La Santa Sede y una hoja de ruta para sanar la economía
7:00 p.m. | 17 jul 25 (RNS/TG).- Bajo el impulso del Jubileo, la Santa Sede ha presentado una “hoja de ruta realista” para reformar el sistema financiero global. Elaborada por una comisión internacional liderada por el Nobel Joseph Stiglitz, la propuesta insta a frenar la fuga de recursos desde los países pobres y garantizar que la deuda sirva al desarrollo humano. Ya en debate en foros multilaterales, el informe reclama un nuevo marco de justicia económica global y plantea un contrato ético entre acreedores y deudores. Aquí presentamos el contexto, reacciones y los puntos centrales del informe.
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Algunas de las propuestas más provocadoras que han surgido recientemente para cuestionar la desigualdad global y la deuda internacional no provienen de los departamentos de economía de la Ivy League ni de think tanks en Silicon Valley. Vienen desde el interior del Vaticano. “No conozco otro lugar que combine este tipo de análisis económico serio con valores morales igualmente serios”, afirmó el economista Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR, por sus siglas en inglés) y uno de los colaboradores del recién anunciado Informe Jubilar del Vaticano, propuesta que aboga por una reforma radical de la deuda soberana y las finanzas globales. “Eso simplemente no se ve en Washington”.
Esa visión estuvo presente en la IV Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo de la ONU, celebrada en Sevilla, España. En un panel organizado por la Santa Sede y Caritas Internationalis —la red global de ayuda humanitaria de la Iglesia—, se exhortó a los líderes participantes a afrontar una crisis de deuda que ha empujado a decenas de países hacia la pobreza y la austeridad. “Es tan alarmante como evidente que los países en desarrollo se ven cada vez más forzados a tomar decisiones imposibles, como elegir entre pagar su deuda y atender a su población”, señaló el arzobispo Gabriele Caccia, observador permanente del Vaticano ante la ONU. “En este año jubilar, la Iglesia nos insta a ser valientes en nuestros esfuerzos por enfrentar estas injusticias”.
Actualmente, los países en desarrollo concentran aproximadamente un tercio de la deuda pública global, que en 2024 superó los 102 billones de dólares, según datos de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo). Ese mismo año, pagaron 921 mil millones de dólares en intereses. Según la UNCTAD, más de 54 países gastan más del 10 % de sus ingresos fiscales en el pago de los intereses de su deuda; 3300 millones de personas viven en países en los que el gasto en el servicio de la deuda es mayor que el gasto en sanidad, mientras que 2100 millones de personas viven en países en los que el gasto en el servicio de la deuda es mayor que el gasto en educación.
El secretario general de Caritas, Alistair Dutton, calificó la crisis de la deuda como el problema “más fácil de resolver” dentro de las finanzas globales: lo único que se necesita, dijo, es voluntad política. Dutton propuso establecer un sistema que obligue a los acreedores a sentarse a la mesa de negociación para reestructurar la deuda y pidió a las instituciones financieras internacionales que cooperen para crear un marco más sostenible. Esta iniciativa formó parte de la agenda del Año Jubilar convocado por el papa Francisco antes de su muerte, una iniciativa con raíces en el Libro del Levítico de la Biblia hebrea, que cada 50 años llamaba a cancelar deudas, liberar esclavos y redistribuir tierras. Francisco invocó esa misma tradición al exhortar a los líderes mundiales a condonar la deuda de los países que cargan con un “peso insoportable”.
Esa perspectiva inspiró el Informe Jubilar, un extenso documento de política económica presentado por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales y coescrito por economistas de renombre como el Nobel Joseph Stiglitz, el exministro argentino de Economía Martín Guzmán y el propio Weisbrot. Aprobado por el papa León XIV y publicado pocos días antes de la conferencia de Sevilla, el informe aboga por una nueva arquitectura económica global que incluya un mecanismo de quiebra soberana, mayor alivio de la deuda y reformas legales para frenar los préstamos abusivos.
También defiende la expansión de los Derechos Especiales de Giro (DEG), un tipo de activo emitido por el Fondo Monetario Internacional que los países pueden utilizar en emergencias para estabilizar sus economías. A diferencia de los préstamos tradicionales, los DEG no generan intereses ni exigen condiciones políticas o económicas. En 2021, durante la pandemia de COVID-19, el FMI emitió 650 mil millones de dólares en DEG —200 mil millones de los cuales fueron asignados a países en desarrollo—. “Fue un verdadero avance”, dijo Weisbrot, quien señaló que algunos economistas ahora proponen que esa emisión se realice anualmente.
Francisco criticó con frecuencia lo que denominaba “colonización ideológica”: la práctica de imponer condiciones sociales o económicas al otorgar ayuda externa o préstamos, generalmente por parte de países ricos o instituciones internacionales. Según Weisbrot, no hay mejor ejemplo de ello que el caso de Argentina, país natal del pontífice. En 2018, el FMI aprobó su mayor préstamo tradicional hasta la fecha —57 mil millones de dólares— para respaldar al gobierno del entonces presidente Mauricio Macri. “Fue una decisión políticamente motivada, económicamente desastrosa y socialmente devastadora”, afirmó Weisbrot. El préstamo imponía severas medidas de austeridad que desataron inflación, fuga de capitales y una crisis aún más profunda. “No estabilizó la economía. Empeoró todo“, agregó.
Para Weisbrot, el problema de fondo no es sólo una mala economía, sino un sistema financiero global que carece de rendición de cuentas y que sirve a los intereses de unos pocos. “El FMI es la institución financiera más poderosa del mundo”, señaló. “Y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos tiene el poder de Dios sobre una enorme parte del planeta”. El gobierno estadounidense posee derecho a veto en el órgano de toma de decisiones del FMI, y según Weisbrot, lo utiliza en coordinación con otras potencias para “moldear la economía global a su imagen y semejanza”.
El papa León XIV parece dispuesto a seguir el camino de Francisco en la denuncia del statu quo y de las injusticias incrustadas en el sistema económico global. “Creo que hay una verdadera continuidad”, dijo Weisbrot. “Esta conferencia es un ejemplo”, añadió. “Y el Informe Jubilar respalda realmente la mayoría del análisis y las reformas que impulsó el papa Francisco. Todo indica que el nuevo papa apoya esa agenda en estos temas cruciales de vida o muerte”.
Aunque el Vaticano no tiene el poder para reestructurar por sí solo la economía mundial, conserva un lugar en los espacios más influyentes del planeta. Y en una época en que esos ambientes suelen excluir las voces disidentes, la Iglesia católica sigue siendo uno de los pocos espacios donde economistas, intelectuales y activistas pueden presentar propuestas audaces y disruptivas… y ser escuchados en serio.
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Una tormenta perfecta para los países más vulnerables
Joseph Stiglitz, presidente del comité de expertos que elaboró el Informe Jubilar, advirtió que muchos países en desarrollo se enfrentan hoy a una “tormenta perfecta”: un ciclo de endeudamiento intensificado por la pandemia, seguido por alzas abruptas de las tasas de interés —como reacción de los bancos centrales ante la inflación— y ahora una desaceleración económica mundial impulsada por factores como los aranceles impuestos durante la administración Trump. “Eso podría derivar en mayor inflación, lo que a su vez impulsaría otra ronda de aumentos de tasas. Es un golpe tras otro”, explicó Stiglitz.
El informe también advierte que, por temor a las consecuencias de un impago, muchos gobiernos priorizan el cumplimiento puntual de sus obligaciones financieras por encima del gasto en desarrollo humano. “Esta no es una vía hacia el desarrollo sostenible. Por el contrario, es un obstáculo al desarrollo y conduce a una creciente desigualdad y descontento social”, concluye el documento.
La situación es particularmente grave en África. El informe señala que el 57 % de la población del continente —unos 751 millones de personas, incluidas cerca de 288 millones en pobreza extrema— vive en países que gastan más en el servicio de su deuda externa que en educación o salud. Las consecuencias, advierten los autores, serán un aumento de la pobreza, de la desnutrición, la “erosión de la esperanza” y el “profundizamiento de las fracturas sociales”.
Hacia una nueva arquitectura financiera: propuestas concretas
Inspirado en la experiencia de la Iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados (HIPC), el informe propone una nueva ronda de alivio de deuda que contemple tanto reestructuración como cancelación, con el fin de liberar recursos públicos para el desarrollo sostenible. Pero también señala que el panorama actual es más complejo: a diferencia de los años 2000, hoy una parte sustancial de la deuda está en manos del sector privado, lo que dificulta los procesos de renegociación.
Por eso, entre las reformas más destacadas del informe figura el respaldo a una legislación en el Reino Unido —donde se emite buena parte de la deuda soberana global— que obligue a los acreedores privados a asumir una parte justa de las pérdidas en cualquier proceso de reestructuración. “Los privados no deberían recibir más que los públicos”, afirmó Stiglitz. Asimismo, se propone establecer una cláusula de no rescate (“no bailout clause”), que impida que los préstamos de emergencia del Fondo Monetario Internacional se utilicen, como ha ocurrido en el pasado, para pagar a acreedores privados en lugar de estabilizar economías en crisis.
Entre Sevilla y la ONU: caminos por abrir
En la conferencia de Sevilla, los gobiernos acordaron un borrador del documento final que incluye el compromiso de iniciar “un proceso intergubernamental en las Naciones Unidas, con miras a formular recomendaciones para cerrar las brechas del actual marco de deuda y explorar opciones para abordar la sostenibilidad de la deuda”. Sin embargo, ese lenguaje fue mucho más débil que el impulsado por varios países africanos, que reclamaban una “reforma de gran alcance” y un “mecanismo multilateral más justo, eficaz y comprensivo para prevenir y resolver crisis de deuda soberana”.
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VIDEO. “No pueden pagar y se descuida el bienestar de la población”
¿Cuál es la propuesta del Informe Jubilar?
La Comisión del Jubileo, creada en febrero de 2025 por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales (PASS) y la Iniciativa para el Diálogo Político (IDP) de la Universidad de Columbia, reúne a más de 30 economistas y académicos de prestigio internacional. Fueron convocados por el papa Francisco y dirigidos en estos meses por Joseph Stiglitz, premio Nobel y profesor de Columbia, junto a Martín Guzmán, exministro de Economía argentino.
Su misión: proponer una finanza global al servicio de la persona y de la Creación, que contribuya a reducir las desigualdades, favorezca el crecimiento de todos y no penalice a los más pobres en detrimento de los beneficios. El resultado del trabajo de esa comisión se presentó en la Santa Sede: el Informe Jubilar, un programa para afrontar las crisis de deuda y desarrollo y sentar las bases de una economía global sostenible y centrada en las personas.
Una introducción a sus contenidos
El Informe Jubilar ofrece un análisis de las raíces, dinámicas y posibles soluciones a la crisis de deuda que enfrentan países en desarrollo. Parte de un diagnóstico de la situación actual y continúa identificando los fallos estructurales del sistema financiero internacional, así como las limitaciones del marco actual de gobernanza global para abordar adecuadamente los casos de sobreendeudamiento. Desde ese análisis, propone una ruta de reformas profundas, tanto a nivel de políticas como de marcos institucionales, legales y multilaterales, para garantizar que el endeudamiento sirva efectivamente al desarrollo humano y al bienestar de los pueblos.
Entre los temas centrales que aborda el informe se encuentran los principios necesarios para una resolución justa y eficaz de las crisis de deuda, las acciones prioritarias para enfrentar la crisis en curso y las claves para prevenir futuras situaciones de insolvencia. Estas propuestas combinan urgencia moral con criterios técnicos sólidos, e insisten en una transformación de fondo. Aquí ofrecemos algunos de los elementos más destacados de estas secciones:
I) Principios para la Resolución de Crisis de Deuda
1. Detener el drenaje de recursos desde países sobreendeudados
Los países en crisis no deberían seguir enviando dinero a sus acreedores. En cambio, deberían recibir apoyo financiero neto, especialmente de instituciones multilaterales. Para lograrlo, se proponen contratos que suspendan automáticamente los pagos en tiempos de crisis o intercambios de deuda que alivien las obligaciones actuales. Estas medidas deben estar respaldadas por reglas claras y lenguaje legal específico. Si varias naciones enfrentan dificultades al mismo tiempo, es posible abordar el problema de forma conjunta para reducir el estigma de reestructurar deudas.
2. Soluciones a medida, principios comunes
Cada país necesita una solución adaptada a su situación, pero deben respetarse cuatro principios universales: no exigir pagos netos a países endeudados, no rescatar con dinero público a acreedores privados, asegurar que las reestructuraciones resuelvan realmente el problema y no postergar estas medidas, ya que los retrasos solo empeoran las crisis. El uso inadecuado de fondos públicos para proteger a inversionistas privados crea distorsiones y obstaculiza soluciones justas y sostenibles.
3. Reducción del capital de la deuda y trato justo entre acreedores
Cuando las deudas son demasiado grandes para ser sostenibles, se necesita reducir el monto principal adeudado. Esto requiere un marco internacional, parecido a la iniciativa HIPC (de condonación de deuda a países muy pobres), pero adaptado a la nueva realidad en la que los acreedores privados tienen un papel dominante. Aunque se han hecho esfuerzos como el Marco Común del G20, aún no logran el alivio necesario. Un nuevo sistema debe incluir cambios legales para garantizar que todos los acreedores participen y compartan las pérdidas de forma equitativa.
4. En algunos casos, basta con reducir intereses y extender plazos
Si la deuda no es tan alta, puede bastar con renegociar los pagos: alargar los plazos y bajar los intereses a niveles similares a los del Banco Mundial. Esto reduce el riesgo para los acreedores, por lo que también justifica rendimientos más bajos. Para ser efectiva, esta medida debe incluir todos los bonos existentes, no solo los que están por vencer. Además, los países deben contar con un período largo —de al menos 20 años— para estabilizarse antes de volver a endeudarse a tasas sostenibles.
5. Crecer, no recortar
La estrategia tradicional de austeridad (reducir el gasto público para pagar deuda) rara vez funciona: frena el crecimiento y empeora la situación social. En cambio, lo efectivo es fomentar el crecimiento económico, lo que permite reducir la carga de la deuda de forma más saludable. Cualquier medida de ajuste fiscal exigida a los países debe evitar socavar su desarrollo o agravar la desigualdad.
6. El FMI no debe rescatar a acreedores privados
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha otorgado préstamos para que los países paguen a acreedores privados, convirtiéndose así en el nuevo acreedor, pero en condiciones más rígidas. Esto equivale a usar dinero público para salvar a inversionistas privados. El informe propone prohibir esta práctica: el FMI solo debería prestar si los acreedores privados asumen su parte de responsabilidad. Este cambio reduciría los incentivos perversos que retrasan las reestructuraciones necesarias y garantizaría que los fondos se usen para desarrollo, no para pagar deudas insostenibles.
7. Redefinir qué significa “acceso al crédito”
No basta con que los países puedan pedir dinero prestado en los mercados internacionales: ese acceso solo es útil si las condiciones son justas y sostenibles. Endeudarse a tasas muy altas no resuelve la crisis, sino que la agrava. Además, los países deben invertir en sectores que generen divisas para poder devolver lo que deben. El informe insiste en que los contratos de deuda deben contemplar imprevistos —como pandemias o conflictos—, y que el alivio de deuda es no solo un acto moral, sino también una solución económica inteligente.
II) Acciones clave para resolver la actual crisis de deuda global
1. Ampliar y profundizar las iniciativas de suspensión de deuda
El informe reconoce avances recientes como la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda (DSSI), que entre 2020 y 2021 permitió a países de bajos ingresos posponer pagos a sus acreedores oficiales. Sin embargo, la Comisión propone extender este mecanismo tanto en duración como en alcance, incluyendo a países de ingresos medios con altos niveles de endeudamiento. Además, en los casos donde la deuda sea claramente insostenible, no basta con suspender pagos: es necesario reducir directamente el volumen total adeudado. Aun así, la mayoría de expertos advierte que estas medidas, aunque positivas, son insuficientes si no se logra una participación decidida del sector privado.
2. Reformas urgentes para corregir incentivos nocivos
El informe subraya que uno de los mayores obstáculos a una solución justa es la falta de incentivos para que los acreedores privados participen activamente en las reestructuraciones. Por ello, propone una serie de reformas inmediatas, como la adopción del principio de “no rescate” por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y los bancos multilaterales de desarrollo. Es decir, evitar que estos organismos usen dinero público para pagar deudas privadas. Asimismo, se plantean reformas legales que permitan obligar a todos los acreedores a compartir las pérdidas en caso de reestructuración, corrigiendo así un sistema que hoy favorece la especulación y la demora.
3. Usar con responsabilidad los canjes de deuda por naturaleza
Los llamados canjes de deuda por naturaleza permiten convertir parte de las obligaciones financieras en inversiones para la protección ambiental, como conservar bosques o combatir el cambio climático. Son instrumentos útiles porque ofrecen alivio fiscal y beneficios ecológicos al mismo tiempo. Pero el informe advierte que deben aplicarse con mucha cautela: no deben desviar recursos de necesidades urgentes (como salud o infraestructura), deben tener costos bajos, evitar ganancias excesivas para intermediarios privados y alinearse con los planes nacionales de desarrollo. Sobre todo, deben ser transparentes. Y se recalca que estas operaciones no pueden reemplazar la reestructuración de deudas que ya son insostenibles.
4. Incentivar al sector privado para lograr un nuevo “HIPC II”
Finalmente, el informe sugiere que organismos como el FMI y los bancos multilaterales podrían ofrecer préstamos puente y otras formas de financiamiento para apoyar programas de recuperación económica, pero solo si el sector privado colabora activamente. Eso implica, por ejemplo, aceptar tasas de interés razonables y participar en quitas (reducción del monto adeudado), al igual que los acreedores públicos. Esta estrategia sentaría las bases para un nuevo programa de alivio integral similar a la iniciativa HIPC (Países Pobres Muy Endeudados) que a inicios de los 2000 canceló más de 100 mil millones de dólares de deuda. Un “HIPC II” adaptado al contexto actual sería una herramienta decisiva para salir de la crisis.
III) Propuestas para evitar y resolver futuras crisis de deuda
1. Incentivar un crédito responsable
Una de las principales causas de las crisis de deuda es la concesión de préstamos en condiciones irresponsables o poco sostenibles. El informe propone cambiar las reglas del juego para que los acreedores —ya sean bancos, fondos o gobiernos— asuman también las consecuencias de sus decisiones. Esto significa que, si otorgan préstamos arriesgados, no deberían esperar rescates automáticos con dinero público. Cambiar estos incentivos alentaría un financiamiento más prudente y beneficioso para el desarrollo de los países receptores.
2. Corregir las fallas estructurales de los mercados financieros
Hoy en día, los países en desarrollo reciben flujos de capital inestables: mucho dinero en tiempos buenos, y muy poco cuando más lo necesitan. Esta “prociclicidad” los deja vulnerables ante crisis globales. El informe reconoce que no hay una solución simple, pero sugiere medidas que ayuden a repartir mejor los riesgos, incluyendo reformas en la forma en que los bancos centrales de las grandes potencias toman decisiones, y mecanismos para reducir la percepción de riesgo injustamente alta que pesa sobre los países del Sur.
3. Garantizar transparencia y respaldo social en los créditos
Para evitar préstamos poco útiles o motivados por intereses políticos, el informe insiste en que los acuerdos de endeudamiento deben ser públicos, discutidos y avalados por mecanismos democráticos como los parlamentos. También propone supervisión sobre la deuda privada, que muchas veces termina convirtiéndose en deuda pública tras las crisis. La rendición de cuentas, según el informe, es clave para que el endeudamiento esté al servicio del desarrollo sostenible y no de intereses de corto plazo.
4. Eliminar distorsiones políticas en el financiamiento multilateral
El Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras instituciones multilaterales deben tomar decisiones basadas exclusivamente en criterios económicos, no en favoritismos geopolíticos o electorales. El informe denuncia que algunos préstamos recientes han sido percibidos como influenciados por intereses externos, lo que socava la soberanía de los países deudores y la credibilidad de las instituciones. Se propone una política de financiamiento más justa, transparente e imparcial para evitar decisiones que alimenten nuevas crisis.
5. Crear un mecanismo internacional para resolver crisis de deuda
Finalmente, el informe plantea que, al igual que existen tribunales para empresas en quiebra, el mundo necesita un sistema justo y ordenado para reestructurar las deudas soberanas. Aunque aún no se ha definido el modelo ideal, una alternativa intermedia sería establecer un servicio internacional de mediación, basado en los principios ya aprobados por la ONU en 2015. Esta entidad ayudaría a resolver conflictos entre países y acreedores, evitando largos litigios y negociaciones desiguales. El objetivo: reglas claras, justas y aplicables a todos por igual.
LEER. Informe Jubilar sobre la deuda (PDF)
LEER. Nota de prensa de la presentación del Informe (PDF)
VIDEO. Iglesia y economistas se unen para afrontar la crisis mundial de la deuda
¿Qué se expuso durante la presentación del Informe en el Vaticano?
El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, envió un mensaje en nombre del papa León XIV, expresando su respaldo al trabajo de la Comisión y recordando el llamado de Francisco a reducir o cancelar la deuda de los países empobrecidos. Animó a presentar las recomendaciones con un “espíritu de solidaridad fraterna”, reforzando “los lazos que unen a acreedores y deudores en un destino compartido”, y expresó el deseo de que surjan “opciones innovadoras capaces de ofrecer beneficios mutuos” y que reciban “un amplio apoyo por parte de la comunidad internacional”.
La Comisión advierte que la crisis de deuda en los países en desarrollo se agrava, asfixiando sus posibilidades de crecimiento. Tras la crisis financiera de 2008, muchos recibieron préstamos de alto interés que incrementaron su deuda sin favorecer un desarrollo sostenible. En 2023, estos países destinaron un récord de 1,4 billones de dólares solo al servicio de la deuda, cerca del 4 % de su renta nacional bruta. La pandemia y la guerra en Ucrania empeoraron aún más la situación, y las políticas monetarias de las economías avanzadas —como el aumento de tipos de interés— han elevado drásticamente los niveles de deuda. El Banco Mundial ha afirmado que los países de renta baja y media se enfrentan hoy en día “a niveles de deuda total significativamente más elevados que en la década anterior a la pandemia”. Esto impide, según la Comisión, inversiones esenciales en infraestructuras críticas para la energía limpia y la adaptación al clima.
El cardenal Turkson: “La justicia y la solidaridad son nuestra brújula”
“Estamos aquí para subrayar nuestro compromiso con la justicia”, afirmó el cardenal Peter Turkson, canciller de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, al inaugurar la conferencia. No se puede permanecer en silencio “ante familias que no pueden satisfacer sus necesidades vitales o ante niños sin acceso a educación”, advirtió. Gobiernos, instituciones financieras, sociedad civil y comunidades religiosas comparten la responsabilidad: “Las finanzas deben estar al servicio de las personas”. Por ello, “la justicia y la solidaridad deben ser nuestra brújula” y urge establecer “un código internacional de conducta”.
En esa misma línea, el papa Francisco pidió un mecanismo internacional para la reestructuración de la deuda soberana y exhortó a los líderes financieros a seguir un código ético que oriente el diálogo entre las partes. Hace 25 años, el Jubileo y el apoyo de Juan Pablo II permitieron cancelar más de 100 000 millones de dólares a los países más endeudados (a través de la primera HIPC). Sin embargo, no hubo reformas estructurales. Ahora, concluyó el cardenal, el nuevo Año Santo ofrece la oportunidad de “replantear esta arquitectura”, incluyendo también la reducción o cancelación de la deuda en favor de una economía del bien común.
Sor Alford: “Poner al ser humano en el centro y combatir la deuda ecológica”
Sor Helen Alford, presidenta de la PASS, recordó el legado del pontificado del papa Francisco, que “siempre ha puesto al ser humano en el centro”, y “así debe hacerlo el sistema financiero”. Debe haber “una comunión de intenciones”, afirmó en su intervención. Por ello, el informe presentado quiere “contribuir a una reconsideración global de las normas que rigen las finanzas, los impuestos, el comercio y el intercambio de conocimientos”, con el objetivo de “no dejar realmente a nadie atrás”.
En Spes non confundit, subrayó la religiosa, Francisco invitó también para este año jubilar a “las naciones más prósperas” a considerar iniciativas para “condonar las deudas de los países que nunca podrían pagarlas”, porque “antes que una cuestión de magnanimidad, es una cuestión de justicia”. Esta última, concluyó Alford, citando de nuevo la bula de convocatoria del Jubileo, se ve “agravada hoy por una nueva forma de iniquidad”, es decir, la “deuda ecológica”, sobre todo entre el Norte y el Sur, “relacionada con los desequilibrios comerciales, así como con el uso desproporcionado de los recursos naturales que han hecho históricamente algunos países”.
Stiglitz: “Queremos sugerir propuestas concretas a la comunidad internacional”
“Lo interesante del informe, entonces —subrayó Joseph Stiglitz— es que, por primera vez, combina perspectivas morales y propuestas concretas. Todavía es un trabajo en curso, pero incluye indicaciones que van más allá de la Comisión y se dirigen a las iniciativas en marcha en la comunidad internacional”, con la esperanza de influir en sus decisiones hacia la equidad y la justicia.
Entre ellas: promover políticas para mejorar la reestructuración de la deuda; cambiar las políticas y prácticas de las instituciones multilaterales, incluido el Fondo Monetario Internacional, para apoyar recuperaciones sostenibles, no austeridades paralizantes; reforzar las políticas internas de los países en desarrollo para fomentar las inversiones a largo plazo; mejorar la transparencia; replantear las finanzas globales hacia un desarrollo sostenible y préstamos para el crecimiento a largo plazo.
Además de la IV Conferencia Internacional sobre la Financiación del Desarrollo, los resultados del informe también se presentarán en las cumbres mundiales en las que la crisis de la deuda y el desarrollo estarán en el orden del día, como la Asamblea General de la ONU en septiembre y la cumbre del G20 en Johannesburgo en noviembre. “Es el momento de actuar de forma responsable”, concluyó Stiglitz. Es “un acto moral de liderazgo oportuno” al que se ha invitado a la Comisión, le ha hecho eco Martín Guzmán. Porque si no se aborda la crisis de la deuda y el desarrollo, “las desigualdades de oportunidades” están destinadas a “aumentar y la inestabilidad a agravarse, con consecuencias desestabilizadoras a medio plazo en todo el mundo”, explicó en su intervención.
VIDEO. Presentación del Informe Jubilar – Sesión matinal
VIDEO. Presentación del Informe Jubilar – Sesión de tarde
Información adicional
- Condonar la deuda: no caridad, sino un acto de justicia reparadora
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Fuentes
- Giangravé, C. (2025, July 2). At the Vatican, experts challenge the rules of global debt and finance. Religion News Service.
- Stewart, H. (2025, June 20). Developing countries need debt write-off to alleviate extreme poverty, report says. The Guardian.
- Vatican News. (2025, June). Informe Jubilar sobre la deuda: “Replantearse la finanza”.
- Initiative for Policy Dialogue. (2025). The Jubilee Report: A Debt and Development Blueprint. Columbia University.
- Videos: Fundación Entreculturas – Ecclesia COPE – EWTN – Initiative for Policy Dialogue (Columbia)
- Foto: Catholic Information Service Africa

