Moonlight: Lo que nos enseña sobre masculinidad y depresión

9:00 p m| 3 mar 17 (AMERICA/BV).- La reciente ganadora del Oscar a mejor película, Moonlight, presenta el desarrollo de la vida de un hombre afroamericano, a través de pasajes decisivos de su vida, y la manera en que confronta lo que significa “ser hombre”. Ambientada en los guetos de Miami, la obra escrita y dirigida por Barry Jenkins, explora los temas de las drogas, la homosexualidad, la pobreza, la raza, la violencia, pero se enfoca en la masculinidad. Se observa cómo los estigmas sobre la masculinidad limitan al personaje principal a una realidad solitaria en la que no puede expresar ni ser quien realmente quiere ser. Compartimos la reflexión de Bill McGarvey, publicada en la revista America.

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“¿Quién eres, Chiron?”, pregunta Kevin a su amigo de la infancia hacia el final de la película de Barry Jenkins, “Moonlight”. La pregunta se da luego de reunirse, cercanos ya a los 30 años de edad, después de una década separados por la prisión e importantes cambios personales de cada uno. Con la interrogante, Kevin expresa la profunda preocupación en el corazón del film, que acaba de ganar el Oscar a la mejor película del año.

Sería tentador categorizar “Moonlight” como una historia de crecimiento personal de un homosexual, del gueto, afroamericano, pero eso sería confundir su forma con su esencia -como decir que “Citizen Kane” es un biopic sobre un magnate de los medios de comunicación. “Moonlight” está ambientado en una comunidad afroamericana en Miami que está plagada de adicción y pobreza, pero su resonancia se extiende mucho más allá de eso. A través de su personaje principal, Chiron -representado episódicamente como un niño, un adolescente y un joven adulto- Jenkins ha creado una meditación desgarradora sobre la virilidad, el sufrimiento y el inagotable anhelo por relaciones humanas.

Creciendo con una madre adicta al crack y defendiéndose de los matones, Chiron habla tan escasamente que prácticamente está mudo. Pero en las manos de Alex R. Hibbert, Ashton Sanders y Trevante Rhodes -que interpretan a Chiron en las diferentes etapas de su vida- el personaje está imbuido de una afonía casi operística. Con tan poco que decir, el rostro y el lenguaje corporal de Chiron son como heridas abiertas que irradian sutiles ondas de dolor, confusión y vulnerabilidad, más de lo que cualquier diálogo podría transmitir.

Chiron explica a su amigo que desde su último encuentro cuando eran adolescentes, “me construí de nuevo desde cero, para ser duro”. Dura y suave son las polaridades sobre las que la vida de Chiron se tambalea, y él entiende cuál determina la supervivencia. Vive en un mundo donde la hombría se define por la violencia, el control y la dominación.

Esta visión reductora de la masculinidad define las calles peligrosas en las que Chiron vive, pero ese mismo espíritu es tan reconocible en Wall Street y en cualquier avenida suburbana -y ni mencionar el tono en la política, que ahora se desborda en todo, desde la postura de hombre fuerte hasta la insinuación sobre “tamaño de la mano”. Independientemente del entorno, las consecuencias de esta distorsión son terribles.

“La misma frase ‘sé un hombre’ significa ‘no lo sientas'”, dijo el psicoterapeuta Terrence Real sobre su libro “I Don’t Want to Talk About It: Overcoming the Secret Legacy of Male Depression”. Real cree que los problemas “típicamente masculinos” -como el abuso de alcohol y drogas, la violencia doméstica, los fracasos en la intimidad- están vinculados a una “depresión encubierta” en los hombres. “Tendemos a no reconocer la depresión en los hombres porque el trastorno en sí mismo se ve como poco varonil”, escribe. “La depresión lleva… el estigma de la enfermedad mental y también el estigma de la emocionalidad femenina”.

Jackson Katz, el documentalista detrás de “Tough Guise”, postula que los asesinatos escolares y las matanzas -el 98% de los cuales son cometidos por hombres- no son simplemente una crisis por uso de armas y enfermedades mentales sino también un problema de masculinidad. “El arma se convierte en una parte integral de cómo los hombres y los niños tratan de establecer y demostrar que son hombres de verdad”, dice, “especialmente cuando están asustados y se pone en duda su hombría”.

Michael Kimmel, profesor de sociología en la Universidad Stony Brook de Nueva York, dice que un problema es las definiciones conflictivas de la masculinidad. “Si tuvieras que preguntar a los hombres… qué significa ser un buen hombre, todos te dirán: honor, integridad, responsabilidad”, dijo Kimmel al New York Times. “Pero pregunte lo que significa ser un hombre de verdad, y estaremos hablando de nunca demostrar sus sentimientos, nunca ser débil, ganar a toda costa, enriquecerse, tener sexo”.

Esa falta de conexión no es un buen augurio para los hombres en un mundo globalizado que avanza rápidamente hacia una mayor competitividad, complejidad y matices. Por supuesto, aparecen contraejemplos que reflejan una visión más complicada de la virilidad, ya sean las comedias de “bromance” de Judd Apatow o Seth Rogen, o un artista icónico como Bruce Springsteen, cuya reciente autobiografía relata dolorosamente la profunda depresión que ha sufrido durante años.

Los arquetipos culturales y las expectativas formadas a lo largo de las generaciones no cambian fácilmente, pero si seguimos excluyendo los valores relacionales esenciales como la sensibilidad y la conexión emocional de nuestra definición de lo que significa ser plenamente un hombre, los condenamos a un estado de guerra perpetua, no solo con los demás, sino con su propia humanidad.


Fuente:

Traducción libre del texto de Bill McGarvey publicado en America Magazine / Diálogo Digital (UPR)

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