Card. Parolin: “Guerras e intereses nacionales alimentan la crisis de los refugiados”

7:00 p m| 28 set 16 (AGENCIAS/BV).- “Las guerras como en Siria y Libia, que han aumentado la crisis de los prófugos y refugiados, no encuentran solución porque están en juego demasiados intereses divergentes, empezando por los de Rusia y Estados Unidos”. En una entrevista con el Vatican Insider, el cardenal Parolin, Secretario de Estado vaticano, va a la raíz del problema al hablar de las emergencias que están generando una inestabilidad global.

La conversación se dio a propósito de la intervención del cardenal en la Cumbre de la ONU sobre Refugiados y Migrantes, que se inició el 19 de setiembre en Nueva York. Acompaña a la entrevista una reseña del discurso de Parolin ante la ONU, en el que señaló como causa principal de la crisis migratoria a las guerras y conflictos, que a su vez son obra humana, por lo que “es responsabilidad nuestra afrontar las causas fundamentales que llevan a millones de personas a convertirse en refugiados”.

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-La primera visita que Papa Francisco hizo después de su elección fue a Lampedusa. Han pasado tres años: ¿porqué sigue sin solución la crisis de los migrantes?

No se ha resuelto y, escuchando lo que se dice aquí en la ONU, seguirá sin solución durante muchos años. Es un fenómeno que tendrá una duración bastante larga, no es concebible que se resuelva por sí misma. Este es el valor de la cumbre que hubo en el Palacio de Vidrio (ver enlace al final) sobre los migrantes, porque la comunidad internacional ha cobrado conciencia sobre la necesidad e una intervención seria y organizada.

-El Primer Ministro italiano, Renzi, se ha quejado porque Europa no hace lo suficiente para afrontar esta crisis. ¿Tiene razón?

Italia tiene toda la razón. Tiene esta política de apertura y acogida, debemos reconocerle la voluntad de abrir las puertas a las personas en condiciones de grave necesidad, pero se trata de un fenómeno del que no puede ocuparse un solo país. Aquí también hemos escuchado varias invitaciones a no dejar solos a los Estados más afectados directamente por el fenómeno. Uno de los puntos en los que la Santa Sede ha insistido varias veces es justamente que el enfoque debe ser común. Solo mediante políticas elaboradas y aplicadas en común se puede intentar dar una respuesta válida. El problema es siempre la voluntad política. La vía es bastante clara: una solución común, acordada, que tenga presente las necesidades de quienes migran y también a los países de origen para afrontar las causas de fondo. Pero hay que hacerlo.

-Una de las causas de fondo más grave son las guerras, en Siria y Libia. ¿Cómo detenerlas?

Este es el gran problema de hoy. Los prófugos y refugiados han aumentado considerablemente debido a los conflictos; basta recordar los casos de Siria y Libia. Se está tratando de encontrar soluciones, pero es difícil identificarlas, sobre todo cuando están en juego intereses divergentes. Se puede y se debe hacer mucho más.

-¿Se refiere a Rusia y Estados Unidos?

Evidentemente sí. Y después hay varios niveles, internacional, regional, local, que crean una amalgama de intereses. Hay que lograr estabilizar estos países e impulsarlos, incluso mediante un desarrollo económico que permita resolver la raíz del problema de las migraciones provocadas por la necesidad.

-¿Esto también vale para Libia?

Claro. Ningún país puede salir solo de situaciones semejantes, se requiere la solidaridad internacional.

-En los Estados Unidos se está llevando a cabo la campaña electoral y uno de los candidatos, Donald Trump, quiere construir un muro a lo largo de la frontera con México para frenar a los migrantes. ¿Es una solución plausible?

Nosotros estamos convencidos de que la política de los muros no resuelve los problemas. Es más, los agrava. El Papa siempre ha llamado a construir puentes. Claro, puede ser una solución más difícil, que exige un mayor compromiso de todos, pero es la única que puede funcionar. La política del encuentro, de la integración y de la solidaridad.

-Un aspecto que a veces se olvida es que las víctimas de estas violencias en muchas ocasiones son los cristianos. ¿Por qué se han vuelto objetivos y qué se necesita para que la comunidad internacional los proteja?

Hay que lograr vivir respetándose y aceptándose recíprocamente. Desgraciadamente, hoy asistimos al renacer de los extremismos y de los radicalismos. El radicalismo se caracteriza justamente por la cerrazón frente a quienes no “son de los nuestros”, frente a quienes “no piensan como nosotros”. Para afrontar y resolver este problema, hay que hacer un gran trabajo, empezando desde la educación de las nuevas generaciones, para que tengan una actitud de respeto. Uso la palabra respeto porque también se discutió hoy en la ONU sobre la tolerancia, y se indicó que no era el término que hay que adoptar. Por el contrario, se necesita respeto recíproco, cada uno debe ser aceptado por lo que es, y juntos podemos construir algo bueno y mejor.


El cardenal Parolin en la Cumbre ONU sobre Refugiados y Migrantes

Durante la cumbre, la Oficina del Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU, guiada por monseñor Bernardito Auza, organizó un encuentro sobre el tema: “El papel de las organizaciones religiosas frente al gran movimiento de migrantes y refugiados”. Abrió los trabajos el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano que intervino sobre el tema: “No dejar a nadie atrás: transformar las palabras en acciones compasivas y proféticas”.

La intervención del cardenal Parolin se basó en dos aspectos: por un lado la necesidad de ayuda humanitaria, y por el otro la necesidad de ir a la raíz misma del problema para ver dónde comienza la migración, o cuánto las condiciones económicas o conflictos empujan a las personas a desplazarse.

“No hay que perder de vista –dijo el cardenal Parolin- que las personas tienen nombres y rostros y van más allá de las estadísticas. Los refugiados necesitan nuestra protección y también necesitan que se respeten sus derechos, así como la necesidad de la solidaridad y la compasión”.

“La causa principal de la crisis migratoria actual –recalcó- es obra humana: es decir, las guerras y los conflictos. Dado que las decisiones humanas provocan conflictos y guerras, está a nuestro alcance y es responsabilidad nuestra afrontar las causas fundamentales que llevan a millones de personas a convertirse en refugiados, migrantes forzados y desplazados internos. La Santa Sede aboga por un compromiso común por parte de los distintos gobiernos y de la Comunidad internacional para poner fin a todas las luchas, el odio y la violencia y buscar la paz y la reconciliación y sigue estando firmemente convencida de que, como Francisco ha declarado a menudo, el camino para resolver las cuestiones abiertas pasa a través de la diplomacia y el diálogo”.

El Secretario de Estado recordó que en los últimos años la persecución religiosa se había convertido cada vez más en causa de desplazamiento. “A pesar de que otros grupos son objeto de ella, muchos informes confirman que los cristianos son, con mucho –dijo- el grupo religioso más perseguido a la hora de hablar de “limpieza étnica-religiosa”; es lo que el papa Francisco llama “una forma de genocidio”. Algunos de los perseguidos, incluso en los países de asilo, se enfrentan el acoso en los lugares destinados a los refugiados. No podemos abandonarlos.”

También se refirió al documento preparatorio de la reunión en el que se constataba que la disponibilidad y el uso de armamento de tecnología de impacto reducido había dado lugar a la propagación de los conflictos, especialmente en los países y las sociedades en las que el estado de derecho es frágil y la pobreza está muy extendida y al respecto afirmó que la Santa Sede había solicitado en repetidas ocasiones que se limitase y controlase estrictamente la fabricación y venta de armas, allí donde estuviera presente la probabilidad de su uso ilegal e indiscriminado porque la proliferación de cualquier tipo de armas agrava las situaciones de conflicto y da como resultado enormes costes humanos y materiales, causa grandes desplazamientos de refugiados y migrantes y socava profundamente el desarrollo y la búsqueda de una paz duradera.

“Abordar las causas fundamentales del desplazamiento de los pueblos requiere fuerza y voluntad política –dijo el purpurado- Como el papa Francisco afirmó significaría repensar hábitos y prácticas arraigadas, empezando por las cuestiones relacionadas con el comercio de armas, el suministro de materias primas y de energía, las inversiones, las políticas de financiación y el desarrollo sostenible e, incluso, el grave flagelo de la corrupción”.

El cardenal Parolin reiteró que la Santa Sede se siente obligada “a llamar urgentemente la atención sobre la condición de los migrantes que huyen de situaciones de extrema pobreza y de degradación ambiental. Como no están reconocidos por las convenciones internacionales como refugiados y por lo tanto no gozan de ninguna protección legal en particular, sus sufrimientos son muy grandes y son más vulnerables a la trata de personas y a diversas formas de esclavitud humana”.

“Por esta razón, en nuestros esfuerzos para enfrentar con eficacia las causas fundamentales de los grandes movimientos de refugiados y otros migrantes forzados –concluyó- también debemos luchar por eliminar las causas estructurales de la pobreza y del hambre, lograr resultados más sustanciales en la protección del medio ambiente, asegurar un trabajo digno y productivo para todos, proporcionar acceso a una educación de calidad, y dar protección adecuada a la familia, que es un elemento esencial en el desarrollo humano y social”.

Según fuentes del Alto Comisariado de la ONU para los refugiados, a fines de 2015 se alcanzó una cifra de 65,3 millones de evacuados; un número “jamás registrado antes”, con un aumento de más de cinco millones respecto al año anterior. Además, los migrantes en el mundo suman más de 244 millones.

En total, hay 21,3 millones de refugiados, 3,2 millones de personas que solicitan asilo, además de 40,8 millones de migrantes. Según la definición del departamento de las Naciones Unidas, los refugiados son personas que se vieron obligadas a abandonar su tierra a causa de un conflicto armado en curso, o por ser víctimas de persecuciones; por otra parte, los migrantes son personas que decidieron dejar su país en busca de una vida mejor.

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Fuentes:

Vatican Insider / AICA

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