Francisco elige a un laico para dirigir el Dicasterio para la Comunicación

10:00 a m| 10 jul 18 (VATN/VI).- En uno de los nombramientos más esperados, el Papa designó a Paolo Ruffini, un laico de 61 años y hasta ahora director de Tv2000 -el canal de televisión de la Conferencia Episcopal Italiana-, como prefecto del Dicasterio para la Comunicación, el “ministerio” de Comunicación del Vaticano. Es la primera vez que un laico está al frente del aparato de comunicación de la Santa Sede y de uno de los dicasterios más grandes, en el que trabajan 600 personas. Ruffini es casado y tiene casi 40 años de experiencia como periodista.

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Paolo Ruffini, casado, periodista y director de radio y de redes televisivas (Rai3 y Tv2000), por voluntad del Papa Francisco se ha convertido en el primer laico encargado de un Dicasterio de la Curia romana. El dicasterio para la comunicación, del cual Ruffini fue nombrado Prefecto, es un organismo nuevo que incorpora y coordina todos los medios editoriales, de información, comunicación y multimedia de la Santa Sede, además del que hace tiempo era el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales.

Con el nombramiento de Ruffini en uno de los organismos vaticanos más significativos (en cuanto al número de personas que en él trabajan) se da un paso completamente nuevo en la historia de la Santa Sede, que hasta ahora sólo había encargado a un laico la vicepresidencia de la Pontificia Comisión para América Latina, el profesor Guzmán Carriquiry, que era “número tres” del viejo Pontificio Consejo para los Lacios.

Por primera vez, pues, un hombre casado, ni obispo ni sacerdote, asume un puesto quiparable al de los cardenales y arzobispos encargados de los dicasterios, es decir los “ministros” del Papa y sus colaboradores en la Curia.

¿Cuáles son las razones de esta decisión de Francisco? El Papa pudo conocer y apreciar el trabajo del nuevo Prefecto durante los años que pasó en Tv2000 (el mismo Ruffini, con Lucio Brunelli, director del telediario del canal de os obispos, entrevistó al Papa Francisco en ocasión de la clausura del gran Jubileo extraordinario de la Misericordia, en noviemrbe de 2016).

El currículum de Ruffini habla solo: periodista, experto de televisión, fue el director del canal Rai3 durante los años en los que el tercer canal de la red pública de televisión italiana produjo algunos de los mejores programas. Son famosas sus capacidades y competencias en ámbito comunicativo.

La característica más oculta, porque la conocen solamente los que han tenido la posibilidad de trabajar con Ruffini, es su capacidad de escuchar y dar valor a todos, incluyendo sin excluir nunca. Un rasgo humano inconfundible de una persona diáfana. No es casual que el 5 de julio de 2018, al medio día, cuando el nombramiento fue dado a conocer en el Vaticano, hubiera diferentes colaboradores, periodistas y técnicos con lágrimas en los ojos por la emoción en los estudios de Tv2000.

Los medios de comunicación vaticanos están viviendo una transición nada fácil: el camino de la reforma emprendida por el Prefecto anterior, monseñor Dario Viganò (que renunció después del incidente de la carta de Benedicto XVI, divulgada parcialmente, pero a quien Francisco ha mantenido con el papel de “asesor” del dicasterio) todavía debe concluir. No han faltado tensiones e incomprensiones.

La llegada de una persona que ha tenido que ocuparse de puestos de responsabilidad y que ha sabido trabajar bien con todos sus colaboradores, dando valor a las capacidades de cada uno, representa una decisión importante, alejada de la mentalidad empresarial y funcionalista que a veces parece contagiar también a la Iglesia, cuando sigue modelos de grandes empresas y acaba dando por descontado el contenido de lo que comunica.

 

Francisco pasa la corresponsabilidad laical de la teoría a la práctica

Francisco es un Papa político. En el buen sentido del término: Un Papa preparado para gobernar. Por eso, es capaz de tomar decisiones históricas en el momento justo, mientras mantiene otras en la nevera, hasta que llegue su momento. Acaba de dar una prueba más de su buena gobernanza con el histórico nombramiento de un laico, Paolo Ruffini, al frente del importantísimo dicasterio de la Comunicación. Y al hacerlo, Bergoglio mata varios pájaros de un tiro.

En primer lugar, nombra un laico, casado y padre de familia, para un dicasterio técnico y, por lo tanto, es “natural” que recaiga en manos de un profesional contrastado como Ruffini. Y, además, al tratarse de un dicasterio técnico deja sin capacidad de respuesta crítica a los integristas de turno, que están a la que salta con las decisiones de Francisco, amenazando continuamente con el “que viene el cisma”.

En segundo lugar, con el nombramiento de Ruffini le clava un rejón de muerte a los recalcitrantes de la Curia romana. Equipara a un laico nada menos que con los prefectos de los dicasterios (todos ellos cardenales) y, al mismo tiempo, azota una vez más al clericalismo, uno de los grandes males de la Iglesia, como suele decir Francisco.

En tercer lugar, rompe la inercia de siglos y, quizás, por vez primera en la Historia de la Iglesia (al menos en la reciente) coloca a un laico en la cúpula eclesiástica. El vaticanista Luis Badilla, siempre bien documentado, recuerda, en Il Sismografo, que hubo dos laicos en puestos importantes de la Curia. Pellegrino Rossi (1787-1848) y Ercole Consalvi (1757-1824), un laico que fue nada menos que cardenal Secretario de Estado por dos ocasiones en tiempos de Pío VII.

Pero, en la historia reciente de la Iglesia, con su decisión, el Papa Francisco pasa la corresponsabilidad laical de la teoría a la práctica, como le gusta hacer. Y manda una potente señal a la Iglesia, que no podrá tener futuro sin contar de verdad con los laicos en su estructura jerárquica.

 

Paolo Ruffini: “Como dice el Papa, las reformas son un caminar juntos” (Entrevista)

-Su nombramiento ha desatado una gran sorpresa: la primera vez que se elige a un laico, casado, para guiar a un dicasterio de la Curia romana. ¿Qué representa esto para usted?

Fui el primero en sorprenderse con la llamada del Papa. Y como he dicho, soy plenamente consciente de cómo un encargo así de grande es también una medida constante y un recordatorio de mi pequeñez personal, que sólo puede confiar en la Gracia de Dios. Cuando al final del Jubileo, junto con Lucio Brunelli, entrevisté al Santo Padre, recuerdo una de sus respuestas a nuestra pregunta sobre la Iglesia: “La Iglesia, como institución, la hacemos cada uno de nosotros. Somos la comunidad”.

Estas palabras son también un llamado a los laicos, para que no eludan sus responsabilidades, su “ser Iglesia” y los roles que en la vida, la Iglesia puede pedirnos que desempeñemos. Creo que esto es lo que el Papa nos pide a cada uno de nosotros y lo que me ha pedido a mí en este caso concreto. Una llamada a la que sólo se puede responder confiando, como dice San Pablo, en que es precisamente en la debilidad cuando se manifiesta plenamente la fuerza.

-¿Cuál es su balance de los años trabajando en Tv2000 y Radio InBlu?

Los balances nunca retratan bien las cosas vivas, que se mueven y caminan. Los años en Tv2000 e InBlu han sido un viaje hermoso y emocionante para mí, hecho con personas extraordinarias. Pero no es un viaje que se interrumpe. Es un proceso que estoy seguro que continuará rápidamente, porque hay cada vez una necesidad más grande de compartir el bien en un mundo donde la comunicación a menudo, se basa en aquello que no es bello.

-A usted le tocará concluir la reforma de la comunicación vaticana impulsada por el Papa con el motu proprio del 27 de junio 2015…

Las reformas nunca son hechas por una sola persona. Como escribió el Papa, no son un problema de gráficos organizativos, sino la adquisición de un espíritu de servicio. Las reformas son “un caminar juntos” que requiere escuchar, la inclusión y la participación de todos.

Es por eso que necesitamos la voluntad de cambiar y la conciencia de cuán grande y hermoso es el contenido de lo que comunicamos a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Este es el desafío al que la Iglesia nos llama. Y este es el camino por el que todos tendremos, incluido yo, que andar hacia adelante. Como dijo el Papa, no debemos temer a esta palabra, reforma. La reforma “no es blanquear las cosas, sino organizarlas de otra manera”. Y esto es lo que el Papa nos pide.

 

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Fuentes:

Vatican News / Vatican Insider / La Nación

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