Que la Iglesia aprenda de los fieles sobre vida matrimonial

2:00 p m| 9 mar 18 (NCR/BV).- La Iglesia católica debe aprender sobre la vida matrimonial de sus fieles, fue el comentario del cardenal norteamericano Blase Cupich, en un discurso reciente en la Universidad de Cambridge. Y no lo está diciendo por un deseo de diluir la enseñanza de la Iglesia, sino por convicción teológica.

El Evangelio llega a las familias a través de la Iglesia, pero esa relación no termina ahí, también las familias contribuyen a que la Iglesia comprenda y proclame la Palabra de Dios, argumentó Cupich. Llegó a esa conclusión partiendo de que la Iglesia comprende a la familia como un espacio privilegiado de la autorrevelación de Dios.

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Si aceptamos eso, dijo Cupich, “a ninguna familia se le debería considerar privarla de la gracia de Dios”. Como resultado, “nuestro enfoque ministerial debería comenzar con el entendimiento de que las familias no son problemas por resolver”, dijo. “Más bien, son oportunidades para que la Iglesia pueda discernir, con la ayuda del Espíritu, cómo Dios está activo en nuestro tiempo y lo que Dios nos llama a hacer aquí y ahora”.

En su discurso patrocinado por el Von Hügel Institute for Critical Catholic Inquiry de la U. de Cambridge, Cupich hace una contribución significativa al debate internacional sobre “Amoris Laetitia”, respaldando al papa Francisco, quien ha sido duramente criticado por abrir la posibilidad de que los católicos divorciados y vueltos a casar puedan ser admitidos al sacramento de la Comunión. El cardenal incluso cita, del Concilio Vaticano II, la “Constitución Dogmática sobre la Iglesia”, que exige la sumisión religiosa en pensamiento y voluntad al magisterio del Papa.

Cupich cree que la exhortación apostólica presenta un nuevo paradigma que nos llama a adoptar un nuevo espíritu, un cambio de dirección en la forma en que la Iglesia lleva a cabo su ministerio a las familias.

Francisco, de acuerdo con Cupich, ha introducido un conjunto de seis principios hermenéuticos que obligan a un cambio de paradigma, lo que nos permite revisar el compromiso de la Iglesia con las parejas y las familias.

El primer principio es “La familia como espacio privilegiado de la autorrevelación de Dios”. Si realmente creemos eso, entonces la Iglesia debe dejar de presentar una imagen abstracta e idealizada del matrimonio. “La tarea de los que acompañan a las familias”, explicó, “es abrir los ojos para ver y ayudarles a discernir dónde Dios los está llamando”.

La autorrevelación de Dios no está restringida solo a aquellos que cumplen los ideales matrimoniales de la Iglesia. Dios también puede estar presente en situaciones irregulares, incluidas aquellos divorciados y vueltos a casar. Cupich argumenta que, aunque este es un cambio de paradigma para aquellos que ministran a las familias, es un cambio “enraizado holísticamente en las Escrituras, la tradición y la experiencia humana”.

El primer principio interpretativo conduce directamente al segundo. “Debido a que las familias son un lugar privilegiado de la autorrevelación y acción de Dios en el mundo, es necesario que haya un cambio en la forma en que los ministros de la Iglesia interactúan con las familias y las parejas casadas. Debe estar marcado por un respeto mutuo hacia el movimiento del Espíritu. Los ministros deben acompañar a las familias en un proceso de discernimiento”.

En otras palabras, la Iglesia no solo debe enseñar; también debe aprender de las familias. Todos deben “permanecer abiertos a la posibilidad de aprender unos de otros al tratar de entender juntos el misterio de Dios”.

Cupich argumenta que esto es lo que Francisco quiere decir con una Iglesia “sinodal”. Significa “rechazar una forma autoritaria o paternalista de tratar con las personas, que pretende tener todas las respuestas o respuestas fáciles a problemas complejos, que sugiere que las reglas generales brindarán claridad inmediata o que las enseñanzas de nuestra tradición pueden aplicarse de forma preventiva a los desafíos particulares que enfrentan las parejas y las familias”.

“El objetivo central de la enseñanza formal sobre el matrimonio es el acompañamiento, no la persecución de un conjunto abstracto y aislado de verdades”, afirma. Este acompañamiento “implica un proceso de escucha y aprendizaje, que guía a los fieles a tomar conciencia de su situación ante Dios”.

Cupich argumentó que “Esto representa un cambio importante en nuestro enfoque ministerial que es nada menos que revolucionario”.

El respeto mutuo al discernir el movimiento del Espíritu en el proceso de acompañamiento se abre al tercer principio sobre el papel de la conciencia. La conciencia no se trata solo de reconocer los pecados del pasado o reconocer la verdad objetiva en el presente, también se trata de discernir el futuro. ¿Qué me está pidiendo Dios ahora?

Cupich cita el Gaudium et Spes del Vaticano II, que describe la conciencia como “el núcleo y santuario más secreto de un hombre… (donde) está solo con Dios, cuya voz hace eco en sus profundidades”. Si tomamos eso en serio, dice Cupich , “exige un profundo respeto por el discernimiento en las parejas y familias casadas. Sus decisiones a conciencia representan la guía personal de Dios para las particularidades de sus vidas”. La voz de la conciencia es la voz de Dios.

“Es difícil exagerar la importancia de este cambio hermenéutico”, dice Cupich. “Al acoger por completo la comprensión de la conciencia que se encuentra en Gaudium et Spes, el papa Francisco señala al acompañamiento de las familias en el ministerio de la Iglesia no solo como una posibilidad, sino a su necesidad”.

El quinto cambio de paradigma es el reconocer que cuando se trata de casos particulares, se necesita un enfoque pastoral y no meramente doctrinal.

“Así como el discernimiento pastoral atiende la realidad de una situación”, dijo Cupich a su audiencia, “la vida moral cristiana basada en la conciencia no se centra principalmente en la aplicación automática de preceptos universales”. Más bien, está continuamente inmersa en las situaciones concretas que dan contexto vital a nuestras elecciones morales”.

Este cambio hacia un enfoque pastoral implica la creación de una cultura de cuidado, hospitalidad y ternura en la comunidad parroquial en nombre de aquellos que han sido heridos.

Este último cambio es el resultado de la permanencia de la misericordia en el corazón del Evangelio hasta el punto de que “siempre debemos considerar inadecuada toda concepción teológica que al final ponga en duda la omnipotencia de Dios y, especialmente, su misericordia”, dijo Cupich, citando a Francisco. Este es el corazón del sexto principio de Cupich. “El desarrollo doctrinal consiste en permanecer abierto a la invitación a ver nuestras enseñanzas morales sobre el matrimonio y la vida familiar a través de la lente de la misericordia omnipotente de Dios”.

Aunque llama a estos cambios paradigmáticos “revolucionarios”, no son “nuevos” sino “revivificados”, según Cupich. Francisco “hace eso al vincular la tradición y la experiencia, la enseñanza y la práctica de una manera que responde mejor a las realidades que las personas enfrentan en sus vidas diarias”.

El discurso del Cardenal Cupich es una contribución sustancial para la comprensión de Amoris Laetitia, probablemente el documento papal más debatido desde la Humanae Vitae del Papa Pablo VI, que prohibió el uso de la anticoncepción artificial. Es un llamando a la Iglesia a tomar en serio a los laicos y escuchar al Espíritu activo en sus vidas, especialmente en sus familias.

 

Fuente:

National Catholic Reporter

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