Santa Sede y China renuevan acuerdo: luces y sombras

9:00 a.m. | 5 nov 22 (RNS/CNS).- El controvertido acuerdo -provisional y secreto- entre la Santa Sede y el gobierno chino sobre el nombramiento de obispos ha sido renovado para dos años más. Desde el Vaticano se defiende que el pacto, basado en una diplomacia ingeniosa y muy paciente, permite un acercamiento que antes era imposible con el gobierno chino, pero sobre todo prioriza sostener una unidad de los fieles con Roma, “esencial para la vida diaria de la Iglesia en China” y es una luz de esperanza de un futuro mejor para los católicos chinos. Los críticos señalan que el convenio de algún modo expone a los fieles que fueron fieles a Roma (no al régimen político) y limita la capacidad del Vaticano de condenar violaciones de derechos en China.

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El Vaticano anunció que ha renovado su acuerdo con China sobre el nombramiento de obispos, afirmando que se ha comprometido a mantener un “diálogo respetuoso” con el gobierno comunista chino y a “fomentar la misión de la Iglesia católica y el bien del pueblo chino”. El “acuerdo provisional”, establecido en 2018 y renovado en 2020, se ha prorrogado por otros dos años, anunció el Vaticano el 22 de octubre. El polémico pacto se ha defendido como un paso importante para restaurar un vínculo entre los dos países, al mejorar paulatinamente unas relaciones que eran notablemente tensas con el Partido Comunista Chino.

El texto del convenio nunca se ha hecho público, probablemente en parte porque el Vaticano reconoce la impopularidad de compartir el nombramiento de obispos con líderes comunistas, pero los representantes del Vaticano dijeron que describe los procedimientos para garantizar que los obispos católicos sean elegidos por la comunidad católica en China y aprobados por el Papa. Pekín proporciona una lista corta de candidatos, y Francisco tiene la última palabra. Sin embargo, en los últimos cuatro años, sólo seis obispos han sido nombrados e instalados bajo los términos del pacto.

El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, entrevistado por Vatican News, señaló que entre los logros del acuerdo se encuentra el levantamiento del estatus irregular de siete obispos que habían sido ordenados con la aprobación del gobierno, pero no con el consentimiento del Vaticano y, según recordó, “seis obispos ‘clandestinos’ también han logrado ser registrados y, por lo tanto, su posición se ha hecho oficial, siendo reconocidos como obispos por las instituciones públicas”. Los sacerdotes en China pueden incluso mencionar a Francisco celebrando la misa, algo que antes era “impensable”, señaló Parolin.

Muchas diócesis siguen sin obispos o tienen obispos de edad muy avanzada, comentó, pero el proceso continúa. Sin embargo, el cardenal Parolin también reconoció que “hay diócesis en las que, a pesar de todos los esfuerzos y la buena voluntad, no existe un diálogo fructífero con las autoridades locales”.

El acuerdo es aún “provisional” porque “estamos todavía en la fase de experimentación”, dijo el cardenal. “Como siempre ocurre, situaciones tan difíciles y delicadas requieren un tiempo adecuado de implementación para luego poder verificar la eficacia del resultado e identificar posibles mejoras”.

“El papa Francisco -con determinación y paciente previsión- ha decidido continuar por este camino, no con la ilusión de encontrar la perfección de un reglamento o normas, sino con la esperanza concreta de poder asegurar a las comunidades católicas chinas, incluso en un contexto tan complejo, la guía de pastores dignos e idóneos para la tarea encomendada”, dijo el cardenal Parolin. También reafirmó lo que el Papa y los funcionarios del Vaticano han dicho todo el tiempo: aceptar no tener el control total sobre la elección de los obispos no es lo que el Vaticano hubiera esperado, pero parecía ser un buen primer paso para garantizar una mayor libertad y seguridad para la comunidad católica en China.

Sin embargo, el acuerdo ha sido criticado por varias personalidades, entre ellas el cardenal Joseph Zen Ze-kiun, arzobispo emérito de Hong Kong, quien anunció que el pacto “eliminaría” la iglesia no oficial o clandestina en China, cuyos líderes se niegan a registrarse en la Asociación Patriótica Católica China, dirigida por el Estado.

El cardenal Parolin declaró a Vatican News que el acuerdo no se limita a las relaciones diplomáticas con China. Más bien, dijo, “se refiere principalmente a aspectos que son esenciales para la vida diaria de la iglesia en China. Pienso, por ejemplo, en la validez de los sacramentos celebrados y en la certeza para millones de fieles chinos de que podrán vivir su fe en plena comunión católica, sin que por ello se sospeche que no son ciudadanos leales a su país”.

LEER. Entrevista al cardenal Parolin, Secretario de Estado Vaticano

El cardenal Luis Antonio Tagle, cuyo abuelo materno era chino, manifestó a Fides, la agencia de noticias del Dicasterio para la Evangelización, que en China “los acontecimientos históricos han provocado dolorosas heridas dentro de la Iglesia, hasta el punto de arrojar una sombra de sospecha sobre la propia vida sacramental. Por tanto, estaban en juego cosas que afectan a la naturaleza íntima de la Iglesia y a su misión de salvación”. El convenio intenta “salvaguardar la válida sucesión apostólica y la naturaleza sacramental de la Iglesia católica en China”, dijo el cardenal Tagle. “Esto puede tranquilizar, consolar y animar a los católicos bautizados en China”.

Como resultado adicional de su diálogo con el gobierno chino, explicó, “uno de los deseos de la Santa Sede ha sido siempre fomentar la reconciliación, y ver curadas las heridas y distancias abiertas dentro de la Iglesia por las tribulaciones que ha atravesado. Ciertas laceraciones necesitan tiempo y el consuelo de Dios para ser curadas”.

El Vaticano no es ingenuo, explicó. “La Santa Sede nunca ha hablado del acuerdo como la solución de todos los problemas. Siempre se ha percibido y se ha afirmado que el camino es largo, puede ser fatigoso y que el propio pacto puede provocar malentendidos y desorientación”. Además, la Santa Sede no quiso ni quiere ignorar ni minimizar el sufrimiento y las diferentes reacciones de los católicos chinos ante el acuerdo, dijo. La alegría de unos y la perplejidad de otros “forma parte del proceso. Pero siempre hay que ensuciarse las manos con la realidad de las cosas tal y como son”.

“Muchos signos atestiguan que muchos católicos chinos han captado la inspiración seguida por la Santa Sede en el proceso en curso”, señaló el cardenal filipino. “Están agradecidos y reconfortados por un proceso que confirma ante todos su plena comunión con el Papa y la Iglesia universal”.

LEER. Entrevista al cardenal Tagle en Fides

Balances externos: “Este es un acuerdo de supervivencia”

Francesco Sisci, analista de la Universidad Renmin de China, en Pekín, responde con contundencia a las críticas de los que afirman que el Vaticano ha hecho un pacto con el diablo. “La Iglesia durante toda su historia ha hecho acuerdos con el poder político y muchos de ellos han sido muy controvertidos. Este es un acuerdo de supervivencia. Mejor esto que la muerte de la Iglesia”, incide.

También explica que la reactivación de las relaciones entre la Iglesia católica y el Gobierno del Partido Comunista, rotas formalmente en 1951, siempre ha preocupado al Vaticano: “Juan XXIII y Pablo VI comenzaron tímidamente a buscar acuerdos. Juan Pablo II dio importantes pasos, aunque la beatificación en el 2000 de 120 mártires de China en la plaza de San Pedro fue vista como una afrenta. Benedicto XVI también quiso formalizar un pacto por el bien del pueblo chino. Aunque Francisco, sin duda, tiene una sensibilidad especial. No es casual que eligiera al cardenal Pietro Parolin —que se ha ocupado este tema desde finales de los años 90— como secretario de Estado”.

El 26 de octubre, solo cuatro días después de la renovación del acuerdo, ha continuado el juicio contra el cardenal Joseph Zen (ver artículos 1, 2 y 3 para más información), obispo emérito de Hong Kong, de 90 años, acusado de administrar una fundación de ayuda humanitaria para ayudar a activistas detenidos por el régimen de Pekín. Para el padre Bernardo Cervellera el proceso es un “aviso” de lo que le puede pasar a una “Iglesia independiente que trabaje por la democracia” en Hong Kong.

Cervellera asegura que con el acuerdo la vida de los católicos en China ha empeorado: “La Iglesia subterránea ha desaparecido y la oficial está mucho más al servicio del Partido Comunista. China lo ha instrumentalizado para decir: ‘El Vaticano apoya nuestra política religiosa’, y exige a los sacerdotes y los obispos de la Iglesia clandestina su adhesión al régimen”. El corresponsal en el gigante asiático de ABC, Pablo M. Díez, incide en que “sigue habiendo persecución religiosa. El yugo del Partido Comunista controla todos los credos”.

En febrero de 2018 entró en vigor la nueva reglamentación de las actividades religiosas, que solo permite aquellos actos y ceremonias que se celebren en lugares registrados oficialmente y, por lo tanto, controlados: “He visto en iglesias de Shanghái una decena de cámaras de seguridad apuntando directamente a la puerta. Hay una vigilancia absoluta. Graban y registran a todo el que entra, con el objetivo también de disuadir a quien quiera hacerlo”. El objetivo es que la Iglesia no se convierta en “un contrapoder del régimen”.

La última ordenación episcopal, enmarcada en el acuerdo, fue la de Francis Cui Qingqi en la diócesis de Wuhan el 23 de junio de 2021. Ha pasado más de un año y sigue habiendo 36 sedes episcopales a la espera de un obispo. Aún con eso, lo obtenido por la diplomacia vaticana es un logro: “Es la primera vez en siete décadas que hay un mínimo de relación. Antes el Partido Comunista prohibía la religión y acusaba al Vaticano de ser el perro de guardia del capitalismo americano. Si se rompe esto no hay nada”, concluye Cervellera.

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Fuentes

Religion News Service / Catholic News Service / Revista Alfa y Omega / Videos: / Foto: CNS, Reuters – Tyrone Siu

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