Tour europeo expone prioridades globales del Papa
11:00 a.m. | 11 jun 26 (RNS/GC).- Europa se consolida como el centro de la estrategia pastoral y geopolítica de León XIV. La gira por el continente, iniciada en España, revela una visión que trasciende las fronteras europeas: una renovada comprensión del papel del cristianismo en la vida pública, la defensa de la dignidad humana, la apuesta por el multilateralismo y la promoción del diálogo. Mientras prepara nuevas escalas en lugares simbólicos como Lampedusa, el Papa perfila cómo busca responder a las tensiones políticas, culturales y geopolíticas que marcan Europa y el mundo.
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La visita de León XIV a España abrió una etapa clave de su pontificado y permitió vislumbrar tanto su proyecto para Europa como los principios que orientan su acción en el escenario internacional. A partir de dos análisis complementarios, esta publicación examina cómo el Papa perfila una visión del continente basada en el diálogo, el multilateralismo, la reconciliación histórica y la dignidad humana, al tiempo que expone los fundamentos de una teología política orientada al bien común, la justicia, la paz y el papel público del cristianismo en las sociedades contemporáneas.
El viaje a España inaugura la “gran gira” europea de León XIV
La visita de España del papa León XIV da inicio a una gira europea más amplia, centrada en el multilateralismo, la reconciliación y el papel del cristianismo en la configuración del futuro del continente.
El extenso viaje del papa León XIV a España (6–12 de junio) inaugura una temporada de visitas apostólicas a lugares clave para los católicos en el viejo continente. Tras España (con paradas en Madrid, Barcelona, Tenerife y Gran Canaria), el papa León visitará Pavía en Italia, donde se veneran las reliquias de san Agustín (20 de junio); la isla de Lampedusa para un muy particular “Cuatro de Julio” (4 de julio); Asís con motivo del 800.º aniversario de la muerte (Transitus) de san Francisco (6 de agosto); Rímini para la reunión anual del movimiento Comunión y Liberación (22 de agosto); y, finalmente, el viaje a Francia (25–28 de septiembre). Estas visitas serán también una oportunidad para que León exponga su visión para Europa.
La decisión de viajar a España en junio de 2026 —una de las grandes potencias históricas del catolicismo, también por su legado colonial en América Latina— refleja la renovada atención que León XIV presta a Europa dentro de su visión de la historia. Se trata de una concepción histórica basada en la unidad y la reconciliación, en contraste con aquellas interpretaciones divisivas del pasado marcadas por la reivindicación permanente y la confrontación mutua. Esta perspectiva quedó patente en el primer discurso que pronunció en Madrid, durante su encuentro con los reyes de España, las autoridades, representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático:
“Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad. Veo aquí una vocación específica de Europa, de la que España es protagonista original y fundamental. Es el regalo que el Viejo Continente puede hacer al mundo si quiere permanecer joven, pues joven es quien siente que tiene un futuro y una misión que aún interpelan.
Apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y a vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos: he aquí la tarea de quien tiene una gran historia a sus espaldas. Las nuevas tecnologías se han convertido en un entorno artificial en el que nuestras opciones fundamentales se ponen a prueba: en su interior, los prejuicios se exacerban, el pensamiento crítico se debilita, los intereses prepotentes siembran pulsiones de muerte. Por otra parte, el bien puede resistir y comunicarse”.
León XIV considera a Europa un espacio fundamental para preservar su “realidad social y su historia” en toda su complejidad, lejos de los relatos identitarios y desde una perspectiva ajena tanto al fundamentalismo como al puritanismo ideológico. Es un mensaje dirigido tanto a las corrientes de derecha etnocéntricas y nativistas como a la tentación “woke” de emitir condenas indiscriminadas sobre el pasado, una dinámica que con frecuencia convierte al cristianismo en chivo expiatorio dentro de una lectura reduccionista de la historia humana entendida únicamente como una sucesión de opresiones y crímenes.
En ese mismo discurso ante las autoridades, el Papa también reconoció el papel que España está llamada a desempeñar en el actual contexto de un orden internacional profundamente alterado: “Expreso mi agradecimiento a vuestro país por su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos”.
El viaje de León XIV a España forma parte de su esfuerzo por promover la unidad y construir la paz, una tarea en la que Europa —con su apuesta por un proyecto político encarnado en la Unión Europea— desempeña un papel fundamental. La atención que el Papa presta al continente europeo expresa también su compromiso con el multilateralismo, como subrayó el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, en la víspera de la breve visita del pontífice al Principado de Mónaco —Montecarlo— el 28 de marzo de 2026:
“Europa debe recuperar la inspiración de sus padres fundadores, pasando de una lógica de meros intereses nacionales y preocupaciones egoístas de seguridad a un auténtico proyecto de integración y solidaridad, situando la dignidad humana en el centro de toda política. Ante la erosión de las normas globales, los países europeos están llamados a reafirmar la primacía del derecho internacional, utilizando la negociación como única herramienta para una paz justa, que no se reduce a la mera ausencia de guerra, sino a la construcción de verdades compartidas”.
León XIV expuso elementos fundamentales de su comprensión de Europa en la homilía de la misa del Corpus Christi, celebrada en Madrid ante 1,2 millones de personas. No habló del pasado cristiano de España en términos nostálgicos, sino desde una perspectiva actualizadora e inclusiva:
“Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana. Él es el Dios cercano que camina con su pueblo, el Señor de la historia, consuelo de los débiles, luz para las familias, esperanza para los enfermos, paz para quien sufre. El Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados”.
En este viaje a España comenzamos a vislumbrar la visión de Europa que tiene León XIV, una visión que se irá perfilando con mayor claridad durante los próximos cuatro meses y que alcanzará uno de sus momentos culminantes con la visita a Francia a finales de septiembre. Se trata de un mensaje que busca mantener unidas la contemplación y la acción, la identidad y la apertura, el pasado y el futuro:
“Por tanto, he aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratitud del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común”.
La cuestión es cómo España y Europa acogerán este mensaje. Algunos viajes pontificios han inaugurado una nueva etapa en la vida de una Iglesia nacional, como ocurrió con los viajes de Juan Pablo II a Polonia en 1979. Habrá que ver si las visitas europeas de León XIV terminan perteneciendo a esa misma categoría.
Y está muy claro que el mensaje que León dirigió esta semana a España y a Europa es también un mensaje para Estados Unidos. Apenas cuatro semanas antes de la conmemoración del 250.º aniversario del 4 de julio de 1776, el Papa tiene previsto viajar a la isla de Lampedusa, el punto más meridional de Italia y lugar de llegada para numerosos migrantes que intentan alcanzar Europa, aquellos que tienen la fortuna de sobrevivir a la travesía del Mediterráneo. Precisamente el mismo día en que León pronunciaba su homilía en Madrid, y en otro lugar emblemático ligado a desembarcos históricos, en Normandía, quedó de manifiesto la distancia existente entre el papado y la actual administración estadounidense.
En el Cementerio Americano de Normandía, en Colleville-sur-Mer (Francia), el 6 de junio, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, aprovechó el discurso conmemorativo del aniversario del desembarco aliado en Francia —el Día D, ocurrido el 6 de junio de 1944— para criticar las políticas migratorias europeas: “Tristemente hoy en día diferentes playas europeas son asaltadas por diferentes ideologías peligrosas. A playas de España, Italia, Grecia y Bulgaria, llegan barcos y hombres (…) ¿Cuándo harán algo las capitales europeas sobre esa invasión? ¿O ya es demasiado tarde?”.
No quedó claro si Hegseth estaba comparando a los migrantes que cruzan el Mediterráneo con la invasión nazi de Europa, o si, inadvertidamente, estaba equiparando a quienes hoy defienden Europa de la migración con los nazis de la Segunda Guerra Mundial. En esa comparación, tampoco resultaba evidente quiénes serían los Aliados en la actualidad. En cualquier caso, sí parece claro que León XIV —cuyo padre fue uno de los soldados que desembarcaron en Francia en 1944 (en dos ocasiones) para contribuir a la liberación de Europa— está proponiendo una visión distinta sobre el papel del viejo continente y sobre el lugar que el cristianismo debe ocupar en él.
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El papa León revela su teología política en España
“El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca”, afirmó León XIV en España. En sus intervenciones ante dirigentes políticos y diplomáticos durante este viaje, el Pontífice expuso la teología política que, a su juicio, debería orientar no solo la acción de la Iglesia, sino también la de los responsables políticos y diplomáticos.
El Papa desarrolló esta visión en dos discursos: el primero, el sábado 6 de junio, ante el rey Felipe VI y representantes de las instituciones civiles y del cuerpo diplomático; el segundo, ante el Parlamento español. La Iglesia, explicó León XIV, desea ponerse al servicio de la persona humana: “Camina con la humanidad, comparte sus esperanzas y sus heridas, escucha los interrogantes de cada época y se deja interpelar por todo lo que concierne a la existencia de los hombres y las mujeres de hoy”.
Ante quienes temen una injerencia de la Iglesia en la política, el Papa precisó que “está al servicio (…) no de forma impositiva”. Retomando lo que ya había señalado en su reciente encíclica Magnifica humanitas, recordó que cuando la Iglesia “se dirige a la vida pública, lo hace respetando la misión propia de las instituciones y la legítima responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar”. Asimismo, subrayó que la Iglesia reconoce “la autonomía de las realidades terrenas” y “la distinción entre comunidad eclesial y comunidad política”.
Para Estados Unidos, esto implica una reafirmación de la separación entre Iglesia y Estado y un rechazo del nacionalismo cristiano. Lo que la Iglesia ofrece, en cambio, es “una reflexión nacida del deseo de servir al bien común y de recordar aquello que hace verdaderamente humana la convivencia” (cf. MH 18-19).
Ante el Congreso de los Diputados, León XIV reivindicó el papel de las asambleas legislativas como espacios donde “las diferencias se escuchan, se ordenan y, cuando es posible, se convierten en decisión compartida”. En palabras que bien podrían haberse dirigido también al Congreso de Estados Unidos, afirmó: “Toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes”.
Los seres humanos son, añadió, “más que una pieza del orden social, económico o político”. Son gente “abierta a la verdad, dotada de libertad y movida por una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir”. León recordó que filósofos y teólogos españoles “introdujeron así en el discernimiento histórico la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder”. Sin embargo, reconoció que “la sociedad y la misma Iglesia no siempre estuvieron a la altura de las intuiciones que encontraban eco en su propia tradición cristiana”. En esa tradición, señaló, “la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad” y “todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes”. Se trata de una aspiración que, afirmó, “sigue hablando también hoy: que la dignidad, la justicia y el bien común sean la medida de las relaciones sociales, tanto a nivel nacional como a nivel internacional”.
“Nuestro discernimiento”, afirmó, “debe centrarse en qué lugar ocupa la persona humana en nuestras decisiones, y cómo se plantean hoy, de manera nueva, la dignidad del trabajo, la solidaridad, la política social y el bien común”. Para León XIV, “el derecho se convierte en amparo de todos y en garantía frente a la imposición de intereses y agendas particulares”.
“¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?”, preguntó, reflejando una ética coherente de la vida aplicada a una amplia gama de cuestiones. La defensa de la vida humana, añadió, no es una cuestión partidista ni un interés confesional, sino un objetivo de civilización.
León también abordó “el trágico drama migratorio”, una cuestión que ha generado profundas divisiones tanto en España como en Estados Unidos. Mostró una clara preocupación por los migrantes, quienes “se ven obligados, por circunstancias muchas veces dramáticas, a partir de sus comunidades”. Por ello, sostuvo que deben contar con “vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración”. Al mismo tiempo, insistió en la necesidad de afrontar las causas de la migración, promoviendo “el derecho a permanecer en la propia tierra” y trabajando para que nadie se vea obligado a abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones de vida dignas, incluidas las desigualdades económicas y los efectos de la crisis climática.
El Papa considera que “el mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca”. Y lamentó que “la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir”. Frente a ello, reclamó “una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia”.
Asimismo, expresó su preocupación por el rearme que se observa en Europa y en otras regiones del mundo. “La verdadera seguridad”, afirmó, “nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra”. Por ello, exhortó a la comunidad internacional a “redescubrir el valor indispensable del diálogo como camino paciente hacia acuerdos justos y duraderos, fundados en el respeto a los tratados, en la transparencia de la acción diplomática y en la voluntad sincera de anteponer la paz al recurso a la fuerza”.
León reconoció que este mensaje de paz dentro de las naciones y entre ellas “por desgracia, resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador”, pero está convencido de que es “acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad”. El Gobierno español ha mantenido discrepancias con la política exterior de la administración Trump, incluida su posición respecto a la guerra en Irán. En este contexto, resulta significativo que el Papa agradeciera a España “su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo”.
El mensaje de León XIV es que la tradición cristiana tiene mucho que aportar al ámbito de la política nacional e internacional. Por ello, reafirmó “que el derecho debe servir al bien, que la justicia pone límites a la fuerza, que el poder necesita legitimidad, que los pobres pertenecen plenamente a la comunidad, que el extranjero debe ser acogido conforme a su dignidad y que la vida humana jamás puede ser tratada como mercancía”.
En España, León XIV mostró cómo pretende interpelar a los líderes del mundo para que sitúen la justicia y la paz en el centro de su vocación y responsabilidad pública. Un llamado que, según el autor, exige ser acompañado no solo con atención, sino también con oración y compromiso concreto.
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Fuentes
- Reese, T. (2026, 9 de junio). Pope Leo reveals his political theology in Spain. Religion News Service.
- Faggioli, M. (2026, 8 de junio). The Spain trip opens Leo XIV’s “grand tour” of Europe. Global Catholic.
- Videos: Rome Reports – El Confidencial
- Foto: Chema Moya (EFE)

