Archivos Mensuales: marzo 2020

RITMO CIRCADIANO. ¿CAMBIA NUESTRO RELOJ BIOLÓGICO SI ESTAMOS EN AISLAMIENTO EXTREMO TODO EL DÍA?

Categoría : Neurociencia

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Todos los seres vivos desarrollan adaptaciones fisiológicas cíclicas en consonancia a los cambios rítmicos ambientales. La biología los llama ritmos circadianos, y los seres humanos también los tienen. Se les llama “el reloj interior” porque son propios del ser vivo, y si bien pueden modificarse por factores ambientales exógenos, funcionan básicamente desde adentro intentando adecuarse al ciclo ambiental. En los humanos el ciclo circadiano endógeno es de 24 horas, y se rige por los ciclos de la luz y la temperatura exterior. Los ciclos pueden variar según las estaciones, el lugar, la edad y la salud. El ritmo circadiano regula el patrón de alimentación, la actividad hormonal, la regeneración celular y la actividad cerebral incluyendo el sueño, entre otras funciones. Está gobernado por el núcleo supraquiasmático (NSQ), un grupo de neuronas del hipotálamo medial que recibe la información de la luz solar captada por fotoreceptores de la retina, la procesa y la redirige a la glándula pineal que es la que produce la neurohormona melatonina, la cual es baja durante el día y alta en la noche. Por eso cabe hacerse la pregunta si ese “reloj interior” se desincroniza cuando estamos en cuarentena obligados a permanecer en casa todo el día por un mes. Desde el punto de vista de la neurociencia, hay cambios, tanto físicos como psicológicos, que afectan al individuo y al grupo familiar. Veamos qué cambios pueden darse.

  1. Somos seres de día completo. El cuerpo humano vive ciclos completos de 24 horas, es decir, vive y actúa en el día y en la noche, no sólo cuando estamos despiertos. Existe un mito extendido en casi todas las culturas del planeta que somos o existimos mientras estamos despiertos, y que la etapa del sueño es tiempo muerto o tiempo perdido. Esto es completamente inexacto y la ciencia se ha encargado de explicar el enorme valor (sí, valor) del sueño en nuestras vidas. Este concepto nos obliga a entender que también es importante gestionar el sueño, tanto de la persona como del núcleo familiar, tanto más en una circunstancia excepcional como es una cuarentena, con la singularidad (y ventaja) de que es en nuestro propio hogar. La inmensa mayoría de personas hace una organización de su día en forma mental, sin una agenda escrita o digital, pero sólo de su período de vigilia, es decir, despierto. Pero el cerebro sigue funcionando durante el sueño y hace sus propias tareas, como veremos más adelante. En resumen, nuestro ciclo vital más básico es de 24 horas completas, y así lo debemos entender.
  2. El valor del día. El inicio del día y la aparición de la luz solar conlleva una serie de procesos biológicos y neurológicos en el cuerpo humano para hacer la transición del descanso nocturno al activismo diurno. Aproximadamente a las seis de la mañana empieza la producción de cortisol, a las siete de la mañana se incrementa la presión sanguínea, por su parte la glándula pineal a eso de las siete y treinta a.m. deja de producir melatonina (hormona que induce al sueño), a las ocho y treinta se dan los primeros movimientos intestinales, a las nueve a.m. hay un pico en la liberación de testosterona, y a las diez a.m. se alcanza el estado de máximo despertar y es el momento de mayor atención y capacidad cognitiva. A las catorce horas es el mejor momento de coordinación motora, y a las diecisiete la hora de mayor eficiencia muscular y cardiovascular. A las dieciocho y treinta hay un pico de presión arterial, y a las diecinueve el cuerpo alcanza el mayor nivel de temperatura. A las veintiún horas, se reinicia la secreción de melatonina y a las veintidós se suprime el movimiento intestinal. Por supuesto que cada persona tiene su propio horario, pero conocer el funcionamiento periódico del cuerpo y adecuar nuestras actividades a esa secuencia diaria, puede permitirnos mejorar la salud y la calidad de vida. Entonces, ¿cómo hay que pasar el día si estamos en cuarentena? Básicamente se recomienda organizar los horarios de las comidas, de la actividad mental y de la actividad física de los miembros de la casa. La situación actual nos genera la idea de que estamos seguros en nuestra casa a la vez que se siente inseguridad sobre el futuro inmediato. El hogar es el espacio de seguridad frente a un enemigo viral que no se sabe cuándo, dónde ni cómo nos infectará, pero al mismo tiempo vivimos una intensa incertidumbre tanto por evitar el contagio como por el tema económico, que es el más sensible y de mayor urgencia para millones de personas y que puede disparar reacciones sociales inusitadas.
  3. El valor del sueño. El sueño es esencial para que el cuerpo actúe y funcione sanamente. Pero hay un enorme desconocimiento sobre este estado. Creemos que nos quedamos dormidos y ya. Falso. El sueño es un proceso de microciclos (unos 4 a 6 desde que empezamos a dormir hasta que nos despertamos), y cada microciclo pasa por dos fases: sueño No REM y sueño REM. A su vez la fase No REM tiene 4 etapas: adormecimiento, sueño ligero, transición al sueño profundo y el sueño profundo (también llamado sueño delta). Este último es el que determina la buena o mala calidad del sueño, si ha sido reparador. En la fase REM (llamada así por el rápido movimiento de los ojos) el cerebro está muy activo, casi como el estado de vigilia (despierto). El total del sueño no REM es 75% aproximadamente, y el REM el 25%. ¿Qué consecuencias tiene esto? El descanso en horas suficientes es esencial para la persona, tanto para restaurar la energía corporal como para el grado adecuado de vigilia y atención al día siguiente. Una pobre calidad del sueño puede acarrear depresión, irritabilidad, desorientación existencial, etc. Un concepto con un desarrollo reciente es la “higiene del sueño”, que requiere la acción consciente de la persona que sufre alguna forma de alteración o trastorno del sueño, cuyo número es sorprendentemente alto en las sociedades actuales. Los trastornos del sueño alteran el ritmo circadiano, con efectos negativos a corto plazo, con síntomas de fatiga, baja concentración y predisposición al conflicto. A largo plazo, tienen consecuencias adversas en varios sistemas, pero especialmente en enfermedades cardiovasculares. En conclusión, no por estar en casa sin ninguna obligación de salir en la mañana siguiente, signifique que los niños, jóvenes y adultos puedan dormir cada uno a cualquier hora. Hay que organizar y gestionar el sueño en el hogar, lo que también implica prácticas profilácticas previas adecuadas: no consumir bebidas o productos estimulantes antes de acostarse, comer ligero en la cena, no hacer ejercicios antes de dormir, reducir la luz y el ruido, evitar temperaturas extremas en los dormitorios, e intentar una regularidad de los horarios de sueño.
  4. Dinámica individuo-grupo. Decíamos en un artículo anterior, que en confinamiento, más si es en espacios pequeños y con un pequeño número de personas, el día parece durar una eternidad y la ansiedad se dispara. Una investigación del MIT en EEUU estableció que en la mayoría de las personas, cuando están en grupo, se reduce la actividad neuronal de la corteza prefrontal medial, área del cerebro vinculada al estado de alerta y el control emocional. En el hogar, la familia es el grupo básico de la sociedad, y donde además los vínculos emocionales son muy fuertes, por lo tanto, dependiendo de la interacción entre quienes la integran, puede establecerse tanto un comportamiento individual como un comportamiento de manada, y por otro lado, pueden darse dinámicas de conductas positivas y negativas. Para explicarnos mejor, al estar en cuarentena en casa, tenemos cierta “desconexión de uno mismo”, además tenemos la “desconexión de los otros” (de todos aquellos fuera de nuestra casa), y se vuelven más intensas y continuas las interacciones personales de los miembros de la familia, para bien o para mal. Si no se logra armonizar los intereses y conductas de sus integrantes, ese hogar puede ser un polvorín diario. Dicho de otro modo, las personas podemos hacer de nuestro hogar un paraíso o un infierno. De todos modos, por ser una situación anómala, sobre todo en la última quincena de la cuarentena, el aislamiento afectará hasta el ser humano más racional y calmado. El psiquiatra inglés Simon Wessely dice sobre la actual cuarentena mundial: “El aislamiento no es la forma como funcionamos los seres humanos. La gente necesita alguna forma real de contacto humano. No es necesario ser psiquiatra para saber que las emociones (que se sentirán día a día) son aburrimiento, frustración, ira, irritabilidad, así como una tensión en las relaciones”. Cada día será un reto vivirlo. En suma, es recomendable organizar nuestro “reloj interior personal” tanto como el “reloj familiar” en esta cuarentena.
  5. Relación hombremujer. La ciencia ha logrado detallar las diferencias entre el cerebro masculino y el femenino, por lo que conocerlas nos puede ayudar a comprender parte de nuestra convivencia diaria. De manera resumida y por mencionar sólo algunas: el cerebro en la mujer madura entre 2 a 4 años antes que el del hombre (puede ayudar a entender el comportamiento adolescente); en los centros de lenguaje del cerebro, la mujer tiene 10% más de neuronas que el hombre, lo que explica que muchas de ellas usen 20,000 palabras al día mientras que los varones usan 7,000 en promedio (sino menos); en cuanto a las conexiones entre el hemisferio derecho e izquierdo, las mujeres tienen 4 veces más que el hombre, lo cual permite que puedan realizar varias actividades a la vez, así como tomar decisiones simultáneamente (lo cual derrumba el mito de la supuesta inteligencia inferior de la mujer). En contraste, el centro cerebral de la sexualidad es dos y medio veces más grande en el hombre, por eso la mayor atención varonil en este tema. Por último, el miedo y la agresión son emociones que se producen más en los hombres que en las mujeres. Dejo claro que no sostengo que las diferencias neurológicas determinen roles sociales diferentes, pero sin duda la convivencia diaria en un hogar, más intensa en períodos de aislamiento e inmovilización social como el actual, va a estar marcada por las características fisiológicas y psicológicas de cada individuo del grupo. Por eso conocerlas puede ayudar a organizar nuestro reloj interior individual y grupal.

El gobierno peruano ha aumentado a trece días más la inmovilización obligatoria, hasta el domingo 12 de abril. Las dos semanas que faltan serán críticas porque pondrán a prueba el temple y la fortaleza emocional de las familias y las personas, y es clave evitar sumergirse en conflictos intrafamiliares que hagan explotar la cohesión y unidad familiar con heridas que a veces duran demasiado tiempo. Quedarse en casa será un reto inmenso. Pero podremos salir adelante. Conocer nuestro reloj interior puede ayudar a lograrlo.

#YoMeQuedoenCasa


NEUROCIENCIA Y CORONAVIRUS ¿CÓMO ACTÚA NUESTRO CEREBRO EN UNA CUARENTENA OBLIGATORIA? SEIS IDEAS PARA EXPLICARLO.

Categoría : Neurociencia

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La pandemia del coronavirus ha tenido como una de sus primeras víctimas a nuestra mente. En pocos días tuvimos que pasar del distanciamiento social al aislamiento social obligatorio y luego a la inmovilización social obligatoria, conceptos además desconocidos para millones de personas. Este virus ha cambiado por completo al mundo y a nuestro mundo personal, y avizoramos que no serán sólo 15 días de cuarentena, sino tal vez más. Así, el número de muertes que provoca, y luego, las medidas coercitivas que toman los gobiernos enclaustrando a millones de personas en sus casas, nos genera a todos variados estados psicológicos como ansiedad, irritación, impulsividad, depresión, etc., las cuales hasta cierto punto son respuestas lógicas del organismo, pero que puede terminar afectándonos si no nos preparamos para afrontarla. La neurociencia puede ofrecernos algunas luces al respecto.

  1. Asimilar el cambio. Un miedo natural en las personas es el temor a un cambio radical en tu modo de vida. La posibilidad de una medida extrema (una cuarentena) nos causa temor a perder el control de nuestras vidas. Para algunas personas, no perder ese control en el nuevo escenario significa reactivamente adquirir o acopiar bienes, algunos realmente en exceso. Eso es lo que explica que muchas personas se lancen a los supermercados a vaciar los estantes empezando por el papel higiénico. Para otras, no perder el control significa la percepción de que todo es una exageración (y hasta una conspiración) del gobierno y de los medios, y que todo sigue normal, que no hay razón para modificar su modus vivendi, y por consiguiente, seguir su vida saliendo a la calle, intentando ir a trabajar, o en general, realizando actividades fuera del hogar o en horario prohibido que la mayoría percibe ya como riesgosas. Por supuesto, también hay las que creen estar por encima de la ley (alguna incluso llamando a un General del Aire para que la saque del apuro). No es fácil asimilar un cambio drástico, cada ser humano lo procesa a su modo, vemos que por la irresponsabilidad de otros se puede prolongar la medida, y eso nos enoja. Lo importante es aceptar la nueva realidad, ser consciente de sus características (fenómeno mundial, temporalidad, vulnerabilidad de ciertos sectores, prevención en el hogar), y planificar la nueva etapa.
  2. Selecciona la información. Otro efecto psicológico que se produce es la ansiedad de saber absolutamente todo acerca del coronavirus ante la sospecha y el temor de padecerla o tener síntomas de ella, primer paso hacia la hipocondría, que es la preocupación obsesiva de padecer una enfermedad grave. Esta obsesión por la información del virus debe regularse y seleccionarse, buscando la calidad informativa (especialmente en las redes sociales) para saber cómo actuar. Es cierto que se trata de un virus desconocido, que aún no tiene vacuna, y si los medios de comunicación informan que, por ejemplo, Italia tuvo ayer 24 de marzo más de 740 muertes, pues es difícil no alarmarse. Una situación como esta pandemia nos genera ansiedad y dispara el sistema nervioso simpático, que nos pone en modo huida o lucha frente a cualquier estímulo intenso externo (eso explica que nadie quisiera atender a la canadiense presumiblemente con coronavirus que tuvo que dormir a la intemperie en el parque Larcomar de Miraflores). Pero el cerebro puede pasar de la respuesta instintiva (del sistema límbico) a la racional (a cargo de la corteza cerebral) en poco tiempo, por lo que puede prevalecer el juicio adecuado y la decisión racional. Lo esencial aquí es el autocontrol de la información, y eso lo puede decidir cada uno.
  3. Organiza tu tiempo. En confinamiento, más si es en espacios pequeños y con un pequeño número de personas, el día parece durar una eternidad y la ansiedad se dispara. La principal estructura de tiempo es la hora de las comidas. Ahora al estar todos en casa sí puede establecerse un horario fijo para cada una de ellas. En todo lo demás, cabe hacer referencias temporales, no horarios rígidos como en un establecimiento militar o penitenciario. Por supuesto, no cabe que unos hagan todo y otros se la pasen de príncipes o princesas: eso solamente producirá conflictos y aumentará tensiones innecesariamente. La reclusión forzada puede generar comportamientos egoístas o negacionistas en algunas personas porque les cuesta sentirse vulnerables y les eleva la ansiedad. Como respuesta, asumen que no son parte del grupo afectado, es decir, toda la sociedad. En otras, la reacción puede ser la conducta depresiva. Por ello, es clave alguna forma de integración en casa, que es el único espacio social que tenemos en estos 15 días de cuarentena. El modo colaborativo y el buen uso del tiempo siempre tendrán efectos positivos en el grupo humano.
  4. Canalizar la mayor actividad cerebral. Sucede que cuando estamos obligados a una menor movilidad, es muy frecuente que el cerebro trabaje más focalizándose en los temas de nuestra mayor preocupación o interés, y casi primordialmente en los primeros, lo que los expertos denominan rumiación psicológica. En tiempos de coronavirus, evitar contagiarse puede derivar en una obsesión, o simplemente generarse todo tipo de ideas angustiantes de lo que puede pasar. La respuesta cerebral al miedo es un estado de alerta mayor al normal, por lo que la solución no es desactivar la mente, sino orientarla a actividades estimulantes como bailar, jugar con la familia, dibujar, arreglar cosas o lugares, crear, leer, etc.
  5. Disfruta este tiempo. Puede parecer un contrasentido pero la historia de las pandemias revela como reacción humana la interiorización del individuo en micro-sociedades, sean sectas, comunidades o familias, sin necesidad de normas punitivas del gobierno. Tal vez la idea intuitiva es reducir el riesgo de contagio minimizando la interacción social. Por otro lado, una de las cosas que debe entenderse del cerebro es su plasticidad, su sentido de adaptabilidad a una situación extrema pero que sabemos temporal, por lo que no se trata de hacer un sinnúmero de cosas para llenar el tiempo, agotarse en el día y tratar de descansar sin sobresaltos en la noche. Al contrario, vale la pena asumir que es una situación excepcional en la cual podemos realizar experiencias satisfactorias con nuestra familia, incluyendo las mascotas. Disfrutar de la compañía de nuestros seres queridos, proponerse realizar actividades que pueden hacerse en casa sin la exigencia del tiempo, programar alguna lista de objetivos realizables, o simplemente mejorar nuestro espacio vital (mejor si es en grupo), pueden ser formas resilientes de invertir los efectos nocivos del aislamiento.
  6. Lo nuevo: la cohesión y solidaridad social. Frente al peligro compartido, los individuos sienten temor a tomar decisiones y tienden de manera instintiva a refugiarse en el grupo. Aparece el gregarismo pero también la despersonalización, lo que eleva la sugestionabilidad del grupo y la necesidad de un liderazgo fuerte para afrontar la amenaza. En las sociedades nacionales actuales, toma mayor importancia la actuación del Presidente o líder ejecutivo y las disensiones o los críticos son infravalorados o atacados. Se valorará del líder su permanente información sobre cómo gestiona la crisis. Es significativo que el Presidente Martin Vizcarra haya saltado al 85% de aprobación mientras que el Presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (un líder con cuotas regulares de popularidad de hasta 80%) se ha desplomado al 51% de aprobación. En el primer caso, los peruanos (y en otros países) valoran muy positivamente su gestión, mientras que los mexicanos le reprochan a AMLO su desinterés en reaccionar asertivamente a la crisis de la pandemia. El otro elemento importante es la reacción espontánea de la gente con expresiones de cohesión social: entrega de alimentos a los policías y militares que patrullan las calles, los aplausos a las 8 de cada noche agradeciendo al personal de la salud y todos los que siguen trabajando en los servicios esenciales, y la exigencia de castigar con más severidad a los que infringen las disposiciones del gobierno. En otros países, se ha aceptado la participación del voluntariado social.

En suma, nuestro cerebro es un poderoso aliado para enfrentar una circunstancia tan excepcional como la que vivimos ahora. Superemos esta cuarentena con aquellos seres humanos que son lo más importante para cada uno. Y sobre todo, quedémonos en casa hasta que se diga lo contrario. Ojalá sea lo más pronto posible.

#YoMeQuedoenCasa


LOS CENTROS POBLADOS: EL NUEVO FENÓMENO POLÍTICO EN EL PERÚ

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Categoría : Política

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Las elecciones del 26-E han permitido la irrupción o disrupción (como gusta decirse ahora) de los centros poblados en la vida política nacional, ya no sólo como pequeños racimos demográficos alrededor de la mayoría de las ciudades del Perú, sino ahora como espacios sociales en modo búsqueda y captura de una representación política propia.

Han estado allí desde hace décadas, pero eran invisibles… hasta ahora.

Desde hace algo más de 60 años, con la fabulosa migración del campo a las ciudades, así como de las provincias a la capital, el Perú ha vivido una transformación paradigmática que quebró la histórica primacía de la población rural en favor de la población urbana.  Seis décadas después de las grandes migraciones de los 60 y 70, la población urbana es ahora el 79,3 % del total nacional (Censo INEI 2017), con las transformaciones de toda índole que esa cifra implica.

Miles y miles de pobladores conformaron primero los pueblos jóvenes, luego los llamados asentamientos humanos marginales alrededor de la capital y las grandes ciudades de la costa, sierra selva. Esas poblaciones exigieron, con movilizaciones si era necesario, acceder a la vivienda, servicios básicos, educación, salud, programas sociales, y progresivamente esas conquistas les permitieron acoplarse a las dinámicas políticas, económicas y sociales de las ciudades que rodeaban.

Con el tiempo, esos cinturones inicialmente periféricos se han integrado a las ciudades, ya son parte de ellas, han recibido de todos los niveles del Estado, la atención que su peso demográfico y luego su peso político, les ha permitido alcanzar. En la capital, la aparición de los grandes centros comerciales desde fines de los 90 en los ahora llamados distritos emergentes fueron la mejor demostración que ya habían dejado de ser marginales.

Pero el crecimiento horizontal de las ciudades no se ha detenido. El visible y notorio mayor desarrollo de la urbe frente al campo ha dado lugar a continuas olas migratorias, ya no sólo hacia la capital o las grandes ciudades, sino hacia las medianas y las pequeñas, y ante la falta de espacio en ellas, estas oleadas de migrantes se ubican en los nuevos límites urbanos, creando nuevos centros poblados o integrándose a otros ya existentes.

Estos centros poblados, que hoy se cuentan por miles en todo el país, están lo suficientemente cerca de las ciudades como para desear sus beneficios y comodidades, pero están lo suficientemente lejos como para no alcanzarlos tanto por su escaso peso político como por la desidia y olvido de los gobernantes.

Ni siquiera los alcaldes distritales los atienden, ya ni hablemos de los provinciales o del gobierno regional. Por eso, apenas pueden, intentan conformar su propia municipalidad de centro poblado, y si las cosas van bien en el futuro buscarán ser distrito. Lo único cierto es que, por razones de toda índole, pese a existir la Ley 30397 de Centros Poblados que regula su procedimiento de creación, cientos de estas iniciativas, se quedan en el camino en medio de trámites tan engorrosos como eternos, y permanecen por años olvidados sin atención siquiera de sus servicios básicos.

Según el mismo Censo 2017, existen 94,922 centros poblados en todo el país, siendo las regiones con mayor número de ellos Puno, Cusco, Ancash, Ayacucho, Huancavelica, Cajamarca, Huánuco y Lima Provincias.

El INEI define el Centro Poblado como “el lugar del territorio de un distrito, que tiene un nombre y es habitado por varias familias o por una sola familia o una sola persona con ánimo de permanencia. Las viviendas del centro poblado pueden estar formando manzanas, calles y plazas, como los pueblos o ciudades; estar semidispersas, como los caseríos, anexos, entre otros y totalmente dispersas, como las viviendas en ámbitos agropecuarios. De acuerdo a la distribución de sus viviendas, un centro poblado puede ser: urbano o rural”. De esos más de 94 mil centros poblados a nivel nacional, sólo 2,437 han conformado municipalidades de centros poblados, ya que ese es el número registrado por el INEI en su Directorio Nacional de Municipalidades de Centros Poblados del 2015.

Pues bien, esas poblaciones han dicho el 26 de Enero: “Aquí estamos. Ya no queremos ser invisibles. No más”. No se trata sólo de que los partidos reconozcan y acojan sus problemas y necesidades, sino también de hacerlos parte activa de la representación política formal, de hacerlos parte del ejercicio del poder político en los diversos niveles de gobierno.

Si vemos los resultados electorales de los nueve partidos que pasaron la valla electoral, tenemos que dos obtuvieron en la Provincia de Lima (que incluye el voto extranjero), más del 50% de sus votos a nivel nacional, por lo que podemos caracterizarlos como partidos limeñocéntricos. En efecto, Perú Podemos obtuvo el 67.3% de todos sus votos válidos en ese distrito electoral. El Partido Morado obtuvo el 55%. Por el contrario, Alianza para el Progreso y Unión por el Perú son partidos que tuvieron una escasa votación en la capital (16% y 18%, respectivamente). De los nueve partidos con representación congresal, tres partidos (Frepap, Podemos Perú y Unión por el Perú) han representado en dicha elección proyectos fronterizos o marginales al actual stablishment político nacional, sumando el 23.5% del total de votos válidos a nivel nacional. Estos partidos apenas figuraban en las encuestas una semana antes de las elecciones.

Como lo señalamos en nuestro artículo titulado “Seis razones del éxito electoral del Frepap” del 12/02/20: “El proceso de urbanización y crecimiento de las grandes ciudades ha generado un amplio sector de la población (ubicada en los ámbitos rural y urbano) marginados del modelo político actual. Si uno aprecia las grandes, medianas y pequeñas ciudades en todo el país puede darse cuenta de la existencia de miles de centros poblados en sus alrededores o periferia que no son objeto de atención ni de los gobiernos regionales ni de los gobiernos locales, menos del Poder Ejecutivo. (…) Pues bien, son claramente esos sectores sociales los que buscan opciones políticas que los representen (…) porque perciben que el actual sistema de partidos políticos no tiene ningún interés en acogerlos ni representarlos”.

Por cierto que estas elecciones son apenas el preámbulo de las grandes decisiones que tomará el electorado el 2021, y no puede decirse siquiera que estos resultados se repetirán. Nada está dicho. Pero de algo si estamos seguros: ya no se puede obviar a los nuevos marginados del campo y la ciudad, quieren poder político, y lo quieren ahora. Así que este mensaje va para todos los partidos políticos: abran bien los ojos y paren las orejas. Después no se quejen en abril del próximo año, y menos se sorprendan.


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