León XIV: Comunicar bajo el impacto de la inteligencia artificial

1:00 p.m. | 17 feb 26 (SN/OSV).- “Preservar las voces y los rostros humanos” es el eje del Mensaje de León XIV para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales y consolida una línea que, desde Francisco, advierte que la inteligencia artificial no es neutral y que el futuro de la comunicación depende de custodiar la dignidad humana. Ante los riesgos de una tecnología no regulada, la tentación de renunciar al pensamiento propio y la erosión de nuestras capacidades relacionales, el Pontífice llama a integrar la IA sin empobrecer la humanidad. Propone una alianza basada en responsabilidad, cooperación y educación.

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El mensaje de León XIV para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales reafirma una cuestión decisiva para la Iglesia y el periodismo en la era digital: cómo custodiar la voz y el rostro humanos ante el avance de la inteligencia artificial. En esta publicación compartimos, en primer lugar, una breve reflexión -inspirada en las palabras del pontífice- orientada a la práctica periodística; luego, una reseña amplia del mensaje con citas claves del texto; además, un análisis de la continuidad de este enfoque en relación con el magisterio de Francisco; y, finalmente, un repaso de iniciativas recientes en la Santa Sede que vinculan comunicación e IA.

El rostro humano en la era de la IA

A medida que los algoritmos dictan cada vez más lo que ven y piensan miles de millones de personas, el Vaticano ha lanzado una advertencia contundente: la carrera hacia la IA corre el riesgo de borrar lo que nos hace únicos como seres humanos: nuestros rostros y nuestras voces. El mensaje de León XIV para la 60ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales desafía a periodistas, comunicadores y profesionales de los medios a enfrentarse a una cuestión fundamental. Lo que está en juego no es simplemente si las nuevas tecnologías funcionan, sino si llegarán a redefinir la propia identidad humana.

Bajo el título “Custodiar voces y rostros humanos”, el documento presenta la cuestión como una crisis antropológica, no meramente técnica. El rostro y la voz —sostiene el Papa— no son accidentes biológicos, sino rasgos únicos y distintivos que expresan la identidad personal y hacen posible el encuentro auténtico. Cuando las plataformas de comunicación tratan a las personas como datos y no como sujetos, se pierde algo esencial.

El mensaje identifica varias amenazas que los periodistas en ejercicio reconocerán de inmediato. Los algoritmos de las redes sociales premian la indignación y la reacción emocional, mientras penalizan el análisis cuidadoso. El resultado: burbujas informativas que intensifican la polarización y erosionan el pensamiento crítico. Más preocupante aún es la sutil “tercerización” del propio pensamiento. A medida que los usuarios recurren a chatbots de IA para obtener respuestas inmediatas y análisis prefabricados, el Papa advierte sobre la atrofia de las capacidades cognitivas y emocionales humanas. La IA puede asistir en tareas comunicativas —afirma el documento—, pero evitar el esfuerzo de pensar por nosotros mismos debilita nuestra capacidad de razonar, cuestionar y crear.

Quizá la preocupación más urgente para el periodismo sea la simulación. Influencers generados por IA, voces manipuladas y videos “deepfake” difuminan hoy la frontera entre la presencia humana genuina y la ficción fabricada. Esta tecnología no solo propaga desinformación, sino que también erosiona los cimientos misma de la confianza. El Papa señala las “alucinaciones” de la IA y la débil verificación de fuentes como factores que aceleran la desconfianza pública. Cuando cualquiera puede fabricar un video convincente de una figura pública diciendo cualquier cosa, ¿cómo pueden las audiencias saber qué es real? Para los usuarios más vulnerables, los riesgos se multiplican. El mensaje advierte que chatbots aparentemente afectuosos pueden invadir las esferas emocional y privada, generando relaciones parasociales con entidades que solo simulan cuidado.

Mientras tanto, las industrias creativas humanas están siendo desarticuladas. A medida que los sistemas de IA producen textos, música y videos a escala industrial, el arte y el periodismo corren el riesgo de convertirse en simple material de entrenamiento para las máquinas. La dignidad de la autoría humana y los modelos económicos que la sustentan penden de un hilo. Es importante subrayar que el Vaticano no llama a detener la innovación. Más bien, el Papa propone lo que denomina una posible alianza con la IA, fundada en tres pilares: responsabilidad, cooperación y educación.

La responsabilidad exige transparencia por parte de los desarrolladores, modelos de negocio éticos por parte de las plataformas y regulaciones que protejan la dignidad humana. Las organizaciones de medios deben resistir la tentación de sacrificar la verdad en favor del impacto y etiquetar con claridad los contenidos generados por IA. La cooperación reconoce que ningún sector puede gobernar la IA por sí solo. Periodistas, educadores, tecnólogos, reguladores y sociedad civil deben construir salvaguardas de manera conjunta. La educación se presenta como la tarea más urgente para dotar a las personas de conocimientos sobre los medios de comunicación, la información y la IA. Los ciudadanos deben aprender a evaluar fuentes, comprender la influencia algorítmica, proteger su privacidad y evitar tratar a las máquinas como si fueran humanas.

El mensaje concluye con un desafío. El progreso tecnológico —insiste el Papa— debe servir a la verdad más profunda de la humanidad mediante una comunicación auténtica, fundada en la dignidad, la libertad y el encuentro. Para los periodistas que trabajan en una industria transformada por la IA, la implicación es clara: defender la verdad hoy significa defender la presencia humana que la sostiene. La tecnología no debe sustituir los rostros y las voces de esa presencia. En una época en la que proliferan los contenidos sintéticos y se fragmenta la atención, el mensaje del Vaticano ofrece a la vez una advertencia y una invitación: recordar para qué existe la comunicación y a quién está llamada a servir.

VIDEO. “La Inteligencia Artificial es una herramienta, no una voz”

León ofrece un mensaje programático sobre la IA en su primer mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones

El Papa no se limitó a escribir su primer mensaje como pontífice para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Redactó un documento programático sobre la IA en respuesta a los desafíos del mundo moderno, así como el papa León XIII afrontó la revolución industrial más de un siglo antes. Aunque la 60ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales se celebrará el 17 de mayo, el texto —publicado el 24 de enero, fiesta de san Francisco de Sales, patrono de la prensa católica— lanza una advertencia: la IA y las tecnologías digitales están reconfigurando la comunicación humana, la creatividad y la identidad. Y los mayores riesgos, afirma el Papa, no son técnicos, sino profundamente humanos.

Si no logramos custodiar y educar en el uso de la tecnología digital, advierte León, esta “corre el riesgo de modificar radicalmente algunos de los pilares fundamentales de la civilización humana, que a veces damos por descontados”. Al “simular voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como IA no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de las relaciones entre las personas”.


La IA no puede sustituir el encuentro humano

El desafío, por tanto, señala el Pontífice, “no es tecnológico, sino antropológico. Custodiar los rostros y las voces significa, en última instancia, custodiar nuestra propia humanidad”. El papa León interpela a la IA desde aquello que la tecnología no puede reemplazar: un rostro humano y una voz humana, subrayando que son esenciales. Son “expresión única de la identidad de la persona y fundamento del auténtico encuentro humano”.

“Expresan la identidad irrepetible de cada uno y constituyen el elemento esencial de todo encuentro”, afirma el Papa, añadiendo que “el rostro y la voz son sagrados” y han sido “dados por Dios, que nos creó a su imagen y semejanza, llamándonos a la vida con la Palabra que Él mismo nos dirigió”. La Palabra de Dios “resonó primero a lo largo de los siglos en la voz de los profetas y, en la plenitud de los tiempos, se hizo carne”, recuerda el Pontífice.

Dios “ha impreso en el rostro humano un reflejo de su amor divino, para que la humanidad pueda vivir plenamente su propia humanidad en el amor”, señala el papa León. Por ello, “custodiar los rostros y las voces humanas” significa “custodiar este sello, este reflejo indeleble del amor de Dios. No somos una especie compuesta por algoritmos bioquímicos, definidos de antemano. Cada uno de nosotros tiene una vocación irrepetible e insustituible que se manifiesta a lo largo de la vida y se expresa precisamente en la comunicación con los demás”.


Papa León: no dejen de pensar

En su mensaje, el papa León interpela a una humanidad adicta a las redes sociales y guiada por algoritmos, exhortándola a no renunciar al propio pensamiento y a utilizar la tecnología como ayuda, no como sustituto de la vida humana. Los algoritmos, advierte, “premian las emociones rápidas y penalizan las expresiones humanas que requieren más tiempo, como el esfuerzo por comprender y reflexionar”. Encierran a las personas en “burbujas de fácil consenso y fácil indignación”, “debilitan la capacidad de escucha y de pensamiento crítico y aumentan la polarización social”.

La IA puede ofrecer apoyo en la gestión de tareas comunicativas, reconoce el Pontífice. Sin embargo, a largo plazo, “evitar el esfuerzo del propio pensamiento” erosiona “nuestras capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas”, transformando a las personas en “meros consumidores pasivos de pensamientos no pensados, productos anónimos, sin autoría, sin amor”, mientras que las obras maestras del genio humano en la música, el arte y la literatura quedan reducidas a simple material de entrenamiento para las máquinas.

“Renunciar al proceso creativo y delegar las propias funciones mentales y la imaginación en las máquinas” significa “enterrar los talentos recibidos para crecer como personas en relación con Dios y con los demás. Significa ocultar nuestro rostro y silenciar nuestra voz”, subraya el Papa.


Las advertencias previas del Papa sobre la IA

No es la primera vez que León XIV se pronuncia con firmeza sobre la IA. En junio envió un mensaje a la Segunda Conferencia Anual de Roma sobre IA, donde expresó su “preocupación por los niños y jóvenes y por las posibles consecuencias del uso de la IA en su desarrollo intelectual y neurológico”. Los jóvenes deben recibir ayuda, insistió en su discurso, “y no obstaculizarles, en su camino hacia la madurez y la responsabilidad auténtica”. En noviembre escribió al Builders AI Forum, una conferencia mundial celebrada en Roma, señalando que sus “deliberaciones muestran que este trabajo no puede limitarse a laboratorios de investigación o carteras de inversión. Debe ser un esfuerzo profundamente eclesial”.

En su reciente mensaje del 24 de enero, sin embargo, presentó algo más que advertencias: ofreció una declaración programática y un llamado a la acción. “Una tecnología que explota nuestra necesidad de relaciones puede tener consecuencias dolorosas para el destino de las personas y también dañar el tejido social, cultural y político de las sociedades”. El desafío para la humanidad, afirma, “no es detener la innovación digital, sino orientarla”, siendo conscientes de su naturaleza ambivalente. “Depende de cada uno de nosotros alzar la voz en defensa de la persona humana, para que estas herramientas puedan ser verdaderamente integradas como aliadas”.

Esta alianza es posible, sostiene el Pontífice, si se fundamenta en tres pilares: “responsabilidad, cooperación y educación”. Con ello interpela directamente a los magnates de la tecnología y a Silicon Valley. “Para quienes están al frente de las plataformas en línea, esto significa asegurar que sus estrategias empresariales no estén guiadas únicamente por el criterio de maximizar las ganancias, sino también por una visión de futuro que tenga en cuenta el bien común, del mismo modo que cada uno cuida el bien de sus propios hijos”.


Un llamado que interpela a padres y legisladores

En noviembre, mientras se celebraba la conferencia “La dignidad de los niños y adolescentes en la era de la inteligencia artificial”, el papa León se reunió con Megan Garcia, madre estadounidense cuyo hijo, Sewell Setzer III, murió en febrero de 2024 después de que un chatbot de IA lo indujera al suicidio. Tras la muerte de su hijo, Garcia presentó una de las primeras demandas contra una empresa de IA, luego de que el chatbot lo animara a quitarse la vida. En octubre, Character.AI anunció que prohibiría el acceso a su plataforma a menores de 18 años, decisión que entró en vigor el 25 de noviembre.

Garcia declaró que durante el cónclave rezó para que el nuevo Papa “reconociera que la misión de la Iglesia está amenazada por una IA no regulada”. Sus palabras encuentran eco en el mensaje del 24 de enero. “A los creadores y programadores de modelos de la IA se les pide transparencia y responsabilidad social respecto a los principios de planificación y a los sistemas de moderación que están en la base de sus algoritmos y de los modelos diseñados con el fin de favorecer un consentimiento informado por parte de los usuarios”, escribe el Pontífice.

“La misma responsabilidad se exige también a los legisladores nacionales y a los reguladores supranacionales”, subraya, indicando que su tarea primordial es garantizar el respeto de la dignidad humana. “Una regulación adecuada puede proteger a las personas de establecer vínculos emocionales con chatbots y frenar la difusión de contenidos falsos, manipuladores o engañosos, preservando la integridad de la información frente a su simulación engañosa”.


“Todos estamos llamados a cooperar”

Dirigiéndose a las empresas de medios y comunicación, el Papa afirma: “La confianza pública se gana con la precisión y la transparencia, no persiguiendo la interacción a cualquier precio”. En su mensaje insiste en que “los contenidos generados o manipulados por la IA deben ser claramente identificados y distinguidos de los creados por personas”, exhortando a salvaguardar la autoría y la “propiedad soberana del trabajo periodístico”.

“Un servicio público constructivo y significativo no se basa en la opacidad, sino en la transparencia de las fuentes, la inclusión de las partes implicadas y un alto estándar de calidad”. Y nadie queda exento de responsabilidad, advierte el Pontífice: “Todos estamos llamados a cooperar. Ningún sector puede afrontar por sí solo el desafío de orientar la innovación digital y la gobernanza de la IA”.

Todos los actores —”desde la industria tecnológica hasta los legisladores, desde las empresas creativas hasta el mundo académico, desde los artistas y periodistas hasta los educadores”— deben implicarse “en la construcción y puesta en práctica de una ciudadanía digital consciente y responsable”.

“Como católicos, podemos y debemos ofrecer nuestra contribución para que las personas —especialmente los jóvenes— adquieran la capacidad de pensamiento crítico y crezcan en libertad de espíritu”, exhorta. “Así como la revolución industrial exigió la alfabetización básica para responder a la novedad”, la revolución digital requiere “alfabetización digital” —junto con una formación humanística y cultural— para “comprender cómo los algoritmos modelan nuestra percepción de la realidad” y “cómo funcionan los sesgos de la IA”.


Una advertencia ante el poder concentrado

En su mensaje del 24 de enero, el Papa alude indirectamente a los “Arquitectos de la IA”, designados como “Personas del Año 2025” por la revista Time. “Detrás de esta enorme fuerza invisible que nos involucra a todos, hay solo un puñado de empresas —cuyos fundadores han sido recientemente presentados como creadores de la ‘Persona del Año 2025’—”, señala. “Esto suscita una importante preocupación por el control del oligopolio de los sistemas algorítmicos y de inteligencia artificial capaces de orientar sutilmente los comportamientos e incluso reescribir la historia de la humanidad —incluida la historia de la Iglesia—, a menudo sin que nos demos cuenta realmente”, advierte.

En agosto, el propio León XIV fue incluido en la lista “Time 100 AI” de 2025, reconocido entre los principales “pensadores” que están influyendo en la manera en que la humanidad afronta la IA. La revista afirmó que eligió su nombre “en parte para afrontar una revolución: la de la IA”. Si León XIV continúa movilizando a los católicos del mundo frente al potencial alienante de la IA, como sugirió Time, Silicon Valley podría encontrarse ante un contrapeso espiritual inesperado. Su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales deja claro que ese “pensador” no parece dispuesto a defraudar.

LEER. Mensaje completo para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

VIDEO. Papa León XIV advierte riesgos de la inteligencia artificial y chatbots

La inteligencia artificial vista por dos Papas

En la transición entre el papa Francisco y el papa León, hay un tema que emerge entre los decisivos —quizá más de lo que perciben quienes se concentran exclusivamente en los asuntos eclesiales—. En un momento de la historia en que parece que nos acercamos hacia una realidad cada vez más automatizada, Francisco dejó a su sucesor una cuestión abierta que atraviesa el núcleo mismo de nuestra imaginación contemporánea: la inteligencia artificial. En esta transición entre pontificados, se desarrolla una conversación, y en ella se refiere a la tecnología solo de manera indirecta. Su verdadero objeto es el significado de ser humano en una era de máquinas que “piensan”.

En sus palabras —y las pronunciadas durante los primeros ocho meses del pontificado de León ya son elocuentes— no hay nostalgia por un mundo perdido ni demonización del progreso. Lo que surge, en cambio, es un esfuerzo por pensar críticamente sobre el panorama que se está configurando. Mirar dentro de la máquina y preguntarse quién ocupa, en última instancia, su verdadero centro de gravedad.

El papa Francisco introdujo en el debate público global una reflexión sobre la IA que no era ni meramente técnica ni puramente moralista. Desde el inicio reconoció su potencial positivo. Para él, la IA no era solo una amenaza; también representaba una posibilidad. Por ejemplo, puede aliviar la carga del trabajo humano, democratizar el acceso al conocimiento y favorecer el encuentro entre personas y culturas mediante la traducción automática, el análisis de datos y redes neuronales capaces de procesar miles de millones de datos por segundo. Hacia el final de su pontificado, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación publicaron conjuntamente Antiqua et Nova, una importante nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana.

Francisco insistió repetidamente en un punto esencial: la IA no es neutral. Es un instrumento poderoso y, como todo poder, conlleva el riesgo de manipulación, desigualdad y violencia. Habló de “contaminación cognitiva”, una expresión significativa que describe los efectos de un ecosistema comunicativo digital cada vez más regido por la optimización y el cálculo. Las fake news, los deepfakes y la manipulación de la opinión pública no son accidentes; son síntomas de una crisis más profunda de la verdad. La IA puede convertirse en un arma perfecta para quienes buscan moldear la realidad según un relato funcional. En su última encíclica, Dilexit nos, escribió: “En el tiempo de la inteligencia artificial no podemos olvidar que para salvar lo humano hacen falta la poesía y el amor”.

El papa León XIV ha asumido este legado y lo ha amplificado, comenzando por la elección misma de su nombre. Dirigiéndose a los cardenales que lo eligieron, explicó su decisión: “El papa León XIII, con la histórica Encíclica Rerum novarum, afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial y hoy la Iglesia ofrece a todos, su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”.

En sus intervenciones posteriores, una idea emerge con claridad: la IA nunca podrá sustituir lo específicamente humano —la conciencia moral, el discernimiento y la relación auténtica con los demás—. La máquina puede imitar, pero no comprender; puede procesar, pero no juzgar; puede aprender, pero no amar. Aquí radica la frontera cada vez más difusa entre la simulación y la realidad.

La IA ha alcanzado un nivel en el que puede generar textos coherentes, pinturas realistas y composiciones musicales complejas. Puede simular diálogos, corregir errores gramaticales e incluso producir comentarios literarios. La paradoja es que cuanto más convincentemente imita la máquina al ser humano, más corre el ser humano el riesgo de perderse a sí mismo. ¿Qué significa, entonces, ser persona en un mundo donde una máquina puede escribir un ensayo sobre el amor o componer un poema sobre la ausencia?

El papa Francisco insistió en la necesidad de una “sabiduría del corazón” que no puede ser codificada. Subrayó la urgencia de desarrollar una ética de la IA que sitúe en el centro la dignidad de la persona humana —no como retórica abstracta, sino como línea de resistencia: la persona como valor no computable e insustituible. Esto significa también que la IA debe permanecer al servicio del ser humano, y no reemplazarlo. “No todo lo que es técnicamente posible es moralmente aceptable”, escribió.

El papa León XIV, por su parte, ha rechazado toda seducción transhumanista y toda tentación de considerar la tecnología como una extensión ilimitada de la humanidad. La máquina —ha afirmado— puede asistir, pero no puede redimir. Solo el ser humano puede abrirse a las preguntas últimas de la existencia; solo el ser humano puede orientarse hacia la Verdad y el Bien. La verdadera inteligencia no es la que analiza datos, sino la que elige con responsabilidad, con conciencia. En una palabra: la que discierne.

En una época en la que los algoritmos deciden quién verá qué, quién obtendrá un préstamo y quién será seleccionado para una entrevista de trabajo, la ética ya no puede ser un lujo. El papa Francisco pidió explícitamente un tratado internacional vinculante para regular el uso de la IA —no solo para prevenir abusos, sino para fomentar la responsabilidad. Instó a que los debates públicos incluyan las voces de los excluidos: los pobres, los migrantes, los niños y quienes carecen de acceso a la tecnología pero sufren sus consecuencias.

El papa León XIV ha hecho eco de este llamado al pedir una gobernanza multinivel de la IA, inspirada en los principios de la doctrina social de la Iglesia pero traducible a términos seculares y compartibles. En este sentido, invoca el concepto de tranquillitas ordinis, la “tranquilidad del orden”, propuesto por Agustín en La ciudad de Dios. No basta con regular la IA; es necesario regular también sus fines. No se puede dejar a la máquina sola para que establezca la agenda.

Ambos pontífices perciben el peligro no solo en la tecnología en sí misma, sino en la cosmovisión que encarna —una visión que corre el riesgo de reducir la complejidad de lo humano a un problema de eficiencia. Para el papa León XIV, la máquina debe hacer algo más que funcionar; debe contribuir a un orden más humano de las relaciones sociales. El objetivo de la IA no puede ser solo el rendimiento, sino la justicia. No solo la eficiencia, sino la comunión. En una época que sueña con “aumentar” al ser humano mediante la tecnología, el verdadero riesgo es terminar con una humanidad disminuida, empobrecida en su capacidad de juicio, de relación y de asombro.

De ahí la urgencia compartida —sentida por ambos pontífices— de una educación en el pensamiento crítico, la responsabilidad y el cuidado. En última instancia, la verdadera pregunta no es qué puede hacer la IA, sino qué queremos hacer nosotros con ella. Y, sobre todo, quiénes queremos ser.

En el relato Hako OtokoEl hombre caja— publicado en 1967, el escritor japonés Kobo Abe imagina un futuro en el que los seres humanos, para evitar el dolor, se permiten ser reemplazados por simulacros artificiales. O mejor dicho, se encierran voluntariamente dentro de una caja, convirtiéndose ellos mismos en simulacros. El hombre caja es, en cierto sentido, un protoavatar: un cuerpo que ya no se comunica directamente, sino que filtra la realidad. Cuando la vida se vuelve demasiado dolorosa, el avatar ocupa su lugar. Al final, nadie recuerda quién era el original. Los fantasmas han entrado en la máquina.

Tal vez hoy nos encontramos en esa encrucijada. Y tal vez por eso las voces de dos pontífices —dos maestros de humanidad— resuenan con tanta fuerza en una época que imagina poder salvarse a través del código. La IA ha llegado para quedarse. Pero nosotros, los seres humanos, estamos aquí para relacionarnos con ella desde nuestras preguntas, nuestros errores y nuestra libertad. En un tiempo en que, en Oriente Medio, un ejército bombardeó poblaciones civiles permitiendo que una IA -inquietantemente llamada “Evangelio”- seleccionara sus objetivos, nos vemos obligados a reconocer cuán profundamente necesitamos aquello que ninguna máquina podrá jamás aprender, por más sofisticado que sea su código: la compasión.

VIDEO. “Custodiar voces y rostros humanos”

Santa Sede: Medios, transparencia y empresas IA

En los días cercanos a la publicación del mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, diversos artículos de Vatican News profundizaron en las mismas preocupaciones planteadas por el Papa. Uno de ellos dio cuenta de la campaña internacional “Facts In, Facts Out”, promovida por la Unión Europea de Radiodifusión (UER) -de la que Radio Vaticano es miembro fundador- y la Asociación Mundial de Editores de Noticias. Inspirada en un estudio conjunto con la BBC sobre la integridad informativa en asistentes de IA, la iniciativa pidió a las empresas tecnológicas mayor transparencia en el uso de contenidos periodísticos, subrayando que la IA todavía no constituye una fuente fiable de noticias. El llamado se articuló en cinco principios —consentimiento, reconocimiento, precisión, pluralidad y diálogo— en un momento en que el acceso a la información mediante plataformas de IA crece especialmente entre los jóvenes.

En paralelo, con ocasión del encuentro de la Federación de Medios Católicos en Lourdes por las Jornadas de San Francisco de Sales, el papa León XIV exhortó a los comunicadores a ser “sembradores de buenas palabras” y custodios de la verdad también para quienes no comparten la fe. En su mensaje —firmado por el cardenal Pietro Parolin— el Pontífice recordó que, en una comunicación marcada por la “irrupción de la inteligencia artificial”, urge redescubrir las “razones del corazón”, promover relaciones auténticas y no excluir a nadie. La referencia a la IA no se limitó a un análisis técnico, sino que se integró en una visión relacional y pastoral de la comunicación, coherente con la preocupación por una ética que sitúe a la persona en el centro.

Otra reflexión significativa se produjo con motivo del Día Mundial de la Radio promovido por la UNESCO, centrado este año en la voz y la IA. El artículo evocó la intuición de Guglielmo Marconi y recordó que la radio, aunque transformada por pódcasts y plataformas digitales, conserva en su ADN la conexión humana. En ese contexto se retomaron palabras del papa León XIV en su primer mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, donde advierte sobre el “poder de la simulación” capaz de fabricar realidades paralelas y apropiarse de rostros y voces. La cuestión de la transparencia —saber si una voz es humana o generada por IA— fue presentada como un desafío urgente para el ecosistema mediático.

En conjunto, estas publicaciones muestran que la reflexión eclesial sobre la inteligencia artificial no se limita a declaraciones doctrinales, sino que se despliega en foros profesionales, campañas internacionales y debates sectoriales. Desde la integridad informativa hasta la defensa de la voz humana en la radio, pasando por la responsabilidad ética en la comunicación católica, el hilo conductor es el mismo: la tecnología puede ser herramienta poderosa, pero nunca sustituto de la verdad, la relación ni la conciencia.

VIDEO. León XIV: El algoritmo jamás podrá sustituir un gesto de cercanía

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