A los Romanos: Una mirada a la carta paulina más influyente

Carta a los Romanos

11.00 p m| 24 jul 14 (THINKING FAITH/BV).- En los próximos domingos, la Segunda Lectura se tomará de la Carta a los Romanos, la carta paulina que aparece con mayor frecuencia en el leccionario dominical. Peter Edmonds SJ, especialista en el Nuevo Testamento, mira el fondo y la estructura del mensaje a los romanos -nos muestra algunas nociones teológicas-, y nos anima a explorar la “más gratificante” de las cartas de Pablo.

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La carta de Pablo que se escucha con más frecuencia que cualquier otra como Segunda Lectura los domingos en el leccionario católico de tres años, es la Carta a los Romanos. Esta carta es la más larga, la más influyente y más gratificante de las cartas indiscutibles de Pablo, y todo parece indicar que también fue la última. Al parecer la escribió en Corinto (en la Grecia moderna) durante su estancia allí, registrada en Hechos 20:03. Cencrea era su puerto, donde Febe era diaconisa (Romanos 16:01); y Gayo, que se menciona en 16:23, podría ser el Cayo a quien Pablo bautizó en Corinto (1 Corintios 01:14). Fue escrito alrededor del año 57, no podemos estar seguros de la fecha exacta, pero sin duda fue antes de la publicación de cualquiera de los Evangelios y viene después de Tesalonicenses, Gálatas, Filipenses, Filemón y la correspondencia a Corinto.

Pablo escribió a la comunidad cristiana de Roma (Romanos 1:07). Esta era una Iglesia que nunca había visitado y ni evangelizado; sin embargo, como “ministro de Jesucristo para los gentiles” (15:16), anhelaba verlos (1:11). Roma era la ciudad más importante en su mundo; su gobierno, a través del poder de Poncio Pilato, había ejecutado a Jesús en la lejana Judea. Los cristianos de Roma, en el centro del Imperio Romano, tenían muchos contactos, especialmente con las iglesias en Judea (Hechos 28:21). Lucas, en los Hechos, describe la eventual llegada de Pablo allí como prisionero (Hechos 28:14).


¿Por qué escribir a los romanos?

Muchos suponen que después de más de veinte años en el apostolado, Pablo pensó que valía la pena escribir un ensayo general sobre su teología; escribir en términos más cómodos sobre el Evangelio que predicaba, para proporcionar un manifiesto a sus conversos y asistentes con los que había trabajado, algunos de los cuales se enumeran en el capítulo final. Si esto es correcto, esta carta difiere significativamente de las otras, que fueron escritas en respuesta a situaciones pastorales concretas.

El método preferido de Pablo para evangelizar era visitar personalmente la comunidad (1 Tesalonicenses 2:17); si no estaba en condiciones de hacerlo, enviaba a su delegado (1 Tesalonicenses 3:02). En los últimos años adoptó un tercer método, el de escribir cartas (1 Tesalonicenses 5:27). Por lo que si escribió a los romanos sin una obvia razón pastoral, era una innovación.

Otros dicen que Pablo escribió, porque era un “ministro de la reconciliación” (2 Corintios 5:18). La Iglesia Romana podría haber sido una de las más antiguas: Lucas escribió en Hechos que gente de Roma había estado entre los que oyeron a Pedro predicar el día de Pentecostés (Hechos 2:10). Lucas también informó que el emperador Claudio había expulsado judíos de Roma en el año 49 dC, y entre estos algunos judíos cristianos (Hechos 18:02). Esto habría dejado abandonados a su suerte a los cristianos de origen gentil en Roma.

Al regreso de los judíos cristianos luego de la muerte de Claudio en el año 54, no hay duda que existieron tensiones y malentendidos entre cristianos cuyo origen era tan diferente. Las palabras de Pablo acerca de la naturaleza universal del plan inclusivo de Dios para la salvación, sobre todo en los capítulos 9-11, fueron muy relevantes para una comunidad de tal diversidad. Las instrucciones que él da sobre las relaciones entre el débil y el fuerte en el asunto de comer carne, que había sido utilizado en la adoración de ídolos, habrían abordado un área particularmente difícil en las relaciones de una comunidad dividida entre judíos y gentiles conversos (14:13 -23).

Otro punto de vista es que él escribió por su propio interés, o más bien por interés en su apostolado. Él menciona en la carta que tenía la intención de ir a Jerusalén para entregar una colecta a los cristianos pobres allí (Romanos 15: 25). Jerusalén era una Iglesia que todavía lo tenía bajo sospecha debido a los malentendidos acerca de su actitud hacia la Ley Mosaica (Hch 21:21). Quería que los romanos usaran su influencia para que pudiera ser bien recibido y que se aceptara el regalo de dinero que había recaudado para los cristianos pobres. Así se estaría cumpliendo con la tarea que le habían dado Santiago, Cefas y Juan, los pilares de la Iglesia en Jerusalén (Gálatas 2:10). Tenía otros planes para el futuro también. Después de haber predicado el Evangelio en el este durante veinte años, desde Jerusalén hasta Ilírico (Romanos 15:19), ahora quería ir hacia el oeste para predicar el Evangelio en España. Para ello necesitaba un patrocinador. Los filipenses le habían patrocinado en Acaya (Filipenses 4:15); quería que los romanos le patrocinan en España. Estas sugerencias se basan en una lectura atenta de las noticias personales que él da en 1:9-15 y 15:14-33.


¿Por qué esta carta es importante?

La Carta a los Romanos es la más importante de las cartas de Pablo teológica e históricamente. Ha tenido una inmensa influencia. En ella, Pablo no solo hablaba a los cristianos en Roma, también les brindaba orientación en temas que les preocupaban. El hecho de que fuera incluida en una colección del conjunto de cartas de Pablo (2 Pedro 3:15-16), significaba que pronto fue reconocida como una herramienta valiosa, para ayudar a los cristianos de otros lugares en su comprensión de la relación entre los antiguos y nuevos pactos de Dios. Estos cristianos también profundizaron su comprensión de la importancia de la obra de Cristo para llevar el amor y la misericordia de Dios a toda la humanidad.

A lo largo de la historia, los cristianos han podido aprender mucho de esta carta. En el siglo IV, la lectura de dos de sus versículos, Romanos 13:13-14, es parte de la historia de la conversión de San Agustín. En el período de la Reforma del siglo XVI, sobre todo debido a su enseñanza sobre la “justificación por la fe”, fue una gran influencia en Martín Lutero. Karl Barth, excepcional teólogo protestante de los primeros años del siglo XX, escribió un comentario importante sobre la Carta a los Romanos. Ha sido durante mucho tiempo un favorito para los cristianos protestantes, pero en los últimos años del siglo XX, aparecieron también comentarios católicos de excelente calidad. La importancia de la carta para el diálogo entre las grandes religiones también se está redescubriendo.


Algunas ideas teológicas

La teología de la carta respeta una estructura. Después de un saludo y la introducción, Pablo define el Evangelio de la salvación, que él predica (1:1-17). Los siguientes capítulos se refieren a tres características de Dios. Aprendemos primero acerca de la necesaria ira de Dios contra la pecaminosidad del mundo. Nadie está exento; gentiles y judíos son igualmente culpables y Dios, que es bueno, debe sentir necesariamente enojo por el mal que distorsiona su creación. No hay ser humano que no necesite salvación de esta ira (1:16-3:19).

Fe (03:20-04:25)
“Pues razonamos que el hombre es justificado por la fe y no por hacer algo que la Ley le dice que haga (03:28)”

Dios mismo proporciona los medios para la salvación por su segunda característica, ser justo. Porque Él es bueno, Dios encuentra una solución al pecado que está destruyendo su creación. Pablo usa términos de las culturas judía y griega de su tiempo para describir cómo funciona esta solución. Por medio de Jesucristo, Dios nos justifica y nos redime. Con él llega la expiación de nuestros pecados. Por estos medios, se logra el cumplimiento de las promesas que Dios hizo hace mucho tiempo a Abraham. La fe que Abraham demostró siglos antes (Génesis 15:6) prefiguró la fe del que cree en Cristo en estos días.

Esperanza (5:01-8:39)
“La perseverancia trae esperanza y esta esperanza no es engañosa (5:4-5)”

Pero hay un tercer atributo de Dios, el amor de Dios. Este se vierte en los corazones de los creyentes (5:5). No vive más el pecado dentro de los que están “en Cristo”. Pablo explica cómo, antes de la muerte y resurrección de Cristo, el mundo estaba bajo el control de tres tiranos: el pecado, la muerte y la Ley. La Ley, aunque buena en sí misma (07:12), solo pudo mostrar el pecado, pero no darle remedio. La vida de Cristo destruyó el poder de estos tiranos y en su lugar el Espíritu Santo mora en el creyente, para que una nueva calidad de vida sea posible. Los creyentes son ahora hijos de Dios, capaces de superar toda la maldad del mundo. Si la fe es una palabra clave en la sección anterior, la esperanza es la palabra clave en estos capítulos. Pablo termina esta sección con un grito maravilloso, “¿Quién nos podrá separar del amor de Dios?” (08:39).

Esperanza – otra vez (9:1-11:36)
“Todo el que invoque el nombre del Señor, será salvo” (10:13)

El amor de Dios es para toda la humanidad. Pero Pablo sabía muy bien que el pueblo al que pertenecía, el pueblo judío, se había negado a aceptar a Cristo. Pablo, “un israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín” (11:01), hace una reflexión muy personal de su angustia por la suerte de su propio pueblo, los judíos, que, a pesar de sus muchos privilegios, se niega a aceptar este Evangelio (9:1-2). Al igual que Moisés pidiendo por Israel en el desierto, él ofrece renunciar a su propia salvación por la de ellos (Éxodo 32:32).

Utilizando muchas citas de las Escrituras sobre Israel, Pablo argumenta a partir de la fidelidad de Dios, la salvación final de su propio pueblo. Concluye con un verso citado en los debates del Concilio Vaticano II sobre la relación entre los cristianos y los judíos, “los dones y el llamado de Dios son irrevocables” (11:29). Estos capítulos son un reto para los creyentes de hoy, cuando los miembros de las religiones más importantes, a pesar de su culto al mismo Dios, se dividen, y cuando incluso entre los cristianos hay separación. Para Pablo, estos problemas tan complejos no están fuera del alcance de la misericordia de Dios. La esperanza que predica se ofrece a todas las criaturas de Dios. Concluye esta sección teológica de la carta con un magnífico himno de alabanza a Dios, basado en los escritos del Antiguo Testamento, memorable como todo lo que escribió y que figura en la liturgia: “Porque de El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la gloria por los siglos. Amén” (11:36).

El amor (12:01-15:13)
“De hecho, el no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro precepto, se resume en éste: Amarás al prójimo como a ti mismo” (13:09)

Los capítulos finales son muy prácticos. ¿Cómo vamos a vivir nuestras vidas diarias en contra de la realidad de este Evangelio de salvación? El punto principal es que vivimos una “liturgia”, en el sentido de que todo lo que hacemos se convierte en parte de nuestra respuesta agradecida y adoración a Dios. No hay nada que no es sagrado en nuestras vidas. El lector atento se dará cuenta de un paralelismo entre lo que Pablo tiene que decir y lo que se dice que Jesús dijo en el Sermón del Monte (Mateo 5-7). También hace eco de las palabras de Jesús al escriba en el Evangelio cuando dice que los mandamientos “se resumen en: Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31, Romanos 13:09). Y entonces, por fin, Pablo alcanza a ciertos problemas que había oído que existían en la comunidad romana, el conflicto que dividió al “débil” y al “fuerte”, debido a sus actitudes hacia el consumo de carne que había sido utilizada en el culto en los templos, que eran dedicado a los dioses que no eran dioses en absoluto.


Conclusión (15:14-16:27)

Sobre el final de la carta, Pablo se vuelve amable y personal. Admite que ha escrito “con audacia” a los Romanos (15:15). Saluda a 28 personas a las que él conoce en Roma (16:1-15). Tal vez quería que hablan a favor de su petición de apoyo a sus proyectos en Jerusalén y España (15:24-25). Esto nos recuerda que Pablo no era un evangelista sombrío al que le gustaba trabajar solo, sino el líder de un equipo que inspiró amistad y devoción entre los que conoció y con quienes trabajó. Las líneas finales nos dan otro himno de alabanza a la gloria de Dios y una bendición especial a todos los que leen y escuchan la carta: “El Dios de la paz sea con todos vosotros. Amén”.


Fuente:

Texto de Peter Edmonds SJ. Publicado en Thinking Faith.

Puntuación: 4.33 / Votos: 3

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