Consistorio: Prioridades de la Iglesia ante un mundo fracturado

5:00 p.m. | 6 jul 26 (GC/CNS).- Guerra, inteligencia artificial, sinodalidad y dignidad humana marcaron el segundo consistorio extraordinario de León XIV. El encuentro propició un diálogo abierto entre el Papa y el Colegio Cardenalicio, al tiempo que permitió a León delinear una visión moral para una Iglesia llamada a discernir en un mundo cada vez más complejo. Esta convocatoria y sus trabajos siguen perfilando el estilo de liderazgo del nuevo Pontífice, basado en la escucha, la colegialidad y la búsqueda compartida de respuestas para nuestro tiempo.

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El segundo consistorio extraordinario del pontificado de León XIV reunió en Roma a cardenales de todo el mundo para reflexionar sobre algunos de los principales desafíos que afronta hoy la Iglesia. Esta publicación presenta, en primer lugar, una reseña de los principales debates y de las intervenciones más significativas del encuentro; luego ofrece un recorrido cronológico por las actividades desarrolladas en cada jornada; y concluye con un análisis sobre el alcance de las reflexiones planteadas durante el consistorio y su significado frente a algunos de los grandes desafíos políticos, sociales y culturales de nuestro tiempo.

Cardenales describen un diálogo franco sobre la guerra y la sinodalidad

El segundo consistorio del papa León XIV brindó a los cardenales de todo el mundo la oportunidad de debatir con franqueza temas que abarcaron desde la sinodalidad y la inteligencia artificial (IA) hasta el futuro de la enseñanza de la Iglesia sobre la guerra, según señalaron algunos participantes a Catholic News Service (CNS).

El encuentro, celebrado los días 26 y 27 de junio, reunió a 178 cardenales para reflexionar sobre la primera encíclica del papa León, Magnifica humanitas; la implementación del Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad; y la respuesta de la Iglesia a los desafíos del mundo contemporáneo. Las declaraciones concedidas al término de las sesiones revelaron que el Colegio Cardenalicio sostuvo debates muy profundos sobre la guerra y sobre los reiterados llamados del Papa a promover un diálogo abierto dentro de la Iglesia. Uno de los asuntos que despertó mayor interés fue la afirmación de León XIV en Magnifica humanitas de que la teoría tradicional de la “guerra justa” está “hoy superada” (u obsoleta).

“La enseñanza de la guerra justa nació para poner límites a la guerra, no para justificar el recurso a ella”, afirmó el cardenal Robert W. McElroy, arzobispo de Washington, en una entrevista concedida a CNS en Roma el 29 de junio. Al inaugurar la primera jornada del consistorio, el Papa condenó la guerra, afirmando que nunca cuenta con la bendición de Dios: “La guerra nunca es digna del hombre, y nunca será bendecida por Dios, porque el Creador nos ha dotado de inteligencia y voluntad para resolver los conflictos como seres humanos y no como animales, aun cuando se esté dotados de armas hipertecnológicas”, dijo en la homilía pronunciada ante los cardenales el 26 de junio.

Desarrollada a partir del pensamiento de san Agustín y santo Tomás de Aquino, la enseñanza de la guerra justa ha sostenido durante siglos que el uso de la fuerza militar solo puede justificarse moralmente bajo condiciones estrictas, entre ellas la legítima defensa, la autoridad legítima, la proporcionalidad y el agotamiento de todas las vías pacíficas. Esta doctrina ha vuelto a ocupar un lugar central en los recientes debates suscitados por los conflictos en Ucrania y en Oriente Medio.

El cardenal McElroy afirmó que la reflexión del Papa se inscribe en un proceso de desarrollo de varias décadas dentro de la enseñanza de la Iglesia, durante el cual los pontífices anteriores fueron restringiendo progresivamente las circunstancias en las que una guerra podía considerarse moralmente legítima, debido al poder destructivo de las armas modernas y al enorme costo humano de los conflictos armados. “Creo que el papa León retoma ahora esta cuestión a la luz de todo ese proceso orientado a restringir cada vez más los criterios que justifican el recurso a la guerra”, señaló.

El purpurado indicó que, a su juicio, existía un amplio consenso entre los participantes en que el marco tradicional de la teoría de la guerra justa ya no cumple una función constructiva, aunque reconoció que la Iglesia todavía debe expresar con claridad en qué circunstancias el uso de la fuerza militar puede ser moralmente legítimo. “Creo que uno de los grandes problemas es que la Iglesia ha llegado a reconocer que, en términos generales, ninguna guerra es justa y que seguir utilizando esa expresión resulta inadecuado. Pero eso no significa que no existan situaciones en las que el empleo de la fuerza militar pueda ser moralmente legítimo”, afirmó.

Señaló que, con el paso del tiempo, los gobiernos han tendido a utilizar la enseñanza de la guerra justa como una justificación política flexible, en lugar del “estricto conjunto de condiciones morales” que la Iglesia siempre pretendió establecer. Más que volver sobre este tema en futuros consistorios, el cardenal McElroy consideró que será necesario profundizar la reflexión teológica para seguir precisando la enseñanza de la Iglesia, ya que ha quedado de manifiesto que la teoría de la guerra justa se ha convertido con frecuencia en “un conjunto de criterios muy flexible, fácilmente manipulable por los gobiernos”.

Por su parte, el cardenal Tarcisio Isao Kikuchi, arzobispo de Tokio, declaró a CNS que varios participantes incluso propusieron publicar una declaración conjunta en respaldo de la postura del papa León sobre la guerra. Sin embargo, dado que no todos los cardenales habían podido asistir al consistorio, la iniciativa fue dejada de lado y, en su lugar, se animó a las conferencias episcopales a expresar ese apoyo en sus respectivos países.

Otro tema central del consistorio fue la implementación de la sinodalidad en toda la Iglesia. El cardenal McElroy explicó que el debate no giró en torno a añadir un nuevo programa a la vida parroquial, sino a lograr que “los principios y la cultura de la sinodalidad” impregnen todos los niveles de la vida eclesial, especialmente los procesos de toma de decisiones. Añadió que su aplicación ha avanzado de manera desigual en las distintas regiones del mundo, en parte porque la sinodalidad terminó asociándose a varias cuestiones controvertidas debatidas durante las últimas Asambleas del Sínodo.

“Muchas personas que no compartían el rumbo que tomaban algunos de esos temas concretos terminaron mostrando resistencia al proceso más amplio de la sinodalidad”, afirmó el purpurado. Según explicó, este consistorio buscó precisamente centrar la atención en llevar la sinodalidad “al corazón mismo de la vida de la Iglesia”, tanto en el ámbito universal como en el diocesano y el parroquial.

El cardenal Antoine Kambanda, arzobispo de Kigali (Ruanda), coincidió en que las discusiones pusieron de manifiesto la diversidad de perspectivas existentes entre los participantes. Al ser consultado sobre si hubo desacuerdos respecto al significado de la sinodalidad, respondió: “Sí, pero eso forma parte de la sinodalidad: caminar juntos”.

La inteligencia artificial (IA) también ocupó un lugar destacado en los debates, suscitados por Magnifica humanitas. El cardenal McElroy señaló que los cardenales dedicaron una atención considerable a la encíclica y a los desafíos que la IA plantea para la Iglesia. Por su parte, los resúmenes difundidos por el Vaticano sobre las sesiones de trabajo (ver más adelante en esta publicación) muestran que los participantes abordaron esta cuestión principalmente desde la perspectiva de la dignidad humana, el bien común y la doctrina social de la Iglesia.

En conjunto, los cardenales han afirmado que los consistorios ofrecen a los miembros del Colegio Cardenalicio la oportunidad de ayudar al Papa a discernir “cuál es hoy el llamado de la Iglesia y hacia dónde nos conduce el Espíritu” ante los desafíos que enfrenta la Iglesia universal.

El regreso del consistorio extraordinario

Antes de la elección del papa León XIV, el último consistorio extraordinario de cardenales que se celebró tuvo lugar en febrero de 2014. Para muchos de los cardenales nombrados por el papa Francisco procedentes de más de 60 países diferentes, la experiencia del consistorio extraordinario con León XIV es una novedad. Juan Pablo II celebró seis consistorios extraordinarios durante su pontificado; Francisco celebró uno al inicio de su pontificado, y Benedicto XVI no convocó ninguno, aunque sí reunió a los cardenales para mantener debates a puerta cerrada durante varios consistorios ordinarios.

León ya ha celebrado dos —en enero y junio de este año— en las que ha combinado mesas redondas de debate, similares a las utilizadas durante el Sínodo sobre la sinodalidad, con una estructura tradicional de foro abierto, y ha dado a cada cardenal la oportunidad de hablar con él directamente.

De cara a la reunión de octubre sobre la familia

El Papa también se refirió a una reunión prevista para octubre con los presidentes de las conferencias episcopales y los responsables de las Iglesias orientales para debatir sobre el matrimonio y la familia, y añadió que “también participarán algunas familias para compartir sus experiencias” y que espera que “todos los asistentes se preparen escuchando con atención y aportando las experiencias de las familias de sus propias Iglesias”.

“Este Consistorio ha sido un momento muy valioso, pero no debe quedarse en un hecho aislado”, afirmó León. “En toda la Iglesia, queremos fomentar espacios en los que el Pueblo de Dios pueda escucharse mutuamente, rezar, discernir y caminar juntos. Esta es la esencia misma del proceso de puesta en práctica del Sínodo”.

“Este será también el espíritu del próximo encuentro dedicado a Amoris laetitia y de muchas otras iniciativas que el Señor nos pida emprender”, añadió. Al término de los días de debates, el papa León XIV se reunió con los cardenales para cenar juntos en la Sala Pablo VI.

Más frases de las primeras jornadas

  • “La autoridad del primado es propia de quien escucha y solo por eso guía, de quien aprende y solo por eso enseña” (León XIV)
  • “Ser constructores de la comunión de Cristo, […] que toma forma en una Iglesia sinodal, en la que todos cooperan en la misma misión” (León XIV)
  • “Ver a cardenales procedentes de iglesias, culturas y contextos tan diversos escuchándose unos a otros y buscando juntos lo que mejor sirve al Evangelio ha sido para mí una fuente de consuelo y esperanza” (León XIV)
  • “Jesús nos invita a dejar a un lado todos nuestros prejuicios y aprender del samaritano” (Cardenal Rys)
  • “La propia noción de guerra justa debe revisarse y perfeccionarse” (Cardenal Víctor Manuel Fernández)
  • “La fe educa la mirada, la caridad genera comunión y la esperanza sostiene la construcción de la civilización del amor” (Cardenal Brislin)
  • “El consistorio se sitúa dentro de ese proceso sinodal que impregna a toda la Iglesia: una Iglesia que camina en Sínodo” (Cardenal Grech)
  • “Ahora, aunque no pueda decir que conozco a todos los cardenales, ya nos sonreímos, hablamos, charlamos” (Cardenal Jean-Paul Vesco)
  • La sinodalidad “es un estilo espiritual”, que demanda escuchar “con humildad y libertad, dejando espacio al Espíritu” (León XIV)
  • “La comunión no se construye endureciéndose en las propias posiciones sino buscando puntos de encuentro en la verdad” (León XIV)
El encuentro de cardenales, día por día, tema por tema

1) León XIV y su homilía para iniciar el consistorio

El Papa abrió el Consistorio extraordinario con un llamado contundente a la paz y a la fidelidad al Evangelio en su homilía. “La guerra nunca es digna del hombre; y nunca será bendecida por Dios”, afirmó, situando la misión de la Iglesia en la raíz de las palabras de Cristo: “Yo soy la vid verdadera” (Jn 15,1). Subrayó que la libertad auténtica nace de la fe y que la comunión con Cristo libera del pecado y del miedo. En este marco, insistió en que la Iglesia viva es aquella que cree, da fruto y se deja guiar por el Espíritu Santo.

A partir de esta visión, introdujo la necesidad del discernimiento como camino eclesial (y como referencia para el encuentro). Señaló tres claves: la libertad en la fe, el don de la paz en la unidad y la concordia en la obediencia. “La paz es un deber de justicia porque somos una única familia humana”, recordó, exhortando a los cardenales a promover la “civilización del amor”. Con ello, vinculó el discernimiento a la sinodalidad y la colegialidad, expresiones concretas de la fraternidad cristiana que sostienen la misión común de la Iglesia.

ENLACES. Reseña en Vatican News / Homilía completa


2) Discurso inicial a los cardenales: Necesito su franqueza y lealtad

En la apertura del Consistorio extraordinario, León XIV subrayó que “la misión no es una de las muchas tareas de la Iglesia. Es su razón de ser”, invitando a los cardenales a sostenerlo con un apoyo “firme, explícito y público”. El Pontífice insistió en que el ministerio confiado por el Señor “no puede vivirse en soledad” y que necesita sentirse acompañado “como por hermanos”. En su discurso, destacó que la comunión eclesial es un proceso cotidiano que se construye en la oración, la confianza y la escucha mutua, y recordó que “estamos llamados a ser constructores de la comunión de Cristo” en una Iglesia sinodal.

Asimismo, León XIV delineó los temas centrales del encuentro: la mirada de fe sobre el mundo, la reflexión sobre la cultura del poder y la civilización del amor, el compromiso con el bien común y el camino del Sínodo. “Cuento con ustedes para que me ayuden a discernir lo que el Espíritu le dice hoy a la Iglesia”, afirmó, exhortando a los cardenales a ofrecerle libertad, franqueza y lealtad. Concluyó alentando a vivir la sinodalidad como actitud de apertura y corresponsabilidad, capaz de custodiar la comunión y orientar el camino común de la Iglesia.

ENLACES. Reseña en Vatican News / Discurso completo / Video de la ceremonia de inauguración

VIDEO. “Necesito sentirme sostenido por ustedes”: el mensaje de León XIV a los cardenales

 

3) Reseña de la primera jornada: Se reúnen 178 cardenales

El primer día del Consistorio extraordinario convocado por el Papa estuvo marcado por una profunda reflexión sobre los desafíos contemporáneos que enfrenta la Iglesia y la humanidad. La jornada comenzó con la misa en la Basílica de San Pedro y continuó en la Sala Pablo VI, donde el Papa ofreció un discurso introductorio en el que subrayó la necesidad de apoyo firme y leal de los cardenales. Posteriormente, el cardenal Ryś ofreció una meditación bíblica que sirvió de marco espiritual para los trabajos en grupo, centrados en la pregunta: “¿En qué mundo estamos llamados a anunciar el Evangelio?”.

Los debates pusieron de relieve las tensiones sociales y políticas, el aumento de la violencia y la polarización, así como la hostilidad hacia las minorías y el crecimiento del antisemitismo. Se abordaron también la crisis de la familia, la soledad de jóvenes y mayores, el impacto del secularismo y la pérdida de valores trascendentes. Los cardenales señalaron la necesidad de respuestas humanas y cristianas frente al fenómeno migratorio, la crisis ecológica y la corrupción, destacando cómo estos problemas generan desconfianza hacia las instituciones y un sentimiento de impotencia en las comunidades.

Ante este panorama, emergió con fuerza la convicción de que la Iglesia debe mostrarse como madre y lugar acogedor, capaz de transformar el sufrimiento en esperanza. Se resaltó la importancia de la sinodalidad, la educación, la promoción de la paz y el diálogo interreligioso, así como el testimonio de comunidades pequeñas y minoritarias. El papa León XIV, al concluir la sesión, recordó que “la guerra nunca será bendecida por Dios” y exhortó a los cardenales a crear espacios de encuentro y comunión, subrayando que la credibilidad de la Iglesia se encuentra en su cercanía al sufrimiento humano y en su capacidad de ofrecer consuelo y reconciliación.

ENLACES. Reseña completa en Vatican News / Meditación bíblica del cardenal Ryś


4) Reseña segunda jornada: La fe no es solo teoría

La segunda jornada del Consistorio extraordinario estuvo marcada por una reflexión profunda sobre la centralidad de la fe en Cristo, entendida no como teoría abstracta, sino como fuerza transformadora capaz de renovar la historia. El cardenal Siongco David abrió la sesión recordando la tragedia en Venezuela tras el terremoto, situando la discusión en el horizonte del sufrimiento humano y la urgencia de la solidaridad. El Papa acompañó los trabajos, subrayando que la encíclica Magnifica humanitas es un llamado a la paz y a la superación de la lógica de la guerra.

Los grupos de trabajo coincidieron en denunciar la cultura del poder y la tentación de ajustarse a las lógicas de los poderosos, que normalizan la violencia y la polarización. Frente a ello, se destacó la necesidad de construir la civilización del amor mediante un lenguaje de escucha, perdón y reconciliación, capaz de abrir caminos de unidad en la Iglesia y en el mundo. Se subrayó también la importancia del diálogo interreligioso, especialmente con el islam, y la implicación de instituciones internacionales por la paz.

Finalmente, se resaltó el papel de la diplomacia vaticana y de los nuncios, así como la urgencia de superar la noción de “guerra justa” en favor de una defensa proporcionada. Los cardenales agradecieron al Papa por su encíclica, que ilumina heridas históricas como la esclavitud, y reconocieron la necesidad de gestos proféticos que sean iconos de paz. La sesión concluyó con la oración final de León XIV, reafirmando que la misión de la Iglesia es ser testimonio creíble de esperanza y reconciliación en un mundo fracturado.

ENLACES. Reseña completa en Vatican News / Homilía del cardenal Battista Re


5) Intervención del cardenal Fernandez: Ir más allá de la teoría de la guerra justa

El cardenal Víctor Manuel Fernández, en el Consistorio extraordinario, denunció la desproporción de las intervenciones militares en Gaza y el sur del Líbano, recordando la devastación de ciudades y la muerte de miles de niños. Invitó a superar la noción de “guerra justa”, subrayando que la manipulación de la Doctrina Social de la Iglesia ha servido para justificar conflictos, y que la legítima defensa no puede confundirse con guerras preventivas ni con destrucción total.

Asimismo, el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe advirtió sobre la incoherencia de Europa, que condena o apoya países según conveniencia, y sobre la “cultura del poder” alimentada por la inteligencia artificial y la violencia verbal. Frente a ello, afirmó que la Iglesia no se somete a intereses electorales, sino que proclama el Evangelio desde la fraternidad y el bien común, defendiendo siempre la dignidad humana.

ENLACE. Reseña completa en Vatican News

VIDEO. Lo que ha pedido el papa a los cardenales al iniciar el consistorio: “No puedo hacerlo solo”

 

6) Reseña tercera jornada: Sobre la división

La tercera sesión del Consistorio, celebrada en el Aula Pablo VI, estuvo marcada por la exhortación del Papa a que los cardenales hagan más eficaces sus llamados a la paz, asumiendo responsabilidades en sus diócesis. El cardenal Brislin abrió los trabajos con una reflexión sobre “Construir en el bien”, subrayando la urgencia de superar fracturas sociales y culturales. Los grupos de trabajo analizaron las divisiones entre pueblos, familias y generaciones, destacando el impacto del individualismo y la pérdida de relaciones significativas.

Se abordó también el reto antropológico de la IA, que exige reafirmar la dignidad del trabajo y el valor de los límites humanos frente a la lógica de la técnica. Finalmente, se resaltó el bien común como antídoto contra la fragmentación, reclamando un lenguaje del corazón y una política inspirada en la doctrina social de la Iglesia. La sinodalidad emergió como camino de escucha y diálogo, mientras se reafirmó que el Evangelio es la respuesta a las heridas de nuestro tiempo.

ENLACES. Reseña completa en Vatican News / Reflexión del cardenal Brislin


7) Reseña jornada final: sobre el Sínodo y el sacerdocio

En la última sesión del consistorio, los cardenales profundizaron en la sinodalidad como camino ascético e histórico, subrayando la necesidad de escuchar al Pueblo de Dios sin caer en un clericalismo reductivo. El cardenal Grech advirtió sobre el riesgo de que la complejidad de los procesos de consulta pueda sobrecargar a la Iglesia en un momento crucial de testimonio.

El debate se centró también en la imagen del sacerdocio: se pidió que sea bella, creativa y evangélica, capaz de inspirar sin encerrarse en estructuras rígidas. Se destacó la importancia de mostrar un ministerio que acompañe y anime, más que uno que se imponga, en fidelidad al Evangelio y a la misión universal. Finalmente, se valoró la contribución de las Iglesias orientales, cuya experiencia sinodal enriquece el camino común. La sesión reafirmó que jerarquía y fieles participan de manera diversa en el discernimiento del Espíritu, consolidando la comunión como signo de esperanza para la Iglesia.

ENLACES. Reseña completa en Vatican News / Reflexión del cardenal Grech


8) León XIV clausura el consistorio: una experiencia de comunión

El Papa clausuró el consistorio subrayando que la sinodalidad no es un simple método organizativo, sino un modo de ser Iglesia. Destacó la riqueza de escuchar a cardenales de culturas diversas y la necesidad de custodiar juntos el don confiado por Cristo, en un camino que nace del encuentro y madura en el discernimiento guiado por el Espíritu Santo. El pontífice abordó las heridas del mundo: guerras, pobreza, injusticias y la crisis de las relaciones humanas. Señaló la situación de los jóvenes y la importancia de la familia como escuela de esperanza.

Invitó a reconstruir una cultura del diálogo frente a la lógica del poder, defendiendo la respuesta no violenta como opción evangélica y proponiendo profundizar la reflexión sobre la legítima defensa en los conflictos actuales. Finalmente, insistió en que la renovación eclesial depende del testimonio más que de reformas estructurales. La Iglesia debe convertirse en lo que anuncia, viviendo el Evangelio con credibilidad. Con un llamado unánime a la paz, exhortó a recorrer con valentía los caminos de reconciliación abiertos por Dios.

ENLACES. Reseña completa en Vatican News / Discurso completo de León XIV / Video de la ceremonia de clausura

VIDEO. Algunas claves en la previa del consistorio

El consistorio de León, la América de Trump y un mundo fracturado

Cuando el papa León XIV inauguró el Consistorio Extraordinario en Roma el 26 de junio, expuso algo mucho más relevante que cualquier otro encuentro en el Vaticano. Presentó a la Iglesia una hoja de ruta moral para un mundo marcado por la guerra, la IA, el nacionalismo y el miedo. En la Basílica de San Pedro y, posteriormente, en el Aula Pablo VI, León pidió al Colegio Cardenalicio un respaldo firme, explícito y público, afirmando que necesitaba sentirse sostenido por ellos como hermanos.

Hay aquí una sutil ironía: el primer Papa procedente de Estados Unidos está definiendo su ministerio en contraste con el modo en que hoy se ejerce el poder en su país, no mediante el espectáculo, el insulto o la imposición, sino a través del consejo, la oración, la confianza y la sabiduría compartida de la Iglesia.

El consistorio abordó cuatro cuestiones urgentes: la misión en un mundo fracturado; la cultura del poder y la civilización del amor; la IA y el bien común; y el camino de implementación de la sinodalidad hacia 2027 y 2028. La agenda de León adquiere una relevancia particular en los EE.UU. de Trump, donde el lenguaje católico ha sido incorporado a una política marcada por el nacionalismo, la inquietud ante la inmigración y el resentimiento cultural.

El vicepresidente JD Vance hace visible esa tensión. Converso al catolicismo, ha presentado la fe como una búsqueda de orden y un rescate frente al caos cultural. En manos de la administración Trump, ese lenguaje se convierte en un instrumento de poder político. El uso que Vance hizo del concepto de ordo amoris en el debate migratorio mostró cuán fácilmente una concepción cristiana del amor “en orden” puede convertirse en una defensa de la prioridad nacional. Francisco respondió remitiendo ese concepto a la parábola del Buen Samaritano, donde es a través del extranjero herido —y no de la propia comunidad— que se revela el verdadero “orden” del amor.

Es aquí donde la advertencia de León cobra todo su peso. La Iglesia no puede convertirse en una facción más dentro de la guerra cultural estadounidense. No está llamada a bendecir a un partido, proteger a determinados grupos o revestir de legitimidad religiosa el lenguaje del poder estatal. Su misión es más amplia y más exigente. La Iglesia puede tener una incidencia política significativa sin quedar subordinada a intereses políticos.

Algunos obispos estadounidenses han alzado la voz contra las políticas que perjudican a los migrantes-1 y contra un lenguaje que los despoja de su dignidad humana. Otros, en cambio, se han pronunciado con prudencia y de manera selectiva, utilizando expresiones que pueden sonar pastorales, pero que en la práctica terminan funcionando como una forma de aprobación o consentimiento.

El obispo Robert Barron es un caso revelador. Sostuvo que Trump debía disculparse con el papa León tras los ataques dirigidos contra él. Sin embargo, al comentar el libro Communion, de JD Vance, Barron se mostró en sintonía con la crítica de Vance de que la orientación moral del Vaticano sobre la inmigración permanecía en el nivel de “lugares comunes trillados”. Respecto a la guerra, ha adoptado una postura similar, al sostener que, aunque la Iglesia enseña los principios morales de la guerra justa, corresponde a las autoridades civiles determinar si un conflicto en específico cumple esos criterios.

Cada una de estas distinciones puede parecer razonable por separado. Pero, en los EE.UU. de Trump, consideradas en conjunto, se vuelven peligrosas. Cuando la prudencia pastoral trata al migrante, ante todo, como un problema de política pública, y el juicio sobre la guerra se deja en manos de la autoridad civil, la atenuación del juicio moral puede dejar la última palabra “al César”. El contraste que establece León entre la cultura del poder y la civilización del amor alcanza su máxima expresión en su reflexión sobre la guerra, de la que afirmó que nunca es digna de la humanidad ni cuenta con la bendición de Dios.

León no condenó la guerra únicamente en términos espirituales. Apeló también a la inteligencia humana y al libre albedrío. Incluso en una época marcada por armas de alta tecnología, insistió en que los conflictos deben resolverse como seres humanos, no como bestias. Esa afirmación adquiere aún mayor fuerza en una era dominada por los drones, la ciberguerra y las formas de violencia asistidas por inteligencia artificial.

El tratamiento que León hace de la teoría de la guerra justa merece especial atención. Magnifica humanitas sostiene que esta doctrina se ha utilizado con demasiada frecuencia para justificar casi cualquier guerra y que hoy ha quedado obsoleta. Esa afirmación inquietará a los católicos formados en categorías morales más tradicionales. Y debería inquietarnos a todos. Hoy la guerra puede llegar a través de un dron, un ciberataque, una imagen manipulada, un sistema de datos o un mecanismo de selección de objetivos que borra el rostro humano del sufrimiento. Cuando la tecnología hace que matar parezca más “limpio”, el lenguaje moral debe volverse más estricto.

La reflexión sobre el bien común conduce a León hacia la IA. Su pregunta no es si esta tecnología resulta útil, sino a quién sirve. El fuego también es útil, y nadie lo deja encendido sin vigilancia en la sala de su casa, salvo que disfrute lidiando con los trámites del seguro. ¿Quién controla la IA? ¿Quién obtiene beneficios de ella? ¿Quién queda relegado por su avance? ¿En qué tipo de trabajador, ciudadano, creyente y ser humano nos está formando?

En muchos países, la IA ya está marcando el rumbo de las elecciones, las labores policiales, las aulas, los lugares de trabajo, el periodismo, la atención sanitaria y el control fronterizo. Puede ayudar a médicos, docentes y equipos de primera respuesta. Pero también puede profundizar la desigualdad, sustituir a los trabajadores, difundir desinformación y convertir a las personas más vulnerables en simples datos. Es aquí donde el consistorio interpela directamente a los EE.UU. de Trump. La IA se abre paso en el mundo a través de las estructuras de poder ya existentes. En una cultura política adicta al espectáculo, al resentimiento, al miedo y a la deshumanización, puede acelerar la propaganda, simplificar la vigilancia y hacer más eficiente la crueldad.

La Iglesia no puede permitirse una respuesta superficial. León sitúa la IA en el marco de la doctrina social de la Iglesia. La dignidad humana debe prevalecer sobre la eficiencia. El bien común debe estar por encima del beneficio económico. El trabajo debe seguir siendo auténticamente humano. La verdad debe ser defendida. La tecnología ha de estar al servicio de las personas, las comunidades y la creación.

León XIII encaró la Revolución Industrial con la encíclica Rerum novarum. León XIV se enfrenta ahora a la revolución algorítmica. La máquina ya no está confinada a la fábrica: está en el bolsillo, en el aula, en el campo de batalla, en la redacción de un medio de comunicación, en la oficina parroquial y, cada vez más, en la propia imaginación humana. El peligro más profundo es que las personas terminen aceptando convertirse en seres cada vez más parecidos a las máquinas: medibles, gestionables, previsibles, reemplazables y fácilmente descartables.

Por último, la sinodalidad es mucho más que un “proyecto” vaticano de reuniones e informes. Es una auténtica disciplina de la escucha. Para el catolicismo, esa escucha debe incluir a los migrantes, a los trabajadores amenazados por la automatización, a los jóvenes moldeados por las pantallas, a los católicos indígenas y afroamericanos, a los sobrevivientes de abusos, a las mujeres cuyos dones siguen encontrando obstáculos para desplegarse plenamente y a los fieles que se sienten agotados por sermones marcados por la guerra cultural, que confunden el enfrentamiento político con la valentía evangélica. León reúne a los cardenales antes de tomar decisiones. Los escucha antes de llegar a una conclusión. Invita al desacuerdo a entrar en la sala y le da un cauce espiritual.

La vida pública en casi todos lados premia la lógica de la dominación. Los medios de comunicación recompensan la polémica. Y demasiados espacios eclesiales valoran, ante todo, la lealtad ideológica. En ese contexto, la sinodalidad representa una forma de rechazar la política de la dominación. Para los católicos de los EE.UU. de Trump, las cuestiones planteadas por el Papa deben ponerse a prueba en la frontera, en los centros de detención, en las urnas, en las aulas, en los lugares de trabajo y desde el púlpito de las parroquias. ¿Cómo resistir la cultura del poder, defender la dignidad humana en la era de la IA y llegar a ser una Iglesia que escuche con el suficiente coraje como para cambiar?

La IA ya está entre nosotros, al igual que la guerra y la desinformación. Los migrantes ya están siendo utilizados como instrumentos de la confrontación política. Los pobres ya están pagando el precio de decisiones tomadas en esferas muy por encima de ellos. La pregunta es si la Iglesia en cada localidad será capaz de hablar con claridad moral, especialmente cuando quienes más necesitan escuchar ese mensaje están sentados en sus propios bancas.

VIDEO. Cardenal Lacunza: “León XIV escucha, piensa y decide”. Así fue el segundo Consistorio

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