARA MEJORAR A LOS PERUANOS Y AL PERÚ

Efraín Gonzales de Olarte

Pontificia Universidad Católica del Perú

Hace algunos años comenzó la relación de la PUCP con Gastón Acurio. Yo diría que el origen del proyecto académico de las “Ciencias y artes de la hospitalidad”, fue la idea del “ceviche perfecto”.

El ceviche perfecto no sólo debe ser apetitoso y nutritivo, esta es la parte gastronómica, tiene que beneficiar de manera equitativa  a todos aquellos que intervienen en su elaboración, esta es la parte del desarrollo. Es decir, si los pescadores y los agricultores productores de la cebolla, limón, ají, papa o el camote reciben un precio justo, el transportista y el comerciante obtienen ganancias adecuadas, el cocinero que lo prepara y el mozo que lo sirve reciben una remuneración decente, y si además la pesca o la producción de estos ingredientes no dañan el medio ambiente, estaríamos frente al cebiche perfecto. El cebiche perfecto tendría sabor a desarrollo.

En torno a esta idea es que se comenzó a desarrollar la posibilidad de convertir a la gastronomía en objeto académico, pero aplicado al desarrollo. Normalmente, tenemos una aproximación empírica a la gastronomía, basada sobre todo en la prueba y el error, sin embargo podemos ir más allá en varios aspectos y, con ellos, convertir la gastronomía en un arte y una ciencia capaz de promover un desarrollo en otros niveles. Por ejemplo, todos los ingredientes de la culinaria deberían ser estudiados desde las ciencias biológicas y ambientales, para conocer sus propiedades, sus componentes, sus capacidades nutricionales y sus posibilidades genéticas para mejorarlas, además de los temas de sostenibilidad ambiental. El proceso de producción, con sus componentes tecnológicos, las capacidades humanas, la organización y el marketing, deberían ser estudiados por las ciencias económicas, las ingeniería, la gestión y la ciencias educativas. La difusión nacional e internacional requiere de conocimientos de comercio exterior, de patentes, de políticas de exportación de bienes y servicios. Pero el ingrediente más importante en todos esto es la INNOVACION, en todos los niveles. Es aquí donde ha entrado la Universidad Católica, para darle un soporte científico, socio-económico y humanista a esta nueva “revolución gastronómica” liderada por Gastón Acurio, para promover esta gran potencialidad del Perú y administrarla para el desarrollo económico pero desde una perspectiva de desarrollo humano, es decir de abrir las oportunidades de desarrollo para todos.

Es aquí donde se funda nuestra asociación pues creemos que esta no sólo es una revolución gastronómica, si no es en buena cuenta una propuesta de desarrollo incluyente y sostenible, paradigma que necesitamos promover con urgencia. Pero para ello se requiere profesionales calificados, tanto de nivel universitario como de nivel técnico, se requiere de un sostenido proceso de investigación multidisciplinaria e interdisciplinaria, en la medida que la gastronomía para el desarrollo es una problemática multidimensional.

El desafío es extender el mismo razonamiento a otros bienes y servicios complementarios. Es aquí donde surge la idea de incorporar el proyecto la hotelería y el turismo, que son dos poderosos difusores de la gastronomía. Así nació la idea de las carreras alojadas en la Ciencias y Artes de la Hospitalidad, con tres especialidades y con mallas curriculares compartidas.

La Pontificia Universidad Católica del Perú, quiere incorporar estas nuevas carreras sobre la base de su “modelo educativo” que nos ha demostrado ser exitoso. Los pilares de nuestro modelo son: los estudios generales de dos años, donde los estudiantes reciben una formación multidisciplinaria, que a parte de conocimientos de disciplinas básicas de ciencia y humanidades, les da criterio, espíritu crítico, visión amplia de la realidad y competencias en innovación, trabajo en equipo, aprendizaje autónomo, ética y ciudadanía. En la siguiente etapa, en facultad, reciben la formación profesional que se requiere para trabajar, que incluye las competencias específicas a cada carrera. El modelo también incluye, la interdisciplinariedad o sea el diálogo entre disciplinas, la internacionalización con intercambios de profesores y alumnos, estadías en provincias y en el exterior y un enfoque hacia la investigación como segunda forma de aprendizaje autónomo.

Es dentro de este modelo que hemos calzado estas nuevas carreras y creemos que no sólo son muy necesarias para nuestro desarrollo nacional y de las regiones, sino que, sobre todo, constituyen un desafío de creatividad, factor que debería ser el primer ingrediente para nuestro desarrollo.

La PUCP se enorgullece de haber logrado esta asociación con Gastón Acurio, pues estamos seguros que contribuiremos en la construcción de un nuevo paradigma de desarrollo y consolidaremos la exportación de cultura peruana como otro eje de desarrollo.

Finalmente, quiero concluir diciendo que la propuesta en la que concordamos todos los que nos encontramos presentes hoy, es en verdad una propuesta que propone incorporar en nuestro modelo de desarrollo la “exportación de cultura” en todas sus formas, tanto como bienes y como servicios. El Perú tiene una gran potencialidad cultural, como la gastronomía, que sólo está necesitando nuevos “gastones”, para darles valor y exportarlos. En la PUCP estamos seguros que esta es la mejor vía para incorporar a todos aquellos peruanos que, teniendo un acervo cultural y productivo, aún no tienen acceso al progreso porque el estilo de crecimiento no está hecho para incluirlos, para incorporarlos y para mejorar sus vidas. El modelo del “cebiche perfecto” creemos que es una vía muy prometedora, porque entre otras razones depende de nuestro esfuerzo y creatividad. La PUCP quiere hacer parte de esta gran empresa de promover actividades y emprendimientos con sabor a desarrollo.

Pando, 26 de noviembre del 2016

 

16/09/16: Condiciones para una buena descentralización

DESCENTRALIZACIÓN Y POLÍTICAS DE DESARROLLO, DEL 2016 HACIA ADELANTE[1]

Efraín Gonzales de Olarte

Es un hecho que la descentralización gubernamental se frenó desde el gobierno de Alan García y, aún más, en el de Ollanta Humala, hasta el punto que generar un consenso sobre la “recentralización” del proceso, es decir que las principales decisiones de asignación de recursos públicos se toman en el Ministerio de Economía antes que en las regiones o en las municipalidades. Lo cierto es que casi todos los ministros de economía han desconfiado en la descentralización, como mecanismo institucional de política económica y de desarrollo, pues temen que las cuentas macroeconómicas se desequilibren, además han recibido una gran ayuda de las variadas experiencias de corrupción observadas en varias regiones, para pensar así.

Hoy, pasadas las elecciones y dadas las conversaciones que han tenido los gobernadores regionales con el presidente electo, tomando en cuenta su propuesta de crear un Ministerio de la Descentralización, el tema ha vuelto a la agenda. Todo parece indicar, que hay voluntad política para retomar el proceso, con la esperanza que pueda ayudar a mejorar la asignación del gasto corriente y de inversión en función de las necesidades regionales y locales.

Lo que hasta ahora no tenemos es una evaluación de los efectos de la descentralización en tres campos: 1. La asignación del gasto corriente ¿es más eficiente y redistributivo que antes? 2. La ejecución de las inversiones ¿ha sido más eficaz y ha mejorado las condiciones para el crecimiento de las regiones? 3. La descentralización puede ser una palanca para el desarrollo territorial o sólo es una reforma institucional. Al no contar con estas evaluaciones, es normal pensar que la descentralización es un proceso que se ha hecho a tientas, por falta de información y planificación y relanzarlo con esta información limitada y con un pobre balance de lo avanzado, no asegura el alcanzar sus objetivos.

La idea de fondo de la descentralización era que al cambiar los sistemas de identificación de prioridades de desarrollo, el sistema de decisiones de asignación, ejecución y supervisión, en los gobiernos locales y regionales, tendría un efecto en inversiones en infraestructura más eficaces para el desarrollo de las actividades económicas territoriales, en una mejora de la educación para la producción en cada región, en una mayor actividad tecnológica y de innovación en las universidades de las diferentes ciudades. No sabemos cuánto se ha avanzado en las distintas regiones sobre estos temas.

La otra cara de la medalla en el proceso de descentralización, ha sido el proceso político y social desencadenado por la aplicación de la ley de la descentralización. Por un lado, ha obligado a generar organizaciones políticas para participar en las elecciones de los distintos gobiernos municipales y regionales, es decir ha generado una dinámica socio-política en todo el territorio nacional, con el gran defecto de la atomización de estas organizaciones, que ha generado una competencia descarnada por controlar el gobierno local o regional y, sobre todo sus recursos presupuestales. Esto ha conducido a una perversión de la participación política, cuyo peor resultado ha sido las centenas de problemas de corrupción y de malversación de fondos públicos. Todo esto en ausencia de una ética política y de una moral pública, debido a la ausencia de verdaderos partidos políticos.

Por otro lado, la descentralización ha generado un proceso de aprendizaje para gobernar, que no ha sido acompañado de una efectiva descentralización administrativa para apoyar a los gobiernos electos, en los procesos de gestión, de gestación de proyectos de inversión y en las ejecuciones presupuestales. Además, en cada cambio de gobierno ha habido una rotación del personal administrativo que ha incidido en la eficiencia y eficacia de los gobiernos. Esto se debido básicamente a dos factores: la falta de una ley sobre la carrera pública y a la tendencia de los gobernantes a colocar a sus partidarios y parientes en los puestos públicos, lo que no favorece el desempeño de los gobiernos descentralizados.

Frente a este panorama, al mismo tiempo poco claro y tan enmarañado, la cuestión es cómo se vuelve a la senda de la descentralización y cómo se hace para que una reforma tan prometedora para transformar los estilos de gobierno y para construir una plataforma pública, sea capaz de convocar al empresariado y a la sociedad civil para conjuntamente promover procesos de desarrollo y democratización local y regional. Este es el gran desafío del gobierno de Peruanos Por el Kambio.

Nos parece que la principal vía para retornar a la senda descentralista es a partir de ciertas políticas públicas, tanto económicas como institucionales. En nuestro criterio hay dos vías o, quizás tres, de relanzamiento. La primera es a través de políticas de gasto y sectoriales, la segunda es a través de reajustes institucionales y, la tercera, a través de una combinación de ambas.

La primera es la vía fiscal –mejora de los mecanismos de asignación del gasto corriente y de inversión y mejora de su calidad – que debe ir acompañada de políticas sectoriales que orienten el esfuerzo fiscal hacia los sectores o factores productivos que promoverían el desarrollo regional o local. Aquí el problema es ¿qué modelo de desarrollo regional se quiere promover?. Hasta ahora el modelo que ha generado el neoliberalismo a la peruana (mucho mercado y poco estado) es el primario exportador y de servicios (PESER) que se replica en la mayor parte de regiones, a excepción de algunas que son más de transformación productiva. En estas últimas, el crecimiento es mayor y más redistributivo, por ejemplo Lima, La Libertad o Arequipa, son regiones que de alguna manera se han promovido políticas de diversificación sectorial. Estoy convencido que la fórmula para generar “desarrollo territorial con equidad social” es cuando la descentralización estatal genera desconcentración económica y ello sólo se puede generar si las políticas del gasto e inversión pública se concentran en apoyar aquellos sectores con mayores potencialidades productivas en cada región y/o aquellos que generen un proceso de innovación y cambios tecnológicos para promover nuevos sectores productivos.

La segunda vía es la institucional. La creación de un ministerio es la alternativa propuesta por el gobierno de PPK como medio para asignar mejor y más rápido los recursos públicos. Se trata de una propuesta de ajuste institucional, que parte de la idea que la descentralización no está funcionando porque hay demasiada traba a los proceso de inversión, demasiados trámites o demasiada burocracia, adicionalmente, hay una falta de coordinación entre los cuatro niveles de gobierno existentes. Sin embargo, crear un ministerio en el gobierno central para descentralizar, no sólo es una contradicción, si no que puede ser interpretada como una reconcentración para descentralizar, lo que llevaría a una conducción centralista del proceso desde de Lima. En nuestro criterio, bastaría con hacer dos cosas: reactivar el Consejo Nacional de la Descentralización (CND) quizás incorporando algunos mecanismos de coordinación con el MEF e incorporar la Asamblea Nacional de Regiones y de Municipalidades como un organismo colegiado con representación en el Consejo de Ministros. Obviamente, la esencia de esta vía es que el problema de la actual descentralización es la falta de coordinación, la asimetría de la información entre niveles de gobierno y las trabas burocráticas para la inversión pública.

Creo que lo adecuado es la combinación de ambas vías, lo cual se debería plasmar en una “política de descentralización para la desconcentración económica”, que debería integrar una política fiscal, una política sectorial-regional y un sistema de coordinación institucional de estas políticas entre los cuatro niveles de gobierno existentes.

Lima, agosto 2016

 

[1] Publicado en la Revista Intercambio N° 35, pp. 8-12

04/07/16: CÓMO MEJORAR LA EDUCACIÓN EN EL PERÚ

EQUIDAD VERSUS ELITIZACION DE LA EDUCACION:

POLITICAS PARA MEJORAR LA CALIDAD DE LA EDUCACION EN EL PERÚ – I 

Efraín Gonzales de Olarte

¿Cómo mejorar la calidad educativa en el Perú? Es la pregunta que está actualmente en cualquier agenda política y de desarrollo, pero que no tiene una respuesta clara. En la educación peruana se han hecho cosas al tanteo o tratando de imitar modelos o políticas ensayadas en algún otro lugar. Hasta hace poco no se podía inferir, de lo que hace el Ministerio de Educación, cuál era el norte para mejorar la calidad educativa. Sin embargo, no hace mucho, se está tratando de mejorar la calidad de los maestros, dar mejores condiciones para la carrera magisterial, mejorar las condiciones materiales para los estudiantes, hay una política de becas (18, presidente de la república, maestro, catedrático), en base a mayores recursos fiscales, no obstante la pregunta que uno se hace es: ¿a dónde conduce todos estos esfuerzos? por lo demás loables pero ¿llevarán a la mejora de la educación? ¿cómo, para quiénes y en cuánto tiempo?

Para tener una política educativa es necesario partir de tres preceptos: sistema educativo, estrategia política  y largo plazo. El primero significa que es necesario tomar como objeto de la política a la secuencia de niveles: educación básica – primaria – secundaria – superior (técnica y universitaria), como una cadena que debe estar bien articulada y que debe permitir tener metas en cada eslabón y en el conjunto. El segundo, cuál es la estrategia política, es decir a quién se quiere beneficiar, con qué objetivos, con qué medios y en cuánto tiempo se quiere reducir las brechas y carencias que tiene la educación en cada nivel y en el conjunto. Tercero, debe ser proyectada al largo plazo, es decir que debe ser una política de estado.

El gran objetivo de la política educativa debería ser doble: el contribuir al desarrollo de cada persona y, por este medio, a generar el “capital humano” necesario para impulsar el desarrollo de todos los peruanos. Es decir, un objetivo personal y social al mismo tiempo. ¿Cómo generar  una educación para lograr estos objetivos? , partiendo de la situación actual tanto en avances como en recursos. Además, se debería tener metas con plazos determinados, por ejemplo en 10 años 0% de analfabetos, en 15 años estar por encima del promedio latinoamericano de las pruebas Pisa, en 15 años tener a todos los egresados de secundaria en universidades o institutos técnicos, en 15 años tener 20 universidades con estándares internacionales en enseñanza e investigación.

Dada la situación actual de mediocridad del sistema educativo, que se refleja por ejemplo: en las bajas evaluaciones de las pruebas Pisa, las bajas calificaciones que obtienen los egresados de secundaria al tratar de ingresar a universidades públicas o que no haya más que una o dos universidades en los rankings internacionales, es pertinente preguntarse qué estrategia seguir para lograr los objetivos propuestos.

Creo que hay dos caminos posibles. El primero es avanzar progresiva y masivamente en todo el sistema educativo, es decir, se debe hacer el esfuerzo de incrementar calidad poco a poco, en todos los niveles y en todos los aspectos (currículo, enseñanza por competencias, calidad de los profesores, materiales, remuneraciones, investigación, infraestructura, gestión). Es la estrategia equitativa y progresiva.  El avance dependerá de la cantidad de recursos financieros y humanos con los que se puede contar, sobre todo en la educación pública. Pero la idea es que “todos” tienen derecho a mejor educación de manera progresiva. El problema de esta estrategia es que no se sabe  en cuanto tiempo todos podrán tener un nivel internacional educativo ni se conoce cuál sería el resultado final.

El segundo camino es elevar inmediatamente  algunos aspectos del sistema educativo con metas de más corto plazo, pero para un número limitado de colegios, estudiantes, profesores. La idea es lograr construir algunos prototipos exitosos replicables en el futuro, para lo cual no se necesitan inmensos recursos sino un plan de mejora con una meta específica. El ejemplo actual son los colegios de alto rendimiento (COARs), con el Colegio Mayor a la cabeza, las distintas becas señaladas, los programas de mejora de la calidad de los profesores,  la nueva ley universitaria si es debidamente financiada para las 12 universidades públicas más importantes. Esta estrategia, a diferencia de la anterior, crea mayor desigualdad de la ya existente, aunque con la mejora focalizada en los casos exitosos, pero que pueden ayudar a establecer modelos que se pueden replicar y, en función de los recursos financieros, ampliar su funcionamiento. Es la estrategia desequilibrada ahora para igualar en el largo plazo.

Son dos estrategias que dependen básicamente de dos factores: una visión de largo plazo de la educación como motor del desarrollo humano y social, y el factor económico, cuánto está dispuesta a invertir y gastar la sociedad (sector público y privado) para mejorar los niveles educativos en todos los niveles.

El actual gobierno, y quizás desde gobiernos anteriores, está convencido que la educación, sobre todo pública, es el mejor medio para igualar las oportunidades de vida de las personas y, dado que los recursos presupuestales son limitados (apenas estamos en el 4% del PBI destinado a la educación pública), han comenzado a transitar la estrategia dos, es decir, tratar de lograr mejoras sustantivas y rápidas en algunos segmentos del sistema educativo. Aún no nos parece una estrategia de largo plazo, pero pareciera que va en esa dirección. Si fuere así será necesario que se establezcan metas para cada nivel y se señalen cómo las desigualdades van a facilitar la equidad educativa en el futuro.

Finalmente, la estrategia desequilibradora puede tener como meta adicional la creación de élites estudiantiles en todos los niveles, de tal manera que cuando lleguen a los máximos niveles el sistema sea capaz de producir profesionales, académicos y técnicos de alta calidad, que per-se serían el principal factor de desarrollo de largo plazo, no sólo porque gente más calificada es capaz de generar más conocimiento, más producción, más innovación, más ingresos y en consecuencia más riqueza, que en su conjunto aumentarían los recursos fiscales, con lo que se podría acortar el tiempo del proceso de equidad y equilibrio. Es obviamente, un círculo virtuoso, pero que requiere de una voluntad política de largo plazo y una vigilancia ciudadana permanente.

(Seguirá)

30/06/16: Descentralización y desarrollo regional en el Perú desde el 2016

DESCENTRALIZACIÓN, REGIONES Y POLÍTICAS DE DESARROLLO, DEL 2016 HACIA ADELANTE

Efraín Gonzales de Olarte

Es un hecho que la descentralización gubernamental se ha frenado, hasta el punto que se habla de la “recentralización” del proceso, es decir que decisiones de asignación de recursos públicos se toman en el Ministerio de Economía antes que en las regiones o en las municipalidades. Lo cierto es que casi todos los ministros de economía desconfían, y hasta no creen, en la descentralización como mecanismo institucional de política económica, pues temen que las cuentas macroeconómicas se desequilibren, además han recibido una gran ayuda, para pensar así, de las variadas experiencias de corrupción observadas en varias regiones.

Hoy, pasadas las elecciones y dadas las conversaciones que han tenido los gobernadores regionales con el presidente electo,  tomando en cuenta su propuesta de crear un Ministerio de la Descentralización, el tema ha vuelto a la agenda. Todo parece indicar, que hay voluntad política para retomar el proceso  con la esperanza que pueda ayudar a mejorar la asignación del gasto corriente y de inversión en función de las necesidades regionales y locales.

Lo que hasta ahora no tenemos es una evaluación de los efectos de la descentralización en tres campos: 1. La asignación de gasto corriente es más eficiente y redistributivo que antes. 2. La ejecución de las inversiones han sido más eficaces y han mejorado las condiciones para el crecimiento de las regiones. 3. La descentralización puede ser una palanca para el desarrollo territorial o sólo es una reforma institucional. Es decir, si cambian los sistemas de identificación de prioridades de desarrollo y el sistema de decisiones de asignación, ejecución y supervisión, esto tendrá efecto en una mayor inversión en capital físico, en una mejora de la educación para la producción, en una mayor actividad tecnológica y de innovación. Estos son los temas centrales de la descentralización, sobre los cuales apenas tenemos percepciones o hipótesis. Es decir, es un proceso que se ha hecho a tientas, por falta de información y planificación y se lo quiere relanzar con esta información limitada y con poco balance de lo avanzado.

Frente a panorama tan enmarañado, la cuestión es cómo se remoza el proceso a partir de ciertas políticas públicas, tanto económicas como institucionales. En nuestro criterio hay dos vías o, quizás tres, de relanzamiento. La primera es a través de políticas de gasto y sectoriales, la segunda es a través de reajustes institucionales y, la tercera, a través de una combinación de ambas.

La vía fiscal –mejora de los mecanismos de asignación del gasto corriente y de inversión y mejora de su calidad – debe ir acompañada de políticas sectoriales que orienten el esfuerzo fiscal hacia los sectores o factores productivos que se quiere promover. Aquí el problema es ¿qué modelo de desarrollo regional se quiere promover? Hasta ahora el modelo predominante es el primario exportador y de servicios (PESER) que se replica en la mayor parte de regiones a excepción de algunas que son más de transformación productiva. En estas últimas, el crecimiento es mayor y más redistributivo, por ejemplo Lima, La Libertad o Arequipa. Las regiones deben promover los sectores que generarían más crecimiento y más empleo, la descentralización fiscal debería ser funcional a este modelo y no al revés.

La creación de un ministerio  es la alternativa propuesta por el gobierno entrante como medio para asignar mejor y más rápido los recursos públicos. Se trata de una propuesta de ajuste institucional, que parte de la idea que la descentralización no está funcionando porque hay demasiada traba a los proceso de inversión, o demasiados trámites o demasiada burocracia, adicionalmente, hay una falta de coordinación entre los cuatro niveles de gobierno existentes. Sin embargo, crear un ministerio en el gobierno central para descentralizar, no sólo es una contradicción, si no que puede ser interpretada como una reconcentración para descentralizar, lo que llevaría a una conducción centralista del proceso desde de Lima. En nuestro criterio, bastaría con hacer dos cosas: reactivar el Consejo Nacional de la Descentralización (CND) quizás incorporando algunos mecanismos de coordinación con el MEF e incorporar la Asamblea Nacional de Regiones y de Municipalidades como un organismo colegiado con representación en el Consejo de Ministros.

16/05/16: La elecciones 2016 y el divorcio entre economía y política

LAS ELECCIONES Y EL DIVORCIO ENTRE LA ECONOMÍA Y LA POLITICA

Efraín Gonzales de Olarte

 

El Perú está ad portas de cambiar de gobierno, por cuarta vez consecutiva de manera democrática, es decir hemos logrado vivir 16 años de democracia ininterrumpida. Todo un record. Durante todo este tiempo y desde 1992, la política ha estado divorciada de la economía, es decir que acontecimientos políticos de distinto fuste no han influenciado la marcha económica, ni menos el modelo de crecimiento primario-exportador y de servicios que tiene el Perú. Esto suscita dos preguntas. Por un lado, ¿es posible que el modelo económico sea inmune a turbulencias políticas? Es decir que tenga mecanismos que hacen que eventos políticos como las elecciones, no altere las decisiones y comportamientos económicos, o, por otro lado, el sistema político es tan débil y desarticulado que no es capaz de afectar al modelo y a las políticas económicas.

Después de estas elecciones, cualquiera que sea el resultado lo más probable es que este divorcio siga en pie. Sin embargo, lo que si puede ser afectada es la naturaleza de la democracia, lo que sí podría generar turbulencia social y, por este medio, el Perú podría entrar en una senda que amenace una quinta elección democrática el 2021. Existen dos escenarios.

Gobierno de Fuerza Popular. El supuesto político es que estaríamos frente a una democracia delegativa, como decía O’Donell, es decir tendríamos un gobierno sin ninguna oposición y sin ningún contrapeso de poderes, pues controlaría el ejecutivo y el legislativo, con lo cual sería muy difícil que el poder judicial tenga algún rol controlador, todo lo contrario tal como está, éste sería más bien copado. El problema que tendría dicho gobierno es que tiene una oposición social “el antifujimorismo” que será muy difícil de torear por medios democráticos, lo que generaría amenazas futuras a la gobernabilidad. No me cabe duda que el fujimorismo tiene la fórmula para gobernar el Perú, que ya tuvo éxito con el padre de la candidata: continuar con políticas macro económicas ortodoxas favorables al empresariado y a los negocios, políticas que a la postre generan desigualdad y no disminuyen la pobreza si es que el ciclo internacional no es favorable, como es el caso actual, en dicho caso se implementarán políticas sociales anti pobreza, que servirán para aplacar a los sectores pobres y medios que votaron por su candidata. Es una formula populista probada y efectiva, pues los capitalistas y empresarios seguirán haciendo ganancias y los pobres tendrán apoyo del estado, pues el modelo económico no está diseñado para generar “empleo decente” (formal, bien pagado y con seguridad social).

Gobierno PPK. La variante desde el punto de vista político es que habría cierto equilibrio entre ejecutivo y legislativo y, abriría la posibilidad de que para algunos temas sea necesario negociar entre PPK y FP. La propuesta económica de PPK tiene una variante interesante pero con posibilidades de éxito casi nulas, pues la idea de reducir la informalidad a través de reducciones de impuestos es un camino que, hasta donde sabemos, no ha tenido éxito en países similares a los nuestros. Es una receta de cambio institucional que dejaría a la voluntad de los pequeños productores el formalizarse o no. La pregunta que dicta el sentido común es: ¿Por qué un informal que no paga impuestos, estaría interesado en pagar aunque sea un poco menos, a cambio de qué? En muchos casos el impuesto no pagado resulta siendo la única fuente de ganancia, dada las bajas productividades que tienen estos productores. En esta propuesta tenemos la impresión que la cola mueve al perro, es decir, no está apuntando al centro del problema económico peruano que es la dificultad del modelo de crecimiento de generar más empleo y mejorar las productividades de manera simultánea. Razón por la cual la desigualdad sigue sin variar sustantivamente, pese a que la pobreza puede disminuir cíclicamente y sabemos que estamos frente a un ciclo recesivo por los próximos cinco o seis años. En consecuencia, la desigualdad con pobreza es una combinación explosiva, para la cual las propuestas de PPK no son suficientes.

Estamos pues frente a un futuro bastante complicado, el próximo gobierno cualquiera que sea no promete acometer los problemas estructurales centrales del Perú: las bajas productividades, el subempleo y el desempleo, la desigualdad y la pobreza. Ninguna de las dos propuestas proponen medidas creíbles para enfrentar estos temas, peor aún para ninguno las bajas productividades y las desigualdades socio económicas son una prioridad.

El Perú seguirá flotando al compás del ciclo internacional, pero habrá tensión social, si la política económica no hace algo para reducir las desigualdades de productividad y de ingresos. Sin embargo, el divorcio entre economía y política hace prever que los próximos cinco años serán más de lo mismo aunque con bajas tasas de crecimiento.

Lima, mayo 2016

16/05/16: La elecciones de 2016 y el divorcio entre economía y política

LAS ELECCIONES Y EL DIVORCIO ENTRE LA ECONOMÍA Y LA POLITICA

Efraín Gonzales de Olarte

 

El Perú está ad portas de cambiar de gobierno, por cuarta vez consecutiva de manera democrática, es decir hemos logrado vivir 16 años de democracia ininterrumpida. Todo un record. Durante todo este tiempo y desde 1992, la política ha estado divorciada de la economía, es decir que acontecimientos políticos de distinto fuste no han influenciado la marcha económica, ni menos el modelo de crecimiento primario-exportador y de servicios que tiene el Perú. Esto suscita dos preguntas. Por un lado, ¿es posible que el modelo económico sea inmune a turbulencias políticas? Es decir que tenga mecanismos que hacen que eventos políticos como las elecciones, no altere las decisiones y comportamientos económicos, o, por otro lado, el sistema político es tan débil y desarticulado que no es capaz de afectar al modelo y a las políticas económicas.

Después de estas elecciones, cualquiera que sea el resultado lo más probable es que este divorcio siga en pie. Sin embargo, lo que si puede ser afectada es la naturaleza de la democracia, lo que sí podría generar turbulencia social y, por este medio, el Perú podría entrar en una senda que amenace una quinta elección democrática el 2021. Existen dos escenarios.

Gobierno de Fuerza Popular. El supuesto político es que estaríamos frente a una democracia delegativa, como decía O’Donell, es decir tendríamos un gobierno sin ninguna oposición y sin ningún contrapeso de poderes, pues controlaría el ejecutivo y el legislativo, con lo cual sería muy difícil que el poder judicial tenga algún rol controlador, todo lo contrario tal como está, éste sería más bien copado. El problema que tendría dicho gobierno es que tiene una oposición social “el antifujimorismo” que será muy difícil de torear por medios democráticos, lo que generaría amenazas futuras a la gobernabilidad. No me cabe duda que el fujimorismo tiene la fórmula para gobernar el Perú, que ya tuvo éxito con el padre de la candidata: continuar con políticas macro económicas ortodoxas favorables al empresariado y a los negocios, políticas que a la postre generan desigualdad y no disminuyen la pobreza si es que el ciclo internacional no es favorable, como es el caso actual, en dicho caso se implementarán políticas sociales anti pobreza, que servirán para aplacar a los sectores pobres y medios que votaron por su candidata. Es una formula populista probada y efectiva, pues los capitalistas y empresarios seguirán haciendo ganancias y los pobres tendrán apoyo del estado, pues el modelo económico no está diseñado para generar “empleo decente” (formal, bien pagado y con seguridad social).

Gobierno PPK. La variante desde el punto de vista político es que habría cierto equilibrio entre ejecutivo y legislativo y, abriría la posibilidad de que para algunos temas sea necesario negociar entre PPK y FP. La propuesta económica de PPK tiene una variante interesante pero con posibilidades de éxito casi nulas, pues la idea de reducir la informalidad a través de reducciones de impuestos es un camino que, hasta donde sabemos, no ha tenido éxito en países similares a los nuestros. Es una receta de cambio institucional que dejaría a la voluntad de los pequeños productores el formalizarse o no. La pregunta que dicta el sentido común es: ¿Por qué un informal que no paga impuestos, estaría interesado en pagar aunque sea un poco menos, a cambio de qué? En muchos casos el impuesto no pagado resulta siendo la única fuente de ganancia, dada las bajas productividades que tienen estos productores. En esta propuesta tenemos la impresión que la cola mueve al perro, es decir, no está apuntando al centro del problema económico peruano que es la dificultad del modelo de crecimiento de generar más empleo y mejorar las productividades de manera simultánea. Razón por la cual la desigualdad sigue sin variar sustantivamente, pese a que la pobreza puede disminuir cíclicamente y sabemos que estamos frente a un ciclo recesivo por los próximos cinco o seis años. En consecuencia, la desigualdad con pobreza es una combinación explosiva, para la cual las propuestas de PPK no son suficientes.

Estamos pues frente a un futuro bastante complicado, el próximo gobierno cualquiera que sea no promete acometer los problemas estructurales centrales del Perú: las bajas productividades, el subempleo y el desempleo, la desigualdad y la pobreza. Ninguna de las dos propuestas proponen medidas creíbles para enfrentar estos temas, peor aún para ninguno las bajas productividades y las desigualdades socio económicas son una prioridad.

El Perú seguirá flotando al compás del ciclo internacional, pero habrá tensión social, si la política económica no hace algo para reducir las desigualdades de productividad y de ingresos. Sin embargo, el divorcio entre economía y política hace prever que los próximos cinco años serán más de lo mismo aunque con bajas tasas de crecimiento.

Lima, mayo 2016

19/04/16: Cambiar o no cambiar de modelo. That is the question.

MODELO ECONÓMICO O MODELO DE DESARROLLO

Efraín Gonzales de Olarte 

Cambiar o no cambiar de modelo: that is the question. Este es uno de los temas que nos ha traído a la agenda nacional, el último proceso electoral. El Frente Amplio ha enarbolado la propuesta de que para resolver varios de los problemas de inequidad, falta de oportunidades e inclusión social es necesario cambiar el modelo económico. Los partidos denominados de derecha, pero sobre todo los formadores de opinión de los diarios conservadores como El Comercio y otros han editorializado señalando que el principal resultado de las elecciones del 10 de abril ha sido que el 70% de la población ha votado por la continuidad del modelo. Obviamente, la “amenaza” de un cambio de modelo puso nerviosos tanto al mercado de valores como a los economistas y políticos neoliberales/conservadores.

Sin embargo, nadie se ha dado el trabajo de explicar y menos de teorizar sobre ¿en qué consiste el modelo económico peruano? La mayor diferencia entre izquierda y derecha es el tamaño y el rol tanto del mercado como del estado. Para el “mainstream” liberal el modelo actual, definido como que el estado sólo representa el 18 a 20% del PBI y el sector privado el 80% es la fórmula que nos ha dado crecimiento y estabilidad. Para la renacida izquierda, esta combinación no es capaz de resolver los problemas de desigualdad, inclusión, empleo y seguridad social, por ello proponen un estado más grande, probablemente incrementando los impuestos al patrimonio y a las rentas. Es aquí donde radica su primera amenaza, pues reduciría las ganancias netas del sector privado. La otra amenaza es que el estado incremente su rol en la producción, lo que le quitaría mercado al sector privado. Como se puede inferir el problema central del modelo en esta coyuntura electoral es un problema distributivo tanto de riqueza, ingresos y, sobre todo, de poder.

Pero, ¿por qué? el modelo económico peruano no ha logrado tener los atributos de más equitativo, más inclusivo y más creador de empleo “decente” como señala la OIT, de tal manera que la izquierda se quede sin argumentos para pedir su modificación o cambio. La razón es que no se reconoce todas las aristas que constituyen un modelo económico, o mejor, las características que debería tener un modelo de desarrollo. Un modelo de desarrollo es un modelo en el cual lo económico está combinado con lo social y lo político y organizado por una estructura institucional capaz de producir crecimiento, con equidad, inclusión y progreso social. Es más complejo de lo que piensan los editorialistas y economistas “gurúes”.

El Perú tiene una estructura productiva donde predominan los sectores primario-exportadores y los no transables (servicios y construcción), son estos sectores, sus tecnologías y su propiedad los que generan producción, empleo y distribución del ingreso con dos características esenciales: 1. una gran desigualdad en las productividades, que está a la base de 2. una alta desigualdad distributiva. Estos sectores no logran generar una articulación interna que permita que la dinámica de unos se multiplique a otros, en este sentido la economía peruana es una economía incompleta. Más bien los sectores exportadores están más ligados a los mercados internacionales de los cuales son dependientes, hoy por ejemplo los precios de varias materias primas se han reducido, al compás del estancamiento europeo o de la reducción del crecimiento chino. Por otro lado, los sectores de servicios y la construcción casi no se pueden exportar (por ello son no transables) y su efecto multiplicador se circunscribe a las ciudades.

Adicionalmente, estos sectores funcionan dentro de una estructura institucional en la que el estado tiene un carácter subsidiario y no tiene un gran tamaño, pues su presión tributaria (impuestos/PBI) no pasa del 18%, que es una de las más bajas de América Latina, Chile tiene casi 24%. Con estos recursos es bien difícil que el estado pueda ser un igualador de oportunidades y de ingresos, peor aún si es dependiente de los niveles productivos generados por el modelo primario exportador, de servicios y construcción.

Por si fuere poco, el Estado peruano tiene dos características desfavorables, por un lado es muy poco eficiente para suministrar justicia, seguridad, servicios, supervisiones, bienes y, por otro, está atravesado por un halo de corrupción –heredado de gobiernos anteriores- que lo corroe y lo limita en sus principales roles. Si algo falta es una reforma radical del estado, que nadie se atreve a encararla.

Finalmente, la estructura política peruana caracterizada por la existencia de movimientos electorales, antes que partidos políticos, con doctrina, organización y militancia, no constituye una fuente de mejora del modelo de desarrollo, en la medida que estos movimientos tienen una visión de corto plazo, se guían más por criterios micro-económicos que políticos y su precariedad sólo los faculta a administrar el estado y no a dirigirlo, como sería si en su lugar existieran partidos políticos sólidos.

Así, el modelo de desarrollo actual es una combinación de los factores anteriores, dentro de los cuales el denominado “modelo económico” se caracteriza por generar crecimiento sectorial desigual y, como consecuencia, desigualdad de ingresos y de riqueza. Adicional y desafortunadamente, el ente capaz de corregir estos problemas no sólo no tiene las capacidades burocráticas, técnicas y materiales para hacerlo, sino que es un estado precario y atravesado por la corrupción.

Lo que sorprende en estas elecciones es que se prometan tantos cambios desde el estado, sin tomar en cuenta esta complejidad y la debilidad del mismo. Esto obviamente se debe a que la estructura política se ha debilitado al punto de no conectar la representación política con la acción política.

31/03/16: Temas críticos de la educación peruana

PREGUNTAS CRÍTICAS SOBRE LA EDUCACIÓN EN EL PERÚ

EFRAIN GONZALES DE OLARTE[1]

1.- ¿Cuáles son los temas más urgentes que el país debe resolver en temas de educación?

Cobertura, calidad e integración del sistema educativo. Es imprescindible completar la cobertura de la educación secundaria, la educación superior y la educación técnica. En estos tres niveles hay sectores que no acceden a la educación. Esta debería ser la meta del próximo gobierno. Mejorar la calidad de la educación en todos los niveles es una prioridad, pues si bien la educación es el medio para reducir desigualdades y crear oportunidades de desarrollo humano, una mala educación y sobre todo de calidad heterogénea puede generar más desigualdad. Las políticas de mejora de la calidad están en el Plan Educativo Nacional y sólo hay que implementarlas, pero para ello se requiere de una continuidad en los esfuerzos que se están haciendo, tanto en temas de mejora de la calidad de los profesores y de la infraestructura, pero sobre todo en los temas pedagógicos como mayor número de horas en aula. El sistema educativo está relativamente desintegrado, entre primaria y secundaria hay diferencias de calidad, pero sobre todo existe una bache entre secundaria y la universidad, falta un año de estudios o el volver a la idea del bachillerato al terminar el quinto de media. Este bache hace que los ingresantes a universidades tengan un déficit tanto en conocimientos como en madurez, lo que hace que se tarden mucho más de los cinco años para graduarse. Esto es obviamente un desperdicio económico y social

2.- Hace poco la OCDE analizó algunos puntos de las reformas que viene haciendo el Minedu en la carrera docente, infraestructura educativa, entre otros. ¿Qué necesita fundamentalmente el Estado para que esta reformas sigan funcionando y mejorando? Los requisitos son muy difícil de alcanzar aún. 

En primer lugar, requieren de continuidad en el tiempo. La mejora en la educación tiene que ser una política de Estado y debería ser seguida por el gobierno de turno. El Acuerdo Nacional aboga en este sentido, pero debería haber un pacto político serio para pensar en 20 años de plazo para alcanzar las metas propuestas. Para este fin, se requiere de voluntad política de los próximos gobiernos para respetar este acuerdo. En segundo lugar, se requiere de una burocracia muy técnica y muy ética capaz de llevar a cabo las metas de manera autónoma y sin interferencias políticas. En tercer lugar, se requiere de más recursos presupuestales, el Perú debería llegar al 6% del PBI en gasto e inversión en educación, sólo así se podrá completar la infraestructura, pagar mejor a los maestros de calidad y tener una buena burocracia. En cuarto lugar, el Ministerio de Educación requiere de un reajuste, por ejemplo es imprescindible crear el Viceministerio de Educación Superior y Técnica, pues la implementación de la ley 30220 (la que además requiere de varias correcciones) ha de requerir una dirección académica y política de alto nivel, para convertir el heterogéneo mundo universitario en uno que cumpla con su misión, para ello es impostergable el licenciamiento y, sobre todo, la acreditación de la calidad de las universidades. Además, se requiere de una mayor participación de los gobiernos locales, regionales y de las asociaciones de padres de familia para la fiscalización y acompañamiento de las metas. El logro de las metas que plantea la OCDE no es sólo responsabilidad del MINEDU es responsabilidad de la comunidad educativa, alumnos, profesores, padres de familia, funcionarios y autoridades. Falta una verdadera mística educativa en el Perú.

3.- ¿Por qué es difícil para el Perú traducir progreso económico en progreso social, en este caso educativo? 

Porque la educación tiene una calidad desigual, en consecuencia, sigue perpetuando la desigualdad económica y social. Igualar las calidades tanto en colegios públicos como privados, con los mejores colegios debería ser una objetivo prioritario, para lograr mayor equidad. Porque, actualmente, el progreso económico no proviene del capital humano, proviene de la disponibilidad de recursos naturales, de una economía básicamente rentista (renta urbana, renta minera, renta petrolera, renta agrícola) cuya productividad depende o de la propiedad, de la posición en el mercado o de la calidad de los recursos naturales y no de la calidad profesional, técnica o científica de las personas.  Si no conectamos progreso económico a la calidad de las capacidades humanas o más bien si el progreso económico no depende de las capacidades humanas es difícil un progreso en sociedad y, aún meno la reducción de las desigualdades.

4.- La inclusión es un concepto que atraviesa también a las mejoras en acceso a educación en el país.  ¿Un aumento del PBI al sector podría ser el paso siguiente para seguir incluyendo? ¿O el país no cuenta con la estructura institucional para canalizar bien mayor inversión? 

La capacidad y calidad de las instituciones también se construye, pero para ello se requiere de tiempo, de persistir en un modelo educativo y en ciertas metas. Actualmente, el MINEDU no podría administrar un gasto e inversión en educación más allá del 4% del PBI. Para ello, como dije antes, es importante ajustes en su organización y la creación de una burocracia eficiente, ética y bien pagada. Por ello, como parte del proceso de reforma es importantísimo mejorar la calidad de gestión y dirección del MINEDU, de los gobiernos locales y regionales en sus competencias educativas. Sin ello, será muy difícil gastar más y mejor. La plata no soluciona todo, debe ir combinada con quien sabe gastar, invertir y administrar.  Por ello, la inclusión social, a través de la educación, el empleo, la salud o la cultura, depende en primer lugar de la calidad de las instituciones y, sólo en segundo lugar, de la mayor disponibilidad  presupuestal. Esto me lleva a un tema final, la mejora de la educación no puede provenir de la sola mejora del sector, se requiere de una mejora de todo el Estado y repito, de una “mística educativa” compartida por todos.

16-03-2016

[1] Entrevista concedida a Punto Edu PUCP. Marzo 2016