Bioética y migrantes: diálogo directo entre obispos y gobierno francés

8:00 p m| 7 may 18 (VN).- La Iglesia y el Estado en un diálogo público en la Francia de la laicidad, reconociendo recíprocamente el propio papel y sin ocultar los puntos de fricción. Es lo que sucedió durante la recepción promovida por la Conferencia Episcopal en la que participaron Emmanuel Macron y 400 representantes del mundo de la política y de la sociedad civil.

Una cita parecida existe en Francia desde hace años con el CRIF (el Consejo de las Instituciones Hebraicas Francesas) y con el CFCM (el Consejo Francés del Culto Musulmán); pero para la Iglesia católica fue la primera y el evento no desilusionó las expectativas. Macron, habló abiertamente de una relación que hay que volver a encontrar, y Mons. Georges Pontier resaltó una responsabilidad compartida por los más vulnerables.

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El Colegio de los Bernardinos de París, un antiguo monasterio cisterciense del siglo XIII elegido para que Benedicto XVI pudiese encontrarse con representantes del mundo de la cultura durante su viaje a Francia en 2008, ha sido el escenario elegido por los obispos franceses para celebrar el primer encuentro con las autoridades y la sociedad civil gala.

Una iniciativa propuesta por la Conferencia Episcopal Francesa y que ha reunido a unos 400 invitados entre obispos o las principales instituciones católicas del país –con un lugar destacado para las que se ocupan de los migrantes y refugiados, personas con discapacidad, sin techo–; pero también representantes de instituciones educativas, del mundo de la cultura, empresarios y el propio Emmanuel Macron, presidente de la república y el ministro del Interior Gérard Collomb, como encargado de las relaciones del Estado con las distintas confesiones religiosas, así como otras autoridades.

En este encuentro los primero en tomar la palabra fueron algunos miembros de la Sociedad de San Vicente de Paúl, un joven con autismo y su hermano o una mujer anciana denunció la creciente situación de los sin techo, como expresión de la atención de la Iglesia a los más necesitados.

La razón y la fe se ayudan mutuamente

Georges Pontier, arzobispo de Marsella destacó que “la grandeza de una sociedad se mide por su capacidad de acoger a los más frágiles de sus miembros”, por lo que recordó al presidente que tanto la Iglesia Católica y el Estado tienen “una ambición común o una responsabilidad compartida: la de contribuir, cada uno según su estatuto, a la calidad de la vida en este, que es nuestro país y que tanto queremos, Francia”.

Tras la última asamblea plenaria, el pasado mes de marzo, los obispos galos se han manifestado muy críticos con la legalización del suicidio asistido y la eutanasia, algo que han plasmado en el documento “Fin de la vida: ¡sí a la urgencia de la fraternidad!”, en el que reclaman un mayor desarrollo de los cuidados paliativos. El arzobispo se ha referido a este debate social preguntándose “¿qué mundo queremos dejar al futuro?”.

En este sentido, citando a Benedicto XVI, ha recordado que “la razón y la fe se ayudan mutuamente” y ha señalado abiertamente que “no se puede legislar en estos ámbitos (de la bioética) sin estar seguros de las consecuencias de nuestras elecciones para las generaciones futuras”, haciendo una llamada a la prudencia en este ejercicio legislativo.

Pontiner también ha reivindicado a la familia como “uno de los pilares de la sociedad”, por lo que ha recordado la responsabilidad de los católicos para que se velen los derechos de los más débiles, “desde el niño más débil, el embrión no nacido, a las personas con discapacidad o con parálisis, a los ancianos y dependientes”.

Citando a la encíclica Laudato Si, el presidente de los obispos galos, también hizo un llamamiento al compromiso común por la ecología. “Todo está conectado y todos estamos conectados entre nosotros”, apuntó. Por ello ha pedido una economía más humana, basada en “la gratuidad de una relación, en un amor compartido, en una amplia acogida”, como la que se debe dispensar a los migrantes. En este sentido, “hay mucha generosidad en nuestro país que espera ser desarrollada”, sentenció citando al coronel Arnaud Beltrame que “mostró de qué es capaz el ser humano cuando está habitado por el ideal de defender su país y saber lidiar con las situaciones más inesperadas cuando se requiere tomar una decisión decisiva”.

“Francia ha sido fortificada por el compromiso de los católicos”

Educado en el colegio de los jesuitas de Amiens –en el que conoció a su mujer, la profesora Brigitte Macron, presente en el acto– y vinculado a los gobiernos socialistas de François Hollande, Macron acudió a veladas similares organizadas por las iglesias evangélicas, musulmanes y judíos. El presidente en su intervención también destacó el ejemplo del coronel Beltrame y como “cuando llega la hora de mayor intensidad, la parte del ciudadano y la parte del católico arden en una misma llama”.

“Los vínculos entre la Iglesia y el Estado están dañados y depende de ustedes y de mí arreglarlo”, declaró de forma directa el presidente Macron que ha reconocido que “Francia ha sido fortificada por el compromiso de los católicos”. Por ello, señaló que “en este momento de gran fragilidad social, considero que es mi responsabilidad no permitir que se vea erosionada la confianza de los católicos en la política… no puedo dejar que esta decepción se siga agravando”, añadió.

Para Macron, “la savia católica debe contribuir, una y otra vez, al funcionamiento de nuestra nación”, para lo que pidió que los católicos hagan “tres dones a la República: el don de vuestra sabiduría, el de vuestro compromiso y el de vuestra libertad”. En este sentido, el presidente señaló que “la laicidad no tiene la función de desarraigar de nuestras sociedades la espiritualidad que nutre a tantos de nuestros conciudadanos”.

Respecto a las políticas francesas de migración, el presidente señaló que ha escuchado “las inquietudes de los católicos y quiero tratar de responderlas” a través de “una conciliación entre la legalidad y la humanidad” siguiendo la llamada a la prudencia del papa Francisco y reivindicando un auténtico “humanismo realista”. “Las migraciones grandes no se van a detener. Son el resultado de grandes desequilibrios internacionales. Mantendremos siempre el curso entre el humanismo y el pragmatismo”, sentenció.

Despertar del letargo

El presidente también ha entrado en el debate bioético en su intervención –una cuestión “profunda e íntima” en la que se ha sentido acusado antes de conocer de antemano los resultados del debate social, señaló–, citando incluso algunos textos del documento episcopal. Además de alabar la labor de acompañamiento de las asociaciones católicas y los sacerdotes en tantas situaciones difíciles de la vida, recordó en la elaboración de la última legislación francesa estableció que el debate “se enriqueciese con el asesoramiento de los líderes religiosos, porque nos enfrentamos a debates humanos, éticos, morales”.

Aunque, señaló que “una vez más, algunos principios enunciados por la Iglesia se enfrentan a realidades contradictorias y complejas”. Macron se mostró partidario de buscar el “límite” a la “manipulación y fabricación de seres vivos” que “no puede extenderse hasta el infinito sin cuestionar la misma idea del hombre y de la vida”.

Macron ha condenado que “lo que golpea nuestro país es el relativismo y el nihilismo: teniendo en cuenta que la era posmoderna es el aire de la gran duda que renuncia a lo absoluto”, y ha reclamado que, para él, la iglesia en su mejor forma es la que dice “llamas y se os abrirá”. Por ello ha reivindicado la fuerza del compromiso político: “Creo que la política necesita la energía del compromiso, vuestra energía”. Pidió a los católicos que “participen políticamente, porque su fe es parte del compromiso en el debate social, porque la efectividad implica no desconectar la acción individual de la pública”.

Dejando de lado su discurso escrito, Macron llamó a “restaurar la dignidad de los más frágiles de la sociedad” a través del compromiso político en las cuestiones sociales que tocan la parte más humana para que Francia y Europa “despierten de su letargo”. Para ello, ha ensalzado que “la primera libertad que la Iglesia puede ofrecer a la nación es ser inoportuna”, aún comprendido el actual contexto de pluralismo religioso. Como ejemplo de dicho pluralismo, Macron ensalzó el testimonio sufriente de los cristianos de oriente.

 

Fuentes:

Vida Nueva / Vatican Insider

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