28/08/26: Las cosas y las personas: ¿qué desarrollo?

LAS COSAS Y LAS PERSONAS

Efraín Gonzales de Olarte

Durante mucho tiempo y, hasta ahora, se utiliza el producto bruto interno per cápita (PBIpp) para medir el crecimiento económico, base del desarrollo de los países. El PBI es la sumatoria de todos los bienes y servicios producidos por un país o una región, es decir es la sumatoria de todas las cosas producidas en un determinado período de tiempo (un mes, un año). Así, medimos el progreso de un país por lo que se produce o sea por el incremento de las cosas. Sin embargo, las medidas agregadas ocultan el cómo se reparten esas cosas y qué efecto tienen sobre la vida de las personas.

De alguna manera, las personas dependen de las cosas que producen agricultores, industriales, mineros, y de los servicios que recibimos como telefonía, electricidad, internet, etc. Somos dependientes de las decisiones de la producción de terceros, que no siempre calzan con nuestros deseos, necesidades y preferencias, aún más, casi siempre los productores definen qué nos ofrecen y nos han acostumbrado a un consumismo que no se detiene. Cada vez que aparece un nuevo Ifone, la gente hace colas para adquirir la nueva versión. Estamos, de alguna manera, alienados por que las cosas importan demasiado, quizás más que las personas.

La pregunta que planteamos es la siguiente: ¿por qué los objetivos del crecimiento o de las políticas económicas no se proponen en términos de personas? Por ejemplo: en lugar de proponer que el PBI peruano debería crecer en 5% al año, se podría proponer que el empleo “decente” crezca a 3% al año, o que la tasa de comprensión de lectura y de razonamiento lógico de los alumnos de quinto de primaria aumente anualmente en 10%, o que el acceso a servicios mínimos de salud sea universal y de buena calidad en todas las regiones. Obviamente, para lograr todos estos resultados, la producción de bienes y servicios debería estar en función de estas metas.

¿Por qué estos objetivos no se pueden lograr en el Perú o en cualquier país? La respuesta es: el sistema económico y la ideología no lo permiten o no lo desean. La razón es que el sistema privilegia la obtención de ganancias, que son la base de las inversiones futuras, las cuales deben mejorar permanentemente las tecnologías para mejorar sus productividades, adecuar la contratación de trabajadores a las nuevas tecnologías, todo esto para seguir siendo competitivos y continuar produciendo y nosotros consumiendo. Así se genera un círculo indefinido, del cual es difícil salir.

Las empresas siguen produciendo cosas y las personas, sobre todo los trabajadores, consumen y se tienen que acomodar a usar las cosas que se producen, en función del sueldo o salario que le pague su empleador. Nuevamente, si los empresarios no producen cosas (bienes y servicios) el sistema se para y las personas se tienen que ajustar a este orden de cosas y seguir trabajando por un salario. ¡Atrapados sin salida!

Pero, el hombre no sólo vive de pan (las cosas) también tiene aspiraciones, proyectos, deseos, es decir nuestra subjetividad nos alienta a tomar decisiones de empleo, de consumo o de inversión. Aquí entra la ideología, es decir, la idea que tenemos de cómo debería ser el mundo y las cosas. Hemos aceptado, la idea de que el acumular cosas es signo de progreso de movilidad social y cuanto más tenemos nuestro estatus social sube. Lo que coincide a la perfección con el incesante crecimiento de los bienes y servicios, cuyos productores están movidos por la idea de hacer ganancias y rentas de manera permanente. Así la ideología es creada de manera endógena por el sistema capitalista, consumismo y crecimiento productivo sin fin son el motor de las sociedades actuales.

Frente a este orden socio-económico como fundamento del progreso de nuestras sociedades, donde las cosas “jalan” a las personas, surge la posibilidad de que las personas “jalen” a las cosas. Este es el paradigma del desarrollo humano de las capacidades y los derechos, que propone volver de alguna manera al “humanismo” del siglo de las luces, con la tecnología actual. Esto significa repensar nuestros modelos de crecimiento económico y nuestras ideologías en función del ser humano del siglo XXI.

Estamos frente a un desafío, del que depende el futuro de la humanidad, dado que los modelos de crecimiento infinito, basado en la economía de las cosas, está chocando con un planeta finito.

Agosto 2026

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