COVID-19, SALUD MENTAL Y OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE

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¿Sabía usted que la salud mental ni siquiera figura en el texto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que aprobó la Organización de las Naciones Unidas para alcanzarlos el 2015?

¿Sabía usted que si uno revisa hoy los portales web de la ONU o de la OMS todavía se refieren a la salud mental como problemática individual o de las profesiones o actividades de mayor exposición al Covid-19?

Al revisar la página web de la Organización de las Naciones Unidas y ver los artículos recientes de su Secretario General actual, António Guterres, se habla profusamente del Covid-19, pero poquísimo de salud mental. El último del 11/03/2021 pide declarar a las vacunas “un bien público mundial”. En su declaración del 15/01/2021, Guterres apela a la solidaridad global y contra el “vacunacionalismo”. En la del 06/10/2020, aboga por la cobertura sanitaria universal y robustecer los sistemas de salud pública. Y en la del 29/09/2020, la más cercana de sus alocuciones a la temática de la salud mental por su título “No debemos perder nunca de vista todas y cada una de las vidas individuales”, ni una palabra de salud mental.

Veamos por ejemplo la página web de la Organización Mundial de la Salud al 21 de mayo de 2021: “La OMS, junto con sus socios, está brindando orientación y asesoramiento durante la pandemia de COVID-19 para los trabajadores de la salud, los administradores de los establecimientos de salud, las personas que cuidan a los niños, los adultos mayores, las personas en aislamiento y los miembros del público en general, para ayudarnos cuidar nuestra salud mental.” Se sigue con el marco conceptual de la salud mental como un problema casi personal.

Recién en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, Objetivo 3. Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades, en el punto 3.4. se dice “Para 2030, reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles mediante la prevención y el tratamiento y promover la salud mental y el bienestar” (p. 18).

Particularmente interesante es el material “El nuevo futuro de la salud” (Ver: https://sdgs.undp.org/2020-health/es/index.html). En su Capítulo 3, tiene un acápite gráfico con el título “Salud Mental”, que dice textualmente lo siguiente: “Vivimos en un mundo con una pérdida masiva de ingresos generalizada e incertidumbre sobre el futuro. Los primeros informes sugieren que aumentarán la soledad, el estrés, la depresión, la ansiedad, el consumo nocivo de alcohol, las drogas, las autolesiones, el suicidio, especialmente entre los trabajadores sanitarios de primera línea”. Huelgan comentarios.

¿Acaso no es imperativo un inmediato cambio de enfoque sobre la salud mental? Sabemos que es enorme la resistencia humana a reconocer la salud mental como un problema social (ahora universal). Pero es urgente que entendamos su doble naturaleza: es una afección al individuo y es una afección social que debe ser afrontada por los Estados, por las empresas, por todos los actores institucionales y organizacionales, y no sólo por las personas y a lo máximo, sus familias.

Es indispensable que la salud mental sea considerada una política pública de Estado, nacional y multisectorial, que se luche frontalmente contra su estigmatización. Se requiere que los medios de comunicación sean factores proactivos y positivos para la divulgación de la Psicología y las Neurociencias, en vez de ser cajas de resonancia de estereotipos negativos y discriminatorios.

El Covid-19 tendrá efectos duraderos en nuestra salud mental, en especial de niños y jóvenes. Gobiernos, empresas y personas jurídicas deben usar su “cerebro corporativo” para cooperar en su solución.

En suma, sí es necesario un inmediato cambio de enfoque, de paradigma. Es momento que la Organización de las Naciones Unidas declare a la pandemia del Covid-19 como un riesgo a la salud mental de la humanidad a nivel global. Ya es tiempo que la salud mental sea un tema prioritario para los organismos internacionales. La oportunidad es ahora.

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Acerca del autor

Vicente Sánchez Vásquez

Presidente del Instituto de Neurociencias para el Liderazgo. Abogado y Magister en Gerencia Pública.

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