25/04/18: Pobreza nacional y pobreza regional

LA POBREZA NACIONAL Y LA POBREZA REGIONAL
Efraín Gonzales de Olarte

Al parecer, la reducción de la pobreza en el Perú está relacionada con el crecimiento económico, siempre que sea por lo menos 4% al año. Si baja de esa cifra la pobreza vuelve, como parece que ha sucedido el 2017. El problema es que no sabemos a ciencia cierta a qué se debe el crecimiento, hay varias interpretaciones. Por un lado, hay varios macroeconomistas que sostienen que el crecimiento depende del sector exportador, sobre todo minero, el cual a su vez depende de los precios internacionales. Si esto fuera así el 2018 es probable que se reduzca la pobreza. Por otro lado, hay quienes incluyen, entre los factores del crecimiento, la forma como se maneja la política económica, sobre todo la política del gasto público, que bien utilizado puede activar la economía. Esto quiere decir que probablemente el año 2018 no retroceda la pobreza, en la medida que hay que reducir el déficit fiscal que alcanza un preocupante 3% del PBI. Luego, hay un sector, de ideas básicas, que sostiene que la inversión es el principal factor de crecimiento, lo que haría que el 2018 tampoco se reduzca la pobreza.
Creo que todas estas hipótesis son válidas y hay que hacerlas funcionar en conjunto. Si lo hacemos, probablemente encontremos algunas contradicciones entre una y otro entrada. Por ejemplo, si se requiere más gasto y más inversión, obviamente choca contra cómo reducir el déficit fiscal. Este es uno de los temas críticos que deberá resolver el nuevo ministro. Está claro que si las exportaciones aumentan, tendrán un impacto positivo en la recaudación fiscal y, como corolario, en el gasto público y probablemente en los programas sociales y en la inversión pública. Esto quiere decir, que la reducción de la pobreza dependerá de los precios de los minerales, lo que hace del Perú un país muy vulnerable a la coyuntura internacional y la pobreza un fenómeno cíclico.
Sin embargo, hay algunos temas que no son tomados en cuenta. El primero, es cómo explicar que la región más pobre, según el índice último, tenga la mina más rentable de oro y que genera buena parte de las divisas y de los impuestos a la renta. El segundo, la región que más se ha empobrecido es el Cusco que tiene un flujo turístico que no ha disminuido, al contrario ha aumentado. ¿cómo explicar estas paradojas?
La respuesta está en la débil integración entre sectores y provincias de las regiones del Perú, es decir, lo que suceda en los sectores dinámicos –minería o turismo- no incide en los pobres del campo (que son la mayoría de los pobres). En un estudio nuestro encontramos que no hay relaciones de causalidad entre la dinámica urbana (ciudades grandes) y el entorno rural de las principales regiones del Perú, es decir, si las ciudades crecen no repercute sobre sus entornos. Una explicación de esta situación es que debido a las exportaciones mineras y de gas, el sol peruano se ha convertido en una moneda fuerte, es decir tenemos un dólar barato, lo que hace que sea más fácil importar que producir varios productos de consumo básico y, como consecuencia, los productores de las regiones no puedan competir y en consecuencia, no puedan generar mayor producción, mayor empleo, mayores ingresos y, en consecuencia, reducir la pobreza. Una segunda explicación, es que no ha habido políticas sectoriales para conectar las actividades agrícolas y hacerlas más rentables.
Por estas razones, está claro que en la base de los determinantes de la pobreza están las estructuras productivas de cada región, con productividades muy heterogéneas y muy bajas en los sectores intensivos en mano de obra.
Creo que las políticas para reducir la pobreza pasan por políticas que promuevan la inversión y nuevas tecnologías en las regiones, sobre todo en aquellas que tienen más pobres. Desde nuestro punto de vista estas políticas deben estar orientadas a integrar las ciudades con sus entornos rurales. Si esto se logra la pobreza se reducirá progresivamente y de manera permanente y no estaremos esperando a que suban los precios del oro o el cobre para que esto suceda.
Ojalá, que la nueva administración –con gran presencia de ex gobernantes regionales- sea consciente de esta posibilidad.
Abril 2018

05/02/18: Agricultores, campesinos y la papa. 2018

AGRICULTORES Y PAPAS
Efraín Gonzales de Olarte

Un buen año agrícola es un mal año para los agricultores productores de papa. Parece paradójico, pero no lo es. Veamos porqué. La producción de papa y otros tubérculos tiene algunas características cuyo tratamiento no es tan simple como se cree. Un mal diagnóstico del problema puede llevar a medidas desesperadas como la de comprar los excedentes.
La primera característica es que hay una enorme variedad de papas, se estima que diariamente en los mercados del Perú habría más de cien variedades en venta. La segunda es que la papa se produce desde el nivel del mar hasta casi 4mil m.s.n.m., de ahí las variedades que se adaptan a diversas altitudes y variados eco-climas. La tercera. es el producto por excelencia de los campesinos, sobre todo de los pobres, porque es una fuente alimenticia importante y en general producen para su autoconsumo. La papa es la base de la economía y de la vida de los campesinos. La cuarta es que la papa no se puede almacenar de un año para el otro, como es el caso del maíz, las habas o el arroz, la única manera de hacerlo sería deshidratándola y produciendo chuño o moraya. La quinta es que las unidades productivas –comunidades, familias comuneras, pequeños y medianos agricultores y grandes empresas- rebasan el millón, esto quiere decir que hay productores de papa en cada valle costeño, interandino y en las tierras de ladera. La sexta es que la papa tiene un valor relativamente bajo por kilo y su mercado espacial está limitado por el costo de transporte, es decir, un productor de papa blanca de Huánuco o Junín no puede vender su papa en Tacna o Tumbes, porque las distancias son grandes y los costos de transporte harán que el precio de la papa al llegar a destino sea mucho mayor que la papa producida en los valles de Tacna o el norte. En consecuencia, los mercados de la papa son regionales y, en muchos casos, micro-regionales cuando las carreteras son malas y las productividades bajas.
La agricultura depende en gran parte del clima y de la disponibilidad de agua. Un buen año tiene ambos atributos y el resultado es que la producción es mayor a la esperada, en consecuencia, en el mercado hay una mayor oferta. Sin, embargo por el lado de la demanda de papa hay dos tipos: la demanda para consumo directo, que es la mayor parte de ella, y la demanda para la transformación industrial, que es la menor. Los peruanos tenemos establecido un consumo anual de papa para la alimentación que es más o menos fija, nadie va a comer más papa fresca si los precios bajan, es decir la demanda por papa es “inelástica”. En el mercado nos encontramos frente a una mayor oferta frente a una demanda rígida, la consecuencia no sólo es una disminución del precio sino que, además, se genera un excedente que no se puede vender en el mercado local, pero tampoco se puede vender o exportar en otros mercados, porque en cada región ocurre lo mismo y los costos de transporte limitan el ámbito del mercado, es decir, el kilogramo de papa blanca hoy está a 40 centavos de sol, mientras que una buena papa amarilla o huayro de exportación podría valer 3 a 4 soles, en cualquiera de los casos el costo del transporte por kilo y por cada 100 kilómetros está a casi un sol, obviamente la proporción del costo de transporte es de 250% en el primer caso y de 25% en el segundo caso. Saque sus conclusiones.
El problema adicional para los agricultores modernos y los campesinos tradicionales en un buen año la reducción del precio puede ser tan crítica que no llegan a cubrir los costos de producción, en consecuencia tendrán pérdidas. Un buen año agrícola es un mal año comercial.
Situación como esta no se da todos los años, pero cuando ocurre obviamente los productores de papa están en problemas financieros.
Frente a una situación así surgen varios comentarios. Primero, el número y la heterogeneidad de los productores de papa es tan grande, tanto como la desigualdad de su producción, que los precios se fijan en función de la demanda en cada mercado local, en las ciudades, es decir que los precios son distintos en cada región o microrregión, por lo que las políticas deberían ser sectoriales y, sobre todo, regionales. Se trata pues de mercados acotados por la geografía.
Segundo, el principal problema de la papa es que no se ha logrado industrializarla o darle mayor valor agregado, por ejemplo en las ofertas gastronómicas. La demanda de la papa como insumo tiene una elasticidad demanda mucho más alta, es decir que una sobre producción puede bajar el precio pero no tanto como cuando sólo se usa para el consumo directo. Si por ejemplo, la papa se utilizara para producir etanol y este sirviera como combustible automotor, los precios de la papa serían mayores, muy estables y no habría sobre excedentes. Además, si la economía crece, la demanda por papa crecerá también. Esta sería la solución para erradicar la pobreza de los campesinos. Mientras la papa tenga una baja demanda industrial, el problema de sobreproducción y precios bajos será una constante.
Tercero, una de las principales ausencias en la política agraria es que no hay un sistema de seguros que permita a los agricultores recuperar su inversión en caso de revés comercial. Por alguna, razón la orientación neoliberal de la política económica está en contra de las políticas sectoriales, que en el caso de la agricultura es una necesidad imperativa y que existe en todos los países, salvo en el Perú.
Cuarto, en casi todos los países desarrollados los agricultores son subsidiados por el estado por razones de seguridad alimentaria. La producción que alimenta a una nación debe estar asegurada y el estado, es decir toda la sociedad, asume los riesgos que conlleva la agricultura, tan dependiente de fenómenos naturales no controlables por nadie. Es conocido los cientos de millones de dólares que gastan los Estados Unidos para subsidiar el trigo y la leche o el Japón para subsidiar el arroz. En el Perú la palabra subsidio está vedada por razones ideológicas de los que creen que la economía de mercado se parece a los libros de texto.
Es obvio que hay dos planos en los que hay actuar. En el corto plazo, la compra de los excedentes de papa por el Estado peruano debería estar dirigida a los campesinos más pobres y no tanto a los agricultores comerciales que aprovechan de la ocasión para asediar a un estado débil como el peruano. Hay varios comentaristas que dicen que la compra de estos excedentes se hará con la plata de todos los peruanos (nuestros impuestos) lo que se olvidan es que todos los peruanos estamos comprando papa más barata, es decir hay una compensación. En el mediano y largo plazo, lo que cabe es tener un política agrícola-regionalizada, que incluya el planeamiento de cultivos, el manejo del agua, el acceso al crédito y a seguros de producción, pero sobre todo se requiere de una política que está más allá, en la industria, los servicios y la exportación de papas exóticas y ecológicas cuya calidad puede ser pagada por consumidores externos fácilmente.
Finalmente, es importante la investigación para encontrar nuevos usos a la papa: alcoholes, chips, harina, deshidratación y otras aplicaciones que sólo la investigación puede ofrecer.
La papa fue domesticada por los antiguos peruanos y nosotros lo modernos peruanos no hemos hecho mucho para mejorar su uso.
Lima, febrero 2018

21/12/17: Pensamiento económico de izquierda en el Perú

EL PENSAMIENTO ECONÓMICO DE LA IZQUIERDA PERUANA

Efraín Gonzales de Olarte

La izquierda peruana ha dejado de tener un pensamiento económico capaz de ser utilizado para convencer al electorado y menos para gobernar.

El problema esencial del pensamiento económico de izquierda es cómo tener una economía política socialista para administrar un país capitalista como el Perú. O, alternativamente, cómo proponer una economía socialista capaz de convencer el abandonar el neoliberalismo.

Lo cierto es que después de la caída de los países socialistas o comunistas, que acarreó el abandono del marxismo-leninismo como teoría interpretativa y el abandono del estructuralismo y dependentismo de América Latina, las fuentes teóricas de la izquierda se han agotado y no han podido ser renovadas.

Por otro lado, la fuerza y simplicidad del neoliberalismo, aunada a los resultados de crecimiento económico con escasa redistribución de las dos últimas décadas han puesto una barrera difícil de vencer a cualquier propuesta redistribucionista, ya sea redistribución del patrimonio y de los stocks o ya sea de los ingresos o flujos. Las posibilidades de reformas de la propiedad que fortalezcan la propiedad colectiva y/o estatal están supeditadas a resultados políticos altamente favorables, por ejemplo que un eventual gobierno de izquierda obtenga una votación mayoritaria acompañada de una mayoría en el congreso. Es decir, cualquier propuesta socialista pasa por una legitimidad y mayoría política, pero para tal fin la propuesta de gobierno debería ser tan convincente como para que la mayoría del electorado abandone su adhesión, implícita o explícita, al modelo neoliberal o que los resultados económicos sean realmente catastróficos, lo que no parece ser el caso peruano en los próximos años.

El nacionalismo económico como propuesta de izquierda es una de las ideas que no tiene la fuerza suficiente en un mundo globalizado, con muchos tratados de libre comercio. En el Perú actual, esta idea tiene un enorme desafío, pues para promover la demanda interna por bienes y servicios producidos en el territorio nacional se requiere de costos y precios muy bajos, capaces de competir con las importaciones cuyos precios relativos son bajos debido al atraso cambiario. Por consiguiente, el nacionalismo económico sólo podría ser creíble si el Perú tuviera altas productividades, lo que no es la realidad actual. Además, esto rige también para cualquier otro tipo de nacionalismo, de centro, derecha o izquierda.

Los chinos, comunistas declarados, sostienen que son un país comunista con dos sistemas: el capitalista que se subordina al comunista, es decir la economía planificada regula y orienta a la economía de mercado. Esta curiosa situación es posible ya que China tiene un régimen político autoritario capaz de planificar en el largo plazo, aprovechando las posibilidades de negocio de empresas capitalistas, bajo reglas impuestas por el estado comunista. Pero lo que se aprecia es que la principal característica económica de China es tener alta productividades en buena parte de los sectores modernos y exportadores, que se combinan con bajos costos de la mano de obra. Todo esto es posible bajo un régimen político vertical que es capaz de generar reglas económicas rígidas, las que engendran una alta credibilidad en los inversionistas, en las empresas y en los países con los que comercia China.

Si la idea de las varias izquierdas es llegar al gobierno dentro de las reglas democráticas, no queda otro camino que redefinir el significado de izquierda en estos tiempos. Me parece que la única posibilidad de tener una propuesta cercana al ideal socialista: “dar a cada uno de acuerdo a sus necesidades y pedir de cada uno de acuerdo a sus capacidades”, pasa por alguna variante social-demócrata. Esto se emparenta con el pensamiento neo-keynesiano o neo-estructuralista, cuya esencia es modular los ciclos económicos para que el desempleo y el sub empleo sean bajos y, al mismo tiempo, establecer políticas redistributivas.

La clave de las políticas redistributivas de corte izquierdista pasa por: ¿cómo redistribuir el capital y el patrimonio sin quitarle a nadie? Pero: ¿qué entendemos por capital y patrimonio hoy? Es obvio que en el siglo XXI el llamado capital humano y el capital intangible son las formas más importantes del capital, a diferencia de los siglos XIX y XX, en los cuales el capital físico (maquinarias, fabricas, etc) fue su principal forma. Por otro lado, el único patrimonio redistribuible son tierras, minas, petróleo, bosques de propiedad del estado. En consecuencia, la izquierda para ser viable debería enfocar su idea económica en algún modelo en el cual el capital humano y los capitales intangibles (creatividad, cocina, arte, patrimonio histórico, cultura, etc.) sean el eje de la economía. Sobre esta base se podría definir las políticas económicas, tanto macroeconómicas como sectoriales. La potenciación de políticas sectoriales con asociaciones público-privadas basadas en resultados medibles es una de las posibilidades de diferenciarse del pensamiento de derecha que detesta las políticas sectoriales. Además, las políticas sectoriales permiten organizar la política a través de los intereses económicos sectoriales. Podría constituir un eje político importante para una izquierda creativa, la que parece no existir en el Perú.

Finalmente, viendo el comportamiento de las varias izquierdas existentes en el Perú es poco probable que tengan la capacidad de articular una doctrina económica creíble y aceptable, una imagen política basada en principios éticos acordes con la solidaridad y la inclusión y un liderazgo convicente.

Lima, diciembre 2017

 

 

 

06/12/17: DESARROLLO HUMANO Y EL PAPA FRANCISCO

DESARROLLO HUMANO EN EL PERÚ
A PROPÓSITO DE LA VISITA DEL PAPA FRANCISCO

Efraín Gonzales de Olarte

El enfoque convencional de la economía parte de la idea que un país mejora si su producto bruto o sus ingresos mejoran, es decir, la medida del progreso y del desarrollo económico es el crecimiento del PBI, es decir, el fin último pareciera ser que la producción material e inmaterial crezca. El enfoque del desarrollo humano pone las cosas de otra manera, lo importante de una economía es cuánta oportunidad crea para que sus habitantes estén mejor, o simplemente, que puedan elegir entre una u otra opción de trabajo. Es decir, el indicador económico en este enfoque es cuántas personas logran tener un empleo decente (formal, con salario adecuado y con buenas condiciones de trabajo), cuántos estudiantes logran aprobar sus cursos en el colegio o la universidad, cuántas personas tienen acceso a un buen servicio de salud, independientemente de su nivel de ingresos, o cuanto niños tienen una buena alimentación. Obviamente, para todo esto es importante el crecimiento del PBI, pero no cualquier crecimiento. Si el PBI crece a 3% al año y genera 3% adicional de empleo decente, o si gracias al crecimiento económico los rendimientos educativos y el nivel de estudios mejoran, estamos frente a una economía al servicio de la gente, y no al revés la gente al servicio de la economía.

Precisamente, el Papa Francisco es un promotor de una sociedad con una economía que genere mayores oportunidades para los que menos tienen, es decir promueve una economía redistributiva y solidaria. Pero además, señala que el crecimiento económico no debe depredar más los recursos naturales y no debe ahondar el problema del cambio climático. La propuesta del Papa, en este sentido es todo un desafío, pues nos obliga a conciliar tres grandes objetivos: ser eficientes en lo económico, ser equitativos en lo social y promover la sostenibilidad de la naturaleza. Es decir, promueve un triángulo que en la actualidad es imposible de lograr, pues si quieres ser más eficiente en economía debes maximizar tus ganancias, si lo haces probablemente tienes que pagar menos salarios o debes sobre utilizar los recursos naturales o quemar petróleo para generar energía barata, en consecuencia, no se puede lograr los tres objetivos al mismo tiempo, a menos que cambies de valores y cambies de racionalidad económica y del uso de recursos naturales. Este el verdadero desafío de la humanidad hoy, como morigerar las ansias de ganancias, cómo pensar más en “el otro” y como mantener “nuestra casa común”.

Por ello, la venida del Papa al Perú es un momento importante para reflexionar sobre el futuro nuestro, de todos los peruanos y de todos los suramericanos, pues nos hemos acostumbrado a promover el crecimiento económico sin reparar en sus efectos distributivos y en sus efectos sobre la naturaleza.

En los últimos veinticinco años hemos tenido, ciertamente un crecimiento importante que ha mejorado muchas cosas en el Perú, pero no ha sido un crecimiento equitativo para todos, algunos son mucho más ricos que antes y es verdad que hay menos pobres, pero si la pobreza hubiera disminuido con la misma intensidad con la que los sectores ricos vieron crecer sus ingresos, ese sería el modelo a promover. Pero, esto no ha sucedido, por ello debemos pensar en hacer serios ajustes al modelo de vida y cultura que tenemos, pero esto no pasa solamente por una decisión política, pasa sobre todo por un cambio de forma de pensar la economía, por un cambio ideológico más acorde con que nuestro planeta y sus recursos naturales son finitos. Aquí la ecuación se cierra, pues necesitamos un crecimiento con equidad humana y con sostenibilidad de nuestra casa común.

11/10/17: EL PENSAMIENTO ECONOMICO DE LA DERECHA EN EL PERÚ

Hace algunos años llevé a cabo una investigación sobre “el Consenso de Washington” que se utilizó en los años 90 del siglo pasado en América Latina para promover los ajustes estructurales de carácter neoliberal. Uno de los aspectos que estudié, a través de muchas entrevistas en Washington, fue cómo pensaban los economistas del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, del Banco Interamericano y del Departamento del Tesoro. No me sorprendí al oír que todos tenían un pensamiento económico estándar y neoclásico. Uno de los economistas del FMI, que se ocupaba del Perú, me sintetizó la idea, me dijo que el Consenso de Washington era lo que pensaban los departamentos de economía de las principales universidades norteamericanas.  Estos departamentos – Chicago, Harvard, MIT, Berkeley, Minnesota, etc.- estaban y están dominados por el pensamiento económico neoclásico que promueve la economía de mercado, la intervención restringida del estado, la propiedad privada y la libertad de decisión de cualquier agente económico.

Pero lo más interesante es que, en esas famosas escuelas de economía, han estudiado y estudian los futuros funcionarios de las entidades arriba indicadas, pero también los futuros ministros funcionarios de economía y hacienda, los futuros presidentes, directores de los bancos centrales e inclusive varios futuros presidentes de nuestros países latinoamericanos. No solamente ello, sino que también en muchos casos, estos economistas han generado relaciones de amistad, en las aulas universitarias e incluso muchos han sido roomates. Obviamente, se ha ido generando una comunidad a la que denominé “la corporación de los economistas neoclásicos” que son los que manejan las economías de nuestros países y funcionan como una corporación.

Dadas las bases filosóficas, teóricas e ideológicas de la escuela neoclásica –en todas sus especialidades- los sectores empresariales y capitalistas que, por alguna razón casi siempre son derecha y de variable conservadurismo, han adoptado este paradigma tanto en sus decisiones empresariales de carácter microeconómico y para fijar su posición frente a las políticas económicas y sociales, porque además le son favorables a sus intereses. Es obvio que estamos frente al paradigma dominante actual sobre otras escuelas de pensamiento económica que tuvieron su momento, el keynesianismo o el estructuralismo.

En este contexto, me he preguntado, como lo hace Jean Tirole en su magnífico libro “La economía del bien común”, cómo se conectan los economistas peruanos con la política y ¿cómo? resultan tomando decisiones muy importantes para la vida y el bienestar todos nosotros. Creo que tienen tres rutas. La primera es perteneciendo y militando en un partido político, en cuyo caso la doctrina y la visión económica partidaria hará que tengan diagnósticos y propuestas de políticas económicas consistentes con su ideología. La segunda es a través de la exposición de sus puntos de vista a través de sus investigaciones, libros, artículos periodísticos, y que los políticos adopten sus visiones. La tercera, que es la situación más corriente en el Perú de hoy, es participar en alguno de los movimientos políticos existentes, que no tienen doctrina definida, pero que llegan al poder y a gobernar. Muchos de ellos son en realidad tecnócratas que ofrecen sus conocimientos y experiencia económica a quien se la pida y les pague.

Como los partidos políticos peruanos han dejado de ser lo que deberían ser, la mayor parte de economistas entran a la política por la segunda y tercera vías. Dado el paradigma neoclásico dominante, la mayor parte de economistas que adscriben o han sido formados en esta perspectiva son los que “manejan la economía”. No olvidemos que el ajuste estructural neoliberal fue pro mercado, pro empresarial y anti intervencionista y ha sido apropiado por empresarios y capitalistas como el “modelo que funciona”, lo que hace que economistas neoclásicos capitalistas y empresarios compartan una misma visión económica y, hasta cierto punto, política.

Esto me permite afirmar que, hoy, el pensamiento económico de derecha en el Perú es básicamente neoclásico, a diferencia del pensamiento de derecha de fines del siglo XIX y comienzos del XX, que tenía un componente de identidad política y una visión muy distinta sobre el papel del estado.

El problema central de esta situación es que la teoría neoclásica no ha recibido casi ningún aporte teórico de los economistas neoclásicos de países como el Perú. Nuestros economistas son básicamente “consumidores” de las teorías vigentes en el norte, sin espíritu crítico, fundamental en el pensamiento científico, razón por la cual este pensamiento se ha convertido más bien en una ideología, que es defendida y promovida. Lo cual no es ningún pecado, pero si es grave si se aplica a la política económica sin tener una conexión con “la política” y con el contexto socio económico y político del Perú.

No parece existir el menor deseo de contrastar las bases teóricas de los libros de texto con nuestra realidad, salvo honrosas excepciones, para ver que de pronto varias de las teorías aceptadas como axiomas no funcionan tal y cual dicen los textos o los artículos de la American Economic Review, sino de otra manera, razón por la cual varias de las políticas económicas y sociales no dan los resultados esperados.

El pensamiento neoclásico y, en consecuencia, el pensamiento de derecha se vería enriquecido si las teorías “generales” del norte fueran adaptadas a casos particulares. No creo tampoco que haya que inventar teorías nuevas, lo que sí es esencial es desarrollarlas cambiando algunos o todos sus supuestos, algunas funciones de comportamiento, imaginando otros marcos institucionales. Pero este esfuerzo está fuera de la mente de los economistas neoclásicos criollos. Es decir, tenemos una derecha económica poco creativa y bastante dogmática. A tal punto, que basta que algún economista no neoclásico tenga un punto de vista distinto o que compita con “las verdades neoclásicas y neoliberales”, para que inmediatamente sea calificado con distintos adjetivos, ocultando así su falta de argumentos teóricos o empíricos[1], pero sobre todo impidiendo el debate.

En este sentido son casi religiosos y defensores del dogma neoliberal, lo que obviamente no permite avanzar hacia una síntesis de puntos de vista contrarios. Si hubiere más debate y más apertura intelectual e ideológica tanto las políticas económicas, como las decisiones económicas y, quizás incluso la política, podría mejorar muchísimo en el Perú.

Pero obviamente, esto revela la pobreza teórica e ideológica de la denominada derecha en el Perú.

[1] El mejor ejemplo de este pensamiento se encuentra en un sitio web denominado “Lampadia”, que es la versión criolla del Instituto CATO de Washington, Think Tank del conservadurismo americano más rancio.

13/09/17: Formalizar o informalizar esa es la cuestión

LA CASI IMPOSIBLE FORMALIZACIÓN EN EL PERÚ

Efraín Gonzales de Olarte

 

La informalidad es un problema que tiene más de diez definiciones, en consecuencia, su tratamiento puede ser tan disperso como definiciones hay. Si realmente no hay unanimidad conceptual y tampoco definición jurídica convencional puesta en algún código o ley, ¿cómo resolverlo?

Se asume que en el Perú el 70% del empleo es informal y no menos del 40%  PBI también es informal. En el primer caso se refiere a aquellos trabajadores que no tienen contrato laboral, que no tienen beneficios sociales y que probablemente reciben salarios por debajo del mínimo legal. En el segundo caso los productores no tienen un RUC, es decir no tienen un registro tributario que los incorpore como contribuyentes.

¿Por qué no se formalizan? En verdad por tres razones: porque el Estado peruano es tan débil que no los puede registrar y controlar, porque sus productividades son tan bajas que no tienen capacidad de pagar impuestos, seguros sociales, y otras cargas, sin perder, y, finalmente, porque hay una ideología de asedio al estado, sacándole la vuelta, no pagando impuestos y beneficiándose con los impuestos no pagados.

Estamos frente a un problema “duro” casi imposible resolver por un estado débil, bajas productividades y la cultura de “pepe el vivo” que atraviesa todas las capas sociales.

El actual gobierno, que había prometido avanzar con la formalización, hasta el momento ha fracasado, como lo han hecho gobiernos anteriores.

En nuestro criterio para poder formalizar es necesario avanzar en estos tres frentes, de lo contrario no es posible. Pero ante todo nos tenemos que preguntar y responder de manera convincente. ¿Qué entendemos por formalización? y ¿por qué es necesaria la formalización?

De las múltiples definiciones sobre formalización nos quedamos con aquella de que un agente económico es formal si está registrado en las instituciones del estado que le corresponden y que, en consecuencia, se rige por el marco legal económico existente. La formalización es necesaria pues asegura que las actividades económicas se realizan dentro de un marco institucional y legal que garantiza igualdad de derechos y obligaciones de los agentes económicos: empresarios, trabajadores, consumidores, estado. Es decir, la formalización es integradora del mercado con el estado y viceversa.

La meta de la formalización no sólo es legal e institucional, es sobre todo una que define ciertos niveles de productividad que garanticen los costos de la formalidad, consecuentemente exige ciertos niveles de inversión, de calificación de los trabajadores y tecnología adecuada, que en su conjunto permitan la competitividad de los productores y de los trabajadores. Es decir, la formalización presiona a mínimos productivos. Esta es la razón por la cual en el Perú la informalidad es tan alta, es decir, la mayor parte de los productores no cuentan con niveles de capital adecuados, sus trabajadores son poco calificados y sus tecnologías son o tradicionales o de baja calidad.

Por estas consideraciones la lucha contra la informalidad es, en realidad, una lucha por mejorar los niveles de desarrollo productivo, con sus tres componentes, mejoras en la productividad, fortalecimiento del estado, en sus tres niveles de gobierno y el cambio de cultura y la ideología del productor y la del trabajador.

En primer lugar, las mejoras de productividad pasan fundamentalmente por una combinación de mayor inversión – la cual a su vez depende de acceso al crédito- mayor calificación de los trabajadores, de acceso a información sobre posibilidades de negocio. Pero, para que estos tres factores sean efectivamente promotores de aumentos de la productividad se requiere discriminar a las empresas y concentrarse en la pequeña y micro empresa, pues la grande y la mediana no sólo tienen acceso a estos factores, sino que ya tienen productividades que las hacen competitivas. Para promover actividades que inicialmente son de pequeña escala se requiere políticas sectoriales-regionales, es decir, es importante escoger qué sectores se debe apoyar y en qué regiones y una política de estado pro productividad.

En segundo lugar, el fortalecimiento del estado tiene dos niveles, por un lado es necesario recuperar la “credibilidad” en el estado, mediante el funcionamiento eficaz de sus instituciones, en sus tres niveles de gobierno. Por otro lado, es necesario simplificar procedimientos y requisitos para la formalización, esto nos lleva a una reforma de segunda generación, pero que tiene un profundo trasfondo ético y moral. La simplificación se debe basar sobre la “confianza”  que a su vez descansa sobre principios éticos como: la honradez, la verdad, el respeto de los derechos de otros. Hoy lamentablemente, estos principios no sólo se han perdido, sino que hacer lo contrario es lo más común.

En tercer lugar, como derivación de lo anterior tenemos uno de los principales problemas que tiene el Perú, su cultura forjada durante el proceso de reformas estructurales combinada con una dictadura en los años 1990 y 2000. La idea liberal que combina libertad con competencia mercantil, ha sido degrada a competencia en base a corrupción, engaño y el comportamiento de Pepe el vivo. Es una cultura chicha donde todo vale, las normas sólo las usamos si nos favorecen y hay que usar del estado para medrar, para asediarlo. Es decir, el estado no es nuestro sino ajeno.

Obviamente, lograr cumplir con estos tres objetivos para la formalización es casi imposible en el Perú. Por ello, cada vez está más vigente que nunca aquella frase: en el Perú los problemas se solucionan solos o no se solucionan.

22/06/17: RECONSTRUCCIÓN DEL NORTE PARA EL DESARROLLO HUMANO

RECONSTRUCCIÓN DEL NORTE: ¿PARA RECUPERAR INFRAESTRUCTURA O PARA NORMALIZAR LA VIDA DE LA GENTE?

Efraín Gonzales de Olarte

La destrucción de las ciudades, poblados y campos del norte ha tenido un impacto enorme sobre las condiciones de vida de las personas y familias, debido a las pérdidas materiales que han sufrido. Por ello, es importante promover una reconstrucción de las condiciones de trabajo y vida de las personas, en función de ello es que hay que plantear la reconstrucción de la infraestructura pública y privada. Plantear como objetivo principal y único la reconstrucción de puentes, calles, carreteras, canales de riego es un camino equivoco basado en una visión según la cual el desarrollo es la acumulación de cosas: maquinarias, casas, edificios, etc. en lugar de plantear recomponer las familias y su vida social y económica, para lo cual se requiere lo anterior. Este es el camino correcto para que la reconstrucción sea efectiva, durable y socialmente responsable. Reconstruir infraestructura es mucho más fácil que reconstruir vidas.

Las metas de reconstrucción deberían ser definidas de la siguiente manera y con los siguientes objetivos: 1. Cómo regenerar el empleo dependiente y cómo facilitar el auto empleo perdidos. 2. Cómo recuperar las viviendas de las familias y aprovechar para ubicarlas mejor y para que tengan acceso a agua, desagüe y electricidad. 3. Cómo recuperar la infraestructura productiva (tierras, talleres, bodegas, etc.). La programación de las inversiones en la reconstrucción debería ser funcionales a estos objetivos, de tal manera que se reconstruya las economías locales y regionales previamente existentes, a través de la reconstrucción de la infraestructura básica y de la productiva.

El segundo tema es cómo incorporar a las personas y familias en la solución de sus problemas, es decir, es importante la participación civil en asociación con el estado y, eventualmente, con el sector privado para que el proceso de “normalización de la vida de la gente” y de la reconstrucción de infraestructura que contribuya a recuperar, sino mejorar, las estructuras sociales y el rol de las personas en cada lugar afectado. Es decir, es fundamental evitar el asistencialismo y el posible clientelismo que, eventualmente, se generan en este tipo de intervenciones del estado. Para ello, los procesos previos de organización de los damnificados, de un planeamiento participativo y de una priorización de las acciones es fundamental. No se puede emprender un proceso de esta naturaleza sin un plan estratégico, sobre todo teniendo en cuenta que los recursos financieros del Estado son limitados.

Es obvio que hay cierta infraestructura cuya recuperación, reparación o construcción se debe hacer de manera inmediata, para afrontar las contingencias posibles del verano del 2018. Pero aún en estas acciones, la contratación de trabajadores debería tener como prioridad a los afectados, para que puedan tener ingresos aun temporales.

En el resto de acciones se requiere de una concertación de acciones entre los afectados, el Estado (gobiernos regionales y locales y la Autoridad para la reconstrucción) y la sociedad civil (ONGs, gremios, asociación de padres de familia, asociaciones de usuarios), para que el proceso tenga “fortaleza social” desde el inicio y se consolide en el proces.

La clave de la reconstrucción socio-económica y material reside en el enfoque que se le dé. Si partimos de la idea de: ¿qué podemos hacer por ellos? estaremos generando un proceso débil, pues la reconstrucción sólo dependerá de lo que hagan terceros y el asistencialismos y clientelismo aparecerá rápidamente. Es más importante partir de la idea ¿qué pueden hacer los afectados por ellos mismos? y combinarla con la anterior. Si se logra esta combinación de enfoques la reconstrucción podrá generar desarrollo sostenible y humano en el largo plazo.

Junio 2017

02/05/17: GASTRONOMIA Y DESARROLLO HUMANO

Diálogo de saberes y sabores

PRESENTACIÓN EN LA REUNIÓN ANUAL DE LA LATIN AMERICAN STUDIES ASSOCIATION, PUCP 2017 

GASTRONOMIA, IDENTIDAD Y DESARROLLO SOSTENIBLE EN EL PERÚ

Efraín Gonzales de Olarte

Pontificia Universidad Católica del Perú

En busca del tiempo perdido para el desarrollo

La búsqueda de modelos o vías de desarrollo es una obsesión de los países menos desarrollados, particularmente de América Latina. Hace más de sesenta años, en AL no se puede participar en elecciones gubernamentales sin tener un plan de gobierno, dentro del cual el modelo desarrollo económico define la tendencia política. Es así como en AL hemos transitado por los modelos primario-exportador, de industrialización por substitución de importaciones, neoliberal del consenso de Washington. Casi todos estos modelos han provenido de organismos multilaterales, de think tanks o de partidos políticos, todos desde la reflexión académica y “desde arriba”. Gracias a estos modelos hemos experimentado con nuestros países, a veces con éxito y en general con experiencias de crecimiento inicial, auge y crisis estructural que inevitablemente han desembocado en nuevos modelos económicos, hasta la siguiente crisis.

En esta misteriosa aventura de buscar modelos que funcionen y que generen crecimiento con equidad y oportunidades para todos, la “revolución gastronómica” en el Perú resulta siendo un fenómeno inédito y sorprendentemente efectivo. Se trata de una revolución sencilla y pacífica, pues consiste en mejorar la calidad de los platos tradicionales, crear nuevos platos, pero sobre todo llegar revalorar no sólo su gastronomía sino su reconocimiento social y poderlo exportar. Existe hoy el convencimiento que esta gastronomía es nuestra y que le podemos poner la marca Perú y hacerla valer en el mundo. Esta es la revolución que iniciara Gastón Acurio y que ha logrado casi un milagro involucrar a los peruanos de todos los estratos sociales en una idea común.

El ceviche perfecto y el modelo de desarrollo humano

Quizás una manera de entender este nuevo modelo es a través de la historia del ceviche perfecto, que alguna vez propuso Gastón para explicar su idea del desarrollo a través de la gastronomía.

El ceviche perfecto no sólo debe ser apetitoso y nutritivo, esta es la parte gastronómica, tiene que beneficiar de manera equitativa  a todos aquellos que intervienen en su elaboración, esta es la parte del desarrollo. Es decir, si los pescadores y los agricultores productores de la cebolla, limón, ají, papa o el camote reciben un precio justo, el transportista y el comerciante obtienen ganancias adecuadas, el cocinero que lo prepara y el mozo que lo sirve reciben una remuneración decente, y si además la pesca o la producción de estos ingredientes no dañan el medio ambiente, estaríamos frente al cebiche perfecto. El cebiche perfecto tendría sabor a desarrollo.

Desde el punto de visa de los modelos de desarrollo, la idea central está en cómo establecer una cadena de desarrollo a partir de productos finales que siempre han estado ahí, que están compuestos por la enorme diversidad de la culinaria peruana en todas sus regiones. La propuesta se basa en algunos principios y factores económicos y políticos: primero es la necesidad de articulación entre productores de las materias primas, los servicios y los que preparan los productos finales, con el principio que todos los que participan en la cadena deben ser beneficiados de manera equitativa y social. Para ello es necesaria la mejora de las productividades sobre todo de la mano de obra, para lo cual la educación especializada es un factor ineludible. La segunda es la innovación y creatividad en todas las etapas de la cadena, quizás la más visible suele ser la parte propiamente gastronómica en manos de los “chefs”, pero también ha sido imprescindible la innovación en los métodos de producción de los insumos agrícolas, pecuarios, pesqueros y minerales y, sobre todo, la puesta en valor de la inmensa variedad botánica del Perú. Es aquí donde el Perú tiene ventajas comparativas absolutas si es que las sabe explotar. El tercer elemento y quizás el más importante es el reconocimiento del factor humano calificado y motivado y liderazgo, que encarna Gastón Acurio y una amplia comunidad de cocineros de distinto nivel que hoy existen en todo el Perú. Esta generación ha crecido de manera espontánea en función de los éxitos internacionales de la comida peruana. Cuarto elemento es la internacionalización de la cocina peruana, que ha logrado incorporar en la cultura del mundo los platos peruanos y, sobre todo, ha logrado ser reconocida como una “cocina peruana” comparable a las clásicas comidas: francesa, italiana, china, mexicana o de otras partes. Y, finalmente, el quinto elemento es el respeto por los ciclos naturales tanto animales como vegetales, es decir hay un imperativo por la sostenibilidad de los recursos naturales y del medio ambiente, que debe ser respetado para que los ciclos productivos se puedan renovar permanentemente. Esto significa que se debe respetar los límites de reproducción de la naturaleza, lo que hace imposible pensar en generar economías de escala infinitas. Obviamente, el efecto de estas limitaciones se traducen en el aumento de los precios de los insumos, hoy por ejemplo el precio de la cojinova y el lenguado (dos peces emblemáticos de la cocina costeña) han subido a niveles prohibitivos para el consumidor medio.

Estos son los principios y factores que a mi modo de ver dan bases a esta revolución. Como se observa estamos hablando de un sistema complejo que requiere de un manejo colectivo y de políticas adecuadas para convertirse en uno de los pilares del desarrollo del Perú, muy sesgado por la exportación de materias primas minerales. Además, este modelo puede ser replicado para otros sectores y temas, sobre este tema volveré más adelante.

El rol de la universidad y de la investigación

Debido a este proceso, hace algunos años comenzó la relación de la PUCP con Gastón Acurio. La Universidad que durante los últimos cincuenta años de los cien que tiene, ha sido una permanente buscadora de nuevas posibilidades para el desarrollo humano, para el desarrollo del país, bajo la idea de la innovación tecnológica, la inclusión de las personas en el progreso, la incorporación de nuevos temas y problemas en la enseñanza. Por ello, cuando comenzamos a seguir la “revolución gastronómica” nos dimos cuenta que había un terreno común en el cual podríamos unir fuerzas para fomentar este nuevo paradigma de desarrollo humano. Un terreno en el cual la universidad debe jugar su rol de formación e investigación.

En torno a esta idea es que se comenzó a desarrollar la posibilidad de convertir a la gastronomía en objeto académico, pero aplicado al desarrollo. Normalmente, tenemos una aproximación empírica a la gastronomía, basada sobre todo en la prueba y el error, sin embargo podemos ir más allá en varios aspectos y, con ellos, convertir la gastronomía en un arte y una ciencia capaz de promover un desarrollo en otros niveles. Por ejemplo, todos los ingredientes de la culinaria deberían ser estudiados desde las ciencias básicas, biológicas y ambientales, para conocer sus propiedades, sus componentes, sus capacidades nutricionales y sus posibilidades genéticas para mejorarlas, además de los temas de sostenibilidad ambiental. El proceso de producción, con sus componentes tecnológicos, las capacidades humanas, la organización y el marketing, deberían ser estudiados por las ciencias económicas, las ingeniería, la gestión y la ciencias educativas. La difusión nacional e internacional requiere de conocimientos de comercio exterior, de patentes, de políticas de exportación de bienes y servicios. Pero el ingrediente más importante en todos esto es la INNOVACION, en todos los niveles. Es aquí donde ha entrado la Universidad Católica, para darle un soporte científico, socio-económico y humanista a esta nueva “revolución gastronómica”, para promover esta gran potencialidad del Perú para el desarrollo económico pero desde una perspectiva de desarrollo humano, es decir de abrir las oportunidades de desarrollo para todos y donde las personas sean el fin y el medio del desarrollo.

Es aquí donde se funda nuestra asociación pues creemos que esta no sólo es una revolución gastronómica, si no es en buena cuenta una propuesta de desarrollo incluyente y sostenible, paradigma que necesitamos promover con urgencia. Pero para ello se requiere profesionales calificados, tanto de nivel universitario como de nivel técnico, se requiere de un sostenido proceso de investigación multidisciplinaria e interdisciplinaria, en la medida que la gastronomía para el desarrollo es una problemática multidimensional. 

Más allá de la gastronomía: en busca del desarrollo incluyente y sostenible

El desafío es extender el mismo razonamiento a otros bienes y servicios complementarios. Es aquí donde surge la idea de incorporar el proyecto la hotelería y el turismo, que son dos poderosos difusores de la gastronomía. Así nació la idea de las carreras alojadas en la Ciencias y Artes de la Hospitalidad, con tres especialidades y con mallas curriculares compartidas.

La Pontificia Universidad Católica del Perú, quiere incorporar estas nuevas carreras sobre la base de su “modelo educativo” que nos ha demostrado ser exitoso. Los pilares de nuestro modelo son: los estudios generales de dos años, donde los estudiantes reciben una formación multidisciplinaria, que a parte de conocimientos de disciplinas básicas de ciencia y humanidades, les da criterio, espíritu crítico, visión amplia de la realidad y competencias en innovación, trabajo en equipo, aprendizaje autónomo, ética y ciudadanía. En la siguiente etapa, en facultad, reciben la formación profesional que se requiere para trabajar, que incluye las competencias específicas a cada carrera. El modelo también incluye, la interdisciplinariedad o sea el diálogo entre disciplinas, la internacionalización con intercambios de profesores y alumnos, estadías en provincias y en el exterior y un enfoque hacia la investigación como segunda forma de aprendizaje autónomo. Por primera vez, estamos creando carreras que responden a temáticas para el desarrollo, antes que disciplinas establecidas, como se hace tradicionalmente. La Universidad no sólo debe promover el desarrollo sino debe ser parte de él.

Es dentro de este modelo que hemos calzado estas nuevas carreras y creemos que no sólo son muy necesarias para nuestro desarrollo nacional y de las regiones, sino que, sobre todo, constituyen un desafío de creatividad, factor que debería ser el primer ingrediente para nuestro desarrollo.

Finalmente, quiero concluir diciendo que la propuesta en la que concordamos todos los que nos encontramos presentes hoy, es en verdad una propuesta que puede fácilmente proyectarse a una de serie de sectores de servicios y de pequeña producción mercantil, que reposan en nuestro legado cultural: la orfebrería, el diseño textil, la música, el teatro, las danzas, la moda. Debemos incorporar la tercera pata del desarrollo que es la producción de servicios y la “exportación de cultura” en todas sus formas, tanto como bienes y como servicios. Esta potencialidad cultural, como la gastronomía, sólo está necesitando nuevos gastones, para promoverlos, innovarlos, darles valor y exportarlos. En la PUCP estamos seguros que esta es la mejor vía para incorporar a todos aquellos peruanos que, teniendo un acervo cultural y productivo, aún no tienen acceso al progreso porque el estilo de crecimiento no está hecho para incluirlos, para incorporarlos y para mejorar sus vidas. El modelo del “cebiche perfecto” creemos que es una vía muy prometedora, porque entre otras razones depende de nuestro esfuerzo y creatividad. La PUCP quiere hacer parte de esta gran empresa de promover actividades y emprendimientos con sabor a desarrollo.

Pando, 30 de abril 2017

 

07/12/16: La universidad y el mundo actual

La construcción y transmisión del conocimiento en el mundo actual y la universidad.

Efraín Gonzales de Olarte

La Universidad es el lugar por excelencia donde se transmite, elabora y avanza el conocimiento científico, humanista y artístico. Es decir, es la institución donde tenemos la responsabilidad de organizarnos para que los estudiantes reciban de manera sistemática y progresiva este acervo, que hoy es colosal. Sin embargo, el hecho más importante es que el conocimiento está hoy al alcance de cualquiera que desee aprender gracias a la tecnología de la información. En consecuencia, hoy el derecho a aprender tiene menos limitaciones que en el pasado y la universidad está en la obligación de ponerlo al alcance de cada vez más personas.

El conocimiento lo tratamos de adquirir de manera sistemática y ordenada para formarnos como personas, como profesionales, como ciudadanos, es decir como seres humanos. Y es el colegio y la universidad donde aprendemos a absorber el conocimiento de manera sistemática, secuencial y acumulativa.

Uno de los avances sociales más importantes, en los últimos cincuenta años, ha sido la masificación de la educación superior. Ella es ahora parte de la aspiración de cada vez más personas, no sólo como medio de movilidad social, sino también porque no es posible alternar socialmente si uno no está imbuido de mayor conocimiento. Las personas conseguirán mejores empleos, mayor consideración de otros, podrán acceder a círculos más amplios en función del conjunto de conocimientos que tengan. Por ello, la Universidad adquiere mayor relevancia, pues siendo la depositaria y administradora del conocimiento científico, humanístico y artístico, es la institución responsable de transmitirlo, cada vez a más personas, para lo cual tiene que evolucionar de una universidad de elite a una universidad de masas.

Ser universidad es pues una gran responsabilidad, pues estamos encargados de transmitir el conocimiento de la manera más eficaz para que más estudiantes aprendan temas nuevos, aprendan a aprender, es decir les enseñamos a distinguir y seleccionar lo que se requiere saber para cada necesidad de conocimiento, les enseñamos a utilizar el conocimiento y los inducimos a ampliar sus fronteras, a través de la investigación.

Empero, el conocimiento acumulado es inmenso y, los más importante, va creciendo de manera exponencial, sobre todo porque hay cada vez más gente investigando, pensando y produciendo teorías, ideas, métodos, literatura, artes escénicas y plásticas, nueva ciencia, innovaciones tecnológicas, formas de comunicar, documentales, etc. etc. Hoy no es posible que alguien pueda absorber todo el conocimiento sistemático como parece que lo fue antes de la aparición de la imprenta. Por ello, el conocimiento es una mina inagotable que debemos aprender a explotarla para beneficio nuestro y para beneficio de los demás.

Por ello, la transmisión del conocimiento es en parte una ciencia, la pedagogía, y un arte, la forma de interesar y cautivar al que quiere aprender. Por esto, la combinación de conocimiento acumulado, la forma de transmitirlo y la eficacia de hacerlo ha evolucionado a través de los siglos, desde la academia de Platón y el Liceo de Aristóteles, la universidad árabe y europea creada a finales del primer milenio e inicios del nuevo, hasta la Open University y los Moogs de nuestros tiempos. Los métodos de enseñanza han cambiado, la tecnología ha evolucionado a tal punto, que gracias a la informática y la transmisión satelital de datos ha permitido que la información llegue más rápido, pero sobre todo esté al alcance de todo el mundo. En la tercera revolución industrial iniciada a fines de la segunda guerra mundial, los medios de transmisión de conocimientos han sido una de las causas principales de la expansión de los contenidos, a tal punto que el medio también se ha convertido en materia del conocimiento, lo que permite crear más conocimiento de maneras cada vez más sofisticadas.

Existen distintas fuentes del conocimiento son: la experiencia, las tradiciones, la intuición, la investigación científica y no científica, la creencia. De ellas, no todas están en la universidad, pero todas ellas las estudiamos en la universidad y tratamos que los estudiantes distingan estas distintas fuentes, pues cada una tiene una estructura y una trayectoria. Es decir, el conocimiento que nos interesa en la universidad es el elaborado a través del lenguaje, ya sea el lenguaje ordinario con el que nos comunicamos oralmente y por escrito, sino también a través de lenguajes formales como las matemáticas, la música, sin desechar los otros caminos, que a menudo nos llevan también al conocimiento académico.

Vivimos, verdaderamente, una época por demás excepcional no sólo por lo que podemos aprender, sino porque las barreras al aprendizaje se han ido reduciendo. Hoy la mayor pobreza es no poder acceder al conocimiento.

Por estas razones, en el futuro la universidad se ha de transformar, pues tendrá que abrir sus puertas a todo aquel que quiera aprender de manera sistemática, además deberá tener una oferta continua, pues con la inmensidad del conocimiento no queda otra alternativa que seguir aprendiendo a lo largo de la vida, no sólo para “estar al día” sino para satisfacer la curiosidad por cosas nuevas, pues los temas a tratar serán siempre cambiantes. Creo que, como nunca antes, vale la pena vivir la aventura de sumergirse en el mar del conocimiento y, para ello, la universidad es el mejor lugar para darle un sentido a los contenidos que aprendemos y, como consecuencia, encontrar la ruta intelectual que regirá nuestras vidas.