“Mi religión me dice que Dios creó el universo. Mi ciencia me dice cómo lo hizo”

7:00 p m| 9 set 19 (VX/VN).- “Entre la ciencia y la religión no hay tensión, solo una relación”, comentó en una entrevista el Director del Observatorio Vaticano, Guy Consolmagno, uno de los impulsores del buen entendimiento entre ciencia y fe. Convencido que se potencian y complementan entre sí, explicó que como en toda relación, hay cuestiones que deben ser discutidas y convertidas en intercambios provechosos.

Conversó también sobre la posibilidad de vida extraterrestre y cómo encaja con nuestra creencia, y reveló cuál es el elemento entre todo el universo que le gustaría tener a su alcance para dedicarle un trabajo de investigación. Consolmagno, hermano jesuita y astrónomo formado en el MIT -con un doctorado en la U. de Arizona-, también es responsable de la colección de meteoritos del Vaticano.

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Los jesuitas astrónomos que estudian el movimiento de estrellas, galaxias y planetas pasean por los jardines de la residencia papal de Castel Gandolfo y por el campus de la Universidad de Arizona, donde el Vaticano atiende el moderno telescopio que tiene en el Observatorio Internacional de Monte Graham, en este estado norteamericano. Al frente de este equipo está precisamente un estadounidense, Guy Consolmagno.

-La Tierra, en la periferia del universo

Su llegada al Observatorio Vaticano comenzó precisamente clasificando más de 1.000 meteoritos donados por un aristócrata francés y acostumbrándose a los continuas pausas para el café que se hacen en Italia, confiesa en una entrevista al portal estadounidense Vox. Hasta que en 2015 el Papa le nombró director de la institución por un periodo de 10 años, algo que aceptó fiel a la obediencia jesuítica.

Seguro de su fe, no teme el hallazgo de vida alienígena, “ya tenemos partes de la Biblia que dicen que no somos las únicas cosas inteligentes hechas por Dios”. Para Consolmagno, “la religión nunca quiso decir que los seres humanos fueran el centro del universo. Esto es un malentendido de la vieja cosmología” como la que narra Dante recogiendo la tradición medieval.

La Tierra no es el centro, es la periferia del universo parece decir, porque “eso es lo que hace que la idea de la salvación sea tan alucinante. Que a un Dios que podríamos pensar que tiene mejores cosas que hacer, no obstante le importara el planeta Tierra, ¡eso es lo que es asombroso!”.

-En todas las relaciones hay problemas

“Ahora, tenemos un universo en el que sólo podemos ver 13.800 millones de años luz en todas direcciones, y más grande que eso es el Dios que lo hizo”, dice reivindicando la cosmología actual. “Mi religión me dice que Dios creó el universo. Mi ciencia me dice cómo lo hizo”, sentencia.

Rechaza así toda “tensión” entre ciencia y fe, aunque no deja de constatar que “como en cualquier tipo de relación, siempre habrá problemas” pero esto “es un buen síntoma”. “La razón por la que tenemos el valor de hacer ciencia es porque creemos en un universo que es consistente, lógico y que sigue las leyes, y eso es tan bueno que vale la pena pasar nuestra vida estudiando”, afirma.

“La gente que quiere dibujar un conflicto entre uno y otro, generalmente, tiene una agenda. Están tratando de venderte su lado, de un lado o del otro”, señala tomando distancia de esta visión ideologizada. Confiesa Consolmagno que la ciencia no se ha terminado y por eso seguirá investigando el año que viene, pero que tampoco conoce a Dios del todo y por eso volverá un día más a misa.

 

Entrevista completa a Guy Consolmagno (publicado en el portal Vox)

En lo alto del Monte Graham en Arizona, escondido en un bosque de árboles, hay un telescopio. Es uno de varios en el Observatorio Internacional Mount Graham. Pero éste está especialmente vinculado con “el cielo”; es operado por el Observatorio Vaticano.

Sí, la Iglesia católica romana tiene su propio observatorio astronómico. La institución astronómica del Vaticano se remonta por lo menos a 1891, y demuestra que la Iglesia es un participante activo en el mundo científico. Su observatorio nos dio la primera prueba fotográfica del “destello verde” al atardecer, y sus investigadores siguen tratando de resolver preguntas sobre los planetas y asteroides cercanos, y galaxias muy, muy lejanas.

La observación ya no se hace en el mismo Vaticano desde hace mucho; Roma está demasiado contaminada por la luz. Pero se han establecido en otros lugares, como Arizona. (Curiosamente, el espejo del telescopio en Arizona fue diseñado por un ángel. Específicamente, un hombre llamado Roger Angel).

El hermano Guy Consolmagno trabaja cerca a este telescopio de Arizona. Es un hermano jesuita, pero también un científico planetario. Y ahora mismo, dirige el Observatorio Vaticano. Dados los planes de la NASA de devolver a la gente a la Luna en 2024, y el entusiasmo de los multimillonarios de la tecnología por enviar a la humanidad al Espacio, quería preguntarle a Consolmagno acerca de la relación entre los seres humanos y el espacio, tanto desde una perspectiva científica como religiosa.

Más específicamente, quería preguntarle sobre la tensión que vi entre su labor como científico y su labor en la Iglesia. Los astrónomos están buscando activamente señales de vida en otros mundos. Me preguntaba qué significaría para el catolicismo si la encontraran. Resulta que él no ve esa tensión en absoluto.

La conversación, editada para mayor claridad y extensión, toca el trabajo que realiza el Observatorio Vaticano, cómo se enfrenta a grandes cuestiones filosóficas, y cómo, desde su punto de vista, la ciencia y la religión se potencian y complementan entre sí. Pero para empezar: cómo uno se convierte en astrónomo del Vaticano en primer lugar.

-Guy Consolmagno: Fui científico durante 20 años (específicamente en los años 70 y 80). Pero eventualmente me acercaba a los 40 años y pensé que si me unía a los jesuitas como hermano, tal vez podría enseñar en una universidad jesuita. Así que cuando me uní a los jesuitas, todo lo que me pidieron fue que hiciera los tres votos: pobreza, castidad y obediencia.

Pobreza… estaba acostumbrado a eso, había sido estudiante de posgrado. Castidad… también acostumbrado, por el mismo motivo. ¿Pero eso de la obediencia? Eso era nuevo. Ellos deciden el lugar donde vas a trabajar. Y me dijeron que con mis antecedentes, mi doctorado en ciencias planetarias, iba a ir al Observatorio Vaticano.

-Byrd Pinkerton: Tengo curiosidad por saber cómo era un día en tu vida.

-GC: Sucede que un noble francés había donado mil meteoritos al Vaticano. Así que un día típico en el que me divertía como científico era: Iba a mi laboratorio, medía meteoritos durante un par de horas, tomaba un descanso para tomar un café porque esto es Italia, y luego volvía y escribía las medidas. Pero en el 2015, el Papa buscaba un nuevo director porque el anterior había cumplido su mandato de 10 años y dijo: “Tú eres el nuevo director”. “Sí, señor”. Porque eso es obediencia.

-BP: Si pudieras tener cualquier pieza de cualquier parte del sistema solar justo enfrente de ti para mirar o examinar ¿Cuál eliges?

-GC: Me gustaría tener un metro cúbico del agua del océano bajo la corteza de hielo de Europa (sexto satélite natural del planeta Júpiter).

-BP: ¿Por qué?

-GC: ¡Hay tanto que aprender! En primer lugar: ¿Hay vida en esa agua? Y si no, ¿por qué no? Todos los ingredientes deberían estar ahí para el tipo de química que nos da vida. Y no solo se trata de ciencia, sino que también hay una conexión personal. Fue mi tema de investigación cuando era estudiante en el MIT, y escribí una tesis de maestría sobre las aguas bajo la corteza de hielo de los satélites congelados.

Me encantaría poder averiguar cuánto hice bien y cuánto me equivoqué. Creo que este es el lugar más probable donde vamos a encontrar vida que no fue influenciada por lo que sea que inició la vida en la Tierra. Una evolución separada de la vida.

-BP: ¿Qué significaría para el catolicismo que descubriéramos vida inteligente en otros lugares?

-GC: Sabes, hay partes en las escrituras que dicen que no somos las únicas cosas inteligentes hechas por Dios. Eso ya está incorporado en el sistema. Tienes lugares maravillosos (en la Biblia) donde un granjero habla de las estrellas gritando de alegría a su creador. No sabemos de qué estamos hablando. Y mientras nos demos cuenta de que es divertido hacer hipótesis, es divertido jugar con las ideas.

-BP: Creo que existe esta percepción de que en la religión -y por favor corrígeme si si me equivoco- la humanidad es vista como una figura o presencia central. Y me pregunto si eso choca con la idea de que somos infinitesimalmente insignificantes comparados con el tamaño del universo.

-GC: Es una pregunta difícil. La religión nunca quiso decir que los seres humanos fueran el centro del universo. Eso es un malentendido de la vieja cosmología. La Tierra estaba en el fondo del universo. Piensa en la imagen de Dante, cuando intentaba describir en su visión medieval, el infierno de abajo, en el centro de la Tierra. Eso haría del infierno la parte más importante del universo. ¡Y no! Es justo lo contrario.

Estamos, en esta visión medieval, en una cadena de creación, y estamos lo más lejos posible de la acción. Somos insignificantes. Eso es lo que hace que la idea de la salvación sea tan alucinante. Que a un Dios, que tu pensarías que tendría mejores cosas que hacer, no obstante le importa el planeta Tierra. Eso es lo que es asombroso. Y solo recuperas esa sensación de asombro si te das cuenta de lo pequeños e insignificantes que pareceríamos ser de otra manera.

Ahora, la gente que escribió Génesis, capítulo 1, que fue la mejor ciencia de su día hace 2,500 años, dijo que la Tierra era un plano con una cúpula sobre ella y agua por encima y por debajo de la cúpula, y eso es lo que se ve cuando se mira hacia afuera. Y más grande que eso fue el Dios que lo hizo. Ese era un Dios bastante grande. Ahora, tenemos un universo que “solo” podemos ver 13.800 millones de años luz en todas direcciones. Y más grande que eso es el Dios que lo hizo.

-BP: Parece que lo que estás diciendo es que la relación entre la ciencia y la fe es muy fuerte para ti.

-GC: La respuesta que se me ocurre es: Mi religión me dice que Dios creó el universo. Mi ciencia me dice cómo lo hizo. Pero hay más que eso y recurro a la escritora de ciencia ficción Teresa Nielsen Hayden. Tiene un ensayo maravilloso que comienza: “Creo en el Dios de las lutitas de Burgess”.

¿Qué son las lutitas de Burgess? Es una de estas hermosas regiones geológicas en el oeste de Canadá donde se puede ver toda la secuencia estratigráfica de fósil tras fósil tras fósil. Y se puede ver en una sola parte de una roca toda la evolución que se acaba de esbozar. Y su punto era que un Dios que hizo el universo así y luego nos muestra cómo se hizo, quiere que seamos científicos. está tratando de gritarnos, “¡Aquí es donde me vas a encontrar!”

-BP: De hecho, quiero hacer esta pregunta de otra manera. Creo que mucha gente ve una tensión entre la ciencia y la religión. ¿Existe una tensión entre la ciencia y la religión?

-GC: Tensión no es la palabra correcta, más bien hay una relación. Y como en cualquier tipo de relación, siempre habrá discusiones. Pero son discusiones provechosas. La razón por la que tenemos el valor de hacer ciencia es porque creemos en un universo que es consistente, y es lógico, y que sigue las leyes, y eso es tan bueno que vale la pena pasar nuestra vida estudiando.

La gente que quiere provocar un conflicto entre uno y otro, generalmente, tiene una agenda. Están tratando de venderte su lado, de un lado o del otro. Y quieren identificar al otro como enemigo. Hemos visto cómo funciona en política: muy mal. Y es muy malo para la ciencia y la religión.

-BP: Todos con los que he hablado en nuestra oficina y les dije: “Voy a entrevistar al astrónomo del Vaticano”, han dicho: “¿Y Galileo?”.

-GC: ¡Já! Todo lo que sabes de Galileo probablemente está mal. El asunto Galileo estaba muy ligado a la política local y a las personalidades locales. Cuando lees lo que realmente ocurrió, te das cuenta que no es el mito que te enseñaron. Pero la verdad no hace que la Iglesia se vea mejor. ¡Porque, oye, somos seres humanos! ¡Hacemos cosas estúpidas! Soy un científico, y como científico, he hecho cosas estúpidas.

Pero el hecho es que tenemos que aceptar nuestros errores. Tenemos que reconocer que, al final del día, aún no conocemos toda la ciencia. De lo contrario, ¿por qué pediría dinero para hacerlo de nuevo el año que viene?

Y no entendemos totalmente a Dios. Por eso volvemos y rezamos todos los domingos. Para tratar de entenderlo… ¿lo hice bien? ¿Y qué se supone que debo hacer ahora?

 

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Antecedentes en Buena Voz:

 

Fuentes:

Revista Vida Nueva / Vox

Puntuación: 5 / Votos: 1

Comentarios

  1. ARTURO FRANCO escribió:

    ” … Pero la verdad no hace que la Iglesia se vea mejor. ¡Porque, oye, somos seres humanos! ¡Hacemos cosas estúpidas! Soy un científico, y como científico, he hecho cosas estúpidas.”

    Dios esta en la Verdad !

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