Lo que significa ser feminista católica

9:00 a m| 5 dic 18 (AM/VI).- “Una de las preguntas que me hacen a menudo como escritora es cómo puedo ser católica y feminista. Mi respuesta habitual es preguntar cómo podría ser católica y no feminista”, es una de las frases que resalta en el testimonio de una escritora de formación católica y profesora universitaria, que propone de manera sencilla la comprensión del feminismo en el contexto de la vida y fe católica, y por qué la Iglesia debe involucrarse. Justamente en el Vaticano, hace pocos días, Francisco entregaba el “Premio Ratzinger” a la teóloga Marianne Schlosser y pidió ampliar los espacios femeninos en la investigación teológica, “territorio casi exclusivo del clero”.

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Reflexión de Kaya Oakes (redactora en America Magazine – Catedrática de la U. de California)

Durante más de una década, he impartido una clase sobre la convergencia entre la música y los movimientos sociales en la Universidad de California, Berkeley, donde nació el Movimiento de Libertad de Expresión. En el primer día de clase, hablamos de la historia de la música de protesta, y doy a los estudiantes la definición etimológica de la palabra “protesta”: del latín pro testari, protestar significa ser testigo de algo y luego salir a testificar, exteriorizar.

Dos años antes de que surgiera el movimiento #MeToo, añadí al programa de estudios el libro de Rebecca Solnit “Men explain things to me” (Los hombres me explican cosas) para que mis estudiantes pudieran explorar las conexiones entre la música y el movimiento feminista resurgente. Solnit, una historiadora muy prolífica, activista y crítica social, no acuñó el término “mansplaining” (cuando hombres explican cosas de manera paternalista y condescendiente a las mujeres), pero en su libro, habla de una ocasión en la que un hombre que conoció en una fiesta se negó a creer que era la autora de uno de sus propios libros. “Mansplaining” es solo un ejemplo de las maneras en que se devalúan, ponen en duda y se silencian los conocimientos y las experiencias de las mujeres. Desafortunadamente, también está muy extendida en la Iglesia Católica.

Una de las preguntas que me hacen más a menudo como escritora es cómo puedo ser católica y feminista. Mi respuesta habitual es preguntar cómo podría ser católica y no feminista. Fui criada en la Iglesia y recibí catequesis de mujeres, fui educada en escuelas católicas por mujeres, y soy una escritora inspirada por el trabajo de teólogas católicas de gran prestigio como Elizabeth Johnson, M. Shawn Copeland y Sandra Schneiders, laicas católicas activistas como Dorothy Day, y escritoras católicas contemporáneas como Natalie Diaz, Toni Morrison y Rebecca Brown.

Sin embargo, las respuestas más frecuentes a mi trabajo en las publicaciones católicas a menudo suenan a parcialidad en contra de mi género. Un lector masculino me dijo una vez que no era mi trabajo cuestionar a la Iglesia; era mi trabajo “arrodillarme” y estar agradecida de pertenecer a ella. Ese es uno de los comentarios que he recibido y que puedo transmitir. Voy a preferir omitir aquellos que no podría reproducir aquí. La ironía es que semanalmente, me pongo de rodillas en la iglesia y doy gracias. Pero eso no significa que no deba “ponerme de pie” de vez en cuando.

Escribo esto unos días antes de la fiesta de Santa María Magdalena, a la que se refiere como el “apóstol de los apóstoles”. Pero María Magdalena es más que eso: Elegida por Cristo para ser la primer testigo de la resurrección, María Magdalena sale y da testimonio de la buena nueva. Y la reacción de los apóstoles varones es reveladora. No le creen. Dudan de su testimonio. Ella es mi santa patrona, elegida cuando pasé por la confirmación, pero también es la santa patrona del “mansplained”.

El feminismo no se trata de que las mujeres sean mejores que los hombres. Se trata de que se reconozca a las mujeres como iguales, de que hombres y mujeres trabajen juntos. Eso significa reconocer nuestros logros así como las luchas que enfrentamos. Creer en el testimonio de las mujeres es lo que hace que el movimiento #MeToo sea tan crucial. Para las feministas católicas a quienes se les dice regularmente que debemos abandonar la Iglesia o que debemos callarnos, esto también significa dar testimonio de la belleza y la gracia de ser mujeres católicas y de los desafíos también.

El “ambos / y” católico es útil aquí: El feminismo es necesario para ser una mujer católica y una de las razones por las que se les pondrá a prueba como feminista católica. La plataforma es un privilegio, y los que tenemos un papel público que desempeñar en las conversaciones sobre la mujer en la Iglesia estamos llamados a utilizarla para desafiar las nociones anticuadas sobre la inferioridad de la mujer. Somos católicos y mujeres. Dios nos creó para ser nosotras mismas, completas y auténticas, y Dios nos ve como somos, completas y auténticas. Y a veces tenemos que levantarnos y decir esto: Esperamos que la Iglesia pueda hacer lo mismo.

 

“Importante dar a las mujeres responsabilidades en la Iglesia”

Mujeres y arquitectura sacra. Las primeras se encuentran todavía al margen de ciertos ámbitos de la Iglesia; la segunda está en declive, mientras se asiste a una “deshumanización de los espacios urbanos”. Son cuestiones que deben ser analizadas y lagunas que hay que llenar. Fue lo que dijo el Papa Francisco durante la ceremonia de hoy, en la Sala Clementina, en la que entregó el “Premio Ratzinger”, promovido por la Fundación vaticana Joseph Ratzinger – Benedicto XVI.

Entregando el galardón a la teóloga Marianne Schlosser (muy emocionada durante la ceremonia) y al arquitecto Mario Botta, el Papa Francisco aprovechó la ocasión para insistir en el deseo de que se reconozca “cada vez más la aportación femenina en el campo de la investigación teológica científica y de la enseñanza de la teología”, normalmente considerados “territorios casi exclusivos del clero”. También animó el compromiso del arquitecto que ha creado espacios sacros en las ciudades, “en particular cuando se corre el riesgo de olvidar la dimensión espiritual y la deshumanización de los espacios urbanos”.

El Papa Francisco reflexionó sobre los dos premiados en la edición de este año y expresó aprecio particularmente porque se haya atribuido a una mujer un premio sobre la investigación y la enseñanza de la teología, la profesora Schlosser.

“No es la primera vez -porque la profesora Anne-Marie Pelletier ya lo ha recibido-, pero es muy importante que se reconozca cada vez más la contribución de las mujeres en el campo de la investigación teológica científica y de la enseñanza de la teología, consideradas durante mucho tiempo territorios casi exclusivos del clero”.

“Es necesario —insistió Francisco— que esta contribución sea estimulada y que encuentre un espacio más amplio, coherente con el crecimiento de la presencia femenina en los diferentes campos de responsabilidad de la vida de la Iglesia en particular, y no sólo en el campo cultural. Desde que Pablo VI proclamó a Teresa de Ávila y a Catalina de Siena doctoras de la Iglesia, no cabe duda de que las mujeres pueden alcanzar las cimas más altas en la inteligencia de la fe. Juan Pablo II y Benedicto XVI también lo han confirmado, incluyendo en la serie de doctores los nombres de otras mujeres, Santa Teresa de Lisieux y Hildegarda de Bingen”.

 

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Fuentes:

America Magazine / Vatican Insider

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