MÁXIMO VEGA-CENTENO BOCANGEL
In Memoriam
Efraín Gonzales de Olarte
La muerte siempre nos sorprende y nos interroga sobre el valor de la vida vivida, sobre si fue completa o incompleta, sobre si fue trascendente o intrascendente. Finalmente, el momento último de la vida vivida, es irreversible y necesario. Por ello, los que quedamos temporalmente, podemos aquilatar la vida de aquellas personas que nos influenciaron, que nos guiaron, que nos quisieron y que partieron.
Máximo Vega-Centeno, Amauta, un entrañable ser humano y un gran peruano, nos ha dejado. Tuvo una vida completa y trascendente. Tuvo una linda familia, fue un gran maestro universitario, un católico a carta cabal y un cusqueño ejemplar y, sobre todo, una persona íntegra desde varios puntos de vista. Su austeridad fue un ejemplo para quienes privilegian las cosas sobre las personas en la vida. Para Máximo la amistad, el cariño, la responsabilidad social y su civismo fueron los fundamentos de sus relaciones con su familia, sus amigos, sus colegas, sus alumnos y, en general, con las personas con quienes interactúo durante su vida. Su sapiencia de alto nivel, tanto como ingeniero civil y como economista, siempre la puso al servicio de los otros, fue un maestro para sus innumerables estudiantes de pre y posgrado. Fue el pionero de la enseñanza de Econometría en el Perú. Su sentido de humor era su manera de endulzar o hacer más comprensibles las cosas y los acontecimientos, fue una muestra de su ingenio e inteligencia en un mundo donde la risa y la alegría son tan necesarias. Su catolicidad provenía de su familia cusqueña de raigambre católica, su tío abuelo fue arzobispo del Cusco, de Ancash y de Lima, su hermano fue sacerdote, el hermano de su padre fue Dean de la Catedral de Lima, pero más allá de los temas de fé, Máximo fue un practicante de la moral católica, de la caridad, de la hermandad, de la solidaridad -recuerdo que después del terremoto de Huaraz, se incorporó rápidamente en las brigadas de ayuda.
Sus principales contribuciones académicas estuvieron dedicadas a analizar el esquivo proceso de desarrollo, a estudiar el papel de la tecnología en el desarrollo industrial, ética y deontología, y el último libro fue sobre Perú: desarrollo naturaleza y urgencias. Trató de entender las distintas aristas del desarrollo económico y humano del Perú y las razones por las que aún buscamos una sociedad mejor.
La Pontificia Universidad Católica del Perú ha sido construida en base al empeño de muchos profesores, académicos y funcionarios identificados con su misión y ethos, durante más de cien años. Máximo fue uno de ellos, estuvo ligado a ella durante casi sesenta años, fue cofundador de la Facultad de Ciencias Sociales y del Departamento de Economía, junto a Adolfo Figueroa y Richard Webb, bajo el liderazgo del Padre MacGregor, luego fue varias veces, jefe del Departamento de Economía, Decano de la Facultad de Ciencias sociales y de la Escuela de Posgrado. Participó en la creación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Fue uno de los constructores del maravilloso edificio de la enseñanza y de la investigación de la PUCP, que la ha llevado a ser un referente latino americano de excelencia académica y muy comprometida con el servicio a la sociedad peruana.
El centro y la base de su acción académica y social fue su familia. Con Violeta, la pionera de los estudios de la mujer en un país reciamente machista, formó una familia ejemplar y sus hijos Rafael y Pablo, han heredado los principios y la visión de sus padres.
Extrañaremos sin duda a Máximo, pero seguirá viviendo como una referencia académica, institucional y humana. Descansa en paz Maestro.
