Archivos Mensuales: abril 2020

EL FIN DEL MARTILLAZO. ¿MORIR DE VIRUS O DE HAMBRE ES LA ÚNICA ELECCIÓN?

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Categoría : General

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La estrategia del “martillazo” muestra su agotamiento para detener al coronavirus en el Perú. Exitosa en las primeras semanas para evitar la propagación masiva del patógeno, ya muestra un enorme desgaste en su aplicación, que debe obligar al gobierno a un cambio sustancial de su estrategia. En un contexto en que la OMS dice que “lo peor está por llegar” y la ONU dice que el mundo está “al borde de una pandemia alimentaria”, se hace urgente que el gobierno decida un nuevo rumbo para los meses siguientes.

¿Por qué se rajó el martillo? Los grandes golpes al martillazo han venido en primer lugar por la persistente indisciplina de un sector de la población al no respetar las medidas de confinamiento, una de las primeras en aplicarse rigurosamente en América Latina. En segundo lugar, la enorme masa de independientes e informales (cuya subsistencia es prácticamente día a día) empieza a sentir en sus estómagos los efectos de la parálisis económica. Se suma ahora el éxodo de provincianos desde Lima a sus regiones de origen, ante la falta de recursos mínimos para subsistir en la capital. En cuarto lugar, la enorme debilidad del Estado para sostener la ayuda social a los más pobres (la indolencia burocrática que casi pierde 17 mil toneladas de alimentos de Qali Warma es casi una traición a la patria). Y finalmente, la fragilidad del sistema de salud pública nacional, que a la fecha ya colmó su capacidad para atender a los que llegan al último escalón de la enfermedad: las camas UCI para uso del ventilador mecánico. Seguramente, en los próximos días, los médicos peruanos estarán obligados a decidir quién vive y quién muere. Esa es nuestra realidad, no es solamente un problema médico. Es un problema integral y complejo propio de nuestra condición de sociedad aún en vías de desarrollo. Eso es lo que explica el fin del “martillazo”.

Hoy miércoles 22 de abril, el Perú ya superó el umbral de las 500 muertes. Es bueno recordar que el 06 de abril pasado no se llegaban a los 100 decesos, y el 26 de marzo apenas se contaban en nueve los fallecidos. Es decir y por poner un ejemplo, los fallecidos en la última semana (41 diarios en promedio) se infectaron en plena inmovilización social obligatoria, y todo indica que seguirá subiendo en las siguientes dos o tres semanas.

El virus se vuelve clasista y provinciano. Cuando el paciente cero llegó al Perú el 06 de marzo, se supo que uno de sus familiares era alumno del exclusivo colegio Newton de La Molina, lo que daba cuenta del alto nivel socioeconómico de quien trajo el virus al territorio nacional. El propio colegio suspendió sus clases tres días después. El 21 de marzo Surco y Miraflores eran los distritos con más casos (23 y 20 respectivamente). El 09 de abril era Jesús María el distrito de mayor número de contagios con 414 personas. Ayer 21 de abril, Essalud presentó su Mapa de Calor mostrando que San Juan de Lurigancho, San Martin de Porres y Villa El Salvador eran los distritos con más casos de nuevos infectados. Si además se agrega que la pandemia sigue en ascenso casi vertical, que ya se encuentra en todas las regiones del país, y que continuará el éxodo de provincianos desde Lima a sus lugares de origen, vemos que el virus se viene expandiendo a toda velocidad hacia los sectores más pobres de nuestra sociedad y a casi todas las provincias urbanas y rurales donde la atención sanitaria es más débil a medida que se alejan de la capital. Conclusión: no hay forma de achatar o aplanar la curva de infección (y los decesos) no ya en las próximas dos semanas, sino con seguridad en los siguientes 30 días.

Si a todo lo dicho le agregamos la renuencia de muchos ciudadanos en los sectores populares para asumir el distanciamiento social o medidas elementales de autoprotección e higiene, vemos que el riesgo de tener no un Guayaquil, sino varios Guayaquil en diferentes regiones del Perú es real y preocupante. Desearía estar totalmente equivocado pero las evidencias y la data dura no dejan lugar a dudas del escalofriante escenario que viene en los próximos días.

Una nueva estrategia. El Presidente Martin Vizcarra tiene la responsabilidad de trazar un nuevo rumbo para los próximos meses. Lo que tiene entre manos va más allá de elegir entre morir por el virus o morir de hambre. Tiene que presentar un esfuerzo de liderazgo político que demanda este nuevo tipo de guerra que estamos librando. Un liderazgo que le plantee al país un camino común para lo que queda de su gobierno, una suerte de Nuevo Pacto Nacional de Emergencia, basado en los siguientes cuatro pilares: acción cívico-estatal contra la pandemia, recuperación progresiva de la economía y las actividades de la sociedad, pacto por la seguridad y la libertad ciudadanas, y la renovación democrática del gobierno. Simbólicamente, es algo así como adelantar el Discurso a la Nación del 28 de julio a los próximos días.

El primer pilar se basa en la idea de demandar a la población el más grande compromiso cívico de toda nuestra historia republicana. Seguir confinando a la población en sus hogares no hará más que debilitar la paz social y la legitimidad del gobierno con una estrategia que ya hace agua por todos lados. Máximo puede pedir dos semanas más de esfuerzo (hasta el Día de la Madre el 10 de mayo). Tiene que ser la propia población la que asuma la obligación del distanciamiento social, y de la protección e higiene personal permanente. El principal vehículo es un shock comunicacional y la coacción legal. El gobierno tiene que lograr, a través de todos los medios de comunicación y día a día, que la población sea la que alcance niveles elementales de autodisciplina en la nueva etapa que se abre. Dado que la vacuna o la inmunidad de rebaño están lejos de conseguirse, y el confinamiento ya ocasiona hambre en millones de peruanos, no hay otra manera para enfrentar al virus en esta etapa. La población tiene que aprender de inmediato a cuidarse ella misma. El riesgo sólo es uno: la muerte. El esfuerzo del Estado tiene que enfocarse en cuidar la vida de las personas infectadas, especialmente de la tercera edad, y mejorar rápidamente la infraestructura de salud siquiera para poder recibir oxígeno y alcanzar camas UCI en los hospitales. Lo triste es que hoy ni siquiera esas dos cosas puede garantizar. Y cuidar al personal de salud porque un soldado menos en la primera línea del frente puede significar menos vidas recuperadas. También hay que ver la nueva evidencia médica sobre la letalidad del coronavirus por trombosis diseminada lo que podría dar un giro extraordinario a la forma de enfrentarlo.

El segundo pilar es que la economía tiene que abrirse progresivamente. La estructura productiva del país ha soportado bien la severidad de la cuarentena, pero la inmensa cantidad de micro y pequeñas empresas pueden estar al borde de la quiebra técnica, es decir, no la suspensión sino el cierre de sus actividades, además de llenos de deudas. Pero el mayor problema es que los millones de independientes e informales que sustentan su calidad de vida en sus ingresos día a día, ya están en el límite, y no hay más que ver los noticieros para dar cuenta que ya no aguantan más la inmovilidad económica. Tiene que abrirse la economía aunque en forma progresiva. Respecto al accionar del Estado, aquí también es una oportunidad para digitalizar el Estado a toda velocidad, especialmente la Educación Remota y los Servicios al Ciudadano en todas las entidades públicas que le permita tramitar por internet la mayor cantidad de procedimientos sin tener que salir de casa.

El tercer pilar es que no puede debilitarse la seguridad de la sociedad, y que en este proceso que tomará varios meses, algunas libertades constitucionales tienen que continuar limitadas. Las Fuerzas Armadas y Policiales vienen actuando a la altura de la responsabilidad que la Nación hoy les exige (lo cual explica el enorme respaldo ciudadano a las primeras), y deben continuar garantizando la seguridad del país con todas las herramientas legales posibles. Pero no se les puede exponer a la enfermedad sin la bioseguridad que necesitan para cumplir su labor. Por supuesto también hay que combatir severamente la corrupción que parece darse en las adquisiciones en ambos sectores. Soy un convencido que una sociedad sana es aquella en la que sus ciudadanos gozan de las libertades establecidas en nuestra Constitución, pero vivimos circunstancias excepcionales que requieren soluciones excepcionales.

El cuarto pilar es que la renovación del gobierno es esencial para el éxito de este proceso. El Presidente tiene que cortar de plano esas irracionales voces desde el Congreso de ampliar el mandato parlamentario hasta el 2022, de cambiar el esquema electoral a una sola vuelta planteado por algunos politólogos, o de otros cambios en la Constitución. En las actuales condiciones eso es inviable. Tendremos que hacer una buena reforma política ya en el período 2021-2026. Debemos garantizar por lo menos elecciones transparentes e intachables y un traspaso del poder pacífico y oportuno en el plazo previsto por la Carta Magna. A lo más, puede reducirse el período de elecciones internas y apostar por el voto electrónico. No podemos permitir que nuevamente los intereses menudos y miopes, que ya empiezan a expresarse sin vergüenza en el Congreso, quieran prevalecer aprovechándose de que los ojos del país están en superar la pandemia.

Epílogo. No son decisiones fáciles las que tiene que tomar el Presidente de la República. Hace unos años, alguien dijo que tuvo que elegir entre el cáncer y el sida para elegir un gobernante. Ahora, nuestra elección es de vida o muerte: entre el virus o el hambre. Pero como en ningún otro momento de nuestra historia, continuar viviendo depende muchísimo de los cambios inmediatos que haga cada persona para su propia supervivencia. Que Dios nos ampare.

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LA EDUCACIÓN ESCOLAR EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

Categoría : Neurociencia

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Según la ONU, unos 850 millones de jóvenes han dejado de asistir a clases, “un desafío sin precedentes” para los gobiernos en todo el mundo. Desde el 06 de abril, el gobierno peruano inició la estrategia virtual “Aprendo en Casa” para garantizar la continuidad del servicio educativo a nivel nacional en el marco de la emergencia por el Covid-19, que fue aprobada por Resolución Ministerial 160-2020-MINEDU. El día de hoy 15 de abril, el Presidente Martin Vizcarra expresó que no será hasta el 2021 que el país recobrará “un estado más o menos de normalidad”, que nos encontramos en la primera etapa del avance del coronavirus que se estima dure hasta mayo, que a partir del 27 de abril se retomarán algunas actividades productivas gradualmente, y que “la concentración de personas tendrá que esperar”. Esta última frase está relacionada con la inquietud de miles de padres de familia sobre cuándo sus hijos retornarán a las aulas para sus clases presenciales. Por ello, hacemos un breve repaso de la situación educativa en varios países del mundo.

Italia. El 06 de abril el gobierno italiano tomó una decisión drástica: aprobó un decreto ley por el cual todos los estudiantes pasarán de cursos para terminar con éxito el año escolar 2019-2020. No obstante, de todos modos se hará una evaluación de los alumnos con modalidades telemáticas. La intención del gobierno es que nadie se quede atrás por culpa del coronavirus, y la gran mayoría de italianos da por descontado que el confinamiento se extenderá hasta mayo.

Francia. Ayer 14 de abril el Presidente Macron anunció la reapertura de las escuelas el próximo 11 de mayo, decisión tomada al parecer bajo el supuesto de que los niños “no contribuyen de manera significativa a la circulación del virus”. El gobierno plantea clases en grupos pequeños, menor carga horaria y mascarillas obligatorias. Sin embargo, las maestras francesas ya han amenazado: “será sin nosotras” y los padres no quieren enviar sus hijos al colegio: “el gobierno crea un escenario de ciencia ficción”. Las universidades seguirán cerradas hasta julio.

Chile. El ministro de Educación Raúl Figueroa anunció la suspensión de las clases en todos los establecimientos educacionales hasta finales de abril, y la extensión del año escolar hasta finales de diciembre. El Mineduc ha habilitado una plataforma online para entregar recursos educativos a todos los niveles, y ya tiene listo un plan de retorno a clases de tres etapas: diagnóstico del nivel de aprendizaje, nivelación y la adecuación curricular (priorizando las unidades de aprendizaje más importantes).

España. El Presidente del Gobierno Pedro Sánchez decretó el estado de alarma en vigor desde el 14 de marzo, que incluye la suspensión de las clases escolares. Sin embargo, sólo se declara por un plazo máximo de 15 días, por lo que el Congreso debe aprobar su prórroga cada quincena. No obstante, el martes 14 de abril, la ministra de Educación Isabel Celáa, declaró que “ningún alumno español perderá el curso escolar por causa del Covid-19”, siguiendo los pasos de Italia. En España los niños no pueden ni salir a pasear alrededor del domicilio.

Ecuador. En Ecuador las clases se encuentran suspendidas indefinidamente desde el jueves 12 de marzo. La ministra de Educación, Monserrat Creamer, anunció la puesta a disposición una plataforma virtual para que los alumnos reciban clases a fin de no atrasar su formación académica.

Uruguay. El 02 de abril, cuando en el país sólo habían 369 infectados por coronavirus, el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou, anunció la suspensión indefinida de las clases de primaria y secundaria, a nivel nacional. Las clases se encontraban suspendidas desde el 13 de marzo.

Colombia. El Presidente Iván Duque suspendió las clases escolares el lunes 16 de marzo. Anunció que el 20 de abril, según la evolución del coronavirus, se determinará si se retoma el calendario académico presencial. Luego extendió el aislamiento preventivo para estudiantes hasta el 31 de mayo. La ministra de Educación María Victoria Angulo declaró luego que las clases virtuales continuarán hasta esa fecha.

Argentina. El Presidente Alberto Fernández suspendió las clases en jardines, primarias y secundarias el 15 de marzo, y presuntamente deben volver a las escuelas el 13 de abril. Sin embargo, el ministro de Educación Nicolás Trotta adelantó que “no hay certeza de cuándo vamos a volver físicamente a las clases”. Expresó también que puede haber una extensión del año lectivo y que la decisión del retorno será de nivel nacional no de cada ciudad o provincia. Luego de reunirse con representantes de colegios privados no comentó sobre reducción de las cuotas, y sólo habló de pagos escalonados, no pago de punitorios por retrasos y eliminar pagos extra-cuotas.

México. El Secretario de Educación Esteban Moctezuma dijo que las clases se suspenden el 20 de marzo y se retorna el 20 de abril. Anunció también un trabajo permanente de higiene escolar mediante la instalación de filtros de protección en todos los colegios. Luego el gobierno estableció el aislamiento preventivo y receso escolar hasta el 30 de abril.

Estados Unidos. En este país no hay una decisión federal sobre el cierre de las escuelas. Ni siquiera a nivel de cada estado. Dentro de cada estado, los diversos distritos escolares vienen tomando diversidad de decisiones: algunos 15 días, otros 30 y algunos indefinidamente.

Comentario final.

No parece que retornará la normalidad al sector educativo a fines de abril. Es muy probable que la restricción para los escolares permanezca durante el mes de mayo. Toma relevancia la importancia de la Educación Virtual. Es imperativo que el gobierno le otorgue la debida prioridad política. Para el sector privado y más al sector público significa un enorme reto ya que no basta una plataforma virtual: también se necesita la capacitación digital a los docentes, la logística de telecomunicaciones que se requiere, y los contenidos que se deben transmitir. Todo al mismo tiempo y en tiempo real. Los gobiernos regionales y locales deben sentirse parte de este esfuerzo. Las empresas de telecomunicaciones y de contenidos digitales también tienen que ser parte de esta tarea común. Aquí no vale mirar al costado ni estar en plan de “espero desde el balcón”. Es momento de poner el hombro. Por los niños del Perú.

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PRESIDENTE VIZCARRA: ¿Y EL “MARTILLAZO” A LOS IRRESPONSABLES, PA CUÁNDO?

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Categoría : Política

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El Presidente Martin Vizcarra nos presentó su estrategia llamada “el segundo martillazo” para aplanar la curva de infección del coronavirus en nuestro país. Pero van 29 días de cuarentena obligatoria y sigue en aumento el número de infectados y fallecidos. El inapropiado comportamiento social de los peruanos es un factor decisivo que parece explicarlo, entre otros. Por ello cabe preguntarse si no son necesarias acciones de control social más drásticas para bajar la curva de infección. Dicho de otro modo: ¿cabe aplicar un “martillazo” a la población renuente a cumplir la obligación de inmovilización social establecida por el gobierno?

El contexto internacional. Ni los rigurosos cálculos matemáticos para anticipar la curva le han servido a Inglaterra para evitar las más de 11,300 muertes que le deja hasta hoy la pandemia. Con ello queremos enfatizar que es una guerra inédita, singular, ante un enemigo casi desconocido y ante el cual no parece haber vacuna hasta el 2021. Estamos hablando entonces de una pandemia que la está sufriendo todo el planeta y si bien todos los gobiernos quisieran ya levantar las restricciones sanitarias para reactivar sus propias economías, ellos mismos especulan con un rebote, una suerte de segunda curva de crecimiento. Pero ni eso es seguro. Mientras Singapur, uno de los países con mayor éxito de control, anuncia ahora un rebrote de infectados, Sudáfrica dice que luego de cinco semanas de su primer caso, la curva de infección se ha caído en picada en los últimos días. Tampoco podemos anticipar nada de Estados Unidos con sus más de 22,100 muertes hasta hoy lunes 13. España ha tomado hoy la decisión de reabrir parcialmente su economía, y en realidad con más de 17,400 muertos esa decisión es un verdadero callejón oscuro. La India, con 1,353 millones de habitantes en confinamiento nacional hasta el martes 14 de abril, ha decidido extenderlo sin tiempo preciso. En resumen, el contexto internacional nos indica que en su conjunto el planeta está en la fase de expansión del virus, aún sin llegar al pico y faltando cruzar la famosa meseta. Para el Perú todo ello significa que también buena parte del mes de mayo deberá tener cerradas sus fronteras y prolongar la inmovilización. En teoría, si el confinamiento durase como en Wuhan que fue 76 días (de cuarentena absoluta más obediencia absoluta), en nuestro país cesaría el 31 de mayo. Tal como están las cosas, no hay otra. Corresponde al gobierno ir definiendo los sectores económicos que uno tras otro deberán reactivarse progresivamente más o menos a fines de mayo.

Martillazo contra la desobediencia. Pero ¿qué hacer contra los que incumplen el confinamiento? La pandemia ha cobrado ya muchas vidas en nuestro país. Es un virus exógeno, llegado desde el exterior, y nunca sabremos si donde éste se originó las cosas pudieron ser diferentes si no se hubieran ocultado los primeros casos. El hecho es que ya está en etapa endógena y nos toca enfrentarlo con decisión, inteligencia y oportunidad. Decisión porque para bien o para mal, Papá Estado se convierte en nuestro Comandante en Jefe en esta guerra, y como en toda guerra, no puede haber debates democráticos para cada decisión que se tome. Después se evaluará la gestión de Martin Vizcarra. Habrá tiempo para eso. Ahora hay que tomar decisiones, y si tienen que ser drásticas, tienen que tomarse. Inteligencia porque no partimos de una infraestructura de salud pública excelente. Es exactamente lo contrario. La realidad es que, sin necesidad de ser detallista, necesitamos más días para organizar una infraestructura de atención mínimamente aceptable para atender casos de coronavirus por lo menos todo el presente año. Se podrán abrir las puertas de los hogares a fines de mayo, pero los infectados no desaparecerán de un día para otro. Por eso, preparar y mejorar todo el sistema de salud pública debe ser la prioridad durante todo el ejercicio. Y finalmente oportunidad, porque esta pandemia nos ha enseñado con ferocidad que un día que se demora una decisión puede costarnos más vidas. Así de simple.

Por eso en estos días, además del brazo médico que está haciendo su labor, el otro gran brazo es el de la seguridad. Causa una sincera y justificada irritación que nuestros policías y militares caigan infectados por estar en primera línea de batalla, porque realizan su labor sin las condiciones de bioseguridad que en verdad, hasta el personal médico y de la salud carece. El gobierno tiene que tomar decisiones tajantes en este punto a fin de protegerlos en ambos frentes. Pero sigue persistiendo el incumplimiento de la población, y de las grandes ciudades (ahora más controladas), se han trasladado a los distritos populosos de las ciudades medianas, en las provincias del país. Proponemos que una decisión clara que debe tomar el Ejecutivo es un martillazo claro a la desobediencia. Tiene que llamar a licenciados de años anteriores si es necesario para aumentar los efectivos y extender el control en las ciudades intermedias. Tiene que elevar el toque de queda a las 3 pm todos los días. Y si fuere necesario, extender el toque de queda de 24 horas los martes y jueves. Y por supuesto, detención inmediata a todos los que incumplen, además de las multas. A diferencia de otros países en que su realidad política los hace estar en permanente conflicto entre oficialismo y oposición sobre las medidas a adoptar, en el Perú no existe tal situación, además de existir un total respaldo de la población a la iniciativa presidencial. Por otro lado, el gobierno debe prepararse a más velocidad en su brazo médico para la etapa post-cuarentena. La llamada estrategia del “bisturí y el judo” (focalizar fuerzas de tarea médicas en distritos con mayor infección) puede tener el problema de que una reducción del control social en las grandes ciudades estire de nuevo la curva hacia arriba. Ser más estrictos ahora permitirá que todos los independientes e informales podrán salir a trabajar más pronto sin el riesgo de una segunda ola de infección. Evitar una segunda cuarentena (con todos sus riesgos) debe ser un objetivo de todos.

Asimismo, es importante la provisión del agua potable a todos los peruanos, y más que servicio esencial debe ser de máxima prioridad nacional. Si el compromiso de la población está basado en pocas decisiones: quedarse en casa, asumir el distanciamiento social y lavarse las manos, éste último deber no se cumple en miles de hogares por la falta del líquido elemento, lo que debe dar cuenta al gobierno que todas las obras de agua y saneamiento en curso no deben detenerse, que debe apoyarse presupuestalmente a los gobiernos regionales y locales en alternativas de aprovisionamiento principalmente definitivas, o si no de emergencia como las cisternas. Si en cada hogar se pueden cumplir esos tres deberes, se haría mucho para ganar esta guerra y aceleraría la victoria. Por eso, soy de la opinión que hace falta una estrategia comunicacional del gobierno para que la población asuma ella misma (o la gran mayoría) las conductas básicas de distanciamiento social para después de la cuarentena.

Una gran ofensiva tecnológica para el teletrabajo. El Estado Digital y el Teletrabajo deben ser el gran impulso de este gobierno. Para que funcione el teletrabajo en el Perú, el primero que tiene que hacerlo es el propio Estado, porque es el primer gran empleador de nuestro país. Y es el que tiene la mayor capacidad económica y la infraestructura instalada para telematizar todo: desde las clases escolares hasta los registros, los procedimientos y todo cuanto servicio pueda ser realizado en forma digital. Esa es la gran actividad que ya debería realizar el Estado. Todas las acciones y gestiones para virtualizar todo lo que sea posible en cada entidad pública debería ser una actividad esencial y todas las cabezas de cada entidad deberían estar focalizadas en ello. No existe la opción de digitalizar o no el Estado, esa discusión ya es obsoleta. Hay que hacerlo sí o sí para beneficiar a millones de administrados. Y ya. Hay que aprovechar esta crisis para que sea parte de las decisiones del propio Presidente de la República, y parte de sus informes diarios.

Elecciones a la vuelta de la esquina. El coronavirus tendrá como una de sus varias consecuencias que la reforma política debe pensarse para las elecciones del 2026. Ahora lo que debe asegurar el gobierno son unas elecciones limpias y transparentes para elegir a los nuevos gobernantes el 11 de abril del próximo año, con las normas vigentes y ajustando tiempos y procesos. El Presidente Martin Vizcarra cerraría muy bien su gestión al frente del país si da paso a una transición de gobierno pacífica e intachable. Ojalá que Dios no nos castigue con una segunda ola de la pandemia y se tenga, como en Bolivia, que postergar las elecciones. Por eso, mejor es quedarse en casa para salir más pronto mañana.

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SEMANA SANTA EN TIEMPOS DE COVID-19. ¿CÓMO FUNCIONA EL CEREBRO ENTRE LA ESPIRITUALIDAD Y EL MIEDO?

Categoría : Neurociencia

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El coronavirus nos hace vivir tiempos excepcionales. Una misa oficiada por el Papa Francisco en la Plaza San Pedro completamente vacía de fieles es una imagen que impresiona y sobrecoge, ya que hasta la fe tiene que ceder ante el temor a la muerte, aun cuando quien la ocasione sea un enemigo completamente invisible. Hoy y mañana en el Perú, los católicos celebraremos Jueves y Viernes Santo en aislamiento absoluto, sin poder salir ni un momento siquiera a persignarse a la iglesia de la localidad. Desde la perspectiva de la neurociencia queremos intentar una respuesta a la interrogante del título.

Neurología de la espiritualidad y el miedo. ¿Puede el cerebro humano explicar la espiritualidad? Sí. El cerebro humano está dividido en dos hemisferios, el izquierdo y el derecho. Está unido por el llamado cuerpo calloso que a través de las fibras comisurales los conecta y transfiere información en doble sentido vía impulsos nerviosos. Ambas mitades se complementan, cada una ha desarrollado su propia especialización en algunas competencias, y un hemisferio puede ser dominante en una forma única según cada persona. Dentro de cada hemisferio, el lóbulo frontal (el área del cerebro más “reciente” evolutivamente hablando) parece concentrar las principales funciones complejas. El cerebro actúa como una orquesta sinfónica, si un área falla otra puede reemplazar parcialmente sus funciones, y está probado que el hemisferio izquierdo controla el lado derecho del cuerpo y viceversa. Una teoría sostiene que el hemisferio izquierdo procesa la información como una “secuencia lineal” mientras que el derecho la procesa en el modo “simultaneidad visual”. Esto significa que el izquierdo procesa paso a paso, dato por dato, tiene que procesar el anterior para seguir con el siguiente. En cambio el derecho procesa varios datos en simultáneo, es multitarea, ve la totalidad, el conjunto. Esto tiene importantes consecuencias en la conducta del individuo: el izquierdo regula el lenguaje, la numeración y la memoria. Procesa la información mediante el análisis, examinando una por una las partes de un problema. En cambio, el hemisferio derecho integra, articula holísticamente los sonidos, imágenes, olores y sensaciones. Es el que desarrolla las habilidades artísticas, emocionales, visoespaciales y espirituales, entre otras. Procesa la información mediante la síntesis, desde las partes forma un conjunto. Así, el impulso espiritual parece darse por una interacción del hemisferio derecho (más holístico que analítico) con una mayor actividad del sistema límbico y una elevación de la producción de dopamina. Todas las religiones intentan responder a los grandes dilemas existenciales, por ejemplo, nuestra fragilidad ante la muerte. Una pandemia nos pone cara a cara ante ella, y sin duda, el cerebro activa el bagaje espiritual de nuestra memoria para reducir la ansiedad que ella nos produce.

¿Qué sucede con el miedo? Este es un recurso fisiológico de los seres vivos para preservar su supervivencia. El miedo puede hacerte huir, luchar o paralizarte. El sistema límbico del cerebro, compuesto por varias de sus estructuras, es el regulador de la respuesta fisiológica frente a los instintos y emociones humanas, una de ellas el miedo. Es la parte más primitiva del cerebro y activa tres impulsos integradores esenciales para la vida humana: motivar la preservación del individuo y la especie, integrar nuestra información genética con la del medio ambiente en el que estamos, y preparar nuestra respuesta interna ante los estímulos externos. El otro sistema que entra en acción es el sistema nervioso simpático que es el que prepara la reacción automática de todo el organismo con una activación masiva de varios órganos: se dilatan la pupila y los bronquios, aumenta la frecuencia respiratoria y cardiaca, se contrae el aparato digestivo y aumenta la adrenalina y el sudor. El miedo, al hacer visible nuestra vulnerabilidad, multiplica el deseo instintivo de que “algo o alguien” más fuerte que la amenaza pueda detenerla. Con frecuencia, el primer concepto que aparece en nuestra mente es “Dios mío”.

Un gran dilema existencial. Las pandemias han sido parte de la historia de la humanidad. De ellas el cerebro humano recogió enfermedad, dolor y muerte. Las conductas que vemos hoy (barcos con infectados que los puertos no aceptan, vecinos que repudian a afectados pese a que ya sanaron, dejar a los muertos en las calles, etc.) ya han sucedido antes, de otras formas pero en el mismo sentido: el pánico se apodera de la mente de las personas, las reacciones son instintivas y básicamente es la lucha pura y dura por la supervivencia. No obstante, toda pandemia también ha ofrecido las pruebas más excelsas de solidaridad y amor al prójimo que la humanidad es capaz de ofrecerse a sí misma. Instinto de supervivencia y sentimiento de solidaridad han sido los dos grandes impulsos que las pandemias nos dejan como grandes lecciones humanas. De ello emerge uno de los grandes dilemas que las personas nos hemos hecho siempre: somos la especie animal más poderosa de la naturaleza, la que ha subordinado a ésta (muchas veces de la peor forma) para nuestro beneficio aún a costa de la extinción de otras especies, incluso más antiguas que la nuestra. Y sin embargo, una pandemia (como un terremoto, un tsunami o un tornado), desnuda nuestra absoluta vulnerabilidad. Somos tan poderosos como increíblemente débiles. Y entonces, en ese momento de fragilidad, nos preguntamos por qué la divinidad a la que respetamos o adoramos se vuelve tan hostil contra nosotros. Es propio del ser humano el pecado de orgullo y su antropocentrismo desmedido, y sin embargo, es su mayor debilidad. Destruimos la naturaleza pero nos parece una insolencia que ella nos responda. Y entonces le pedimos a Dios, en condición de víctimas (sin ningún reconocimiento de nuestra culpa como agresores) que cese la pandemia, que se acabe el sufrimiento, que ya no sucedan más muertes. ¿Cómo resuelve nuestro cerebro el dilema de no respetar la Creación pero invocar de inmediato al Creador para que nos salve ante el peligro de morir? En plena Semana Santa y en plena cuarentena por el coronavirus, resulta oportunísimo reflexionar sobre ello. Es evidente que no hay una respuesta única, que cada persona tiene que responderse a sí mismo. También es evidente que está inscrito en nuestro ADN que somos parte de la Naturaleza (aunque muchos crean que ya no somos parte de ella), y por lo tanto, es esencial el reconocimiento de nuestra vulnerabilidad, no sólo individual, sino como especie. Por algo las pandemias han sido recurrentes en la historia humana, y no desgracias pasajeras.

Espiritualidad y Prójimo. Existe una extensa literatura sobre la intensa cohesión que alcanzan los integrantes de unidades militares durante una guerra. Al estar juntos con riesgo de muerte, la supervivencia colectiva depende de la máxima cooperación y coordinación entre los miembros del grupo ya que un error puede costar la vida a uno o a todos. El mismo proceso puede aplicarse a los profesionales de la salud que están en primera línea en la lucha contra el Covid-19. El cerebro procesa el miedo mediante la frecuencia de ondas gamma (ondas de alta frecuencia que dispara la acción neuronal), y éstas parecen sincronizar entre varios individuos cuando el peligro es común. Una amenaza puede dar lugar al sálvese quien pueda, pero individuos agrupados en algún sentido (una familia, una comunidad, una nación) pueden generar una interacción social que vía la sincronización cerebral ayuda a tomar decisiones mutua y dinámicamente entre los miembros del grupo. Lo curioso es que una investigación a monjes budistas registró también lectura de ondas gamma de mayor frecuencia y amplitud, lo que se relaciona con una alta activación emocional y procesos cognitivos superiores en situaciones místicas o espirituales. Karen Armstrong, una autoridad mundial en el estudio de las religiones, señala que no es la religión la que separa a las personas, sino nuestra naturaleza, ya que somos una especie violenta. Pero es nuestra capacidad de poder tratarnos como iguales lo que permite superar ese atavismo: “Todas las religiones sin excepción nos dicen que la espiritualidad no es un fin en sí mismo. No tiene valor a menos que se exprese en la regla de oro de la compasión: nunca trates a los demás como no quieres que te traten. La espiritualidad es innata en los humanos, todos buscamos experiencias trascendentes”.

Religiones y Naturaleza. Partiendo del concepto recientemente confirmado que el coronavirus tiene origen natural y no de laboratorio, no faltamos a la verdad al sostener que la humanidad es hoy una especie absolutamente depredadora del planeta que la acoge, incluyendo la extinción de especies animales y vegetales sólo por el valor económico de alguna de sus partes. Costumbres ancestrales de comer animales silvestres o salvajes van en ese sentido, y los gobiernos no las han combatido o sancionado. También es un hecho cierto que las religiones no han tenido la fuerza suficiente para impedir esa depredación. Pero sin duda su fuerza moral sería inspiradora para cambiar las cosas. El día de hoy el Papa Francisco expresó su consideración de que la pandemia del Covid-19 sería una respuesta de la naturaleza a la humanidad para poder reflexionar cómo utilizamos sus recursos, y que le llamaba la atención cómo la sociedad humana permite que la economía sea la primera consideración antes que la vida de las personas. La referida escritora británica Karen Armstrong dice sobre la actual crisis del coronavirus: “Las escrituras orientales, especialmente las chinas, siempre han estado muy preocupadas por el entorno natural, que consideran frágil. En cambio, en las escrituras budistas, la naturaleza puede ser feroz y aterradora. Ahora estamos encerrados, y sabemos qué son el miedo, la ansiedad y la pérdida de libertad. Las escrituras nos dicen que debemos sanar el dolor del mundo y que esta experiencia debe cambiar nuestra cortedad de miras (respecto a la naturaleza).

Epílogo. En esta Semana Santa nuestra espiritualidad debe expresarse en el respeto a quienes exponen su vida por cuidar la nuestra, en pensar nuestra responsabilidad personal en adelante frente a la Naturaleza, y en quedarse en casa como expresión de amor y humildad ante Dios, la Naturaleza y la Humanidad.

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EL DISCURSO PRESIDENCIAL. SU FUNCIÓN SOCIAL Y COMUNICACIONAL DURANTE LA PANDEMIA DEL CORONAVIRUS

Categoría : Política

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Decía el semiólogo argentino Eliseo Verón, que para el desarrollo fecundo de las ciencias de la comunicación, los procesos de la personalidad, la sociedad y la cultura, deben ser vistos como procesos de comunicación. Esta idea es pertinente para un hecho que puede caracterizarse como insólito para los peruanos: el Presidente Martin Vizcarra aparece día a día en las pantallas de televisión a mediodía para informar cotidianamente las medidas que va disponiendo su gobierno para enfrentar la pandemia del coronavirus. No pretendo centrarme en lo que dice en cada uno de sus discursos, pues millones los escuchamos a diario. Sí es interesante abordar todo lo que “no dice” su discurso, es decir, lo que es contextual o está implícito; tanto por sus decisiones personales, por lo que espera la sociedad, y por los signos culturales con los que transmite sus iniciativas, ya que todas esas cosas “comunican” tanto como lo que dice a diario.

El discurso presidencial como centro y espacio único de la política nacional. Quien conoce el Perú sabe la diversidad de rostros y opiniones políticas que pasan a diario por los programas de televisión. Entonces es una sorpresa mayúscula ver al Presidente Vizcarra como el único centro de interés político desde la declaratoria de inmovilización obligatoria. Prácticamente todos los demás actores políticos han desaparecido. Además del Presidente, aparecen los ministros de Salud, Interior y Defensa, por razones obvias. Casi nadie más llega a los sets de televisión como estábamos acostumbrados por tanto tiempo. No hay duda de que la evolución de la pandemia y sobre todo, el temor que recorre a toda la sociedad peruana, ha dado lugar a que no importe otra opinión sino la del Presidente para conocer las medidas que va tomando y ejecutando. En tiempos excepcionales como éste, parece dispararse la relación emocional entre las grandes masas y el jefe del Estado, porque se le otorga inconscientemente la condición de protector, y ya no importa ninguna intermediación. En la ciencia política este fenómeno es llamado “to rally around the flag“. Es sorprendente que hasta el propio Presidente del Consejo de Ministros no tenga casi protagonismo alguno. Menos el Presidente del Congreso. El discurso presidencial ya no sólo es el eje central diario sobre el que gira la política nacional, sino también su espacio casi exclusivo. Por supuesto, el Presidente ha captado esta doble energía: la necesidad de informar a diario lo que se hace y el deseo de la población que sea él quien lo haga (no un subalterno). Y sin dudarlo, se ha entregado a la tarea con ahínco. No sorprende entonces que su aprobación alcance más del 80%. En medio del mayor desafío para su Presidencia, Vizcarra sabe que tiene firme en sus manos las riendas de la nación, y que la nación está con él. Su mayor reto será -así como acertó el momento preciso de meter a todos a sus casas-, determinar el momento exacto de levantar la cuarentena para que la economía no se desplome por su propia parálisis o para evitar que la gente salga a saquear por hambre.

La pandemia como fenómeno comunicacional global. Cuando la información inicial del coronavirus procedía de China, no se veía el tema sino como un lejano asunto asiático. Cuando saltó a Italia la situación cambió por completo. En días, el coronavirus ya era información monopólica en toda Europa, Estados Unidos, América Latina y Asia. Las informaciones de fallecidos en Italia y luego en España estremecieron al mundo entero. El tercer escalón, ya como fenómeno global, han sido las escenas de la televisión ecuatoriana quemando los cadáveres en las calles porque las autoridades no se daban abasto en recogerlos. Ello desató en muchos países de América Latina la condición de pánico social, y la exigencia de mayores restricciones a la movilidad social, que por ejemplo los Presidentes de México y Brasil se han resistido a tomar. Este contexto externo ha dado lugar a que las posturas negacionistas de la pandemia (los dos mencionados y Donald Trump como su ejemplo emblemático) se hayan desacreditado no sólo en sus propios países, sino en la comunidad internacional. Es un fenómeno nunca antes visto que la información sobre la pandemia sea simultánea en decenas de países, tanto sobre sus realidades nacionales como lo que pasa a nivel internacional. El ataque del virus es a escala global, sin importar el desarrollo de las naciones ni las clases sociales, pero sin embargo, las respuestas son nacionales, no hay una estrategia mundial anti-coronavirus. Cada país reacciona como una tribu aislándose de otras, aunque todos sabemos que estamos pasando por el mismo miedo y dolor. La solidaridad internacional ha sido hasta ahora, simbólica en algunos casos. Puede decirse que los peruanos, como nunca antes, somos hoy conscientes de que no sólo se trata de una crisis nacional, pero en lo que estamos unidos con el resto de la humanidad es en reconocer que, pese al más grande desarrollo científico y tecnológico logrado por dos o tres generaciones humanas, no dejamos de ser absolutamente vulnerables ante la naturaleza. Y viendo los problemas políticos que viven otros países respecto a cómo enfrentar el coronavirus, el Perú es una tribu que ha podido enfrentarlo mucho más unida que otras. Parece una paradoja pero el coronavirus reforzará nuestra identidad y sentimiento nacional.

La comunicación no verbal del Presidente. Rafaella León, autora del libro “Vizcarra, retrato de un poder en construcción”, refiere la relación conflictuada del Presidente con la política, expresada en el muro materno entre sus hijos y el padre (un connotado político regional aprista) a quien culpaba de las muchas puertas cerradas a la familia, en la relación de su propia esposa con la política (una profesora que debe acompañar al cónyuge extrañando ella estar en su escuela de niños), y en el estilo cíclico de su forma de hacer política entre trayectos erráticos y de incertidumbre y picos de decisiones radicales y arriesgadas (actitud “kamikaze” fue la frase de León). Esto es lo que puede explicar, además de su perfil profesional de ingeniero, su dificultad para ser un animal mediático, para sumergirse en las aguas, siempre tempestuosas, del vínculo emocional con las masas. Digámoslo así: su vínculo es más racional, más matemático. Parece estar más a gusto demostrando su capacidad para resolver los problemas inmediatos de la gente, el mundo de la eficiencia y eficacia del poder. Lo curioso es que ello no ha limitado sus niveles de popularidad al saber recoger las demandas ciudadanas en cada coyuntura. Tiene un perfil que también puede ser muy útil para conectar con la gente: cuando tuvo que anunciar nuevas medidas restrictivas el 02 de abril, se levantó de la mesa, fue a la pizarra y se veían datos y líneas que seguramente pocos entendían. Pero lo que seguro todos entendimos fue la frase “el segundo martillazo” para achatar la curva de transmisión del virus. No hay duda de que Martín Vizcarra sigue siendo un líder en construcción, y ha ido mejorando en el camino tanto su comunicación verbal como no verbal, aunque en ésta última pueda tener mucho camino por hacer. Creo no equivocarme al decir que su gestión en esta crisis ya le ha dado el oxígeno suficiente para terminar su mandato (recordarán que hace poco hasta eso estaba en duda), y para, en comparación con otros actuales presidentes, ser ubicado como uno de los líderes más resilientes de la actual crisis. Falta saber si logrará ingresar a la historia política nacional como él quisiera que lo recuerden, anhelo que muy pocos políticos alcanzan.

La épica como parte esencial del discurso político. La vida cotidiana la sentimos a veces tan brutal e insignificante que trascender de ella y hacernos parte de propósitos extraordinarios o hazañas legendarias nos conecta con los demás, con nuestra historia humana, con el universo o con su Creador. Por eso el discurso político tienen la capacidad de convocar multitudes diversas, porque conecta nuestro accionar diario con fines loables que individualmente nos es imposible alcanzar. Conectar la rutina con la épica es el secreto del éxito del discurso político. En esta coyuntura del coronavirus, los ejemplos de lo que decimos no se han hecho esperar. El mandatario que apeló a la épica militar fue el Presidente chino Xi Jinping, al denominarla como “la guerra del pueblo contra el coronavirus”. El primer ministro italiano Giuseppe Conte tocó la sensibilidad de los italianos con una frase que han repetido otros gobernantes: “Mantengámonos alejados hoy para poder abrazarnos mañana”. Ese discurso (del 11/03/20) lo inició así: “He hecho un pacto con mi conciencia: en primer lugar, está la salud de los italianos”, marcando su opción en la disyuntiva entre salud o economía, debate que ha recorrido varios países. La canciller Angela Merkel, en su discurso para exhortar a los alemanes a cumplir las normas para combatir la pandemia (18/03/20), dijo: “desde la Segunda Guerra Mundial nuestro país no ha afrontado un desafío que dependa tanto de nuestra solidaridad colectiva. Estamos ante un desafío histórico y solo juntos podremos superarlo”. La invocación a la unidad máxima entre el pueblo y su liderazgo para lograr objetivos extraordinarios está en la esencia del discurso político. Y el Presidente Martin Vizcarra tampoco ha sido ajeno a esta postura. En su mensaje a la Nación del 15 de marzo, declarando el estado de emergencia, expresó: “Lo he dicho hoy y lo repito: no escatimaremos ningún esfuerzo porque la salud es el bien más preciado que tenemos todos. Estamos seguros que lograremos superar esta circunstancia difícil y pronto reiniciaremos el crecimiento del país, y retomaremos el rumbo de desarrollo y progreso de nuestra Patria.” Obviamente, para no caer en la retórica, sus hechos tienen que confirmar sus dichos.

Héroes y villanos. Toda guerra, y esta naturalmente lo es, tiene sus villanos. En un primer momento, por su carácter exógeno, fueron los extranjeros que llegaban al país los que alguna sospecha levantaban. Incluso en los primeros días, los turistas asiáticos tuvieron rechazo en varios países. Trump contribuyó con el desaguisado al llamarlo el “virus chino”. Pero cuando la epidemia ya estaba instalada en cada país, los villanos pasaron a ser los que incumplían las normas de restricción que daban las autoridades. Esto no es un problema exclusivamente peruano. Ha sucedido en casi todos los países: algunos con la idea que el problema no era con ellos, otros dando cualquier otra justificación, y los demás tal vez porque su gen solidario es mínimo. El hecho es que en muchos países las normas penales se han elevado para enfrentar esas inconductas. El caso mayor fue el de Filipinas, país en que su presidente Duterte ordenó disparar a matar a los que se resistan a policías y militares. La opinión pública exige medidas más drásticas contra esos villanos porque siente que el esfuerzo que la mayoría hace se va al desagüe por estos incumplidos. Del mismo modo pero en sentido inverso puede decirse de los héroes: el personal de salud y policías y militares, entre otros, aparecen en primera fila en la lucha, y ello genera un amplio reconocimiento social. En sus últimos discursos, Vizcarra ha sido más sistemático en atacar a los villanos e insistir en el reconocimiento a los héroes.

En resumen, el discurso presidencial tiene una finalidad informativa pero además comunicacional en un sentido integral, y del que se desprenden consecuencias a nivel político y social. En tiempos de coronavirus, el discurso presidencial puede convertirse, por dinámica política, en el centro y el espacio privilegiado de la acción política. Al vivirla como un fenómeno comunicacional global, la pandemia patentiza nuestra absoluta vulnerabilidad como humanidad y nuestras reacciones tribales ante el miedo y la muerte. Y ya propiamente en el análisis del discurso presidencial, existe una comunicación no verbal de doble vía, tan intensa y extensa como la oral, con sus dimensiones épicas para intensificar la unidad pueblo-líder, y con la presencia de héroes y villanos, como corresponde a la cualidad antagónica que tiene la política para llegar a las grandes mayorías.


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