Claves del papa León XIV para la acción política

11:00 a.m. | 2 jul 25 (VTN/SP).- En un mensaje a líderes de más de 60 países, León XIV planteó las prioridades éticas de una política comprometida con la paz. Lo hizo a partir de tres claves urgentes: el bien común como brújula de toda decisión pública, el impulso al diálogo interreligioso desde la ley natural y el reto de desarrollar la IA sin ceder la dignidad humana. A estas urgencias se suman, desde el magisterio de la Iglesia, dos exigencias ineludibles: avanzar hacia un desarme nuclear sin excepciones y redirigir los gastos militares hacia el desarrollo humano.

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En el marco del Jubileo de los Gobernantes, el papa León XIV se reunió en Roma con políticos y representantes, convocados por la Unión Interparlamentaria Internacional. El encuentro —que incluyó a líderes religiosos, funcionarios de organismos multilaterales y académicos— puso en el centro del debate la necesidad de una política global al servicio de la paz. En su discurso, el pontífice destacó que solo una política orientada al bien común, cimentada en la equidad y el respeto por la dignidad humana, puede responder con justicia a los conflictos y fracturas del mundo actual.

Dirigiéndose a los legisladores, León XIV reivindicó el valor de la ley natural como “referencia esencial” para las relaciones internacionales, y evocó la figura de santo Tomás Moro como símbolo de la libertad de conciencia y del compromiso ético en la vida pública. Su “valentía al estar dispuesto a sacrificar su vida antes que traicionar la verdad”, señaló el Papa, lo convierte en un modelo vigente para quienes hoy ejercen el servicio político en contextos de complejidad creciente.

El Papa dijo que la política ha sido acertadamente definida como la forma más alta de caridad: “En efecto, si consideramos el servicio que la vida política presta a la sociedad y al bien común, puede verse verdaderamente como un acto de amor cristiano, que nunca es mera teoría, sino siempre un signo concreto y testimonio de la constante preocupación de Dios por el bien de nuestra familia humana”. En este sentido, el papa León XIV planteó tres consideraciones que considera importantes en el contexto cultural actual:


Promover y proteger el bien común

El primer aspecto refiere a la responsabilidad de promover y proteger, al margen de cualquier interés particular, el bien de la comunidad, en especial defendiendo a los vulnerables y marginados. “Esto significa, por ejemplo, trabajar para superar la inaceptable desproporción entre la inmensa riqueza concentrada en manos de unos pocos y la pobreza de tantas personas en el mundo”.

Aquellos que viven en condiciones extremas -observó- claman para que se escuche su voz, y a menudo no encuentran oídos dispuestos a oír su súplica”. En tal sentido, precisó que “este desequilibrio genera situaciones de injusticia persistente, que fácilmente conducen a la violencia y, tarde o temprano, a la tragedia de la guerra“. Subrayó que “una política sana”, que promueve una distribución justa de los recursos, no solo atiende a la equidad, sino que constituye un verdadero servicio tanto a nivel nacional como internacional. Y de ese modo, contribuye de manera decisiva a la paz y la armonía social.


Libertad religiosa y diálogo interreligioso

La segunda reflexión del papa León XIV giró en torno a la libertad religiosa y el diálogo interreligioso, un ámbito que, según dijo, “ha cobrado mayor relevancia en el tiempo presente“. Señaló que la política tiene un papel clave en este campo, pues puede crear las condiciones necesarias para que exista una “auténtica libertad religiosa” y para que se dé un “encuentro respetuoso y constructivo” entre comunidades de fe. La creencia en Dios —dijo— “es una inmensa fuente de bondad y verdad para la vida de las personas y de las comunidades”, y citó a san Agustín para ilustrar que pasar del amor sui, el amor egoísta y destructivo, al amor Dei, un amor libre y generoso fundado en Dios, es esencial para edificar una sociedad cuya ley fundamental sea la caridad.

Para sostener esta visión en la esfera pública, León XIV propuso recuperar un punto de referencia común en la acción política: la ley natural. Definida como “la brújula con la que orientarse para legislar y actuar”, la ley natural no depende de opiniones particulares, sino que “no ha sido escrita por mano humana” y es válida “en todos los tiempos y lugares”. Citando a Cicerón, recordó que esta ley “invita a hacer el bien y disuade del mal”, es “universal, constante y eterna” y no puede ser abolida ni por el pueblo ni por el Senado. Frente a los desafíos éticos contemporáneos —especialmente en lo que atañe a la vida personal y la intimidad— esta referencia común permite tomar decisiones sin excluir “a priori toda consideración de lo trascendente”.

Además, el Papa relacionó la ley natural con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, a la que calificó como “parte del patrimonio cultural de la humanidad”. Según afirmó, este texto puede ayudar a “situar a la persona humana, en su integridad inviolable, como fundamento de la búsqueda de la verdad” y a “restaurar la dignidad de quienes no se sienten respetados en su conciencia”. Así, el diálogo interreligioso, la ley natural y los derechos humanos se articulan como pilares éticos y políticos que permiten promover una acción pública centrada en la dignidad, la inclusión y la paz entre pueblos y culturas.


El desafío de la inteligencia artificial

León XIV luego planteó una tercera preocupación: el impacto de la inteligencia artificial (IA) sobre la civilización contemporánea y los desafíos éticos que plantea. Si bien reconoció que se trata de “un desarrollo que ciertamente será de gran ayuda para la sociedad”, advirtió que solo lo será “si su utilización no socava la identidad y la dignidad de la persona humana y sus libertades fundamentales”. La IA, insistió, debe funcionar como “una herramienta para el bien del ser humano, no para disminuirlo, no para sustituirlo”. En ese sentido, pidió “gran atención y previsión” para proyectar estilos de vida “saludables, justos y sanos”, especialmente en escenarios nuevos, y “para el bien de las generaciones jóvenes”.

El Papa profundizó además en la diferencia radical entre el ser humano y las máquinas: “Nuestra vida personal tiene más valor que cualquier algoritmo” y las relaciones sociales requieren espacios más amplios que “los patrones limitados que cualquier máquina sin alma puede preconfigurar”. Aun con su capacidad de procesar millones de datos, la IA solo posee una “memoria estática”, distinta de la humana, que es “creativa, dinámica, generativa”. Esta dimensión permite unir pasado, presente y futuro en una búsqueda significativa del bien. Por ello, concluyó, “la política no puede ignorar un desafío de esta magnitud”, y está llamada a responder a una ciudadanía que observa con esperanza y preocupación estos cambios, especialmente en lo que respecta a los jóvenes, que “deben ser ayudados, no obstaculizados, en su camino hacia la madurez y la verdadera responsabilidad”.


El testimonio y ejemplo de Santo Tomás Moro

Finalmente, el Papa aconsejó a los gobernantes volver la mirada hacia Santo Tomás Moro. Recordó que durante el Jubileo del Año 2000, Juan Pablo II señaló al santo inglés como un testigo digno de veneración para los líderes políticos y un intercesor bajo cuya protección encomendar su labor.

“Fue un hombre fiel a sus responsabilidades cívicas, un perfecto servidor del Estado precisamente por su fe, que lo llevó a concebir la política no como una profesión, sino como una misión para la difusión de la verdad y del bien”. Sostuvo que Tomás Moro “puso su actividad pública al servicio de la persona, especialmente de los débiles y de los pobres; gestionó las disputas sociales con un exquisito sentido de la justicia; protegió a la familia y la defendió con un compromiso tenaz; y promovió la educación integral de la juventud”. Concluyendo su alocución, el Sucesor de Pedro deseó que el ejemplo del santo “sea fuente de inspiración y guía para cada uno de ustedes!”.

LEER. Mensaje completo del papa León XIV en el Jubileo de los Gobernantes

VIDEO. Jubileo de los Gobernantes. Papa León XIV: Promover y proteger el bien común

Desarme, justicia y bien común: prioridades del magisterio social

En continuidad con el magisterio reciente de la Iglesia y a partir de una convicción profundamente humanista, la Santa Sede y los pontífices proponen un horizonte político en el que la paz no repose en la amenaza, el miedo ni en la acumulación de poder destructivo, sino en el desarme progresivo, la renuncia a toda forma de violencia preventiva y la recuperación de recursos hoy desviados hacia la industria bélica. Estas tres preocupaciones —el desarme nuclear integral, la condena a la guerra preventiva y la denuncia del gasto militar desmedido— constituyen un eje transversal de la propuesta de la Iglesia católica, que busca devolver la política a su vocación más alta: servir al bien común de todos los pueblos.


La Santa Sede en primera línea por el desarme nuclear

El cardenal Pietro Parolin reafirmó en junio que la Santa Sede está “en primera línea por el desarme nuclear”. La declaración se dio en un contexto especialmente tenso, tras el estallido de la guerra entre Israel e Irán, y subrayó el compromiso activo de la Iglesia con una causa que considera urgente y no negociable: “Hemos propuesto este acuerdo sobre la inmoralidad de poseer armas nucleares, no sólo de su uso”. Para la Santa Sede, no basta con condenar el empleo de estas armas, sino que debe avanzarse hacia su completa eliminación, a través de un proceso “pacífico, mediante el diálogo y la negociación”. Este compromiso no es sólo moral, sino también jurídico: el Vaticano firmó y ratificó el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, promovido por Naciones Unidas.

Este posicionamiento de fondo fue expresado de forma contundente por el papa Francisco ya en 2022, durante la primera reunión de Estados parte del Tratado en Viena. En su mensaje afirmaba con claridad: “Es inmoral el uso de las armas nucleares, pero también lo es su mera posesión”. La seguridad global, sostenía el Pontífice, no puede basarse en “el equilibrio del terror” ni en “una mentalidad de miedo y desconfianza”. Tal lógica envenena las relaciones internacionales y obstaculiza toda posibilidad real de diálogo. “La seguridad y la paz de algunos no puede estar desconectada de la seguridad y la paz de otros”, escribía el Papa, en un momento marcado por el temor renovado a la amenaza atómica debido a la guerra en Ucrania.

Francisco advertía además que el mantenimiento mismo de estas armas representa un “multiplicador de riesgos” con consecuencias potencialmente “catastróficas, indiscriminadas e irreprimibles” para la humanidad y el medio ambiente. De ahí que las armas nucleares no tengan cabida en un verdadero sistema de seguridad colectiva. Su sola existencia implica la posibilidad de chantaje, “que debería repugnar a la conciencia de la humanidad”. En contraposición, el Papa hacía un fuerte llamado a respetar y fortalecer los tratados internacionales de desarme, recordando que su cumplimiento “no es una forma de debilidad, sino una fuente de fortaleza y responsabilidad”.

En ese marco, la Santa Sede sostiene una postura que exige un desarme nuclear integral, sin excepciones ni privilegios geopolíticos. Frente a la reciente escalada bélica entre Israel e Irán —provocada por la supuesta destrucción preventiva del programa nuclear iraní, con un saldo de víctimas y el riesgo de una tragedia mayor—, el Vaticano no distingue entre países “buenos” o “malos”: considera inmoral tanto la posesión como la amenaza de uso de armas atómicas. Solo un desarme universal, verificable y pacífico —mediante el diálogo y los tratados multilaterales— puede ofrecer una seguridad auténtica y duradera para todos.

A la luz del Evangelio y del bien común mundial, la Santa Sede insiste en que el desarme nuclear es no sólo necesario, sino posible, y constituye una exigencia ética insoslayable para los líderes políticos de hoy.

VIDEO. Francisco reafirma que la posesión de armas nucleares es “inmoral”

 

En el Catecismo no hay lugar para la guerra preventiva

La guerra preventiva —atacar anticipadamente ante una amenaza no concretada— no encuentra justificación ética en la doctrina católica. Así lo afirma el teólogo moral Mauro Cozzoli, quien subraya que esta estrategia, vigente en algunos discursos geopolíticos, es incompatible con los principios del Catecismo de la Iglesia católica. La legítima defensa, que sí está reconocida, exige condiciones muy precisas: debe haber un daño cierto, grave y actual; todas las vías pacíficas deben haberse agotado; debe haber posibilidades fundadas de éxito; y la respuesta armada no debe causar males mayores que los que se buscan evitar. Según Cozzoli, estas condiciones deslegitiman de raíz cualquier forma de anticipación bélica: “La violencia del agresor tiene que ser de acción, no de anticipación”.

El Catecismo, junto con documentos clave como Gaudium et spes, insiste en que la defensa armada solo puede ser un último recurso. Organizar la propia defensa es legítimo, pero “golpear primero para evitar un hipotético ataque enemigo no es éticamente aceptable”. Esta perspectiva se enmarca en una visión cristiana del realismo político, que reconoce los peligros del mundo actual, pero promueve alternativas basadas en valores y principios morales. El padre Cozzoli recuerda que el cristianismo no propone estrategias militares, pero sí “valores fundantes” como la fraternidad, la dignidad humana y el diálogo, sin los cuales no hay paz sostenible.

Frente a las lógicas de poder que privilegian la fuerza sobre el derecho, la Iglesia propone una “completamente nueva”, como la que pedía el Concilio Vaticano II: una mentalidad de paz que madure en las conciencias antes que en los tratados. Inspirado por Francisco y León XIV, Cozzoli llama a una paz desarmada y desarmante, que rechace la lógica del enemigo y no se disfrace con equilibrios armamentistas. “La paz que se basa en el miedo, o en la amenaza de destrucción, es una falsa paz”, concluye. Desde el Catecismo hasta Fratelli tutti, la Iglesia ofrece una orientación moral firme que desafía el recurso a la guerra preventiva, aun en tiempos de incertidumbre global.

VIDEO. León XIV: Desarmemos las palabras y ayudaremos a desarmar la Tierra

 

El gasto militar quita recursos a los países más pobres

Durante el debate del Consejo de Seguridad de la ONU (23 de junio en Nueva York) sobre las implicancias del conflicto, la pobreza y el subdesarrollo en la paz internacional, la Santa Sede expresó su profunda preocupación “por el creciente gasto militar que desvía importantes recursos de las inversiones en sectores de desarrollo como la salud, la educación y la infraestructura”. Frente a esta tendencia, recordó que una paz duradera exige atender las causas estructurales de la pobreza y la exclusión, y advirtió que los presupuestos armamentistas dificultan avances urgentes en salud, educación e infraestructura, especialmente en las regiones más vulnerables.

Como alternativa concreta, la Santa Sede propuso nuevamente la creación de un fondo mundial para el desarrollo, parcialmente financiado mediante la redistribución del gasto en armamentos. Este fondo podría contribuir de forma decisiva a erradicar el hambre y la pobreza, y fomentar condiciones de paz verdaderamente sostenibles. Una paz duradera requiere un compromiso con el desarrollo humano integral que “defienda la dignidad dada por Dios a cada persona y promueva las condiciones necesarias para la justicia, la solidaridad y el bienestar de todos”. La Santa Sede concluyó su declaración subrayando la importancia de situar el desarrollo humano integral “en el centro de la revisión actual de la arquitectura para la consolidación de la paz”.


La locura militar -y el gasto- se extiende por las naciones

En 2024, el mundo alcanzó un récord histórico en gasto militar, con 2.7 billones de dólares invertidos en armamento, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI). Esto representa un incremento del casi 10% respecto a 2023, el aumento más pronunciado desde el fin de la Guerra Fría. Solo cinco países —Estados Unidos, China, Rusia, Alemania e India— concentraron el 60% del gasto mundial, con un total combinado de 1.6 billones de dólares.

Este auge armamentista está directamente vinculado a la guerra en Ucrania, que ha llevado a muchos países europeos a rearmarse a gran velocidad. Alemania, por ejemplo, destinó 89 mil millones de dólares a defensa en 2024, casi un 30% más que el año anterior y un 90% más que en 2015. Polonia aumentó su presupuesto un 30%, alcanzando los 38 mil millones, equivalentes al 4.2% de su PIB. Suecia y Finlandia, históricamente neutrales, ahora son miembros activos de la OTAN.

A nivel global, esta fiebre de gasto contrasta de manera alarmante con las necesidades urgentes no atendidas. Erradicar el hambre costaría unos 40 mil millones de dólares al año, y un programa ambicioso para eliminar la pobreza extrema, el analfabetismo o el sinhogarismo requeriría cerca de 200 mil millones anuales, apenas un 13% del gasto militar actual. Sin embargo, los presupuestos sociales siguen siendo recortados en muchos países para financiar la compra de armamento.

En Estados Unidos, donde el gasto militar superó los 997 mil millones de dólares en 2024 (casi el 40% del total mundial), la Agencia para el Desarrollo Internacional apenas destinó 60 mil millones a asistencia global, y menos de 47 mil millones a fines estrictamente humanitarios. El contraste llevó a una veintena de obispos católicos a respaldar la campaña “Bread Not Stones“, de Pax Christi USA, que denuncia que los más pobres siguen recibiendo migajas mientras se invierten fortunas en sistemas bélicos “que poco contribuyen a la seguridad nacional”.

Desde el Concilio Vaticano II, pasando por las enseñanzas de Juan XXIII hasta Francisco y León XIV, se sostiene que la competencia global por armas es “una de las mayores maldiciones que pesan sobre la humanidad”, una forma de agresión contra los pobres y una ilusión de seguridad basada en el miedo, más que en la justicia o la paz verdadera.

LEER. Aumento sin precedentes del gasto militar mundial impulsado por Europa y Oriente Medio

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