El Papa recordó a obispos y sacerdotes que son servidores en su comunidad

Sacerdotes y obispos servir comunidad

8.00 p m| 27 mar 14 (AGENCIAS/BV).- El sacramento del Orden fue el centro de la catequesis del 26 de marzo ofrecida por el Papa Francisco durante la audiencia general de los miércoles. Ante una Plaza de San Pedro repleta de fieles, entre los que destacaban numerosos jóvenes, Francisco recordó que aquellos que son ordenados, son puestos a la cabeza de la comunidad como servidores, como lo hizo y lo enseñó Jesús.

Estas palabras hacen eco al mensaje que ofreció el año pasado ante los nuncios apostólicos, a quienes recalcó la necesidad de que los candidatos a obispo sean “pastores cercanos a la gente” y no tengan “mentalidad de príncipe”.

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El Papa volvió a señalar, como ha hecho en otras ocasiones, que el obispo, el sacerdote y el diácono están al servicio de la comunidad, subrayando que “dedican todo su ser y amor a la comunidad, que no la han de considerar de su propiedad: ni el obispo es el propietario de su diócesis, ni el sacerdote es el propietario de su parroquia, ni el diácono de su diaconía; es propiedad del Señor, al que tienen que servir”.

Después, dirigiéndose especialmente a los jóvenes allí reunidos, el Sumo Pontífice preguntó: “¿Dónde se venden las entradas para ser sacerdotes?”, al tiempo que ha afirmado que es Jesús quien lo ha puesto en su corazón.

Por otro lado, el Papa argentino explicó que el obispo que no reza, que no celebra misa todos los días, que no escucha la palabra de Dios, que no se confiesa, “no hace bien”, ya que “termina perdiendo el sentido auténtico del propio servicio”. Señaló que otra característica de los que se ordenan sacerdotes es “el amor apasionado por la Iglesia”, porque un cura debe “hacer con amor; si no, no sirve”.


Texto completo de la catequesis del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Ya hemos tenido ocasión de señalar que los tres sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía forman juntos el misterio de la “iniciación cristiana”, un único gran evento de gracia que nos regenera en Cristo. Esta es la vocación fundamental que nos aúna a todos en la Iglesia, como discípulos del Señor Jesús. Hay dos Sacramentos que corresponden a dos vocaciones específicas: el Orden y el Matrimonio. Constituyen dos grandes vías a través de las cuales, el cristiano puede hacer de su vida un don de amor, siguiendo el ejemplo y en nombre de Cristo. Y así colaborar en la edificación de la Iglesia.

El Orden, de tres grados: episcopado, presbiterado y diaconado, es el Sacramento que permite el ejercicio del ministerio, confiado por el Señor Jesús a los Apóstoles, para apacentar su rebaño con el poder de su Espíritu, de acuerdo a su corazón. Apacentar el rebaño de Jesús con la potencia no de la fuerza humana o la propia potencia, sino del Espíritu y según su corazón; el corazón de Jesus, que es un corazón de amor. El sacerdote, el obispo y el díacono deben apacentar el rebaño del Señor con amor. Si no lo hacen con amor, no sirve. Y, en este sentido, los ministros que son elegidos y consagrados para este servicio prolongan en el tiempo la presencia de Jesús, si lo hacen con el poder del Espitiru Santo, en el nombre de Dios y con amor.

1. Un primer aspecto. Los ordenados son colocados a la cabeza de la comunidad.
¡Ah! están “a la cabeza”. ¡Sí! Sin embargo, para Jesús significa poner la propia autoridad al servicio, como Él mismo lo ha demostrado y enseñado a sus discípulos con estas palabras: “Saben que los gobernantes de las naciones dominan sobre ellas, y sus líderes los oprimen. No será así entre ustedes. El que quiera hacerse grande entre ustedes que se haga servidor de todos. Y el que quiera ser el primero entre ustedes que se haga esclavo de todos. Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20:25-28 // Mc 10,42-45). Un obispo que no está al servicio de la comunidad, no hace bien, un sacerdote, un cura, que no está al servicio de la comunidad, no hace bien. Está equivocado.

2. Otra característica que deriva siempre de esta unión sacramental con Cristo es el amor apasionado por la Iglesia. Pensemos en el pasaje de la Carta a los Efesios, en la que San Pablo dice que Cristo “amó a la Iglesia y se entregó por ella para hacerla santa, purificándola con el lavado del agua mediante la Palabra y para presentarsela a sí mismo a la Iglesia toda gloriosa, sin mancha ni arruga. (5:25-27). En virtud del Orden, el ministro dedica todo su ser a su comunidad y la ama con todo su corazón: es su familia. El obispo, el sacerdote aman a la Iglesia en su comunidad, y la aman fuertemente, ¿cómo? Como Cristo ama a la Iglesia. Lo mismo dirá San Pablo del Matrimonio: el esposo ama a su esposa como Cristo ama a la Iglesia. Es un misterio grande de amor este del Ministerio ordenado y aquel del Matrimonio. Los dos Sacramentos, que son el camino por el cual las personas habitualmente van al Señor.

3. Un último aspecto. El apóstol Pablo le aconseja a su discípulo Timoteo que no abandone, es más, que reavive el don que hay siempre en él, el don que le ha sido conferido a través de la imposición de las manos. (cf. 1 Tim 4:14, 2 Tim 1 6 ). Cuando no se alimenta el ministerio -el ministerio del obispo, el ministerio del sacerdote-, con la oración, con la escucha de la Palabra de Dios y con la celebración diaria de la Eucaristía y también con un interés cuidadoso y constante del Sacramento de la Penitencia, se pierde inevitablemente de vista el verdadero significado del propio servicio y la alegría que nace de una profunda comunión con el Señor Jesús.

El obispo que no reza, el obispo que no siente y escucha la Palabra de Dios, que no celebra todos los días, que no va a confesarse regularmente, y lo mismo el sacerdote que no hace estas cosas, al final pierden esta unión con Jesús y ellos se hacen mediocres y esto no hace bien a la Iglesia. Por esto debemos ayudar a los obispos, a los sacerdotes a rezar, a escuchar la Palabra de Dios que es el alimento cotidiano, a celebrar cada día la Eucaristía y a ir a confesarse habitualmente. Y esto es tan importante para la santificación de los obispos y de los sacerdotes.

Yo quisiera terminar también con una cosa que me viene a la mente: ¿cómo se debe hacer para transformarse en sacerdote, dónde se venden las entradas? No, no se venden, ¿eh? Ésta es una iniciativa que toma el Señor. El Señor llama, llama a cada uno que él quiere que se haga sacerdote. Y, a lo mejor hay algunos jóvenes aquí que han sentido esta llamada. Las ganas de hacerse sacerdotes, las ganas de servir a los otros en las cosas de Dios, las ganas de estar toda la vida al servicio para catequizar, bautizar, perdonar, celebrar la Eucaristía, sanar a los enfermos, toda la vida así.

Si alguno de ustedes ha escuchado esto en el corazón, es Jesús que lo ha puesto allí, ¿eh? Cuiden esta invitación y recen para que esto crezca y dé frutos en toda la Iglesia. Gracias.


Con Francisco, los “carreristas” no serán obispos

En junio del año pasado el Papa dirigió un mensaje similar ante los 150 nuncios apostólicos, quienes oyeron la advertencia de no sucumbir a la “mundanidad espiritual”; ya que en ello caen los que actúan “por la propia realización y no por la gloria de Dios, adoptando una burguesía del espíritu y de vida” que empuja a “buscar una vida cómoda y tranquila”.

Refiriéndose a una de las actividades más importantes de los nuncios, la provisión de las diócesis vacantes, les dio estos consejos: “Esten atentos a que los candidatos sean pastores cercanos a la gente; este es el primer criterio. Pastores cercanos a la gente. Si es un gran teólogo, una gran cabeza, que vaya a la universidad, donde hará tanto bien. ¡Pastores! ¡Los necesitamos! Que sean padres y hermanos; que sean mansos, pacientes y misericordiosos; que amen la pobreza, interior como libertad para el Señor, y también exterior, como sencillez y austeridad de vida; que no tengan una mentalidad de ‘príncipes’. Esten atentos a que no sean ambiciosos, que no busquen el episcopado. Los que buscan el episcopado, esos no convienen. Y que sean esposos de una Iglesia sin estar siempre a la búsqueda de otra”.


Fuentes:

Vatican Information Service / Vida Nueva / Religión Digital

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