Marcial Rubio: ‘Duele y crea una pena en el alma que se dude de la catolicidad de nuestra Universidad’

PUCP

4.00 p m| 28 abr 15 (RD/BV).- El rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Marcial Rubio Correa, fue entrevistado por José Manuel Vidal, director de Religión Digital, importante portal internacional de información religiosa. Las diferencias que se mantienen entre la PUCP y el Arzobispado de Lima acapararon buena parte de la conversación, sin embargo también se comentó el presente de la Universidad, la influencia del Papa Francisco en la coyuntura y la Iglesia Universal, y la crisis en España.

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Ha sido ministro y prestigioso catedrático de Derecho, pero de lo que más presume Marcial Rubio es de su fe profunda de católico convencido y de su cargo de rector de la Universidad Pontificia Católica del Perú. Un puesto al que lleva años ‘crucificado’ por las presiones del cardenal de Lima, que quiere hacerse con el control del centro académico, y de sus seguidores que lo amenazan y lo insultan por la calle. Convencido de que la razón le asiste, no se rinde y espera que el Vaticano zanje, de una vez, el conflicto, porque “la esperanza la manda Dios”.

Fue usted ministro, ¿verdad?

Yo soy profesor de Derecho en esta Universidad, y eso es lo que a mí me caracteriza: en mi autopercepción, soy un profesor. Ejercí de Ministro de Educación con Valentín Paniagua, que fue un gobierno de transición a la restauración de la plena democracia; ahora me quedan unos años más como rector aquí, pero nunca he dejado de ser profesor. En este cargo se viaja mucho, y por eso los cursos se entrecortan y por eso he dejado de dictar.

¿Desde hace cuántos años es rector de la universidad?

Estrictamente, desde julio de 2009. Fui reelegido en 2014: hice un período de cinco años. Durante otros cinco años antes, fui Vicerrector académico, y Vicerrector administrativo durante diez, de manera que llevo en este piso más de veinte.

O sea que se conoce todos los entresijos de la Universidad. ¿Es su criatura?

No tanto, pero es mi hábitat. Llevo aquí desde el año 65, ininterrumpidamente.

¿La Pontificia goza de buena salud?

Para la opinión de muchos, es la mejor del Perú. Tiene una comunidad universitaria maravillosa, profesores que trabajan realmente por servir, estudiantes que trabajan de verdad por mejorar. Y tiene una vida económica que nos permite hacer lo que necesitamos hacer con ella, de manera que yo creo que sí, que es una universidad que crece.

¿Las dificultades, entonces, en este momento vienen por la parte eclesial?

Hay una tarea pendiente por la parte eclesiástica: el Derecho Canónico, la relación institucional entre la universidad y la jerarquía… Pero bueno, siempre quisiéramos hacer mucho más de lo que hacemos. Los problemas nunca faltan.

¿Cuál es el problema principal con la jerarquía?

Es con el arzobispo de Lima, el cardenal Cipriani.

¿Cómo está el contencioso? A nivel local, aquí en Lima, y después a nivel de Roma.

El problema de que discuta la universidad con la jerarquía, con la Iglesia, se origina, en buena cuenta, en el año 1970, cuando, ante un cambio de legislación y de estatutos, se produce la circunstancia de que el Vaticano dice que el último estatuto que han aprobado para la universidad es el de 1968, y que después de esa fecha no había aprobado ninguno, con lo que la universidad debía presentarlo para que lo aprobaran. Esto ha tenido 45 años de vicisitudes: los rectores del 72, del 77, del 84, del 89, del 94 y del 99, salieron de elecciones rectorales en las que los rectores elegidos fueron confirmados por la Santa Sede, pero a partir del año 2004, esto se frustró.

¿La Santa Sede alega alguna razón para no confirmar a los nuevos rectores?

No está muy claro qué es lo que pasa: si es que el pedido de confirmación no llega al Vaticano, no sale de Lima… No sabemos. Yo, como rector, he preguntado cada año en el Vaticano si debo renunciar por no tener esa confirmación, y me responden que no, porque no he sido rechazado.

¿No ha sido confirmado, pero tampoco rechazado?

Exactamente. Ésa es mi situación oficial: la sabe Dios… De hecho, a veces sí que tenemos conversaciones con el Vaticano. Ha venido hace poco una comisión enviada por el Papa para encontrar una solución consensuada y definitiva a esta situación.

¿Era esa la misión de la última comisión, dentro de la que estaban tres cardenales?

Sí: llegaron con esa misión y ahora estamos esperando noticias. Han pasado seis meses. Ésa es la situación en relación al Vaticano. En relación al arzobispo de Lima, surgió alrededor del año 2005 un reclamo del arzobispo según el cual los bienes de la Universidad son de la Iglesia, porque originalmente son una herencia del año 44. Algo así como hace 80 años… La Universidad recibió una herencia grande de un señor que no tenía herederos, pero la hemos transformado: esto era un campo de algodón que, además, es indiscutible que se lo dejó a la universidad.

Lo que el arzobispo sostiene es que los bienes son eclesiásticos, por eso he mencionado el Derecho Canónico, que los rige. Además, el testamento dice que él tiene una parte decisiva que tomar en la administración de los bienes, entonces hay sobre esto una discusión que, hasta hace tres años, ha estado en los periódicos, en la televisión, en la radio…

Llegaron ecos a la prensa internacional, sí.

Pero desde hace tres años esto se ha acallado en los medios de comunicación. En el plano judicial, no: sigue habiendo media docena de procesos.

¿En la Justicia Civil?

En la ordinaria, sí, entre la Pontificia Universidad del Perú y el arzobispo.

¿No les ha fallado en contra ninguno de esos procesos?

Una vez, se dijo técnicamente que el pedido que había hecho la Universidad era infundado, pero eso no le dio ningún derecho al arzobispo sobre el terreno de la universidad. La justicia no es así: si uno pide algo y no se lo dan, no significa que se lo vayan a dar al otro.

Pero esto no ha sido entendido así por el señor arzobispo, que ha dicho que él ha ganado en ese tribunal, aunque en la práctica no haya ganado, porque la universidad se sigue rigiendo por su propio estatuto.

¿Estas relaciones les están perjudicando a nivel económico, de imagen o de alguna otra forma?

Lo que perjudica es que ésta es una universidad católica, creyente, que tiene que verse turbada por lo que dice el arzobispo de Lima. El 100% no somos católicos, porque tampoco la Iglesia lo exige -no nos hacen un examen de ingreso sobre nuestras creencias- , pero en cualquier caso nos duele.

¿Que se ponga en duda como Universidad Católica?

Claro, eso duele y crea una pena en el alma con la que hemos tenido que salir adelante. Económicamente y desde el punto de vista académico no nos afecta nada, como ya he comentado.

¿Cuántos alumnos tienen?

Depende: tenemos veinte mil estudiantes de pregrado, cinco mil de postgrado -que van a un magister o a un doctorado- y tenemos, fuera de eso, muy desarrollada -porque tenemos que financiar la universidad- la educación continua, en la que tenemos cuarenta mil estudiantes. Y, si usted quiere mirarlo de otra manera, cerca de ochenta mil, porque nosotros dictamos materias propias de la educación superior a esos cuarenta mil -cursos de especialización, etc- y a los otros cuarenta mil les damos también clases de idiomas y de computación certificadas.

O sea que cantidad de alumnos más que sobrada, ¿también reconocimiento público?

Eso no tanto, lamentablemente. Pero nos sentimos contentos del trabajo que hacemos, a pesar de que cuando uno mira la universidad desde este sitio ve todo lo que le gustaría hacer y no se hace.

¿Las señas de identidad como universidad católica están claras?

Nadie nos ha podido discutir una coma de doctrina. Yo he hablado con el cardenal Cipriani, con los tres que vinieron en la comisión, y les he preguntado lo primero si creen que nosotros no estamos en la doctrina. Me han dicho que no es eso, sino que el problema es de las normas canónicas.

¿El problema no es doctrinal, sino jurídico-canónico?

El estatuto es un problema de interpretación de la historia de la universidad, que tiene mucho que ver en cómo se incluye dentro de la relación con la Iglesia.

¿Suele hablar a menudo con el cardenal Cipriani de este tipo de cosas?

Nosotros hablamos mucho hasta el domingo de Pascua del año 2012. A partir de ese 8 de abril, nos hemos dicho muy poco, tanto personal como institucionalmente.

¿Por qué el Domingo de Pascua?

Hay una historia detrás de esto: la Universidad recibió una carta del entonces Secretario de Estado Vaticano, diciendo que la Universidad debía someterse a las normas que el cardenal Cipriani nos había enviado para el Estatuto, y que si no lo hacía para el Domingo de Pascua, Júpiter soltaría el rayo… En aquel entonces, nos reunimos varia veces el cardenal y yo, para trabajar un proyecto de reforma del Estatuto. Yo lo tendría que haber sometido a la asamblea universitaria, porque las leyes peruanas por las que nos regimos desde el origen exigen que las reformas de estatutos las modifiquen las asambleas universitarias. Yo le había dicho muy claramente al cardenal que nosotros no queríamos arreglar una cosa sin la otra: queremos la paz. Cuando Cristo aparece resurrecto, lo primero que dice es que la paz sea con nosotros.

La Iglesia es una, santa, católica y apostólica, por eso esta universidad no puede arreglar su problema administrativo, estatutario, con el Vaticano, y mantener cinco juicios con su obispo. No tiene pies ni cabeza que haya estas diferencias. Yo se lo dije al cardenal aquel 8 de abril, y él sacó una entrevista en el periódico El Comercio, de Lima, diciendo que mandáramos el estatuto y que en poco tiempo -semanas o algunos meses- arreglaríamos el otro asunto. A mí me pareció mucho tiempo: dijimos que no mandábamos el estatuto a ningún sitio mientras no hubiera paz entre la Universidad y la Iglesia. Y, bueno, aquí estamos a abril del 2015.

A la espera todavía… ¿Cuenta con apoyos en la jerarquía peruana?

Le voy a decir que el único apoyo desde la Iglesia que nosotros hemos tenido públicamente es el de la Provincia Jesuita de Perú, que sacó una carta abierta que fue, realmente, un baño de agua tibia para esta comunidad académica, porque se vio una parte importante de la Iglesia nos apoyaba.

Por lo demás, tenemos muchos amigos en la Iglesia, pero desgraciadamente, por este conflicto también hay gente que me insulta por la calle. Católicos que parece que no han leído la ingente cantidad de Cartas de Pablo… Lo que se ha producido es una polarización y somos tratados como herejes o ladrones. Nos dicen incluso “protestantes”, lo que no es un insulto, porque ser protestante también es muy decente… Dios es el mismo para todos nosotros, dijo Juan Pablo II. Entre los obispos, las monjitas, los católicos de a pie, nosotros tenemos enemigos muy duros y amigos muy entrañables. Pero esto no se hace público, porque en la Iglesia debe haber respeto y obediencia.

¿Cree que el Papa Francisco está al tanto de la problemática? ¿Incluso antes de ser Papa, siendo arzobispo de Buenos Aires?

Antes de ser Papa, sinceramente, no lo sé. Después de serlo, ha tenido un gesto con la Universidad. Habiéndose cerrado todo contacto formal entre la Universidad y la Iglesia jerárquica -aquí hay cinco obispos que deberían venir a la asamblea y lo tienen prohibido; hay un consejo universitario, que es el que toma todas las decisiones, en el que debe haber un director académico que no es nombrado desde el 2007; y, finalmente, aquí dictamos Teología, como en todas las universidades católicas, pero desde hace dos años, a los profesores se les ha retirado el permiso, aunque diciendo expresamente que no por razones de doctrina. Ha sido una especie de sanción que los obispos han impuesto a los sacerdotes, y a los alumnos en consecuencia-. Pero él no tiene nada que objetarnos, porque obedecemos absolutamente: nuestra discusión es sobre el estatuto.

¿Está deseando que esto desemboque en algo?

Yo rezo todas las noches para que haya paz entre nosotros y no nos quiten la comunidad universitaria.

¿Qué opinión le merece el vuelco del Vaticano: la especie de revolución que el Papa Francisco está llevando a cabo en la Iglesia universal?

Estoy de acuerdo con las ideas que vierte Su Santidad desde que inició su gobierno de la Iglesia, y quisiera que mucho de esto se lleve a la práctica aunque sea difícil. Yo, como rector, a veces no puedo hacer todo lo que me demanda la gente, y no me imagino el trabajo de Su Santidad… ¡Cientos de millones de fieles, cinco continentes, innumerables idiomas…! Es muy difícil, pero creo que la renovación de la Iglesia es una cosa importante. Para nosotros, que somos profesores y trabajamos con chicos, el mensaje de la Iglesia es un mensaje que debe ser renovado, para llegar a la juventud. A veces uno escucha ciertas homilías para las que, obviamente, los chicos no tienen oído: esas maneras de expresar las verdades de la Iglesia son muy pobres. Y se nota que el Papa trata de girar las cosas, de predicar con sencillez.

Aquí tuvimos una experiencia entre cinco universidades católicas: hicimos el año pasado un concurso de ensayos sobre el concepto de la periferia de la que habla abundantemente el Papa Francisco. Pues he de confesar que, cuando se planteó el tema, yo mismo tenía dudas sobre qué era la periferia. ¿En qué consistía exactamente? En cualquier caso, nos lanzamos y se presentaron al concurso cientos de ensayos. A mí me pareció un éxito entre los chicos. Que se sentaran a trabajar y elaboraran algo optativo; que sometieran su escrito a lo que el jurado pensaba que era la periferia… Quizás esta experiencia manifestase que el Papa está llegando a los jóvenes. Es lo ideal: hay que recobrar a la juventud en la Iglesia.

¿Hay resistencias a esta especie de revolución tranquila que llega de Roma?

Me parece que en la Iglesia hay un sector tradicional que todavía tiene esa manera de entender la religiosidad que no es la que el Papa está difundiendo (una concepción un poco leninista: los pocos escogidos que llevan adelante a las masas…).

Yo, por ejemplo, me topo con gente que me dice que no soy católico porque le desobedezco al arzobispo. Y yo digo que el arzobispo no me puede mandar irracionalidades que no son de su atribución. Si yo soy el administrador de los bienes de la Universidad, no tengo tampoco la obligación de decirle cuáles son nuestras gestiones económicas. Hay gente que cree que, si el obispo dice, aunque sea disparates, hay que cumplir… Yo creo que depende en qué: en la parte pastoral y dogmática, sí, pero no creo estar cometiendo ningún pecado al defender a la universidad en este asunto que es de bienes.

Siempre ha habido distintas concepciones en la Iglesia: los tomistas, los agustinianos… La Historia de la Iglesia está llena de esto. Y creo que hoy por hoy sí que hay una reacción al Papa, a sus ideas innovadoras. Tampoco creo que sea el último concilio que se ganará por pocos votos…

¿Se abre, de todas formas, una época de esperanza?

Se ha abierto: hay mucha gente que mira en el mundo el mensaje del Papa como un mensaje de apertura de la Iglesia a las realidades.

¿Y cómo puede contribuir una universidad como la suya a esta reordenación?

Nosotros trabajamos muy intensamente dentro del espíritu de la libertad de conciencia y de la libertad de religión. Somos católicos y aquí hay misa, hay atención pastoral y ahora que no podemos enseñar Teología -lo cual me parece inconcebible-, enseñamos Doctrina Social de la Iglesia, Historia de la Iglesia… Lejos de esconder nuestros principios cristianos, los declaramos. Pero con diálogo de libertad y respeto a, como dicen los papas a veces en las encíclicas, “los hombres sin credo”. Dictamos con buena voluntad el contenido eclesiástico para formar las conciencias, tratando que los valores de resistencia a lo que predomina en la sociedad (odio al prójimo, injusticia…) sean encarnadas en nuestros alumnos. Que demuestren fe, esperanza, caridad, templanza… En esos valores trabajamos y educamos. La honradez ha de ser la condición humana.

¿Se hace también obra social directa desde la universidad?

Recibimos pedidos semanales de distintos obispos: hay que arreglar un colegio, hacer una encuesta… Colaboramos con el obispado. Fuera de las asambleas y los consejos, tras el rectorado hay cinco directores académicos que funcionan como vicerrectores. Uno de ellos, es el encargado de la Responsabilidad Social Universitaria, que es una unidad constituida por un equipo, un presupuesto.., para que todo aquel que quiera hacer labor social pueda colaborar en un proyecto y no tirar la buena voluntad al viento. Trabajamos en la costa, en la selva, en la sierra, en todos los alrededores.

Vamos terminando, Doctor: desde su despacho, ¿cómo ve la situación española? ¿Qué ecos le llegan de la crisis que está atravesando el país? Me consta que hay profesionales españoles que están viniendo a Perú a buscar trabajo, porque allí no hay.

Bueno, yo trato de no hablar de lo que no sé: tengo una impresión sobre la situación de España, pero no la conozco. Leo periódicos de allá, noticias de acá, pero hay que vivir ahí para entenderlo. Sí que puedo decir que a diario entran en mi correo ofertas de académicos españoles que ponen a nuestra disposición sus especialidades. Eso indica una situación de dificultad en el ámbito académico. Además, hablando con los rectores, me han contado que ha sido terrible la bajada de sueldo de los trabajadores públicos. También que los fondos de investigación hacen virtuales los progresos, porque no hay recursos, y que son inmensos los drenajes en las contrataciones. Que hay quien lleva décadas, ¡una vida!, esperando su puesto de profesor.

Nosotros, por ejemplo, tenemos el problema de que no podemos competir con el sector privado en retribuciones. Si una empresa se quiere llevar a un profesor, se lo va a llevar, a no ser que el profesor se agarre con las uñas a su sitio en lo público. Si va a ganar el doble o triple, se va. Imagino que este desangramiento de gente en la universidad española va a ser muy peligroso. Por lo demás, trato de hablar con la gente cuando voy a España, una o dos veces al año. En los hoteles, con los taxistas… Una conversación que me sorprendió mucho fue con uno al que le dije que, cuando yo voy a Madrid y veo el centro, pienso que la crisis de España es mucho mejor que la bonanza de mi país. Él me dijo que lo que pasaba es que yo estaba recorriendo las buenas zonas, pero que, si fuera al sitio donde él vivía, vería que es el único que gana algo de todo un edificio de no sé cuántos pisos. Si la cosa es así, me parece tremendamente difícil.

Para concluir, ¿tiene esperanza de que el conflicto se solucione en su segundo mandato?

La esperanza la manda Dios. Es una virtud tener fe, ya no en que se arregle sino en que por lo menos se mantenga un vínculo pacífico entre la jerarquía de la Iglesia y la Universidad. No sé si se arreglará exactamente en el período en el que soy rector, pero al menos pienso que la relación con el Vaticano es buena y que, si hay procesos aquí en Perú entre nosotros y el arzobispado, se resolverán en el mejor sentido.

¿Le gustaría hablar con Su Santidad?

Por supuesto. Pero no se me ocurriría pedirlo. Su Santidad tiene otras muchas cosas y yo no quiero molestarle.

Al fin y al cabo, es rector de una universidad del Sur…

Las periferias, sí, pero sería un problema minúsculo para sus asuntos tan grandes. Me conformo con la relación que tenemos con la comisión de cardenales, que también pueden tomar grandes decisiones sobre la educación católica. Seguiremos poniéndonos al día en contacto con ellos. Esperamos y, en cuanto llamen, iremos a resolver los problemas al arzobispado de Lima o a la Plaza de San Pedro.


Fuente

Religión Digital

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