“Dar lo mejor de uno mismo”: El Vaticano destaca virtudes del deporte

6:00 p m| 15 jun 18 (VN/VI).- Días antes que se iniciara el Mundial de Fútbol en Rusia, el Vaticano dedicó un texto al deporte como campo de superación de uno mismo y de encuentro con los demás. Elaborado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, el documento “Dar lo mejor de uno mismo”, pretende ofrecer una perspectiva cristiana sobre “una actividad humana donde virtudes como la sobriedad, humildad, valentía y paciencia, pueden encontrarse y fomentar la belleza, la bondad, la verdad, y donde puede testimoniarse la alegría”.

El escrito también dedica varias páginas a los males que pueden emerger en las actividades deportivas, como la corrupción, el protagonismo del dinero, el dopaje y la afición incontrolable. Francisco, que escribió la introducción, celebró el enfoque del documento y afirmó que el deporte puede ser un instrumento de “encuentro, formación, misión y santificación”.

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El documento, anunciado en Roma el 1 de junio, ofrece los puntos de vista de la Santa Sede y de la Iglesia católica en lo referente al deporte, y la presentación ha corrido a cargo del prefecto del dicasterio, el cardenal Kevin Farrell; la doctora Antonella Stelitano, miembro de la Sociedad Italiana de Historia del Deporte; y el sacerdote y profesor de Teología de la Universidad de Seattle, Patrick Kelly.

El cardenal ha explicado que el título del documento es una frase del propio papa Francisco, que ha usado en varias ocasiones, como en el Presínodo o en el documento Gaudete et exsultate. “Dar lo mejor de uno mismo es una expresión que se aplica al deporte y a la fe. Porque el deportista debe hacerlo para llegar a la meta pero en la fe también es necesario para llegar a la santidad”, ha dicho Farrell.

Farrell ha querido “subrayar el carácter divulgativo y pastoral del documento, no es para estudiosos o investigadores sino una reflexión sobre el deporte hoy, que resultará útil no solo a las conferencias episcopales y diócesis para desarrollar una pastoral deportiva, sino también a clubes y atletas, tanto profesionales como aficionados, para desarrollar una vida cristiana”.

Antonella Stelitano ha recalcado el alcance universal del deporte y los valores que transmite: “Es una visión cristiana del deporte y no una visión del deporte cristiano. Es bueno que lo lea todo el mundo porque el deporte toca trasversalmente todos los aspectos de nuestra vida”. Ha incidido también en que el deporte “es parte de la cultura de cada país, es una constante antropológica y cultural de cada sociedad”, y es ahí donde residen su fuerza y su belleza.

Ha citado a san Pío X, cuando afirmó que el deporte es un instrumento para derribar las fronteras, algo en lo que más recientemente han coincidido Juan Pablo II, el Comité Olímpico Internacional y la ONU, que ha creado una oficina “no para el deporte, sino para el desarrollo del deporte y la paz”.

Finalmente, Patrick Kelly ha explicado la dimensión más teológica del documento. En primer lugar, ha afirmado que lo que muestra es una Iglesia en salida, que sale de las parroquias hacia el mundo real, para acercarse a las personas, sus sufrimientos y alegrías. También ha resaltado la importancia de que sea precisamente este dicasterio el que redacte el documento, ya que “hay que entender que los protagonistas del deporte desde la Edad Media son los laicos, particularmente los jóvenes”.

Asimismo, ha recordado que las escuelas católicas introdujeron el deporte hace mucho tiempo en la educación porque “no educamos un alma o un cuerpo, sino una misma persona”, y el deporte es una gran manera de hacer “gimnasia de cuerpo y espíritu”.

También ha mencionado la defensa del deporte de santo Tomás de Aquino, quien recomienda el ejercicio en la Summa Theologica porque para él “la virtud está en la moderación. No podemos trabajar todo el día, igual que no podemos estar durmiendo todo el día, el deporte es una actividad sana en este sentido, tanto física como espiritualmente”.

 

Los 4 mensajes del papa Francisco sobre el deporte

La Iglesia tiene un papel en el mundo del deporte. Lo afirma el papa Francisco hoy, 1 de junio, en la carta enviada al cardenal prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, Kevin Farell, con motivo de la publicación del documento sobre la perspectiva cristiana del deporte y la persona “Dar lo mejor de uno mismo”.

Un texto que Jorge Mario Bergoglio ha recibido “con alegría” y del que espera que produzca frutos abundantes tanto en el compromiso eclesial con la pastoral del deporte, como más allá de las fronteras de la Iglesia. Así, el Pontífice señala en cuatro puntos cómo el deporte puede ser un instrumento de encuentro, formación, misión y santificación.

1. Encuentro

El deporte es un lugar de encuentro donde personas de todo nivel y condición social se unen para lograr un objetivo común. En una cultura dominada por el individualismo y el descarte de las generaciones más jóvenes y de los más mayores, el deporte es un ámbito privilegiado en torno al cual las personas se encuentran sin distinción de raza, sexo, religión o ideología y donde podemos experimentar la alegría de competir por alcanzar una meta juntos, formando parte de un equipo en el que el éxito o la derrota se comparte y se supera; esto nos ayuda a desechar la idea de conquistar un objetivo centrándonos solo en uno mismo.

La necesidad del otro abarca no solo a los compañeros de equipo sino también al entrenador, los aficionados, la familia, en definitiva, todas aquellas personas que con su entrega y dedicación hacen posible llegar a ‘dar lo mejor de uno mismo’. Todo esto hace del deporte un catalizador de experiencias de comunidad, de familia humana. Cuando un padre juega con su hijo, cuando los chicos juegan juntos en el parque o en la escuela, cuando el deportista celebra la victoria con los aficionados, en todos esos ambientes se puede ver el valor del deporte como lugar de unión y encuentro entre las personas. ¡Los grandes objetivos, en el deporte como en la vida, los logramos juntos, en equipo!.

2. Formación

El deporte es también un vehículo de formación. Quizás hoy más que nunca debemos fijar la mirada en los jóvenes, puesto que, cuanto antes se inicie el proceso de formación, más fácil resultará el desarrollo integral de la persona a través del deporte. ¡Sabemos cómo las nuevas generaciones miran y se inspiran en los deportistas! Por eso, es necesaria la participación de todos los deportistas, de cualquier edad y nivel, para que los que forman parte del mundo del deporte sean un ejemplo en virtudes como la generosidad, la humildad, el sacrificio, la constancia y la alegría.

Del mismo modo, deberían dar su aportación en lo que se refiere al espíritu de equipo, el respeto, la competitividad y la solidaridad con los demás. Es esencial que todos seamos conscientes de la importancia que tiene el ejemplo en la práctica deportiva, ya que es buen arado en tierra fértil que facilitará la cosecha siempre que se cuide y se trabaje adecuadamente.

3. Misión

La Iglesia está llamada a ser un signo de Jesús en medio del mundo, también a través del deporte en los ‘oratorios’, en las parroquias y en las escuelas, en las asociaciones, etc. Siempre es ocasión de llevar el mensaje de Cristo, “a tiempo y a destiempo” (2 Tim 4,2). Es importante llevar, comunicar esta alegría que transmite el deporte, que no es otra que descubrir las potencialidades de la persona, que nos llaman a desvelar la belleza de la creación y del propio ser humano puesto que está hecho a imagen y semejanza de Dios.

El deporte puede abrir el camino a Cristo en aquellos lugares o ambientes donde por diferentes motivos no es posible anunciarlo de manera directa. Y las personas con su testimonio de alegría, con la práctica deportiva en comunidad, pueden ser mensajeras de la Buena Noticia.

4. Santidad

Dar lo mejor de uno mismo en el deporte, es también una llamada a aspirar a la santidad. Durante el reciente encuentro con los jóvenes en preparación al Sínodo de los Obispos manifesté la convicción de que todos los jóvenes allí presentes físicamente o a través de las redes sociales, tenían el deseo y la esperanza de dar lo mejor de uno mismo.

He utilizado la misma expresión en la reciente exhortación apostólica, recordando que el Señor tiene una forma única y específica de llamada a la santidad para todos nosotros: “Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él” (Gaudete et exsultate, 11).

Es necesario profundizar en la estrecha relación que existe entre el deporte y la vida, para que puedan iluminarse recíprocamente, para que el afán de superación en una disciplina atlética sirva también de inspiración para mejorar siempre como persona en todos los aspectos de la vida. Tal búsqueda, con la ayuda de la gracia de Dios, nos encamina a aquella plenitud de vida que nosotros llamamos santidad. El deporte es una riquísima fuente de valores y virtudes que nos ayudan a mejorar como personas.

Como el atleta durante el entrenamiento, la práctica deportiva nos ayuda a dar lo mejor de nosotros mismos, a descubrir sin miedo nuestros propios límites, y a luchar por mejorar cada día. De esta forma, “en la medida en que se santifica, cada cristiano se vuelve más fecundo para el mundo (ibidem, 33). Para el deportista cristiano, la santidad será entonces vivir el deporte como un medio de encuentro, de formación de la personalidad, de testimonio y de anuncio de la alegría de ser cristiano con los que le rodean.

 

Síntesis del documento “Dar lo mejor de uno mismo” (Vatican Insider)

La Iglesia pretende acompañar las actividades deportivas y presentar el deporte como una experiencia educativa: “el ser humano no existe en función del deporte, sino, al contrario, el deporte debe estar al servicio de la persona para el desarrollo integral”. El documento recuerda que “el deporte también es camino que presenta a los jóvenes las virtudes cardinales de la fortaleza, templanza, prudencia y justicia, y facilita su crecimiento en las mismas”. Por ello se trata de una actividad que puede generar “una cultura del encuentro y de la paz”, además de ser “una de las pocas realidades que a día de hoy ha trascendido las fronteras de la religión o la cultura”.

El deporte también puede ser “una potente herramienta cuando se hace presente entre las personas marginadas y sin privilegios”, involucrando a “jóvenes y adolescentes que viven en ambientes susceptibles de violencia de bandas, consumo y tráfico de drogas”.

También, el Dicasterio vaticano observa que “el deporte (y en particular el de alto nivel) es instrumentalizado a menudo para finalidades políticas, comerciales o ideológicas”. Efectivamente, el deporte a menudo es utilizado “con propósitos ideológicos cuando el campo de juego queda inclinado hacia Occidente y hacia la riqueza, y cuando el deporte refuerza las estructuras de poder existentes o promulga los valores culturales de la élite”.

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Fuentes:

Vida Nueva / Vatican Insider / Vatican News

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