El conflicto Israel-Estados Unidos versus Irán. Una visión desde la de teoría de juegos
Efraín Gonzales de Olarte
Desde la llegada de Donald Trump, el mundo está sumido en la incertidumbre, una incertidumbre que está minando las relaciones internacionales, los mercados, las decisiones de inversión y consumo y vaticina peores momentos a los actuales. Una serie de decisiones repentinas, en la mayor parte de casos sin justificación razonable alguna, han terminado generando un sube y baja de expectativas económica, políticas y sociales, que están socavando la tranquilidad de todo el mundo.
Una de estas decisiones ha sido el bombardeo de Irán por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos y de Israel, justo cuando estaban negociando un acuerdo de paz. La hipótesis más plausible es que el presidente de Israel -viendo que se acercan elecciones en las que podría perder, ha convencido al presidente Trump de tratar de liquidar a Irán, bajo justificaciones inexactas, como que Irán estaría a punto de tener una bomba atómica, y otras de intromisión imperialista aduciendo que el régimen de los Ayatolas -a todas luces dictatorial y represivo- debería ser derrocado para “salvar” al pueblo iraní. Creo que a ningún país se le ocurriría bombardear los Estados Unidos por que la ICE está abusando y diezmando a los migrantes legales e ilegales.
Es decir, estamos frente a la asimetría del poder de las armas (no olvidar que EEUU es el país con mayor capacidad bélica), el que las tiene abusa de los que no la tienen. Además, una comunidad internacional -sobre todo europea- que ha claudicado de la defensa de los principios de no intervención, del derecho internacional, del cumplimiento de los acuerdos internacionales. En conjunto, estamos frente a un mundo liderado por un presidente que a sus 80 años y basado en el poderío estadounidense, se ha convertido en un monarca, con actitudes dictatoriales, sin respeto por la normas estadounidenses e internacionales, que ve los muertos de otros países sin compasión alguna o empatía, claros signos de alguna patología, que nos está afectando a todos.
Es dentro de este contexto, quisiera analizar el conflicto Israel-EEUU contra Irán, basado en la teoría de juegos, para tratar de entender cuál puede ser el resultado de este “juego de guerra”. La Teoría de Juegos nos ofrece un marco analítico basado en las decisiones interdependientes de los actores, en este caso de la dupla Israel-Estados Unidos y de Irán y los resultados que suceden.
Actualmente, el juego ha pasado de ser uno de disuasión (donde el costo de atacar era mayor al beneficio) a uno de desgaste y supervivencia de Irán. Para EE. UU. e Israel, detenerse ahora sin un cambio de régimen o la neutralización total de la capacidad nuclear de Irán se percibe como un fracaso. Para Irán, cualquier concesión bajo fuego se ve como el fin de la República Islámica.
Dentro de esta perspectiva, es poco probable que se llegue a un acuerdo de paz. Irán teme que, si se desarma, será destruido después. Estados Unidos teme que, si se retira Irán volvería a su plan nuclear y, sobre todo, el Presidente Trump aceptaría la inutilidad de su acometida, dada su incapacidad de reconocer cuando pierde. Lo que ciertamente no parece posible, dados la destrucción de los lugares de enriquecimiento de uranio. El resultado está siendo una guerra y seguirá siendo una guerra de media intensidad, que puede durar meses, afectando los precios del petróleo, hasta que uno de los actores sufra un colapso económico (Irán) o civil interno (Israel-Estados Unidos).
Los bombardeos mutuos han llevado a Irán a cerrar el estrecho de Ormuz, como arma inesperada. Se ha convertido en una herramienta de negociación de rehenes, donde al rehén es la economía mundial. Irán sabe que no puede ganar una guerra convencional simétrica contra EE. UU. Por lo tanto, su jugada lógica es la amenaza de cierre del estrecho. Sin embargo, la ganancia de Irán (causar un colapso económico en Occidente) es la pérdida directa de EE. UU. y sus aliados. Pero sería una victoria pírrica, dado el costo destructivo de su decisión. Esta situación corresponde a un juego negativo, en el cual todos pierden.
En este escenario hay un tercer jugador que no participa directamente, pero que es afectado por la guerra: China. Su entrada es necesario interpretar. Por un lado, China es uno de los principales compradores del petróleo que pasa por Ormuz, en consecuencia, requiere de una solución rápida. Entonces Estados Unidos ha de tratar de presionar a China para que use su influencia en Irán. En consecuencia, pasaríamos a un juego de tres jugadores que presiona a una cooperación forzada. Sin embargo, para Trump es una oportunidad para ajochar a la China, su principal competidor por el liderazgo del mundo. En esta perspectiva a Trump le convendría que China no acceda al petróleo. Pero tendría que soportar la presión mundial por la elevación del precio del petróleo y la de los votantes americanos que comienzan a enfrenar a una inflación creciente. Estando cerca las elecciones congresales, este es un problema para Trump. Es decir, parece que ha creado un enredo del cual le ha de ser difícil salir, con costos, quizás muy altos.
Desde una perspectiva matemática, el Estrecho de Ormuz funciona como un seguro de vida para el régimen iraní. Mientras el mundo dependa de ese flujo. Hasta el momento todo parece indicar que Estados Unidos evitaría una invasión en terrestre. Por su lado, Irán permitirá el paso de buques de países amigos por el estrecho, para mejorar su posición con los países amigos.
Así pues, el resultado es un equilibrio de Nash inestable, es decir ambas partes están en la peor situación, pues hay una tensión constante y un gasto militar enorme, pero ninguno puede cambiar su estrategia unilateralmente sin enfrentar un desastre mayor. De ahí que estaría habiendo acercamientos para buscar una salida conversada.
Sin embargo, el mayor problema es Netanyahu, que, a diferencia de Trump, tiene un objetivo en su accionar: crear el Gran Israel capaz de dominar toda la región. Por ello, es el principal enemigo de que Trump logre un acuerdo de cese el fuego con Irán, para ello su táctica es ir eliminando sistemáticamente a todas las autoridades iranies, para que no haya un interlocutor válido que pueda llegar a un acuerdo con Estados Unidos. Su mejor aliado es la personalidad narcisista maligna del presidente Trump.
Netanyahu es, en consecuencia, un jugador con una patología sicopática, que quiere logra algo que, con la sola fuerza de Israel sería imposible, ha logrado sonsacar a Donald Trump y, de paso, poner al mundo en vilo y al borde de una tercera guerra mundial. No hay que olvidar la masacre de Gaza y la invasión de Líbano, donde el número de muertos no le importa al judío.
