Comastri: “Mi amiga la Madre Teresa de Calcuta”

8:00 p m| 2 set 16 (AGENCIAS/BV).- En el marco de la canonización de la religiosa albanesa, Vatican Insider publicó una entrevista al cardenal Angelo Comastri, Vicario General de Francisco para la ciudad del Vaticano y Arcipreste de la basílica de San Pedro, que estuvo unido a la Madre Teresa a través de una gran amistad, y que recientemente ha publicado el libro “He conocido una santa”.

Recogemos también una reflexión que reseña palabras y acciones de la Madre Teresa y del beato salvadoreño Oscar Romero, y destaca cómo ambos valoran al pobre de una manera que difiere de las formas tradicionales de entenderlos. Ambos lo ven no solo como un beneficiario de nuestra generosidad o un sujeto que nos permite experimentar la caridad, sino como personas que nos ayudan a comprender mejor nuestro cristianismo.

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El domingo 4 de septiembre en Roma será canonizada la Madre Teresa (Agnes Gonxha Bojaxhiu), fundadora de la congregación de las Misioneras de la Caridad, nacida en Skopje, en Albania, el 27 de agosto de 1910 y fallecida en Calcuta, en la India, el 5 de septiembre de 1997.

Su vida refleja una dedicación laboriosa, paciente, tenaz hacia los pobres: hombres, mujeres, niños que han sido curados, protegidos, rescatados de la miseria, de la soledad, de las humillaciones y a los que se les ha devuelto una buena vida en el nombre de Jesús. La Madre Teresa sabía que en las muchas formas del cuidado, del alimentar, del compromiso fiable, se enciende algo inmenso que transmite el calor de la presencia de Dios. Sabía que las cosas del amor reparan el mundo. Lo mejoran, lo embellecen transformándolo en una casa en la que es bonito vivir para todos.

-Eminencia, ¿qué recuerdo personal de la Madre Teresa conserva como el más preciado?

El recuerdo más preciado y más conmovedor es el último encuentro: el 22 de mayo de 1997. Mi madre había muerto unos días antes, el 5 de mayo, y yo confié a la Madre Teresa mi dolor. Ella me tomó las manos y, casi como para transmitirme su paz, dijo: “Tu madre está ahora y siempre cerca de ti porque el Paraíso no nos aleja, nos acerca. Yo también iré pronto al Paraíso y estaré siempre cerca a tí y de tu madre”. Estas palabras son para mí como un fuerte abrazo que me permite superar cualquier dificultad.

-¿Qué espacio y qué significado tenía la oración para la Madre Teresa?

La Providencia quiso que la Madre Teresa llegase a hablar a la Asamblea General de la ONU. El secretario general, Javier Pérez de Cuéllar, quiso invitarla a un acto público que tuvo lugar el 26 de octubre de 1985. Él la presentó en la ceremonia con estas palabras: “Nos encontramos en una sala de conferencias. A lo largo de los años han desfilado por este podio muchos hombres notables. Hoy se nos ha presentado la oportunidad de dar la bienvenida a la mujer más importante de la tierra. No creo que sea necesario presentarla porque ella no necesita palabras. La Madre Teresa responde a los hechos. Estoy convencido que lo mejor que se puede hacer es rendirle un homenaje y decirle que ella es mucho más importante que yo y que todos nosotros. ¡Ella es las Naciones Unidas! ¡Ella es la paz del mundo!”.

La Madre Teresa, frente a estas palabras altisonantes, se hizo todavía más pequeña, su fe era grande y su valentía también. Mostró el rosario y dijo: “Yo soy solo una pobre monja que reza. Rezando, Jesús pone en mi corazón su amor, y yo lo dono a todos los pobres que encuentro en mi camino”. Hizo un momento de silencio, después añadió: “¡Recen también ustedes! Recen y se darán cuenta de los pobres que tienen al lado. Quizá muy cerca a sus casas. Quizá incluso en sus casas existe quien espera vuestro amor. Recen y los ojos se abrirán y el corazón se llenará de amor”. La oración era la base de la vida de la Madre Teresa.

-La noche del 10 de septiembre de 1946 la Madre Teresa, mientras iba en un tren, sintió “la llamada a renunciar a todo y seguir a Jesús para servirlo entre los más pobres de entre los pobres”. Durante las décadas sucesivas, junto a sus Misioneras de la Caridad, abrió decenas de casas en todo el mundo. ¿Cuáles eran para ella las formas de pobreza más graves dentro de las ricas sociedades occidentales?

La Madre Teresa afirmaba a menudo que el egoísmo es la mayor desventura de una persona. Y añadía: “Desafío a quien quiera: no podrán nunca encontrar a un egoísta feliz”. En la sociedad del bienestar el egoísmo está muy difundido y por esta razón, desgraciadamente, están difundidos el descontento, la inquietud, la violencia. La raíz del egoísmo, como de casi todos los males que nos afligen, es la falta de oración. La dedicación a los pobres, fundada en su oración, es la única medicina para vencer el egoísmo y encontrar la felicidad.

-¿Cómo respondería la Madre Teresa a quien esté desalentado hasta el punto de pensar que no sirve para nada ofrecer generosamente las propias cualidades para los demás porque de todas formas el mundo no cambia?

Recuerdo que en 1979, volviendo de Oslo después de haber recibido el Premio Nobel por la Paz, la Madre Teresa hizo una etapa en Roma. Distintos periodistas se presentaron en el patio exterior del local de las Misioneras de la Caridad, sobre el monte Celio. La Madre Teresa no evitó a los periodistas, los acogió como hijos poniendo en la mano de cada uno de ellos una pequeña medalla de la Inmaculada. Uno de ellos dijo: “Madre, ¡usted tiene setenta años! Cuando muera el mundo volverá a ser como antes. ¿Qué ha cambiado después de tanto trabajo? Madre Teresa, ¡descanse! No vale la pena tanta fatiga”.

Ella sonrió y respondió: “Yo no he pensado nunca en cambiar el mundo. Solo he intentado ser una gota de agua limpia en la cual se pudiera reflejar el amor de Dios. ¿Le parece poco?”. El periodista no consiguió responder, mientras alrededor de la madre caló el silencio. La Madre Teresa tomó de nuevo la palabra y, dirigiéndose al periodista, afirmó: “Intente ser también usted una gota de agua limpia y así seremos dos. ¿Está casado?”. “Sí, madre”. “Dígaselo también a su mujer y así seremos tres. ¿Tiene hijos?”. “Tres hijos, madre”. “Entonces hable con sus hijos también y así seremos seis”.

La Madre Teresa dijo claramente que cada uno de nosotros tiene en su mano un pequeño pero indispensable capital de amor; es este capital de amor del que nos tenemos que preocupar en invertir. Intentemos por lo tanto llenar la única maleta que nos llevaremos con nosotros más allá de la muerte: la maleta de la caridad. La Madre Teresa no se cansaba de repetir: “Llénenla mientras estén a tiempo. Todo lo demás es humo que desaparece rápidamente”.

-¿Cuál era para la Madre Teresa el papel del hombre y de la mujer en el plan de Dios? ¿Y cuál considera usted que ha sido la contribución más significativa por parte de ella a la reflexión sobre la mujer?

Me gustaría recordar un episodio: en 1995 se celebró en Pekín la cuarta conferencia convocada por la ONU sobre la condición de la mujer. Tomaron parte, junto a los países miembros de la Unión Europea, otros 174 países. El objetivo del encuentro era el de reafirmar la igualdad entre el hombre y la mujer. La Santa Sede, para exponer su punto de vista, recurrió a la Madre Teresa.

El temor de que las propias reflexiones no coincidieran con las de la mayoría no detuvo a la pequeña monja de exprimir con humilde valentía su pensamiento. Ella no tenía miedo de decir la verdad: el conformismo era algo totalmente desconocido para ella. El mensaje fue el siguiente: “Espero que esta conferencia pueda ayudar a cada una de nosotros a reconocer, apreciar y respetar el lugar especial de la mujer en el plan de Dios, de modo que todas las mujeres consigan llevar a cabo este diseño en su vida. No consigo entender por qué algunos afirman que las mujeres y los hombres son perfectamente iguales, negando la bonita diversidad entre hombres y mujeres. Todos los regalos de Dios son buenos, pero no todos son iguales. Respondo a menudo a las personas que dicen que les gustaría servir a los pobres como les sirvo yo: ‘Lo que hago yo no lo puedes hacer tu, y yo no puedo hacer lo que haces tu. Pero juntos podemos hacer algo bonito para Dios’. La diversidad entre hombres y mujeres se entiende así. Dios ha creado a cada uno de nosotros, cada ser humano, para algo muy importante: amar y ser amados. Pero, ¿por qué Dios nos ha creado hombres y mujeres? Porque el amor de la mujer es una imagen del amor de Dios y el amor del hombre es otra imagen del amor de Dios. Ambos han sido creados para amar, pero cada uno ama en modo diverso. Mujer y hombre se complementan, y juntos constituyen una prueba del amor de Dios de forma más completa que si lo hicieran cada uno por separado. Esta capacidad especial propia de la mujer se manifiesta de la manera más completa cuando se convierte en madre. La maternidad es el don de Dios a la mujer”. Estas palabras limpias no necesitan ser comentadas.

-¿Qué es lo que enseña la forma tenaz de la Madre Teresa de perseverar en la oración y de la dedicación a los pobres durante los años que pasó en aquella experiencia conocida como ‘noche de la fe’?

Creo –es mi humilde opinión- que la ‘noche de la fe’ fue un regalo de Dios para defender a la Madre Teresa de la tentación del orgullo. Me explico. Ella consiguió un nivel de celebridad quizá superior a la del propio Papa: ¡y el Papa era Juan Pablo II! La Madre Teresa era buscada por todos. Recibió el Nobel de la paz: un hecho único y casi imposible para una religiosa católica. Fue invitada a hablar ante la Asamblea general de la ONU: también este hecho limita con lo inimaginable. Y podría continuar. Para ella podía ser fácil caer en el orgullo y la autocomplaciencia. Pero Dios se lo ha impedido poniendo en su alma la ‘noche de la fe’, que es una forma de pobreza radical, una situación en la que se experimenta dolorosamente la lejanía de Dios y la propia pequeñez. ¿Cómo reaccionó la Madre Teresa? Reaccionó intensificando la oración y multiplicando las obras de caridad. Rezando, luchaba contra la oscuridad; y multiplicando la caridad se encontraba entre los brazos de Dios, que es amor. Esta es la respuesta de los santos: la obediencia confiada a la voluntad del Señor.


El Beato Romero y Santa Teresa. Testimonio de amor a los pobres

Cuando la Madre Teresa de Calcuta ganó el premio Nobel de la Paz en 1979, Mons. Oscar A. Romero de El Salvador, quien había sido nominado ese mismo año para el galardón, le envió un telegrama dándole la felicitación, en que deja saber que el arzobispo comprendió que ambos trabajaban por el mismo fin:

–Madre Teresa de Calcuta, India. Alégrome Premio Nobel condecore en usted [la] opción preferencial [por los] pobres como eficaz camino para la paz. Quienes generosamente deseáronme semejante honor siéntanse igualmente satisfechos [por] haber estimulado [la] misma causa. Bendígola. El Arzobispo (Homilía del 21 de octubre de 1979).

La pronto-Santa Teresa y el Beato Romero son ejemplares de la famosa dicotomía de Dom Hélder Câmara: “Cuando doy comida a los pobres me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres me llaman comunista”. La Madre Teresa dio comida a los pobres y será llamada santa; Romero denunció por qué hay pobres, y fue “difamado, calumniado, ensuciado… incluso por hermanos suyos en el sacerdocio y en el episcopado” (Papa Francisco, Discurso del 30 de octubre del 2015).

En realidad, Romero y Teresa son dos caras de una misma moneda. Ambos comprenden, “la hermosa y dura verdad” -como dice Mons. Romero- “de que la fe cristiana no nos separa del mundo, sino que nos sumerge en él”. (Discurso al recibir el “honoris causa” de la Universidad de Lovaina, 2 de febrero de 1980).

Es necesario, nos dice, salir del templo, del santuario, a la ciudad, a la “polis”. Esta es la misma opción por los pobres de Teresa en 1948 cuando abandona el claustro de su convento y sale a las calles de Calcuta a ayudar a los ancianos, a los moribundos, y a los leprosos. Participando de su miseria, cuenta cómo sentía la tentación de regresar al albergue y a la comodidad de su convento, pero tuvo la intuición de que, “Nuestro Señor quiere que sea una monja libre, cubierta con la pobreza de la Cruz”.

Tanto Mons. Romero como la Madre Teresa tuvieron que rodearse y empaparse en sus ámbitos no religiosos de un mundo sin Dios. A Romero le tocó sortear cadáveres de masacres campesinas, mientras que, la Madre Teresa tuvo que instalarse en un templo de la diosa Kali para dar muertes dignas, con ritos según las devociones de cada persona beneficiada, ya sean hindúes o musulmanes, de India, Pakistán, Etiopía, Tanzanía y otros lugares por Asia, África, Europa y Estados Unidos, donde sus misiones la llevaban. En esta inmersión total, en esta dura realidad, de privación, lejos del sagrario y el altar, la Madre Teresa sufrió sentimientos de un vacío espiritual, hasta el punto de dudar la misma existencia de Dios.

Sin embargo, su propósito y motivación al emprender esta estancia en la austeridad es precisamente buscar a Dios, y a pesar de las acusaciones contra Mons. Romero de que había traicionado su misión religiosa y los sentimientos de la Madre Teresa de alienación espiritual, ambos encuentran a Jesús. “En ese mundo sin rostro humano” -nos dice Mons. Romero- se halla cara a cara con el “sacramento actual del Siervo Sufriente de Yahvé” (Lovaina). Y le hace eco la Madre Teresa cuando nos dice, “hoy hay tanto sufrimiento -y siento que la pasión de Cristo está siendo vivida de nuevo” (Discurso Premio Nobel, 11 de diciembre de 1979). “Él se vuelve el hambriento, el desnudo, el sin hogar, el enfermo, el prisionero, el solitario, el no querido… Hambriento de nuestro amor, y este es el hambre de nuestra gente pobre”. (Id.)

Ambos valoran al pobre de una manera que difiere de las formas anticuadas y paternalistas de entenderlos. Tanto Mons. Romero como la Madre Teresa se fijan en el pobre no solo como un beneficiario de nuestra generosidad (léase: lástima) o un sujeto que nos permite experimentar la caridad (léase: remordimiento), sino personas que tienen algo que ofrecernos, y cuyo valor intrínseco sirve para beneficiarnos. Los pobres nos ayudan a entender nuestro cristianismo: “poniéndose del lado del pobre e intentando darle vida sabremos en qué consiste, la eterna verdad del evangelio”, dice Mons. Romero.

Madre Teresa está de acuerdo: “Ellos nos pueden enseñar tantas cosas hermosas”, dice, recordando como los pobres en uno de sus centros de atenciones le confirmaron un aspecto de su misión: “El otro día uno de ellos vino a agradecer y dijo: Ustedes que han hecho voto de castidad son las mejores para enseñar planificación familiar. Porque no es más que auto-control y amor del uno al otro”. Este tema que era de debate entre expertos, sociólogos y teólogos, también era competencia de una persona pobre: “Y estas son las personas que no tienen nada que comer, tal vez no tienen un hogar donde vivir, pero son grandes personas. Los pobres son gente maravillosa”.

Algunos han criticado el camino llevado por la Madre Teresa por ayudar en casos concretos pero no cambiar el sistema que genera desigualdades e injusticia. Según esta crítica, “los ricos y los poderosos la amaban”, porque ella no les exigía nada y a eso se debe su premio Nobel y su canonización, mientras que los teólogos que denuncian a los ricos son “depurados o suprimidos”. (Sara Flounders, Workers World, 25 de septiembre de 1997, traducido por Iniciativa Socialista). Pero Mons. Romero defiende su postura, argumentando que tener corazones convertidos vale más que tener estructuras reformadas: “a la Iglesia no le importa que haya sólo una distribución más equitativa de las riquezas: le interesa que se dé esa distribución porque existe realmente en todos los hombres una actitud de querer compartir no sólo los bienes, sino la misma vida”.

Por su parte, la Madre Teresa reconoce la necesidad de hacer justicia cuando denuncia, “Cuando un pobre se muere de hambre, no es porque Dios no lo ha cuidado. Es porque ni tu ni yo quisimos darle lo que necesitaba”.

La Santa y el Beato seguramente hoy se congratulan en el cielo por haber dado testimonio del espectro completo del amor a los pobres.


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Fuentes:

Vatican Insider / Religión Digital

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