¿Cisma en la Iglesia ortodoxa? Rusia y Ucrania protagonistas

8:00 p m| 24 oct 18 (EP/BBC/VN).- La Iglesia ortodoxa se enfrenta al mayor cisma de los últimos mil años. Y aunque los detonantes en primer plano parecen ser movidas religiosas, se puede percibir la carga política que tiene como trasfondo la tensión entre Rusia y Ucrania. La crisis escaló desde que el Patriarcado ecuménico de la Iglesia ortodoxa (figura honorífica de liderazgo, sin injerencia en asuntos internos en las iglesias unidas) decidió ratificar la decisión de garantizar la autocefalia a la Iglesia de Ucrania.

Esa decisión revoca el lazo legal de la carta sinodal de 1686 en la que el Patriarcado de Moscú tenía la última palabra sobre Kiev. Desde la Iglesia Ortodoxa Rusa, la reacción de rechazo ha sido inmediata. Así, Alexander Volkov, portavoz del Patriarca de Moscú, ha calificado de “catastrófica” la manera en la que se ha resuelto la petición ucraniana “para toda la ortodoxia mundial”. Complica más que desde la propia Ucrania, la facción que respalda al Patriarcado de Moscú se ha declarado en rebeldía y ha descrito el proceso como “ilegal”.

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Información sobre el patriarcado ecuménico y los ortodoxos

En la Iglesia ortodoxa no hay papa. La figura que más se acerca a la idea católica de papa es el patriarca ecuménico de Constantinopla Bartolomé I, cabeza de la Iglesia ortodoxa. Pero, al contrario que el obispo de Roma, el patriarca de Constantinopla ostenta un liderazgo más bien simbólico: las 14 ramas de la Iglesia ortodoxa —hay muchas más, pero solo esas se reconocen recíprocamente— gozan de gran autonomía.

Su autoridad honoraria garantiza que su opinión en cuestiones teológicas o sobre la convivencia entre las ramas sea tenida en gran consideración, pero poco más. Por si fuera poco, la antigua capital del Imperio bizantino y centro de poder ortodoxo hoy se llama Estambul y es la ciudad más poblada de Turquía, un país musulmán donde los cristianos son una minoría muy pequeña. El propio patriarca solo tiene bajo su jurisdicción directa a tres millones y medio de fieles repartidos entre Turquía y algunas islas del Egeo.

Frente a ese poder diluido se yergue otro mucho más palpable: el patriarcado de Moscú. La Iglesia ortodoxa rusa es solo otra de esas 14, pero cuenta con aproximadamente tantos fieles como el resto combinadas.

Un nuevo patriarcado

Durante siglos, la mayor parte de los creyentes ortodoxos ucranianos han obedecido a un mismo patriarcado (las cabezas jerárquicas bajo las que se organiza la Iglesia ortodoxa): el de Moscú. Pero desde los años 90, con el colapso de la Unión Soviética, quien se erigió como líder de la Iglesia ortodoxa ucraniana de Kiev, el patriarca Filaret, buscó independizar a la Iglesia ucraniana de Moscú.

Sus deseos le costaron la excomunión y la acusación de querer crear un cisma dentro de la segunda religión cristiana con más adeptos (unos 300 millones), por detrás del catolicismo, con 1.200 millones. Hace dos semanas, el sínodo de Constantinopla anunció que revoca la excomunión de Filaret y que procede “a concederle la autocefalia (independencia) a la Iglesia de Ucrania”.

Esta decisión culmina un proceso iniciado en abril de este año en el que un grupo de ortodoxos ucranianos, con el apoyo del presidente de su país, Petrós Poroshenko, le pidió a la Iglesia ecuménica de Constantinopla la mencionada autocefalia. No fue algo completamente nuevo, como le recuerda a BBC Mundo el teólogo Aristotle Papanikolaou, profesor de Teología y director y cofundador del Centro de Estudios Cristianos Ortodoxos de la Universidad de Fordham, en Estados Unidos.

Hubo al menos otros dos intentos en el pasado: uno en el Medievo y otro a principios del siglo XX, antes de que estallara la Revolución rusa. La diferencia es que esta es la primera vez que Constantinopla, la autoridad competente para otorgar la independencia, ha demostrado que acepta el pedido.

En septiembre, el patriarca Bartolomé I de Constantinopla, publicó un comunicado en el que dijo que “en preparación para la provisión de la autocefalía a la Iglesia ortodoxa de Ucrania se enviará a dos patriarcas ecuménicos a Kiev”. Luego, el consejo eclesiástico de Constantinopla, que se reunió en Estambul durante tres días bajo la presidencia de Bartolomé I, tomó varias decisiones que apuntan hacia la independencia de la Iglesia ucraniana.

“El sínodo procederá a la concesión de la Autocefalia a la Iglesia de Ucrania”, dijo en un comunicado. Además, “el consejo decidió rehabilitar al patriarca Filaret, excomulgado por la Iglesia ortodoxa rusa por liderar un proceso de ruptura en los años 90”. También se rehabilitó a Makarly, patriarca de la Iglesia ortodoxa autocéfala ucraniana, no reconocida por el mundo ortodoxo.

Todo a pesar del fuerte rechazo de Moscú, que sostiene que la primacía de Constantinopla es solo una formalidad y que las decisiones referentes a las autocefalias deben ser tomadas en conjunto por todas las iglesias ortodoxas. Así, la reacción de la Iglesia rusa ante lo anunciado el jueves fue de profundo malestar. Su portavoz dijo que Estambul “cruzó una línea roja” al revocar la excomunión de Filaret, quien aspira a liderar una futura Iglesia ucraniana independiente. “Esto legaliza el cisma. Con sus acciones, Constantinopla cruza una línea roja y, de forma catastrófica, socava la unidad de la Ortodoxia global”, dijo.

En este sentido, la jerarquía de la Iglesia ortodoxa rusa comparó la situación actual con el Gran Cisma de 1054 que separó el cristianismo oriental y occidental, y advirtió que esto puede llevar a una ruptura irreversible en la comunidad global ortodoxa.

Días después la advertencia se convirtió en realidad. El Santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa resolvió que “las relaciones clericales con Constantinopla son imposibles”. El líder del departamento de relaciones exteriores de la Iglesia ortodoxa rusa anunció a los periodistas la ruptura de relaciones entre las dos iglesias. El Kremlin también había expresado su descontento y oposición a cualquier movimiento que conduzca a una división en el seno de la fe ortodoxa.

¿Por qué es importante?

Primero, por su carga simbólica. La capital ucraniana, Kiev, fue el punto de partida y origen de la Iglesia ortodoxa rusa, algo que acostumbra a recordar el propio presidente Putin. Fue allí donde el príncipe Vladimir, figura eslava medieval reverenciada tanto por Rusia como por Ucrania, se convirtió al cristianismo en el año 988.

“Si la Iglesia ucraniana gana su autocefalia, Rusia perderá el control de esa parte de la historia que reclama como origen de la suya propia”, asegura a BBC Mundo el doctor Taras Kuzio, profesor en la Universidad Nacional Academia de Mohyla de Kiev y miembro no residente de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos.

Los seguidores

También está el tema pastoral. La escisión puede suponer para Rusia una disminución de hasta el 40% de sus fieles ya que más de un tercio de los ortodoxos de la Iglesia de Moscú son ucranianos. Y puede perder más de 12.000 parroquias, con sus líderes, sus edificios emblemáticos y sus contribuciones monetarias. Fuentes del servicio ruso de la BBC en Kiev predicen que si Ucrania obtiene la independencia eclesiástica una gran parte significativa de sus fieles adherirían a la nueva iglesia.

La reducción en el número de adeptos de la Iglesia ortodoxa rusa, que cuenta con unos 120 millones de los 300 millones de fieles que hay en todo el mundo, haría poco sostenible la afirmación de que Moscú es el protector de todos los ortodoxos cristianos y una “Tercera Roma”, como la denomina el patriarcado moscovita.

La relevarían en importancia, por número de fieles, la Iglesia ortodoxa rumana y la misma ucraniana, por lo que quedaría relegada a un tercer puesto, indicó el doctor Kuzio. Pero el patriarcado de Moscú asegura que esas estimaciones carecen de base y que una nueva iglesia conducirá a la toma violenta de templos en Ucrania y al derramamiento de sangre.

Y además Rusia no es la única que puede sufrir las consecuencias de este conflicto. Al cumplir Moscú su amenaza de romper con Constantinopla, la Iglesia ortodoxa oriental puede acabar siendo más débil y pobre, pues perderá al único país de la región que contribuye con importantes sumas de dinero y que tiene una verdadera influencia a nivel mundial.

¿Por qué ahora?

El anuncio de la escisión entre ambas iglesias es, para algunos, algo lógico en términos históricos. “Tras la caída del Imperio Bizantino, las iglesias ortodoxas independientes fueron configurándose en el siglo XIX de acuerdo a las fronteras nacionales de los países y este es el patrón que, con retraso, está siguiendo ahora Ucrania”, explica el teólogo Papanikolaou. Pero reconoce también que la autocefalia es un evento importante “dada la historia entre los dos países y porque el nacimiento de la religión ortodoxa rusa se sitúa en Kiev”.

Y hay también otras razones que hacen que una iglesia ucraniana independiente reconocida sea hoy más factible que nunca. Papanikolaou cree que se trata de una “tormenta perfecta” en la que confluyen varios factores. Por un lado la identificación de Iglesia-Estado que han seguido otras naciones. Por otro, la posibilidad del Patriarcado de Constantinopla, continuamente atacado desde Moscú, de reducir significativamente el poder de la Iglesia ortodoxa rusa.

Esta es una tesis que también comparte el profesor Kuzio, quien cree que es una forma de contrarrestar las fuerzas pro-rusas dentro de las 14 iglesias ortodoxas reconocidas. Y por último, y más importante para Papanikolaou, es una razón puramente espiritual, alejada de cualquier motivación de influir en la geopolítica.

“¿Cómo pueden los ucranianos aceptar como guías espirituales a miembros de una iglesia que se cree implicada en las agresiones imperialistas rusas?”, dice reconociendo el impacto que la guerra de Crimea y su posterior anexión pudo haber tenido en la actitud de los eclesiásticos de Constantinopla.

Información extra de contexto

  • El enfrentamiento se desarrolla sobre el telón de fondo del progresivo distanciamiento entre los dos países eslavos, que se consideraban hermanos hasta hace pocos años. Las relaciones —económicas, políticas, culturales y también religiosas— entre Kiev y Moscú se enfriaron a partir de 2014, a raíz de la anexión de Crimea y, sobre todo de la intervención del Kremlin en apoyo de los secesionistas del Este de Ucrania.
  • En el comunicado del sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa se afirma que los sacerdotes y fieles de esta comunidad no podrán relacionarse ni rezar con los de la Iglesia ortodoxa de Constantinopla, de la que dependen precisamente los monasterios del monte Athos. No obstante, el alcance y la forma que adoptarán estas restricciones no están claras aún, a juzgar por la diversidad de opiniones entre los representantes eclesiásticos.
  • En Ucrania hay tres comunidades ortodoxas, siendo la más numerosa la Iglesia ucrania, dependiente del patriarcado de Moscú, que cuenta con 12.000 parroquias y está encabezada por el metropolita ─cargo eclesiástico─ Onufri. Por el número de parroquias (6.000), la sigue la Iglesia ortodoxa de Ucrania, del patriarcado de Kiev, dirigida por el patriarca Filaret. En tercer lugar, con 1.000 parroquias, se sitúa una Iglesia ortodoxa independiente creada en los años veinte.
  • La Iglesia ecuménica de Constantinopla anuló el 11 de octubre la subordinación de los ortodoxos de Ucrania a Moscú y con ello puso en marcha el proceso de independencia. Ahora el espacio ocupado por las tres comunidades ortodoxas se transformará, pero el resultado de esta transformación admite diversas variantes (fusiones, escisiones y creación de nuevas entidades). A diferencia de Rusia, las parroquias tienen personalidad jurídica en Ucrania y cada parroquia deberá decidir donde quiere situarse.

 

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Fuentes:

BBC Mundo / El País / EOM / Vida Nueva

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