¿La historia se repite? O dialogamos para cambiar la historia
Efraín Gonzales de Olarte
El resultado de las elecciones de 2026 se presenta como una repetición de las de 2021. Ningún candidato alcanza el 18% de la votación en primera vuelta, los finalistas tienen ideologías extremadamente opuestas, una candidata limeña y otro provinciano, una mujer y un hombre, es decir, pareciera que la historia se repitiera y que como se decían en la segunda vuelta del 2021: tenemos que elegir entre el cáncer y el sida. Creo que hay que cambiar esta visión sobre el voto.
Estos resultados nos interrogan: ¿por qué se repite una situación así? y ¿qué pasará con la gobernabilidad del Perú cuando tengamos un nuevo gobierno y un nuevo congreso? después de la segunda vuelta. Creo que es tiempo que hagamos algo distinto.
De un lado, no es sorprendente que los electores de Pedro Castillo -hoy en prisión- voten por quién lo representa, o más bien los representa. Es el voto de los que no llegaron al reparto de los frutos del crecimiento económico de los últimos veinte años, son provincianos y pobres. Para ellos, la única posibilidad que tienen de ser incluidos en las políticas públicas es tener un presidente “como ellos”: provinciano, cholo, informal y pobre.
En el otro lado, tenemos a la representante del neoliberalismo (limeña, blanca, formal y pudiente) y responsable que nuestra democracia haya entrado en proceso de declive desde el 2016, pero que cuenta con los votos de los que si se favorecieron por las políticas neoliberales y viven en Lima y otras ciudades.
Hay, sin embargo, algunas diferencias con 2021. 1. Ha aparecido un centro político (Jorge Nieto. Marisol Pérez Tello y Mesías Guevara), 2. De los 35 “partidos” que participaron en las elecciones sólo van a quedar uno 6 ó 7 con representación en el Congreso, lo que puede ayudar a la gobernabilidad. 3. Ningún partido tendría una mayoría absoluta en el senado, lo que obliga a alianzas para llegar a acuerdos. En consecuencia, el panorama es un poco distinto al 2021 y da cierta esperanza de que podamos salir de la crisis política actual.
Sin embargo, el mayor escollo es la casi imposibilidad de diálogo y, eventualmente, acuerdos entre los dos candidatos que llegarán a la segunda vuelta. Entre el voto antifujimorista y el voto anticomunista, se abre un resultado incierto que podría tener tres escenarios. 1. Gana la candidata de la derecha y, es muy probable, que su gobierno se parezca al actual, dado que desde 2016 ha influido en las principales decisiones del congreso. Aunque podría haber alguna mejora si logra negociar con la oposición para tomar algunas decisiones o aprobar algunas leyes. 2. Gana el candidato de la izquierda, y trata de aplicar su plan de gobierno con grandes similitudes a los sempiternos planes de la izquierda. Sin embargo, estaría obligado a buscar apoyo de la oposición de derecha para lograr llevar a cabo algunas de sus propuestas. 3. Que antes de la segunda vuelta se llegue a un diálogo que conduzca a un acuerdo de gobernabilidad, gane quien gane. Si esto sucediera, el Perú estaría entrando en otro paradigma político y, probablemente, se comenzaría a resolver la crisis política y la polarización social existente.
Para que el tercer escenario sea posible, se requieren de algunas condiciones. Por un lado, cambiar la cultura del antivoto y presionar a cada candidato para que dialogue con el otro. El o los debates que se den antes de la segunda vuelta, deberían tener como parte de la agenda, en qué temas se podrían poner de acuerdo si llegan al gobierno: mantener los equilibrios macroeconómicos, lucha contra la delincuencia y mayor seguridad ciudadana, mejora de la educación y la salud, mayor atención a las regiones olvidades y sus habitantes. Prometer el apoyo a estas políticas tanto en la cámara de diputados como en el senado. Por otro lado, los partidos que tienen representación congresal, deberían promover reuniones con todos los partidos que pasaron la valla electoral, antes de la segunda vuelta, para tratar de, a través del diálogo, llegar a un “acuerdo de gobernabilidad y de paz”. Si se llega a este acuerdo todo se haría más fácil, no sólo la gobernabilidad del Perú en los próximos cinco años para cualquiera que asuma la presidencia de la república, pero sobre todo le daría tranquilidad y esperanza a todos los peruanos, incluyendo al sector empresarial.
Esta es una nueva oportunidad de darle viabilidad al Perú, a la tambaleante democracia y una gobernabilidad incluyente, pero hay que cambiar el chip de la polarización ideológica y social y empoderar el diálogo entre peruanos, sean estos derechistas e izquierdistas, limeños o provincianos construir un Perú republicano con ciudadanos iguales. Tienen la palabra los candidatos y sus partidos.
1° mayo 2026
