PRESIDENTE VIZCARRA: ¿Y EL “MARTILLAZO” A LOS IRRESPONSABLES, PA CUÁNDO?

El Presidente Martin Vizcarra nos presentó su estrategia llamada “el segundo martillazo” para aplanar la curva de infección del coronavirus en nuestro país. Pero van 29 días de cuarentena obligatoria y sigue en aumento el número de infectados y fallecidos. El inapropiado comportamiento social de los peruanos es un factor decisivo que parece explicarlo, entre otros. Por ello cabe preguntarse si no son necesarias acciones de control social más drásticas para bajar la curva de infección. Dicho de otro modo: ¿cabe aplicar un “martillazo” a la población renuente a cumplir la obligación de inmovilización social establecida por el gobierno?

El contexto internacional. Ni los rigurosos cálculos matemáticos para anticipar la curva le han servido a Inglaterra para evitar las más de 11,300 muertes que le deja hasta hoy la pandemia. Con ello queremos enfatizar que es una guerra inédita, singular, ante un enemigo casi desconocido y ante el cual no parece haber vacuna hasta el 2021. Estamos hablando entonces de una pandemia que la está sufriendo todo el planeta y si bien todos los gobiernos quisieran ya levantar las restricciones sanitarias para reactivar sus propias economías, ellos mismos especulan con un rebote, una suerte de segunda curva de crecimiento. Pero ni eso es seguro. Mientras Singapur, uno de los países con mayor éxito de control, anuncia ahora un rebrote de infectados, Sudáfrica dice que luego de cinco semanas de su primer caso, la curva de infección se ha caído en picada en los últimos días. Tampoco podemos anticipar nada de Estados Unidos con sus más de 22,100 muertes hasta hoy lunes 13. España ha tomado hoy la decisión de reabrir parcialmente su economía, y en realidad con más de 17,400 muertos esa decisión es un verdadero callejón oscuro. La India, con 1,353 millones de habitantes en confinamiento nacional hasta el martes 14 de abril, ha decidido extenderlo sin tiempo preciso. En resumen, el contexto internacional nos indica que en su conjunto el planeta está en la fase de expansión del virus, aún sin llegar al pico y faltando cruzar la famosa meseta. Para el Perú todo ello significa que también buena parte del mes de mayo deberá tener cerradas sus fronteras y prolongar la inmovilización. En teoría, si el confinamiento durase como en Wuhan que fue 76 días (de cuarentena absoluta más obediencia absoluta), en nuestro país cesaría el 31 de mayo. Tal como están las cosas, no hay otra. Corresponde al gobierno ir definiendo los sectores económicos que uno tras otro deberán reactivarse progresivamente más o menos a fines de mayo.

Martillazo contra la desobediencia. Pero ¿qué hacer contra los que incumplen el confinamiento? La pandemia ha cobrado ya muchas vidas en nuestro país. Es un virus exógeno, llegado desde el exterior, y nunca sabremos si donde éste se originó las cosas pudieron ser diferentes si no se hubieran ocultado los primeros casos. El hecho es que ya está en etapa endógena y nos toca enfrentarlo con decisión, inteligencia y oportunidad. Decisión porque para bien o para mal, Papá Estado se convierte en nuestro Comandante en Jefe en esta guerra, y como en toda guerra, no puede haber debates democráticos para cada decisión que se tome. Después se evaluará la gestión de Martin Vizcarra. Habrá tiempo para eso. Ahora hay que tomar decisiones, y si tienen que ser drásticas, tienen que tomarse. Inteligencia porque no partimos de una infraestructura de salud pública excelente. Es exactamente lo contrario. La realidad es que, sin necesidad de ser detallista, necesitamos más días para organizar una infraestructura de atención mínimamente aceptable para atender casos de coronavirus por lo menos todo el presente año. Se podrán abrir las puertas de los hogares a fines de mayo, pero los infectados no desaparecerán de un día para otro. Por eso, preparar y mejorar todo el sistema de salud pública debe ser la prioridad durante todo el ejercicio. Y finalmente oportunidad, porque esta pandemia nos ha enseñado con ferocidad que un día que se demora una decisión puede costarnos más vidas. Así de simple.

Por eso en estos días, además del brazo médico que está haciendo su labor, el otro gran brazo es el de la seguridad. Causa una sincera y justificada irritación que nuestros policías y militares caigan infectados por estar en primera línea de batalla, porque realizan su labor sin las condiciones de bioseguridad que en verdad, hasta el personal médico y de la salud carece. El gobierno tiene que tomar decisiones tajantes en este punto a fin de protegerlos en ambos frentes. Pero sigue persistiendo el incumplimiento de la población, y de las grandes ciudades (ahora más controladas), se han trasladado a los distritos populosos de las ciudades medianas, en las provincias del país. Proponemos que una decisión clara que debe tomar el Ejecutivo es un martillazo claro a la desobediencia. Tiene que llamar a licenciados de años anteriores si es necesario para aumentar los efectivos y extender el control en las ciudades intermedias. Tiene que elevar el toque de queda a las 3 pm todos los días. Y si fuere necesario, extender el toque de queda de 24 horas los martes y jueves. Y por supuesto, detención inmediata a todos los que incumplen, además de las multas. A diferencia de otros países en que su realidad política los hace estar en permanente conflicto entre oficialismo y oposición sobre las medidas a adoptar, en el Perú no existe tal situación, además de existir un total respaldo de la población a la iniciativa presidencial. Por otro lado, el gobierno debe prepararse a más velocidad en su brazo médico para la etapa post-cuarentena. La llamada estrategia del “bisturí y el judo” (focalizar fuerzas de tarea médicas en distritos con mayor infección) puede tener el problema de que una reducción del control social en las grandes ciudades estire de nuevo la curva hacia arriba. Ser más estrictos ahora permitirá que todos los independientes e informales podrán salir a trabajar más pronto sin el riesgo de una segunda ola de infección. Evitar una segunda cuarentena (con todos sus riesgos) debe ser un objetivo de todos.

Asimismo, es importante la provisión del agua potable a todos los peruanos, y más que servicio esencial debe ser de máxima prioridad nacional. Si el compromiso de la población está basado en pocas decisiones: quedarse en casa, asumir el distanciamiento social y lavarse las manos, éste último deber no se cumple en miles de hogares por la falta del líquido elemento, lo que debe dar cuenta al gobierno que todas las obras de agua y saneamiento en curso no deben detenerse, que debe apoyarse presupuestalmente a los gobiernos regionales y locales en alternativas de aprovisionamiento principalmente definitivas, o si no de emergencia como las cisternas. Si en cada hogar se pueden cumplir esos tres deberes, se haría mucho para ganar esta guerra y aceleraría la victoria. Por eso, soy de la opinión que hace falta una estrategia comunicacional del gobierno para que la población asuma ella misma (o la gran mayoría) las conductas básicas de distanciamiento social para después de la cuarentena.

Una gran ofensiva tecnológica para el teletrabajo. El Estado Digital y el Teletrabajo deben ser el gran impulso de este gobierno. Para que funcione el teletrabajo en el Perú, el primero que tiene que hacerlo es el propio Estado, porque es el primer gran empleador de nuestro país. Y es el que tiene la mayor capacidad económica y la infraestructura instalada para telematizar todo: desde las clases escolares hasta los registros, los procedimientos y todo cuanto servicio pueda ser realizado en forma digital. Esa es la gran actividad que ya debería realizar el Estado. Todas las acciones y gestiones para virtualizar todo lo que sea posible en cada entidad pública debería ser una actividad esencial y todas las cabezas de cada entidad deberían estar focalizadas en ello. No existe la opción de digitalizar o no el Estado, esa discusión ya es obsoleta. Hay que hacerlo sí o sí para beneficiar a millones de administrados. Y ya. Hay que aprovechar esta crisis para que sea parte de las decisiones del propio Presidente de la República, y parte de sus informes diarios.

Elecciones a la vuelta de la esquina. El coronavirus tendrá como una de sus varias consecuencias que la reforma política debe pensarse para las elecciones del 2026. Ahora lo que debe asegurar el gobierno son unas elecciones limpias y transparentes para elegir a los nuevos gobernantes el 11 de abril del próximo año, con las normas vigentes y ajustando tiempos y procesos. El Presidente Martin Vizcarra cerraría muy bien su gestión al frente del país si da paso a una transición de gobierno pacífica e intachable. Ojalá que Dios no nos castigue con una segunda ola de la pandemia y se tenga, como en Bolivia, que postergar las elecciones. Por eso, mejor es quedarse en casa para salir más pronto mañana.

#YoMeQuedoenCasa

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Acerca del autor

Vicente Sánchez Vásquez

Experto en Liderazgo. Abogado. Magister en Gerencia Pública.

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