Sacred: Diversidad de creencias, la esperanza en común

07:00 a m| 20 may 17 (AMERICA/BV).- “Sacred” es un documental que demuestra que los puntos en común de las experiencias religiosas alrededor del mundo -de diversas culturas, creencias y zonas geográficas- son más trascendentes que sus diferencias. Su creador, Thomas Lennon, dispuso para el rodaje de cuarenta equipos cinematográficos repartidos en diferentes regiones, recorriendo más de cuarenta mil kilómetros -entre todos-, para lo que se necesitó casi mil días.

Resalta la labor de elaborar una sola pieza a partir de todos los insumos recogidos, unificada por un hilo mayormente circunstancial antes que temático. Es un documental que se aleja de la polémica acostumbrada cuando se habla de la diversidad de la fe, y más bien refleja cómo la religión puede ofrecer significativos momentos de esperanza y reflexión. Reseña de John Anderson, crítico de cine, publicado en America Magazine.

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William James viene a la mente durante esta película de Thomas Lennon (sin relación con el actor), tres veces nominado al Oscar (y ganador por “The Blood of Yingzhou District” en 2006). El experimentado documentalista parece tener una creencia Jamesiana sobre la experiencia religiosa como algo humano, algo visceral e inmediato. No se hacen preguntas profundas sobre los fundamentos teológicos de ninguna religión mundial, ni contemplación de nuestras diferencias. Hay alegría. Hay dolor.

Personalmente, tal vez me hubiera gustado un poco más de información, no referente a conclusiones teológicas, sino más bien sobre la ubicación o lo que estaba viendo. Por ejemplo, vemos el jardín Mara Kannon en Yamaguchi, Japón (al que por cierto tuve que googlear), que es un santuario dedicado a la fertilidad y, obviamente, al miembro sexual masculino, que está por todas partes, en todos los tamaños, pero sólo una forma. Como las velas votivas, los modelos en cerámica pueden ser adquiridos por los visitantes y dedicados a sus deseos de oración, entre los que se cuentan las esperanzas de un hijo de una joven pareja japonesa en quien “Sacred” invierte una buena cantidad de tiempo.

Luego, en otros lugares, ¿quién es ese predicador de fuego y azufre en Botswana? ¿qué está sucediendo en Haití? ¿cuáles son las motivaciones del monje budista Tendai? -la figura que abre y cierra el tour global de la película- quien ha caminado el equivalente a “una vuelta al mundo” en su esfuerzo por completar el kaihōgyō (rodear la montaña), una práctica ascética realizada por monjes de su orden en el Monte Hiei, Japón.

Pero “Sacred” no se trata de eso. Se trata de un cine puramente observacional y cinético y, algunos dirían que incluso es una especie de oración -cuestión sobre la que Carolyn, una mujer mayor entrevistada en Connecticut, expone con cierta profundidad y con mucha reflexión sobre su poder (“La oración es para los demás… la oración es una conversación con Dios…”). Pero ella es una excepción. En la mayoría de ubicaciones “Sacred” pasa como el viento.

Subdividido en tres capítulos: Iniciación, Costumbre y Pasaje, “Sacred” comienza con bebés, nacidos en hospitales de Varsovia, Amsterdam, San Petersburgo; arrullado por un padre musulmán en el Cairo; circuncidado en Nueva York y París; bautizado en Lalibela, Etiopía. Luego la cámara y un bebé son llevados a Central Park, donde los cineastas tienen un asiento de primera fila en el camino por donde pasa el Papa Francisco en su papamóvil en el 2015, mientras un mar de teléfonos celulares saludan a su paso. (Un estimado cineasta me dijo una vez que el fenómeno de fotografiar todo en la vida -la psicología que dice que algo no ha ocurrido si no está almacenado en el iPhone- es una manera de ahuyentar la mortalidad. Algo de sentido tiene. En la presencia del Papa, un poco menos).

En Myanmar, la iniciación de monjes muy jóvenes implica vestirse con elaborados vestidos de oro, pestañas postizas, lápiz de labios púrpura, un gesto extremo quizás como antecedente a la vida de ascetismo que seguirá y la fraternidad del monasterio. Un tipo diferente de hermandad existe en un orfanato en Rawalpindi, Pakistán, donde un niño llamado Hakim cuenta que “mi padre enloqueció y luego desapareció” y que ahora sueña con Dios. En la Ciudad Vieja de Jerusalén, un joven recita su pasaje de la Torá durante su bar mitzvah y luego saltamos a una reserva Apache en Arizona, donde se ve una vistazo de una ceremonia de la salida del sol.

Es en Sevilla que la película se detiene por varios minutos, visitando a Marta, una adolescente que, finalmente, tiene algo importante que decir sobre la fe. “Sí, la fe ayuda a resolver tus problemas”, dice -no te ayuda a lidiar con ellos, sino a resolverlos. Hay una diferencia, aunque se deja que el mismo espectador la digiera.

En Uttar Pradesh, un arco iris de pigmentos está esparcido en el aire, mientras que los celebrantes de la primavera están cubiertos con tonos eléctricos de limón, lavanda y violeta, y luego se va a Mumbai y a una chica llamada Tanui, a quien sus padres han prohibido ver a su “enamorado”. Tiene la esperanza que él pueda esperar cinco años, hasta que ella sea lo suficientemente mayor para casarse. Mientras tanto, Tanui contribuye al fuego de Holika, que conmemora la quema de la demonia Holika por el Señor Vishnu, como cuentan las escrituras védicas hindúes.

Y luego: ¡Bodas! De Chongqing a Nairobi, luego a los Países Bajos y a un campamento de refugiados en el Líbano, observamos las bodas que se están realizando y a los recién casados ​​que empiezan sus vidas juntos.

En “Costumbre” las secuencias incluyen una fervorosa peregrinación israelí a Uman, Ucrania y la tumba del rabino Nachman. Allí, la alegría es desenfrenada; en otras lugares, no tanto: la Sierra Leona devastada por el Ébola, por ejemplo, o la infame prisión “Angola” en Louisiana.

Obviamente hay paralelos que se pueden dibujar entre una forma u otra de los rituales de las crónicas de Lennon y de las creencias que expone, sin embargo mucho queda para la imaginación de los espectadores, la contemplación o el conocimiento existente de las religiones del mundo. Y rituales. Y tradiciones.

Conocer la representación de la Pasión de Jesús en Oberammergau -que lleva siglos haciéndose- es útil cuando se evalúa el entusiasmo detrás de una producción similar en Pampanga, Filipinas. Allí, un hombre se ha clavado -literalmente- a una cruz cada año. Los líderes locales de la Iglesia han instado a poner fin a esta práctica. Pero como uno ciertamente aprende en “Sacred”, el anhelo espiritual asume todas las formas, tamaños, colores y, aparentemente, grados de dolor.


Fuente:

America Magazine

Puntuación: 5 / Votos: 1

Comentarios

  1. Sofia Valdivia escribió:

    Buenos dias. Me interesa ver este documental.
    ¿Cuando lo darán en Peru? ¿Es posible comprar en Blu ray o DVD?

    Gracias por la respuesta

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