El Bicentenario de Venezuela confronta a la Iglesia con el modelo de Chávez

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4.00 p m| CARACAS 20 may. 10 (VIDANUEVA/BV).- Las diferencias entre la Iglesia católica y el Gobierno de Venezuela, que encabeza Hugo Chávez, volvieron a remarcarse a propósito del Bicentenario de la Declaración de Independencia Nacional, cuyos festejos oficiales comenzaron el 19 de abril y se extenderán hasta el 5 de julio de 2011. Voceros de la jerarquía eclesial manifestaron su descontento con los actos oficiales, y la propia Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) ha aprovechado esta conmemoración para resaltar la necesidad de pluralidad política y tolerancia en el país.

Un interesante análisis desde el seno de la Iglesia es el que escribe para Vida Nueva, el arzobispo Ovidio Pérez Morales, emérito de Los Teques, pero con gran influencia en la opinión pública. Bajo el título ¡Presidente, vuelva al Cabildo!, y al hacer un balance de la situación del páis en el contexto del Bicentenario, el presidente del Concilio Plenario de Venezuela sostiene que hay cinco expresiones concretas de la actual crisis democrática:

“1. Venezuela, en efecto, ya no es una como sueño ni una como experiencia de convivencia. Por motivos ideológico-políticos se la ha dividido artificialmente. Por lo menos a la mitad se la califica de apátrida y hasta de antipatriótica, decretándosela excluida del goce pleno de los derechos ciudadanos. (…)

2. Venezuela tampoco es ya plural. No se quiere que sea el hogar de un pueblo variado, multicolor, multicultural, donde los diferentes y también los díscolos tienen su lugar. (…)

3. Venezuela ya no es ámbito de vida. Somos un país en monstruosa hemorragia culpable. Ocupamos lugar destacado en el mundo en materia de violencia y criminalidad. Nuestras calles son escenario de incontrolada delincuencia e impunidad; nuestras morgues, abarrotados lugares de doloroso compartir; nuestros juzgados y tribunales, recintos de injusticia por corrupción de venalidad o politización; nuestras cárceles, recintos de inhumanidad, antítesis de reeducación, antesalas de muerte. (…)

4. Venezuela ya no es una nación en ‘vías de desarrollo’. Tenemos un petrocapitalismo de Estado, con liberalidades selectivas hacia afuera y populismo dentro. Motivos ideológico-políticos y el afianzamiento del poder privan sobre las verdaderas necesidades y aspiraciones de la población.

5. Venezuela ya no es respetada en su alma e identidad. La subjetividad y centralidad, la moralidad y espiritualidad de la persona humana se diluyen, para privilegiar la base material productiva y lo simplemente colectivo-estructural, literalmente ‘alienantes’. Se habla de refundar el país. ¿Sobre qué valores? El ‘socialismo del siglo XXI’ (de creciente referencia marxista-leninista y con confeso modelo castro-comunista) se erige como fin y criterio supremos; se absolutiza y sacraliza la ‘Revolución’, hecha régimen establecido, convirtiéndola en norma definitiva de lo verdadero y lo bueno. (…)”.


Imagen: (Reuters)Pared en Caracas pintada con la imagen de Jesucristo y la Virgen de Coromoto, son parte de los mensajes que deja la nueva generación de socialistas del gobierno venezolano

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