El empresario según Francisco

8:00 p.m. | 30 oct 20 (LN/NCR).- Son diversos los enfoques en reflexiones sobre la tercera encíclica del Papa, Fratelli tutti. En esta publicación nos referimos a dos temas que han generado comentarios importantes -y críticas también- con la intención de aclarar la propuesta de Francisco. El primero, sobre la economía neoliberal, que para algunos implica un ataque del Papa al desarrollo económico. Al respecto, el arzobispo de La Plata, Víctor Fernández, precisa cuál es el pensamiento de Francisco sobre el papel de la actividad empresarial en la sociedad. El segundo punto, describe cómo el encuentro interreligioso inspira profundamente la denominada encíclica social.

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Son conocidos los planteos del Papa sobre los límites de la economía neoliberal. ¿Esto implica desalentar la producción, despreciar el esfuerzo por el desarrollo económico, demonizar los deseos de superación? Es obvio que no, aunque algunos quieran atribuirle ese despropósito. Pero cabe preguntarse si para él la actividad empresarial es un mal inevitable o si le atribuye algún sentido positivo. Mejor no imaginemos una respuesta y vayamos a sus propias palabras. Es posible que las citas textuales nos sorprendan.

En Evangelii gaudium es muy explícito al afirmar que la del empresario “es una noble tarea”, que consiste en “multiplicar y volver más accesibles para todos los bienes de este mundo”. Está claro. Pero esto supone que al mismo tiempo el empresario “se deje interpelar por un sentido más amplio de la vida que le permita servir verdaderamente al bien común”. No es negocio para la sociedad que las empresas pretendan “aumentar la rentabilidad reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos”. Francisco insiste tanto en la necesidad de que la empresa genere puestos de trabajo, que es burdo hacerle decir que hay que fomentar la vagancia. Él mismo dice: “Estoy lejos de sostener un populismo irresponsable”.

En Laudato si avanza todavía más. Utiliza un llamativo lenguaje al decir que “la actividad empresarial es una noble vocación”. No es un elogio menor, si tenemos en cuenta que “vocación” en el lenguaje cristiano es un llamado de Dios para desarrollar y hacer fructificar los dones divinos. ¿Qué función cumple esta noble vocación para Francisco? Él opina que se orienta “a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos”. Pero esto supone “promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial”. Apuesta por “la economía real, la que hace posible que se diversifique y mejore la producción, que las empresas funcionen adecuadamente, que las pequeñas y medianas empresas se desarrollen y creen empleo”. Otra vez el trabajo.

En la reciente encíclica Fratelli tutti procura estimular aún más a los empresarios diciéndoles que “Dios nos promueve, espera que desarrollemos las capacidades que nos dio” para progresar, “hacer crecer los bienes y aumentar la riqueza”. Francisco repite que “estas capacidades de los empresarios son un don de Dios”. Esto es decir mucho. Solo se pregunta por el para qué, y sostiene que el talento del empresario “tendría que orientarse claramente al desarrollo de las demás personas y a la superación de la miseria, especialmente a través de la creación de fuentes de trabajo diversificadas”.

¿Por qué insiste tanto en el papel del empresario para crear fuentes de trabajo? Porque él considera que “el gran tema es el trabajo”, donde cada uno ofrece “sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas”. El trabajo, remarca, “es la mejor ayuda para un pobre” y “ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria”. Hay una frase suya muy elocuente: “No existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo”, porque trabajar no es sólo un medio para ganar dinero, sino “un cauce para el crecimiento personal”.

Es evidente entonces que un empresario que use su creatividad para la producción, la innovación y el desarrollo, con la mirada puesta en el bien común y en la promoción de los demás a través del trabajo, es una verdadera bendición para la sociedad. Por las dudas, días atrás Francisco agregó que su propuesta de ninguna manera niega el derecho a una legítima ganancia, sólo “se opone a la ganancia a cualquier costo”.

Pero no todos opinan como él sobre los móviles del empresario. Lester Thurow, ferviente capitalista, presenta otra motivación para una actividad empresarial exitosa. Dice que “el capitalismo es eficiente precisamente porque aprovecha los impulsos competitivos y despiadados de la codicia, y el deseo de enriquecerse presiona para incrementar al máximo las ganancias”.

Diálogo interreligioso enmarca Fratelli Tutti

A los días de convertirse en Papa, Francisco ya anunciaba que el diálogo con los musulmanes sería una de las prioridades de su pontificado. Desde entonces, ha visitado numerosos países de mayoría musulmana, se ha reunido con familias y líderes musulmanes, ha hablado proféticamente de la necesidad de que los católicos traten a los musulmanes -particularmente a los que son inmigrantes- con respeto, y ha realizado gestos significativos que hablan de la estima de la Iglesia por los musulmanes (declarada en el Concilio Vaticano II).

Aunque su más reciente encíclica, Fratelli Tutti, nunca menciona las palabras “islam” o “musulmanes”, es parte del legado más amplio que Francisco dejará a la Iglesia en las relaciones católico-musulmanas, así como en las relaciones interreligiosas. Las experiencias personales de ese encuentro enmarcan a Fratelli Tutti. Al principio del documento, el Papa invoca a su tocayo, San Francisco de Asís, que se reunió con el Sultán Al-Malik Al-Kamil en medio de las Cruzadas. Concluye la encíclica con la mención al beato Carlos de Foucauld, que vivió y murió entre los musulmanes del norte de África en el siglo XX.

Las propias experiencias de amistad de Francisco con los musulmanes también dan forma a la encíclica. Escribe que su elección de centrarse en el tema de la “fraternidad humana” se inspiró en parte en el documento que escribió y firmó con el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb, el jefe de Al-Azhar, una conocida universidad y mezquita islámica de Egipto. Durante el pontificado de Francisco, ambos entablaron una amistad, y uno de sus frutos fue el documento conjunto sobre los valores que comparten, alimentado por sus respectivas tradiciones de fe. Varias veces a lo largo de la encíclica, Francisco cita la declaración conjunta y cita una parte significativa de ella hacia el final. La periodista Claire Giangrave (RNS) comentó que, “casi se podría decir que esta es una encíclica escrita a cuatro manos: las del Papa y del Gran Imán reuniéndose”.

En lugar de ver otras tradiciones y comunidades religiosas como competidores o amenazas, Francisco quiere que estemos atentos a lo que es “verdadero y santo” en ellas, viendo esas muchas cosas como agradables a Dios e incluso como el resultado del trabajo de Dios entre todos nosotros. Esta línea también podría estar hablando de lo que Francisco tenía en mente en el documento conjunto que firmó con el Imán, donde decían que “el pluralismo y la diversidad de las religiones son queridos por Dios en Su sabiduría”.

Muchos católicos rechazan la idea de que Dios “quiere” la diversidad religiosa, temiendo que subordine o relativice el papel de Cristo. Sin explicar completamente lo que pretendía con ese pasaje, Francisco en Fratelli Tutti quiere que los católicos vean las otras religiones como fuerzas positivas en el mundo, que ayudan a lograr el propósito de Dios de la fraternidad humana universal.

Viendo a las personas de otras religiones como socios en una misión común, Francisco incluyó a un erudito musulmán, el juez Mohamed Mahmoud Abdel Salam, como orador en el evento que marcó la presentación de la encíclica. Esta es la primera vez que un musulmán se presenta en nombre de una encíclica papal, hablando entre prelados católicos y desde las sillas típicamente ocupadas por cardenales en el salón del sínodo… (click aquí para leer artículo completo).

Antecedentes en Buena Voz Noticias:

 

Fuentes:

La Nación / National Catholic Reporter

 

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