Bicentenario del nacimiento de Don Bosco, maestro de una espiritualidad original

7.00 p m| 18 ago 15 (AGENCIAS/BV).- Juan Melchor Bosco Occhiena, más conocido como Don Bosco, no elaboró una espiritualidad original. Bebió en fuentes ignacianas, salesianas, alfonsianas, filipinas y las canalizó con gran libertad y habilidad, hacia la acción educadora. Lo nuevo de la espiritualidad de Don Bosco está en el hecho de traducirla en un apostolado creativo, diligente y audaz en el don de sí mismo a los demás. Con ocasión del bicentenario de nacimiento del fundador de la Congregación Salesiana, exponemos rasgos de su espiritualidad, una reseña de las celebraciones acontecidas en Italia y el mensaje que el Papa Francisco les dirigió en esta emotiva ocasión: “Como Don Bosco, con los jóvenes y para los jóvenes”.

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Es común que las personas se pregunten por qué se llaman “salesianos”, si el fundador es San Juan Bosco y no Francisco de Sales. En la congregación responden que fue voluntad de Don Bosco poner como patrono principal a San Francisco de Sales, porque era el modelo de inspiración para el proyecto de caridad pastoral que emprendía su sociedad. Para Bosco era un punto de referencia obligatorio para comprender el carisma que Dios le había concedido.

Ahora, si bien es cierta esta referencia a san Francisco de Sales en aspectos fundamentales de la opción de Don Bosco, también es cierto que en él no se agotan sus referencias espirituales. El soporte de la experiencia de discípulo misionero, seguidor de Jesús, es más amplio. Va a integrar de manera armónica y equilibrada una variedad de corrientes espirituales para dar respuestas a los retos que le presenta el dinamismo de caridad juvenil que nace de su corazón. Pues busca que la santidad sea de fácil acceso para los jóvenes. En un apasionante camino espiritual, bajo la guía de san José Cafasso (su maestro espiritual), encontrará un humus espiritual muy rico que lo integrará en un movimiento de caridad y espiritualidad popular dentro de su iglesia local.

Como dice el escritor salesiano, Valentín Viguera, “La espiritualidad salesiana de san Juan Bosco que, si bien se enraíza en esa corriente más amplia que proviene de san Francisco de Sales, es, sin embargo específica y original del santo piamontés. La espiritualidad salesiana, hoy vivida por muchos grupos de la gran familia de Don Bosco, hace referencia al espíritu del fundador, más que a la del patrono y titular”. Es por eso que al buscar las raíces de la espiritualidad salesiana vivida por Don Bosco, no sólo debemos investigar y meditar a San Francisco de Sales, sino adentrarnos en el misterio de la vida de Juan Bosco.

La espiritualidad de san Juan Bosco es un carisma inspirado por el Espíritu Santo como respuesta a las realidades juveniles. Vibraba con una sensibilidad por el mundo juvenil, que se fue manifestando y desarrollando desde su infancia. Ya sacerdote, Dios lo sembró en la dramática realidad de los jóvenes campesinos que habitaban los suburbios. Ellos, eran víctimas y piezas fundamentales del devenir histórico de la sociedad turinesa, que sirvió de escenario para el desarrollo industrial y los cambios políticos que harán nacer a Italia. Esta es la razón histórica de sus opciones pastorales y el contexto preciso donde crece espiritualmente y elabora su síntesis existencial entre fe y vida, como parte de todo un movimiento eclesial. Por ende, para entender a Don Bosco es necesario confrontarse también con su tiempo, aun a sabiendas de que él tiene una personalidad sobresaliente y unos rasgos muy originales.

Su originalidad es fruto de la acción de Dios en su vida y de su actitud de discípulo misionero. Él mismo siente y da testimonio que Dios Padre es quien fue fraguando con paciencia, en un sinfín de acciones providentes, una propuesta original de espiritualidad y una respuesta pastoral adecuada a la realidad juvenil y popular.


Escenario en el que creció su espiritualidad

Juan Bosco nace en el entonces reino de Piamonte después de la derrota de Napoleón en Waterloo. La expansión del poderío napoleónico había llegado al Piamonte con la «campaña de Italia» emprendida por Bonaparte del 1796 al 1797. Esta dominación política francesa aniquiló los residuos de las viejas estructuras feudales, despertó la conciencia ciudadana y patriótica del pueblo, y renovó las estructuras administrativas y políticas; pero al mismo tiempo trajo un concepto racionalista y anticlerical del Estado y de la política. La gente sufrió un fuerte desconcierto social, ético y religioso, máxime con la supresión del Estado Pontificio y de los derechos de la Iglesia, la cautividad del Papa Pío VII en Savona (1809-1812), la dispersión de las órdenes religiosas y la división del clero. Después de Waterloo (1815) comenzará la reacción del absolutismo, que estaba ya herido de muerte, que se conoce como la época de la Restauración.


Corrientes Espirituales de las que se nutre

Ante la necesaria renovación de la Iglesia frente a la crisis producida por influjo napoleónico y las transformaciones sociales del liberalismo que hizo nacer a Italia, se introduce una línea espiritual vanguardista, que busca una espiritualidad popular en respuesta a las graves necesidades propias de la época. Propuesta bien recibida por Mons. Jacinto de la Torre y que encontró resistencia en Mons. Colombano Chiaverotti.

Es así como descubrimos una tensión en el ambiente el cual se forma Juan Bosco. La tensión existente entre la corriente vanguardista, que se alimenta de la espiritualidad ignaciana, alfonsiana, lazarista y filipina, y la corriente conservadora y aristocrática, propia de la restauración que seguía el rigorismo moral, que se resiente de algunos dejos jansenizantes.

Juan afianza sus raíces en el humus espiritual que impulsaba el Convitto Ecclesiastico, pero recibió también en su formación los influjos del rigorismo moral ante el cual reaccionó.

La espiritualidad Alfonsiana

San Alfonso María Ligorio se había formado con los manuales rigoristas y se convirtió cuando se dedicó a las misiones entre el pueblo y se enfrentó a la realidad del hombre envuelto en la miseria y con una vida cristiana superficial. Comprendió que el sur de Italia no se podría conquistar con una pastoral oprimente, centrada más en un Dios-juez que en un Dios-Padre, más en el pecado que en el perdón, más en el infierno que en el paraíso. Su enraizamiento en la realidad popular lo convirtió a una teología más humana, marcada por la referencia a la bondad y la misericordia de Dios, a la confianza en Él y a la esperanza.

La espiritualidad Salesiana

Francisco de Sales es el que afectuosamente adoctrina sobre el modo de vivir cristianamente en el mundo, para lo cual la devoción, que consiste en el amor a Dios y al prójimo, no es una condición privilegiada, prerrogativa de religiosos y claustrales, sino un objeto capaz de ser alcanzado por todos los cristianos con el cumplimiento de los deberes del propio estado. Don Bosco elige a San Francisco de Sales como modelo y se apropia de alguna de sus características. Su interés por la figura de este santo germina en el seminario de Chieri. En los apuntes redactados la vigilia de la ordenación sacerdotal, en mayo de 1841, escribe: “la caridad y la dulzura de san Francisco de Sales me guíen en todas las cosas”.

La espiritualidad Filipina

El programa de san Felipe Neri se nutre también de la confianza en la naturaleza humana y de amor al arte, rehúye los tonos hoscos y tristes, se ilumina de espíritu festivo y alegría. En el panegírico de San Felipe Neri, pronunciado en alba de mayo de 1868, Don Bosco presenta al apóstol romano como aquel que “ha imitado la dulzura y la mansedumbre del salvador”, que ha difundido “el gran fuego de la divina caridad” traído por Cristo. Al hablar de Felipe Neri, Don Bosco está hablando de sí mismo y del ideal salesiano. Don Bosco difunde algunos dichos característicos de Felipe Neri como: “Hijitos, estad alegres: no quiero escrúpulos ni melancolía, me basta que no cometáis pecados”; “escrúpulos y melancolía fuera de la casa mía”; “no se carguen con demasiadas devociones, pero sean perseverantes en aquellas que han empezado”.

La espiritualidad Vicentina

Los Paules promueven las misiones populares por el Piamonte, las hijas de la Caridad se dedican al cuidado de los pobres, los enfermos, los soldados ingresados en los hospitales militares y dieron origen a varias fundaciones que adoptaron su espíritu y regla. Don Bosco participó en la tanda preparatoria al subdiaconado en septiembre de 1840, y la próxima a la ordenación Sacerdotal que tuvo lugar del 26 de mayo al 5 de junio de 1841. En la Storia ecclesiastica de 1845 le dedica un apasionado retrato: “animado del verdadero espíritu de caridad, no hubo género de calamidad que él no socorriera; fieles oprimidos por la esclavitud de los turcos, niños huérfanos, jóvenes disolutos, solteras en peligro, religiosas abandonadas, mujeres caídas, galeotes, peregrinos, deficientes mentales, mendigos, todos probaron los efectos de la caridad paterna de San Vicente de Paul”.

La espiritualidad Ignaciana

Don Bosco se mantuvo cercano a la tradición ignaciana, al sostener un contacto indirecto con Ignacio, a través de sus discípulos. Además en el seminario había leído al jesuita Paolo Segneri, y luego su obra “El Cristiano instruído” está impregnado de la espiritualidad de la Compañía de Jesús. También a lo largo de su vida tuvo otras referencias jesuitas importantes, como la tradición espiritual de Diessbach y San Luis de Gonzaga.


Inspiración Espiritual de la Turín en que vivió Don Bosco

Este entrelazarse de corrientes espirituales anima esta época extraordinaria con iniciativas orientadas a las necesidades espirituales y materiales de los pobres, de los enfermos, de los encarcelados, de las mujeres en peligro y descarriadas, que caracteriza la primera década del s. XIX en Piamonte. La pequeña casa de la Divina Providencia surge en 1832 bajo los auspicios de Vicente de Paul y acoge a los enfermos rechazados de otros hospitales a causa de sus deformidades.

La espiritualidad piamontesa de la restauración se mueve en la línea de un humanismo devoto que se sostiene en el principio de que la gracia no suprime la naturaleza sino que la sana, la eleva, la perfecciona con la intuición de que la naturaleza, a pesar de haber sido herida por el pecado, permanece fundamentalmente orientada hacia Dios, la gracia actúa sobre tal disposición de la naturaleza.

Don Bosco ahonda ahí sus raíces, es una inspiración, una actitud, una mentalidad. Es un sacerdote rural que tiene viva la realidad nueva de los jóvenes que, salidos de la cárcel o emigrados del campo a Turín para buscar trabajo, se habían integrado mal en la ciudad a los comienzos de la industrialización. Para ellos funda su acción educativa por ser “pobres y abandonados” en la “amabilidad” y en la “Caridad” adaptando la misma metodología pastoral, caracterizada por la dulzura, que había guiado la predicación de los misioneros de Alfonso María de Ligorio, de Vicente de Paúl en medio de las poblaciones rurales.


Influencia determinante de Don Cafasso

Don Bosco se formó en el seminario de Chieri (1835-1841) dentro de un clima de gran austeridad. Joven clérigo se había acercado a las tesis favorables al rigorismo a través del estudio del tratado de teología moral de Alasia, que era el texto usado en el seminario. Recuerda que las relaciones entre clérigos y superiores se caracterizaban más por el temor que por la familiaridad.

Pero después de su ordenación (5 de junio de 1841), se hace beneficiario de la iniciativa pastoral de Lanteri y Guala y entra en el Convitto, donde se respira un clima alfonsiano y encuentra allí la figura de José Cafasso, hombre sereno y sensible que se convierte en su confesor, en el que se refleja la imagen del sacerdote solícito y fervoroso que trabaja para la gloria de Dios y la salvación de las almas con una dulzura que atrae y conquista.

Es Cafasso quien les enseña a contraponer a la idea de un Dios solitario y severo, la imagen de un Dios Padre Misericordioso. Les enseña que la perfección consiste en hacer perfectamente la voluntad de Dios que debe buscarse en las acciones de vida común; que la santidad no consiste en el cumplimiento de gestos excepcionales, sino en la fidelidad a los deberes del propio estado; condena las formas de mortificación austera como una tentación del demonio, sosteniendo que las verdaderas mortificaciones se manifiestan en el sacrificio que exige la fidelidad a los deberes. En su vida fue testigo de sus enseñanzas: se hizo extraordinario practicando, con fidelidad, las virtudes ordinarias.

En él, dice Don Bosco, se unían la pureza de corazón de San Luis Gonzaga, la mansedumbre, la paciencia y la caridad de Francisco de Sales, el amor a los pobres de Vicente de Paúl, la austeridad personal y el celo apostólico de San Carlos Borromeo y la bondad y comprensión de Alfonso María de Ligorio, particularmente en la administración del Sacramento de la Penitencia.

Cafasso está a la raíz de las opciones fundamentales hechas por Don Bosco: ordenado sacerdote le recomendó entrar en el Convitto y terminado este período fue quien orientó su labor a los jóvenes abandonados que frecuentemente terminaban en la cárcel o en la horca. Él es para Juan su verdadero Padre Espiritual, quien inspira y orienta al seguimiento de Cristo en la construcción de su Reino en medio de los jóvenes.

Hasta aquí extracto de “Las raíces de la espiritualidad de Don Bosco”. De Carlos Da Franca, S.D.B.


Sobre la Congregación Salesiana

Al hablar de “espiritualidad salesiana” se entiende por el conjunto de principios, ideas, sentimientos y modelos de comportamiento que caracterizan a los discípulos de Don Bosco en su deseo de ser fieles al Espíritu Santo.

Se puede hablar en primer término de una caridad pastoral, que es un impulso apostólico que mueve a buscar a Dios y a llevar su mensaje (el Evangelio) a las personas, especialmente, a los jóvenes. La caridad pastoral es el centro y la síntesis de la espiritualidad salesiana. La gracia de la unidad también es un factor que define esta espiritualidad, también denominada dimensión contemplativa de la vida, consiste en vivir la gracia de la unificación de la persona tanto en su relación con Dios como en el servicio a las personas.

El estilo de oración es también un rasgo importante. La manera de orar de Don Bosco, motivada por el deseo de llevar el evangelio a la vida de los jóvenes y con un estilo juvenil y creativo, es legado. No se puede dejar de mencionar la vocación de la misión, marcada por el amor a la juventud. Decía Don Bosco: “Me basta que sean jóvenes para amarlos”; y el pueblo es el ambiente natural y ordinario donde se hace la opción juvenil, el lugar social y humano donde se busca y se encuentra a la juventud.

Los demás rasgos que definen la espiritualidad salesiana:

El optimismo y el gozo de la esperanza: “La santidad consiste también en estar siempre alegres” decía Domingo Savio, alumno de Don Bosco, a un compañero nuevo en el Oratorio. Partiendo del Cristo Resucitado, este optimismo se traduce en: tener fe en la victoria del bien y estar abiertos a los valores humanos; más que lamentarse, el salesiano capta los valores del mundo y trata de darles cauce adecuado de cara a la educación de la fe.

La ascesis de la bondad: El amor, en la educación, es pedagogía; pero no solo eso. El amor es… ¡TODO! Cuando esto se da (el sentirse llamado lo garantiza) el joven es amado y se da cuenta de ello; y desde esta experiencia, el joven da, lo da todo, se da. Esto exige del educador salesiano una ascesis continua y profunda para dar cabida, en la propia existencia, al joven y su anhelo de Dios.

El trabajo y la templanza: Ser consecuente con el “ser salesiano” lleva consigo el ser un gran trabajador… como lo fue Don Bosco. Al mismo tiempo, la tarea de la educación impone una actitud de libertad “de” y “para”. Este proceso de liberación exige, para que la melodía suene armónica, que el educador esté siempre ¡templado!, afinado. El trabajo y la templanza constituyen el campo de la ascesis salesiana.

El espíritu de iniciativa: Una de las manifestaciones del celo propio de la “caridad pastoral” es el espíritu de iniciativa. Es una labor de discernimiento espiritual que propicia el lanzamiento generoso, desde la confianza en El Señor, a la misión evangélica dentro de las múltiples posibilidades que ofrece la vida concreta.

El arraigo en el misterio de Cristo y la vida en manos de María: El “hombre nuevo” al que tiende la educación promovida por Don Bosco y por sus hijos, es el hombre nuevo proclamado por Jesucristo. Estar arraigado en Cristo es la alegría más íntima que puede tener. En el misterio cristiano aparece María, en su relación vital con su Hijo; Ella, desde ahí, nos enseña el camino que conduce hacia ÉL; es Educadora: Inmaculada y Auxiliadora.

El sentido de Iglesia: Del amor a Cristo nace inseparablemente el amor a su iglesia. El salesiano se ve a sí mismo como miembro vivo de la Iglesia viva: ¡ni más… ni menos! Desde el sentido fuerte de Iglesia universal vive la pertenencia activa a la Iglesia local trabajando en comunión con todos: seglares, sacerdotes, religiosos. El amor y la fidelidad al sucesor de Pedro es una muestra clara del amor a la Iglesia.


Como Don Bosco, “con” y “para” los jóvenes, alienta el Papa

El Papa Francisco dedicó a la congregación Salesiana una carta titulada “Como Don Bosco, con los jóvenes y para los jóvenes”, dirigida al Rector Mayor, con motivo del Bicentenario del nacimiento del “santo educador y pastor de los jóvenes”, cuyo carisma educativo y evangelizador, sigue siendo tan importante, también hoy en todos los continentes.

Don Ángel Fernández Artime (Rector Salesiano) destaca, en un videomensaje dirigido a los salesianos y salesianas de todo el mundo, el aliento que el Santo Padre les dirige, animándolos a dar en la actualidad las respuestas que Don Bosco daría, invitando a seguir buscando a los últimos y educando con afecto. El Obispo de Roma recuerda que “Don Bosco vivió una gran pasión por la salvación de la juventud, manifestándose testimonio creíble de Jesucristo y anunciador genial de su Evangelio, en comunión profunda con la Iglesia, en particular con el Papa”.

Click aquí para leer la carta completa del Papa Francisco al rector Salesiano


Misa del Bicentenario en el Colle Don Bosco

Más de 7.000 fieles, entre ellos 5.000 jóvenes provenientes de 54 países participaron este domingo de la solemne Eucaristía, en la basílica del Colle Don Bosco de Turín, Italia, con la que la Familia Salesiana celebró este domingo, 16 de agosto, el bicentenario del nacimiento de su santo fundador, Don Bosco.

La misa estuvo presidida por el rector mayor de los salesiano, R.P. Ángel Fernández Artime SDB, y concelebrada por el arzobispo de Turín, monseñor Cesare Nosiglia, el padre Pascual Chávez SDB, rector mayor emérito y un gran número de sacerdotes.

Después de la misa se escuchó el mensaje enviado por el papa Francisco a los jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano en el que los animó a “vivir en lo cotidiano la alegría del Evangelio para generar esperanza en el mundo”.

“Hoy damos gracias a Dios, dijo el padre Artime en su homilía, por su maravillosa intervención en la historia, y más concretamente ya que esta historia, comenzó en un pequeño caserío en las colinas de los Becchi”.

El rector mayor recordó el espíritu con el que hace un año, también allí en la colina del Colle Don Bosco, había abierto el Año del Bicentenario: aprovechando la oportunidad para alcanzar una verdadera renovación espiritual y pastoral y para hacer vivo el carisma salesiano.

Después de 12 meses, en esta Eucaristía quería hoy “agradecer al Señor por este año que hemos vivido, por toda la gracia que él nos dio, y por la vida que se renueva más y da fruto como un regalo de este Bicentenario”; y, al mismo tiempo quisiera fijar una vez más los ojos del sacerdote del siglo XIX “que se tomó muy en serio las palabras pronunciadas por Jesús a los doce hacerse siervo de todos, especialmente de los pobres, abandonados y en peligro”.

El padre Artime recordó, además, las orientaciones entregadas a la Familia Salesiana por el papa Francisco durante este año, en su visita a Valdocco (http://vaticaninsider.lastampa.it/es/vaticano/dettagliospain/articolo/francesco-torino-41902/) y en la carta del 24 de junio (http://www.donboscosur.org.ar/adjuntos/files/papa_Francesco_2015_06_24_es.pdf): las referencias a la figura de Mamá Margarita; la urgencia de salir y las valientes opciones de Don Bosco; la intención de fundar un vasto movimiento de los pobres y para los pobres, más allá de los límites de la lengua, la raza, la cultura y la religión; y el estilo de fraternidad y de alegría.

Finalmente el X sucesor de Don Bosco indicó cuál será el siguiente paso en este Bicentenario, “soñar el futuro de la misión evangelizadora y educativa de nuestra Familia Salesiana con la fuerza y la novedad del Evangelio, con valentía y visión profética, dejándonos guiar por el Espíritu”.


Otro enlace de interés:

El Papa a los Salesianos: den a los jóvenes “una educación anti-crisis”
Click aquí para leer el discurso completo del Papa Francisco.


Fuentes:

AICA / Vatican.va / Vatican Insider

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