Arzobispo en Nigeria pide reconciliación con quienes abandonan Boko Haram

5:00 p m| 26 abr 16 (AGENCIAS/BV).- El cardenal y arzobispo de Abuya, John Onaiyekan, pidió al gobierno comprometerse en la reinserción de los milicianos arrepentidos, involucrando también a las Iglesias y a los líderes locales. “Hay que crear una posibilidad para abandonar Boko Haram para los que están cansados de combatir. Así se podrá comenzar a hablar de reconciliación con estas personas, que, como sea, son nuestros compatriotas, nuestros hermanos y hermanas”, dijo.

Mientras, en el país se discute sobre una posibilidad que hace algunas semanas parecía solo una utopía: la rendición del grupo armado fundamentalista que en 2009 provocó más de 30000 víctimas, sobre todo en el noreste. Durante el tiempo del conflicto el cardenal nigeriano no solo ha condenado la brutalidad de Boko Haram, también ha insistido en que el gobierno debe tener iniciativa en ofrecer una solución política y social. Reunimos declaraciones publicadas en Vatican Insider y Vida Nueva.

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Lo que mantiene encendidas las esperanzas de un futuro diferente en Nigeria es en particular el video con el que Abubakar Shekau, considerado líder del movimiento, parece anunciar su rendición. Pero después de este mensaje, de finales de marzo, llegó otro con tonos más bélicos y que provocó la incertidumbre en todos los niveles. “Es difícil comprender exactamente de qué se trata, porque es una cuestión de seguridad nacional y las autoridades siguen tratando el argumento con mucha reserva –admite el cardenal Onaiyekan–, pero según mi opinión el gobierno debería tomarse en serio cualquier actitud de arrepentimiento y de rendición por parte de los hombres de Boko Haram”.

Y ya llegó desde la capital una señal positiva: se anunció la apertura de un campo que servirá para la rehabilitación y la formación profesional de 800 milicianos que han abandonado las armas. La decisión, cuyos detalles todavía deben ser afinados, afianza las esperanzas del arzobispo: “Hasta ahora, la actitud del gobierno ha sido la de condenar a muerte o encarcelar a quienes tenían contactos con Boko Haram –recordó. Por el contrario, hay que encontrar la manera para insertar a estas personas en un ambiente adecuado desde el que puedan volver poco a poco a la comunidad nacional, naturalmente con medidas de seguridad, con el objetivo de que los terroristas no finjan simplemente haberse arrepentido”.

También la Iglesia y la sociedad civil, aclaró el purpurado, deberían formar parte de un futuro recorrido de reconciliación: “los líderes religiosos y los jefes tradicionales –recordó– pueden ayudar en el proceso de desradicalización de estos chicos que a menudo forman parte de Boko Haram desde hace tres o cuatro años”. Sin embargo, la tarea no parece nada fácil: pesan mucho también las condiciones que seis años de guerrilla y ofensivas han provocado en el país, sobre todo en los territorios del noreste.

Según la agencia estadounidense para el desarrollo internacional (Usaid), las zonas más afectadas han sido los estados de Borno, Adamawa y Yobe, que podrían correr el peligro de vivir en los próximos meses una crisis alimenticia. En el presente, el 15% de los niños sufre desnutrición. También recordó las dificultades que vive la población el responsable de los programas humanitarios de la Cáritas nigeriana, Friday Alhassan: “Durante los enfrentamientos, las escuelas fueron destruidas, como los hospitales; los pozos y las fuentes de agua fueron contaminados; la población, principalmente agrícola, perdió la posibilidad de vivir de los productos de los campos”, explicó.


“El problema de Boko Haram no se resuelve solo con medios militares”

Entrevista de Darío Menor en Revista Vida Nueva

-El 15 de abril se cumplieron dos años del secuestro, por parte de Boko Haram, de 219 muchachas que estudiaban en una escuela en Chibok. ¿Hay esperanza para estas chicas?

Lo de estas chicas es un misterio que no se entiende. Si yo estuviera en el Gobierno, me avergonzaría de que desparecieran así, sin dejar rastro. Esto pasa hoy, con móviles por todos lados. Es extrañísimo que ninguna haya sido capaz de ponerse en contacto con su familia. El caso de estas jóvenes atrajo la atención mundial sobre el fenómeno de los secuestros, pero antes y después hubo muchos más, tanto de mujeres como de muchachos. Tenían lugar especialmente cuando Boko Haram controlaba territorio en la zona noreste del país.

Desde que el Ejército nigeriano empezó a presionarlos y ya no controlan territorio, es mucho más difícil mantener un gran número de secuestrados. Los secuestros tienen otro problema. Tras la liberación, las mujeres no son recibidas con los brazos abiertos por sus familias y comunidades. Hay un fenómeno muy triste de rechazo, porque las llaman las “mujeres de Boko Haram”. Los pobres niños que nacen de este crimen contra la humanidad se ven igualmente rechazados. Y no hablemos de la explotación sexual que sufren las mujeres. A los hombres los matan y se llevan a las mujeres.

-Usted se expresó de forma muy crítica acerca de la acción del Gobierno nigeriano contra este grupo terrorista. ¿Dónde está, a su juicio, la raíz del problema?

El Gobierno no ha decidido ni razonado bien sobre qué hacer con los que escapan de Boko Haram, ya sean las mujeres que habían sido secuestradas o los hombres que estaban con ellos y que ya no quieren mantenerse con este grupo. Durante meses hemos pedido, con pocos resultados, que el Gobierno tenga una política proactiva para acoger a quien desea salir de Boko Haram, en lugar de considerarlos a todos terroristas y criminales que hay que eliminar o meterlos en prisiones y campos de concentración.

Cada cierto tiempo se habla del programa de ‘desradicalización’, pero no tenemos mucha información acerca de qué se trata. Debería ser una gran preocupación para nuestro Gobierno, con el mismo esfuerzo que ha puesto en la campaña militar. Es una pena que no haya voluntad de afrontar el fenómeno de Boko Haram más que con medios militares. Es difícil resolver el problema con más soldados y armas.

-¿Es necesaria una solución política?

Así es. Hace falta diálogo, buscar a los jefes y hacerles aceptar un cierto intercambio para que abandonen la violencia. Detrás del conflicto hay causas motivadas por la pobreza, de las que se habla mucho, pero no se puede comenzar por ellas. No se puede empezar a dialogar si no hay seguridad. Hace falta un plan de acción en la vida social, política y económica de esa región que durante muchos años ha estado olvidada por el Gobierno central. Hay quien habla de una suerte de Plan Marshall. El Gobierno nigeriano debería dedicar recursos notables. Queda, además, el desafío de la mentalidad y la cultura de esa zona, donde se siguen rechazando lo moderno y el progreso. Quien dice que la educación moderna es pecado, que es lo que significa Boko Haram, no puede aprender matemáticas ni va a la escuela. Si no vas a la escuela, ¿cómo puedes vivir en el mundo de hoy? Hay que implicar a personas que puedan tener un influjo en esta gente.

Yo sugiero que se dé espacio a la comunidad islámica nigeriana para que tenga un diálogo interno. Así, Boko Haram podrá hablar con otros musulmanes. Es el único modo que puedo imaginar para conseguir algún progreso. Aunque las élites islámicas, como la gran mayoría de los musulmanes del país, han rechazado las acciones de Boko Haram y han renegado de ellos, eso no quiere decir que los miembros de Boko Haram no sean musulmanes. La comunidad islámica nigeriana no puede lavarse las manos, debe implicarse. Los otros podemos ponernos de acuerdo para acoger a estos hermanos y hermanas que han ido por el camino del terrorismo. No puede olvidarse que este fenómeno empezó hace pocos años, pero ha hecho salir tendencias de extremismo religioso islámico que siempre han estado allí sin que nadie se ocupara de ellas.

– En su reciente exhortación apostólica sobre la familia, ‘Amoris laetitia’, Francisco habla de las presiones ideológicas que sufre la Iglesia en África. ¿Hay imposiciones? ¿De qué tipo?

Depende de los casos. Por lo que respecta a Nigeria, las grandes organizaciones internacionales pueden ejercer presiones, pero no pueden imponer sus políticas. Intentan tener un lenguaje “políticamente correcto” para parecer que respetan la independencia y soberanía de los países. Cuando estas organizaciones insisten, por ejemplo, en aprobar una ley que da derechos a los homosexuales, no somos nosotros los miembros de las Iglesias los que objetamos: son los políticos los que han dicho: “Tenemos otros problemas”.

En este caso, el Parlamento hizo una ley en el sentido opuesto, que prevé castigos para los homosexuales en la actividad pública. No fue la Iglesia la que lo pidió. Me he encontrado en la necesidad de decirles a políticos católicos que en esta materia basta con reafirmar el concepto cristiano de matrimonio entre una mujer y un hombre. No hay necesidad de más. Con esa ley hubo una gran reacción de Occidente contra nuestro país, como contra Uganda, que podría haberse evitado. Y eso que no encontré a ninguna persona ya condenada por esta ley, porque, como tantas leyes nigerianas, está escrita, pero… El caso más clamoroso de presiones se dio en Ghana. Estados Unidos hizo saber que si el Gobierno ghanés no aprobaba una ley en favor de los gais y las lesbianas, retirarían la ayuda económica. El presidente de Ghana dijo que, a ese precio, no quería la ayuda.

Fuentes:

Vatican Insider / Revista Vida Nueva

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