26/06/20: Why it is so difficult to beat COVID19 in Peru

Why it is so difficult to beat COVID19 in Peru

Efraín Gonzales de Olarte 

In Peru, we are engaged in an almost impossible task: socially defeating the coronavirus. Despite the government’s great efforts to “flatten” the contagion and death curve, there are some factors that are difficult to overcome, in such a long quarantine: poverty, informality, the state’s operational weakness, the infrastructure deficit, popular morality and culture.

The poor are faced with the alternative of catching the COVID19 or not eating, obviously they choose the first option.

Being informal (almost 70% of workers) is the result of an economy unable to legally wage workers, due to lack of capital, and the state’s inability to incorporate them into its tax, social and service registers, consequently, they are outside the “formal system” that is, outside the economy of higher productivity, outside the banking system, and the social security system. Consequently, it is difficult to support them during this pandemic.

Thanks to the hyperinflation of the eighties of the last century and the subsequent neoliberal reforms, the Peruvian state has shrunk and become ineffective, its size is incompatible with social inequalities and poverty. Its quality was not improved by second-generation reforms due to the laziness of the rulers, a hyper-market ideology and the corruption developed since the 1990s. Today we have a state with a macro-economy of the 21st century but with an infrastructure and public management of the 19th century, and more, the privatization of social services has been functional for the higher income sectors. For all these reasons, if COVID19 was not controlled in the initial three weeks, it would be very difficult to control later, today it is uphill.

But that is not all, then, the entire socio-economic and political process of the last forty years – begun in the late eighties – has impregnated immoral and amoral behaviors in the ethics of Peruvians, which today are reflected in police officers who they get income from budgets to buy masks or fans, mayors who steal money from food baskets for the poor, guys who sell false certificates of not being contaminated by COVID19, to enter into the markets place, and a lot of similar behaviors that denote that, the moral codes of a civilized society, have not been able to build during these years. This is synthesized in the phrase: “anything goes” (todo vale) for one, that is, the private interest symbol of neoliberalism – it has been perverted to the point of only thinking about one and not also about the others.

Finally, the “popular culture” –culture understood as the ways and means of behaving socially- that manifests itself in “pepe el vivo” (Joe the smart guy), “steals but does work”, “the line is made by idiots”, “this is our opportunity, then there is no another “,” the fools (cojudos) fucks “, etc.  Obviously, this culture stems from: unequal opportunities, the feeling of exclusion, the fight for the limited good, is, to a certain extent, the result of how society and the economy have incorporated their population in the last forty years, but it is also the fruit of deep psychological problems in a mestizo country, of migrants from the countryside to the city, racism and colonial heritage. This complex culture manifests itself when the president asks people to keep their distance so as not to get infected and people crowd in to sell or buy. I wonder if we are going to reduce infections before we have a vaccine or medicine to fight the disease. I have my doubts.However, this pandemic is telling us what should change in Peru in the future, but it also tells us the few adjustments that can be made in the short term. Today, it is probably necessary to appeal to a combination of disciplinary force in congestion sites, with a relaxation of some bureaucratic norms that delay the fight, with an effort to unify the economic support for the population and with an ideological invocation in the manner of soccer: “yes we can do it” to defeat COVID19, as much as we qualified for the 2018 World Cup. In the long term, the agenda is defined.

Lima, June 2020.

29/05/20: Porqué es difícil vencer al covid19 en el Perú

Porqué es difícil vencer al COVID19 en el Perú

Efraín Gonzales de Olarte

En el Perú estamos empeñados en una tarea casi imposible: derrotar socialmente al coronavirus. Pese a los grandes esfuerzos del gobierno por “aplanar” la curva de contagios y de muertes, hay algunos factores que son difíciles de vencer en una cuarentena tan prolongada: la pobreza, la informalidad, la debilidad operativa del estado, el déficit de infraestructura, la moral y la cultura criolla.

Los pobres están frente a la alternativa de contagiarse o no comer, obviamente escogen la primera opción.

El ser informal es el resultado de una economía incapaz de asalariar legalmente a los trabajadores, por falta de capital, y de la incapacidad del estado de incorporarlos en sus registros tributarios, sociales y de servicios, en consecuencia, están fuera del “sistema formal” o sea fuera de la economía de mayor productividad, fuera del sistema bancario, y del sistema de seguridad social. En consecuencia, es difícil apoyarlos.

Gracias a la hiperinflación de los años ochenta del siglo pasado y las subsecuentes reformas neoliberales, el estado peruano se achicó y se hizo ineficaz, su tamaño es incompatible con las desigualdades sociales y la pobreza. Su calidad no fue mejorada por reformas de segunda generación por desidia de los gobernantes, por una ideología hiper-mercadista y por la corrupción desarrollada desde los años noventa. Hoy tenemos un estado con una macroeconomía del siglo XXI pero con una infraestructura y una gestión pública del siglo XIX, además la privatización de los servicios sociales han sido funcional a los sectores de mayores ingresos. Por todas estas razones, si el COVID19 no se lo controlaba en tres semanas iba a ser muy difícil de controlarlo después, hoy se hace cuesta arriba.

Pero eso no es todo, pues, todo el proceso socio-económico y político de los últimos cuarenta años -iniciados a fines de los años ochenta- ha impregnado en la ética de los peruanos comportamientos inmorales y amorales, que hoy se reflejan en policías que obtienen ingresos de los presupuestos para la compra de máscaras o de ventiladores, alcaldes que se roban la plata de las canastas de alimentos para los pobres, tipos que venden certificados falsos de no estar contaminado por el COVID19 para poder entrar en los mercados, y ene comportamientos similares que denotan que los códigos morales de una sociedad civilizada no se han logrado construir durante estos años. Esto se sintetiza en la frase: “todo vale” para uno, es decir el interés privado – símbolo del neoliberalismo- ha sido pervertido al extremo de sólo pensar en uno y no también en los demás.

Finalmente, la “cultura criolla” –cultura entendida como los modos y maneras de comportarse socialmente- que se manifiesta en “pepe el vivo”, “roba pero hace obra”, “la cola la hacen los idiotas”, “esta es la oportunidad, después no hay otra”, “los cojudos se joden”, etc. Obviamente, esta cultura dimana de la desigualdad de oportunidades, del sentimiento de exclusión, de la lucha por el bien limitado, es, hasta cierto punto, el resultado de cómo la sociedad y la economía han incorporado a sus habitantes en los últimos cuarenta años, pero también es el fruto de profundos problemas psicológicos de un país mestizo, de migrantes del campo a la ciudad, del racismo y de la herencia colonial. Esta compleja cultura se manifiesta cuando el presidente le pide a la gente que mantenga las distancias para no contagiarse y la gente se apelotona para vender o comprar.

Me pregunto si vamos a reducir los contagios antes de tener una vacuna o medicamentos para combatir el mal. Tengo mis dudas.

Sin embargo, esta pandemia nos está diciendo que cosas deben cambiar en el Perú hacia el futuro, pero también nos dice los pocos ajustes que se pueden hacer en el corto plazo. Hoy probablemente hay que apelar a una combinación de fuerza disciplinante en los sitios de congestión, con una flexibilización de algunas normas burocráticas que retardan la lucha, con un esfuerzo de unificar los apoyos económicos a la población y con una invocación ideológica a la manera del futbol “si se puede” derrotar al COVID19, tanto como nos clasificamos al mundial del 2018. En el largo plazo, la agenda está definida.

Lima, 29 de mayo 2020

 

09/05/20: La educación universitaria del futuro

EL FUTURO DE LA EDUCACION SUPERIOR

Efraín Gonzales de Olarte

Consejo nacional de educación (CNE)

La pandemia del coronavirus tiene la “virtud” de haber acelerado el cambio de la educación presencial por la educación virtual o, por lo menos, de una combinación de ambas modalidades. Era algo que tenía que venir con el tiempo y con el cambio de generaciones. Hoy estamos siendo obligados –todas las generaciones- a incursionar en el todavía inseguro mundo de la educación virtual, sobre todo en la educación universitaria, este proceso se ha acelerado.

La experiencia nos muestra que los cambios tecnológicos han originado inexorablemente cambios institucionales, socio-económicos y culturales. A estas alturas de la historia, ya tenemos acceso a la revolución informática que hemos ido incorporando progresivamente en la enseñanza, en la investigación y en la proyección hacia la comunidad. El COVID19 nos está obligando a todos a usar estas nuevas tecnologías –zoom, internet de las cosas, la nube- para poder enseñar e investigar, por lo menos durante la cuarentena.

Sin embargo, hay otras tecnologías que cambiarán mucho más nuestras actividades universitarias y tendrán un gran impacto en la enseñanza, el aprendizaje e investigación, estas son: las redes neuronales, la inteligencia artificial, big data, blockchain, la futura computadora cuántica. La incorporación de estas tecnologías en la educación superior cambiará para siempre el rol del profesor, la actitud y motivación de los estudiantes, el modo de aprender, las infraestructuras educativas y cambiará los objetivos de la propia educación.

Hoy nos educamos para poder trabajar mañana y para obtener algún ingreso en función de nuestro título universitario, en el futuro nos educaremos y probablemente trabajaremos simultáneamente desde casa, sin horarios, no bastará un título sino que será necesario un CV que será fácil de buscar en la internet de las cosas, aprenderemos mientras trabajamos y por ello nos pagarán, combinaremos aprendizajes que nos permiten tener ingresos con aquellos que nos enriquecen como personas, (ciencias, letras y artes), nuestros conocimientos serán calificados por nuestros pares.

En este contexto: ¿cuál es el rol del profesor universitario y cómo será el futuro profesor universitario? y ¿cómo deberá ser la universidad de este futuro que está ya aquí gracias al COVID19?

El profesor universitario tendrá que ser un motivador, un coach académico un promotor de la investigación, pero debería mantener su rol de formador de “maestro”, es decir, deberá enseñar a servirse de la tecnología como un instrumento -y no como un fin en sí mismo- y a inculcar en sus estudiantes que todo lo que sabemos debe ser usado para el bien común, del cual todos hacemos parte.

El lado humanista no se debe perder con estas tecnologías, cuyas características pueden reemplazar a las personas. El profesor universitario entonces tendrá que saber una o varias disciplinas, pero también deberá manejar las nuevas tecnologías con inteligencia.

La universidad del futuro, ya está haciendo su debut en el presente. Todos estamos convirtiéndonos en pocas semanas en profesores virtuales con otros lenguajes, con una interacción casi imaginaria con nuestros estudiantes y ellos, jóvenes felizmente, son dúctiles a estos cambios. Es obvio, que aún no estamos en la enseñanza-aprendizaje “online” pero vamos en camino. Aquella universidad tendrá que ser mixta: presencial-virtual con diferencias por especialidades, también se manejara mejor los tiempos, será diferente la asignación de los recursos para la enseñanza y la investigación, la cual será interdisciplinarias e inter campus (nacionales y extranjeros) como norma. La investigación será una actividad cooperativa y permitirá ir igualando y las universidades estarán obligadas a trabajar en redes, por ejemplo: para prepararse a nuevas pandemias.

Finalmente, la universidad del futuro tendrá que hacer parte de la cuádruple hélice: universidad-empresa-estado-sociedad civil. Su imbricación en la sociedad será un prerrequisito para ser útil en el futuro.

¿Estamos preparados? ¡Tenemos que prepararnos!. El PEN 2036 es la puerta a estos grandes cambios.

 

09/05/20: El futuro de la educación superior

EL FUTURO DE LA EDUCACION SUPERIOR

Efraín Gonzales de Olarte

Consejo nacional de educación (CNE)

La pandemia del coronavirus tiene la “virtud” de haber acelerado el cambio de la educación presencial por la educación virtual o, por lo menos, de una combinación de ambas modalidades. Era algo que tenía que venir con el tiempo y con el cambio de generaciones. Hoy estamos siendo obligados –todas las generaciones- a incursionar en el todavía inseguro mundo de la educación virtual, sobre todo en la educación universitaria. Este proceso se ha acelerado.

La experiencia nos muestra que los cambios tecnológicos han originado inexorablemente cambios institucionales, cambios socio-económicos y cambios culturales. A estas alturas de la historia, ya tenemos acceso a la revolución informática que hemos ido incorporando progresivamente en la enseñanza, en la investigación y en la proyección hacia la comunidad. El COVID19 nos está obligando a todos a usar estas nuevas tecnologías –zoom, internet de las cosas, la nube- para poder enseñar e investigar, por lo menos durante la cuarentena.

Sin embargo, hay otras tecnologías que cambiarán mucho más nuestras actividades universitarias y tendrán un gran impacto en la enseñanza, el aprendizaje e investigación, estas son: las redes neuronales, la inteligencia artificial, big data, blockchain, la futura computadora cuántica. La incorporación de estas tecnologías en la educación superior cambiará para siempre el rol del profesor, la actitud y motivación de los estudiantes, el modo de aprender, las infraestructuras educativas y cambiará los objetivos de la propia educación.

Hoy nos educamos para poder trabajar mañana y para obtener algún ingreso en función de nuestro título universitario, en el futuro nos educaremos y probablemente trabajaremos simultáneamente desde casa, sin horarios, no bastará un título sino que será necesario un CV que será fácil de buscar en la internet de las cosas, aprenderemos mientras trabajamos y por ello nos pagarán, combinaremos aprendizajes que nos permiten tener ingresos con aquellos que nos enriquecen como personas, (ciencias, letras y artes), nuestros conocimientos serán calificados por nuestros pares.

En este contexto: ¿cuál es el rol del profesor universitario y cómo será el futuro profesor universitario? y ¿cómo deberá ser la universidad de este futuro que está ya aquí gracias al COVID19?

El profesor universitario tendrá que ser un motivador, un coach académico un promotor de la investigación, pero debería mantener su rol de formador de “maestro”, es decir, deberá enseñar a servirse de la tecnología como un instrumento -y no como un fin en sí mismo- y a inculcar en sus estudiantes que todo lo que sabemos debe ser usado para el bien común, del cual todos hacemos parte.

El lado humanista no se debe perder con estas tecnologías, cuyas características pueden reemplazar a las personas. El profesor universitario entonces tendrá que saber una o varias disciplinas, pero también deberá manejar las nuevas tecnologías con inteligencia.

La universidad del futuro, ya está haciendo su debut en el presente. Todos estamos convirtiéndonos en pocas semanas en profesores virtuales con otros lenguajes, con una interacción casi imaginaria con nuestros estudiantes y ellos, jóvenes felizmente, son dúctiles a estos cambios. Es obvio, que aún no estamos en la enseñanza-aprendizaje “online” pero vamos en camino. Aquella universidad tendrá que ser mixta: presencial-virtual con diferencias por especialidades, también se manejara mejor los tiempos, será diferente la asignación de los recursos para la enseñanza y la investigación, la cual será interdisciplinarias e inter campus (nacionales y extranjeros) como norma. La investigación será una actividad cooperativa y permitirá ir igualando y las universidades estarán obligadas a trabajar en redes, por ejemplo: para prepararse a nuevas pandemias.

Finalmente, la universidad del futuro tendrá que hacer parte de la cuádruple hélice: universidad-empresa-estado-sociedad civil. Su imbricación en la sociedad será un prerrequisito para ser útil en el futuro.

¿Estamos preparados? ¡Tenemos que prepararnos!. El PEN 2036 es la puerta a estos grandes cambios.

 

24/04/20: The distribution of pandemic costs

HOW IS THE PANDEMIC COSTS DISTRIBUTED? 

Efraín Gonzales de Olarte

The unprecedented coronavirus pandemic is presenting us with a series of economic, social and political challenges. There is an ethical dilemma between saving lives and resuming economic activity, others say: between starving or dying of coronavirus. According to statistics: between 2% and 15% of those infected die, more than half are over 60 years of age with previous ailments, on the other hand, more than 190 thousand deaths are already worldwide and the figure could easily double, despite the social isolation that is being practiced.

The problem with the resumption of economic activities, without being sure of a flare-up, is that it could turn into a truly lethal pandemic and there would be millions of deaths. The problem is relatively clear, it is necessary to do everything possible to maintain social isolation until the contagion curve flattens or until the number of infected is decreasing, this can last from three to four months. However, it will have a very important cost: a strong economic recession in all countries, due to the paralysis of its activities, with higher unemployment, lower wages, higher poverty and other psychological and social costs that are difficult to assess.

The biggest problem of this crisis is: how are its costs distributed? How this distribution is equitably, those who have the most should contribute proportionally to their incomes and the poorest should receive income from transfers, during the crisis. But: how do you go about achieving this goal? First, companies must reduce their earnings and support their workers for two or three months, people must reduce their wages and consume less, so that their employers support them. Second, a reprogramming of all debts will be necessary, so that the debtors retain additional liquidity. For this purpose, the Central Bank of Peru has made a very important fund available. Third, we will have to think of an extraordinary tax on profits and high income, to recover the fiscal box. That is, today more than ever a MACRO-ECONOMIC SOLIDARITY is required, to get ahead.

The next step is as or more important than saving economy during quarantine. What to do after such an economic downturn?

The first thing is to learn to consume less and invest more, as the Nobel Prize winner Jean Tirole points out, we have to change some habits, not only to get out of the crisis, but to remember that global warming has hyper-consumerism as a main cause. It has been observed that during economic inactivity the CO2 emission rates have decreased, showing unequivocally the relationship between consumer capitalism and global warming.

The second is to review and control the perverse effects of globalization, such as the increase in inequalities between and within countries and poverty. Third, this pandemic has shown us that a global health system is required to prepare us for future pandemics. Cooperation between states and the integration of their health systems should be on the world agenda. Fourth, seriously rethink reducing informality. This crisis is showing that countries with lower levels of informality can better respond to the needs of the poor and informal population. Finally, we are obliged to think about moral values ​​and about our organization as a society.

April 2020

12/04/20: ¿Cómo se distrinuye los costos de la pandemia del coronavirus?

¿CÓMO SE DISTRIBUYE LOS COSTOS DE LA PANDEMIA COVI19?

Efraín Gonzales de Olarte 

La inédita pandemia del coronavirus nos está planteando una serie de desafíos económicos, sociales y políticos. Existe un dilema ético entre salvar vidas y reanudar la actividad económica, otros dicen: entre morir de hambre o morir de coronavirus. Según las estadísticas que se tiene a mano entre el 2% y 5% de contagiados fallecen, más de la mitad son personas mayores de 60 años con dolencias previas, por otro lado, ya van más de cien mil muertos en todo el mundo y la cifra se podría doblar fácilmente, pese al aislamiento social que se está practicando en todo el mundo.

El problema de la reanudación de las actividades económicas, sin que se tenga la seguridad de que no habrá un rebrote, es que podría convertirse en una pandemia realmente letal y se hablaría de millones de muertos. El problema parece relativamente claro, es necesario hacer todo lo posible para mantener el aislamiento social hasta que la curva de contagios se aplane o hasta que se esté seguro que el número de contagiados está bajando consistentemente, lo que puede durar de tres a cuatro meses. Sin embargo, el hacerlo ha de tener un costo muy importante: una fuerte recesión económica en todos los países por paralización de una gran parte de actividades, lo que ya se está traduciendo en desempleo, reducción de salarios, mayor pobreza, además de otros costos sicológicos y sociales difíciles de evaluar.

El mayor problema de esta crisis es cómo se reparte sus costos, es decir, cómo se hace para que los costos sean equitativos, o sea  los que más tienen deberían contribuir proporcionalmente a sus ingresos y los más pobres que tengan la posibilidad de recibir ingresos de subsistencia a manera de subsidio cruzado, mientras dure la crisis. Pero como se hace para lograr este objetivo. En primer lugar, las empresas deberán reducir sus ganancias y apoyar a sus trabajadores durante estos dos o tres meses, las personas deberán reducir sus sueldos y consumir menos, para que sus empleadores los mantengan. En segundo lugar, será necesario una reprogramación de todas las deudas, de tal manera que los deudores retengan liquidez adicional, para respaldar esta propuesta el Banco Central ha puesto a disposición un fondo muy importante para que se utilice con este propósito. En tercer lugar, habrá que pensar en un impuesto extraordinario a las ganancias y a los ingresos altos, esto para recuperar la caja fiscal. Es decir, hoy más que nunca se requiere una SOLIDARIDAD MACRO-ECONOMICA, para salir de la crisis.

Pero el siguiente paso es tan o más importante que la economía de salvación del período de inactividad económica. ¿Qué se hace después de semejante bache económico? Lo primero es aprender a consumir menos y a invertir más, como lo señala el premio nobel Jean Tirole, es decir, tenemos que cambiar algunos hábitos, no sólo para salir de la crisis, sino para volver a recordar que el problema del calentamiento global tiene como una de sus causas principales el hiper-consumismo,  pues se ha observado que durante la inactividad económica se han reducido los índices de emisión de CO2 mostrando de manera inequívoca la relación entre el capitalismo consumista y el calentamiento global. En segundo lugar, cabe revisar y controlar los efectos perversos de la globalización, tales como el incremento de las desigualdades entre países y dentro de ellos. En tercer lugar, esta pandemia nos ha demostrado que se requiere de un sistema de salud mundial, capaz de prepararnos en el futuro para otras pandemias o problemas generados por la globalización. La cooperación entre estados y hasta la integración de los sistemas de salud debería estar en la agenda mundial. En cuarto lugar, repensar seriamente en la reducción de las desigualdades y la pobreza, y al mismo tiempo la reducción de la informalidad. Esta crisis está demostrando que los países con menores niveles de informalidad pueden responder mejor a las necesidades de la población pobre. Finalmente, esta crisis nos está obligando a pensar en los valores morales y en la forma como estamos organizados en nuestras sociedades.

Cuarentena 2.04.2020

 

03/04/20: How much is the person’s life worth. Viruses and Ideology.

VIRUSES AND IDEOLOGY: How much is the person’s life worth?

Efraín Gonzales de Olarte

The coronavirus has ideology-like characteristics: it is invisible, when people become contaminated it is difficult to get rid of, it is easily transmitted, and when it becomes widespread it becomes a pandemic or ideal thought. The difference is that people themselves die from the biological virus, in the other case ideologies can kill it, as it has been long demonstrated in history, German Nazism, Soviet or Chinese communism, killed millions of people in the name of totalitarian ideologies and by action of their leaders.

But now the coronavirus is also killing for two reasons: because countries are poorly prepared for an eventuality of this magnitude, or because some rulers, protected by certain neo-liberal or left-wing ideologies, have underestimated the power of this virus and are privileging their economic interests, and / or politicians.

The coronavirus pandemic and the normal and simultaneous functioning of the economy is a lethal equation, with quite predictable results: the virus will win, that is, it will kill more people than it should. This raises the central issue of the current pandemic: how much is people’s life worth? There are two positions on this.

On the one hand, there are those who, like the President of the United States, the British Prime Minister and the President of Brazil – for whom the coronavirus is a little “flu” – assume that if tens of thousands of people have to die, provided they do not stop the economy it does not matter, it is the social cost of any pandemic or crisis.

On the other hand, there are those who think that life has no monetary value or price and that everything possible must be done to save as many lives as possible.

At the bottom of this controversy are ethical and moral principles, which are embodied in fundamental human rights such as the right to life, which every person by the simple fact of being alive has. This right protects her from any attempt on her life by anyone, including governments. Therefore, when a government makes the decision that people continue to work despite the high risk that they will become infected with the coronavirus, they are violating the right to life and against the dignity of the persons.

Therefore, the coronavirus is testing the principles that defend life and is drawing a line between those that the world cannot stop because the economy cannot stop and those who think that it can stop because there are thousands or millions of people whose lives, whose life projects, whose dreams would not be realized and, in my opinion, there is no rational and practical justification to justify them. This is the time for solidarity, cooperation, and detachment so that, once the economy is stopped, those who least have access to temporary and solidary income and we should all collaborate to that end.

Consequently, it is essential to do everything possible so that the smallest number of people become infected and the fewest die, even if they are old, because the right to life is also the right to a full life.

Lima, April 2020

31/03/20: Virus e ideología: ¿cuánto vale la vida?

VIRUS E IDEOLOGIA: ¿Cuánto vale la vida de una persona? 

Efraín Gonzales de Olarte

El coronavirus tiene características parecidas a la ideología: es invisible, cuando las personas se contaminan es difícil deshacerse, se transmite  facilmente y cuando se generaliza se convierte en una pandemia o en un pensamiento ideal. La diferencia es que la propia gente muere a causa del virus biológico, en el otro caso las ideologías pueden matarlo, como ha sido largamente demostrado en la historia, el nazismo alemán, el comunismos soviético o chino, mataron millones de personas en nombre de ideologías totalitarias y por acción de sus líderes.

Pero ahora el coronavirus también está matando por dos razones: porque los países están mal preparados para una eventualidad de esta envergadura, o porque algunos gobernantes, amparados en ciertas ideologías neoliberales o izquierdosas, han subestimado la potencia de este virus y están privilegiando sus intereses económicos y/o políticos.

La pandemia del coronavirus y el funcionamiento normal y simultáneo de la economía es una ecuación letal, con resultados bastante predecibles: el virus va a ganar, es decir va a matar más gente de la que debería. Esto nos plantea el tema central de la actual pandemia ¿cuánto vale la vida de las personas? Hay dos posiciones al respecto.

Por un lado, hay quienes como el presidente de Estados Unidos, el primer ministro británico y el presidente de Brasil -para quien el coronavirus es una “gripecita”- asumen que si tienen que morir algunas decenas de miles de personas con tal que no se pare la economía no importa, es el costo social de cualquier pandemia o crisis.

Por otro lado, hay quienes pensamos que la vida no tiene valor monetario ni precio y que hay que hacer todo lo posible para salvar al mayor número de vidas.

En el fondo de esta controversia están los principios éticos y la moral, que se plasman en los derechos humanos fundamentales como el derecho a la vida, que toda persona por el simple hecho de estar viva tiene. Este derecho la protege de cualquier atentado contra su vida por parte de cualquiera, incluyendo a los gobiernos. Por ello, cuando un gobierno toma la decisión de que las personas sigan trabajando pese a que hay el alto riesgo de que se contagien con el coronavirus, están atentando contra el derecho a la vida y contra la dignidad de las personas.

Por ello, el coronavirus está poniendo a prueba los principios que defienden la vida y está trazando una línea entre aquellos que el mundo no puede parar porque la economía no puede parar y aquellos que pensamos que si puede parar porque hay miles o millones de personas cuyas vidas, cuyos proyectos de vida, cuyos sueños no se realizarían y, en mi opinión, no hay justificación racional y práctica que los justifique. Este es el momento de la solidaridad, de la cooperación, del desprendimiento para que, parada la economía, los que menos tienen puedan acceder a un ingreso temporal y solidario y todos deberíamos colaborar a ese fin.

En consecuencia, es imprescindible hacer todo lo posible para que se infecte el menor número de personas y mueran los menos así sean viejitos, pues el derecho a la vida es también  el derecho a una vida completa.

11/03/20: La metastasis de la corrupción ¿qué hacer?

LA METASTASIS DE LA CORRUPCIÓN EN EL PERÚ: Estado débil, desigualdad social y moral

Efraín Gonzales de Olarte

La corrupción en el Perú se ha extendido y ramificado de tal manera que se asemeja a la metástasis de los cánceres malignos. El problema es que los países no se mueren de cáncer, pero si pueden convertirse en sociedades en las cuales las reglas éticas y morales pueden cambiar y lo que antes era una falta a la ética y una excepción, hoy el “coimear” o corromper es una práctica corriente y generalizada. Estamos frente a otros códigos éticos a los cuales nos estamos acostumbrado sin prisa y sin pausa y el resultado será un país que todo funciona con “aceite”. Toda acción con el estado tendrá su precio y se establecerá un mercado paralelo para todo trámite con el estado, que probablemente funcionará mejor que nuestro débil aparato estatal.

No es éste el lugar para hurgar sobre los orígenes de la corrupción, pero intuimos que está implícitamente ligada a la construcción del estado peruano desde la colonia hasta hoy y a las desigualdades económicas y sociales que no permiten erradicar la pobreza y que generan condiciones objetivas para el cálculo de cuánto se gana en algo material y cuánto se pierde en moral y dignidad. Para un pobre extremo o para un político o funcionario avezado la dignidad no vale nada.

El estado en lugar de ser un igualador de oportunidades, se ha convertido en un desigualador pues la corrupción tiene sus tarifas en función del grado de riqueza del corruptor. Observamos en el Perú, que el club de la construcción, Oderbrecht, etc. han favorecido a los sectores económicos más poderosos y a los funcionarios estatales de los más altos niveles del poder. Con seguridad también hay corrupción en niveles inferiores, pero las coimas y los “porcentajes” son bajos en términos absolutos, pero altos en términos relativos. Un alcalde distrital que gana 3,500 soles al mes y debe ejecutar una obra, obviamente va a estar tentado de “acumular” a partir de las licitaciones, pues tiene la única oportunidad durante cuatro años de hacerse de un patrimonio, que no se lo podría hacer en toda la vida si actúa con ética y dignidad.

Las soluciones clínicas frente a este cáncer serían la quimioterapia, la radiación o la quirúrgica.La quimioterapia equivaldría a generar una serie de desincentivos muy disuasivos, de tal manera que el tentado de “romper la mano” o el que se deja romper tenga que pensarlo dos veces. Obviamente, estos desincentivos no deberían pasar por el pesado y no siempre justo poder judicial, debería estar en el control de los funcionarios, los unos a los otros, a los políticos los unos a los otros, y las organizaciones sociales que estén en permanente vigilia y que se pueda comunicar de inmediato cualquier acto “torcido”. Para ello, se requiere de liderazgos y referentes morales, que podrían estar algunas instituciones de prestigio o en personas de intachable moralidad. La acción colectiva podría ser el gran antídoto contra la corrupción.

La radiación que apuntaría a los “peces gordos”, con tribunales especiales, distintos a los existentes, una suerte de tribunales sin rostro, que trabajarían con presteza. La dificultad de esta opción es que la radiación puede afectar también a inocentes, por confusión o por delación.

El método quirúrgico es el que se está aplicando actualmente, se identifica al corrupto, se hace una buena investigación, se lo condena dentro de un debido proceso. El problema de este método es que hay demasiada gente dentro y fuera de la sala de operaciones, que tratan de distorsionar la información, de atrasar la investigación y de distraer la intención, es decir, el club de los hermanitos, los jueces y vocales cuya moral se condice con el ordenamiento jurídico.

Estas metáforas nos permiten buscar salidas. Las primeras requieren de una decidida acción colectiva, de una toma de conciencia y de un rearme moral que permita volver a pensar en lo “malo” que es aprovecharse privadamente de lo que es público o colectivo. La segunda requiere de una reforma, aunque sea parcial, del poder judicial, para establecer una judicatura especial para los temas de corrupción. La tercera, debe ser apoyada con toda firmeza hasta que los fiscales y el poder judicial lleven a juicio a todos los sospechosos y los condenen.

Si no hacemos nada como sociedad, como instituciones y como personas el futuro del Perú es ófrico y siempre habrá la tentación de un gobierno dictatorial de derecha o de izquierda que tome las banderas de la anticorrupción como su plataforma política, para llegar al poder. Una vez allí, la historia se repetirá. Sino veamos el caso de Venezuela o Nicaragua.

Lima, 11 marzo 2020

28/01/20: El laboratorio peruano y la atomización política. Elecciones 2020

EL LABORATORIO PERUANO Y LA ATOMIZACIÓN POLÍTICA:

Efraín Gonzales de Olarte

La atomización de la política en el Perú, mostrada en las elecciones congresales recientes, con 21 organizaciones políticas compitiendo por 130 curules en el congreso, es un hecho digno de la mayor atención y preocupación, por sus repercusiones sobre la gobernabilidad y sobre el desarrollo del Perú.

Este proceso electoral puede ser visto como un experimento social, casi de laboratorio, que consiste en cómo elegir 130 congresistas –por un año y medio- que representen los deseos, las expectativas, las frustraciones y las esperanzas de más de 20 millones de electores. Es necesario, sin embargo, tomar en cuenta que el contexto en el cual se dieron las elecciones tenían cuatro grandes componentes que ciertamente han condicionado la votación. En primer lugar, venimos de una crisis política de representación,  que concluyó en la disolución del congreso de la república, luego vivimos un período inédito de lucha contra la corrupción con fiscales que tienen investigados a los ex presidentes de la república y algunos políticos notables, en tercer lugar, la economía ha comenzado a estancarse en parte por factores externos – guerra comercial USA versus China- y por factores internos la incapacidad relativa del gobierno de ejecutar sus presupuestos de inversión, y finalmente vivimos en una atmósfera de inseguridad ciudadana y de violencia de género y delictiva inédita en el Perú. Con estos grandes problemas en mente, se inscribieron 21 organizaciones electorales de las cuales máximo tres podrían ser acreditadas como “partidos políticos”, el resto fueron organizaciones con fines electorales, sin doctrina, sin organización, sin todos aquellos atributos que se requiere para aspirar a alterar en política seria.

Normalmente, los países serios tienen sistemas bipartidistas, en algunos tienen hasta cuatro partidos o movimientos políticos que aspiran a gobernar, lo que permite proponer grandes orientaciones de política y de gobernanza. Pero tener 21 organizaciones significa que el sistema político se ha fragmentado al extremo y que las preferencias electorales ya no pasan por las grandes opciones de políticas – conservadora, liberal, social demócrata o socialista- sino por las pequeñas necesidades de la población, que en el caso peruano son muchas.

Estas elecciones experimentales nos han mostrado que la inseguridad es un gran problema, por ello la gente ha votado por la organización y por el líder que les ofrece seguridad, por aquellos que representan al peruano olvidado y discriminado que además tiene una ideología religiosa con una ética bíblica, pero también han votado por aquellos que están descontentos con las estructuras económica y políticas, que en el extremo proponen gobiernos de “mano dura”, es decir, un grupo importante de peruanos no creen en este estado y quieren uno más autoritario y recio. Pero también han votado por algunas organizaciones con cierta experiencia y con propuestas globales para gobernar el Perú. Además, estas elecciones han castigado a los políticos y sus organizaciones que hicieron del congreso una máquina favorable a la corrupción, a la política de baja ley. Esta elección ha sido, pues, un proceso de catarsis social.

En el fondo, todas las propuestas convergen en que se requiere de más estado, pero sobre todo de un estado fuerte.

Estas elecciones nos dicen, que el Perú está fragmentado al extremo y dado que nadie ha logrado una mayoría más allá del 10%, se presenta la interrogante: ¿será posible que 10 organizaciones políticas se puedan poner de acuerdo sobre una agenda común? No lo sabemos, es una situación inédita e interesante, casi de laboratorio social.

Presumo que una agenda común sería la lista de promesas de cada grupo: lucha contra la inseguridad, políticas de inclusión para los menos favorecidos sobre todo en el ámbito rural, continuidad de la lucha contra la corrupción, más y mejores políticas sociales –educación y salud- y mayor eficiencia y eficacia del estado. Es una incógnita si la necesaria reforma del sistema político y sus partidos, y los mecanismos de elección futura se podrán aprobar rápidamente con este congreso.

El gobierno del presidente Vizcarra tendrá que sintonizar con esta agenda. Sin embargo, este congreso no sólo será de un año y más, sino que además este año comienza la campaña presidencial para las elecciones generales del 2021 y hay varios nuevos congresistas que se sienten presidenciables. Esto me hace pensar que seguiremos más o menos igual, pues se cruzan demasiados escenarios y el tiempo de este congreso y del gobierno es ya corto.

Finalmente, en una situación de atomización de las representaciones políticas y con bastante improvisación, lo que va a contar es quienes son los representantes con nombre propio, de alguna manera los más votados contarán para los posibles acuerdos, más que sus plataformas. Cuando se presentan crisis en las que las instituciones dejan de funcionar, éstas son reemplazadas por lo notables, que en este caso son los más votados.

Volveré sobre el tema en un mes, cuando sepamos la composición del congreso, el gobierno haya tomado nota de los resultados y el Perú haya digerido estos resultados de laboratorio. No puedo dejar de reconocer que pese a todo el Perú está procesando sus crisis manteniendo su sistema democrático, casi un milagro.

28.01.2020