Cinco mitos sobre la Pascua

Cinco mitos sobre la Pascua

7.00 p m| 22 abr 14 (WP/BV).- Cuando la muerte y la resurrección se mezclan con conejos mágicos y huevos de chocolate, obtienes la Pascua – quizás la fiesta cristiana más incomprendida. Sin embargo, también es la más esencial; sin esta festividad, la fe cristiana no tendría sentido. Mitos sobre la Pascua abundan, para los creyentes y no creyentes por igual, así que vamos a observar algunos de los más comunes: “Jesús literalmente no se levantó de entre los muertos”, “La Cuaresma consiste en sacrificios”, “Los huevos de Pascua no tienen nada que ver con la Pascua”, “Después de la resurrección Jesús se le apareció primero a San Pedro”, “La Pascua no es tan importante como la Navidad”.

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1. Jesús literalmente no resucitó de entre los muertos

En el domingo de Pascua, varios de los discípulos descubrieron que la tumba en la que el cuerpo de Jesús había sido puesto estaba vacía. Más tarde, ese mismo día, y en los días y semanas siguientes, más discípulos se encontraron con Jesús, que se había levantado de entre los muertos. Pero casi de inmediato, otros refutaron estas afirmaciones. Al principio, circuló la historia que decía que el cuerpo de Jesús fue robado de manera furtiva por sus discípulos. Más tarde, otros sostuvieron que otra persona fue sustituida por Jesús en la crucifixión -o que Él no estaba muerto, sino que fue drogado hasta que perdió el conocimiento y luego se le revivió subrepticiamente.

Hoy en día, un tipo diferente de mito está circulando, a veces difundido por bien intencionados cristianos: Jesús literalmente no se levantó de entre los muertos, y no importa que no lo hiciera. Bajo esta formulación, la “Resurrección” no es más que el recuerdo de los discípulos sobre lo que Jesús había dicho y hecho durante su vida, y esos recuerdos los impulsaron a continuar Su misión.

Pero cuando uno examina los evangelios, esa hipótesis no se sostiene. Por ejemplo, en un Evangelio, se describe a los discípulos tan aterrorizados después de la crucifixión, que se escondieron a puerta cerrada. ¿Por qué no iban a hacerlo? Su líder acababa de ser ejecutado en la forma más vergonzosa imaginable. Pero entonces, de repente, los discípulos están llenos de determinación, dispuestos a dar la vida por Jesucristo. ¿Es posible que simplemente el sentarse juntos y recordar a Jesús podría ser responsable de un cambio tan asombroso? No. Solo algo real, dramático y físico, algo que los discípulos vieron y experimentaron podría ser tan decisivo de moverlos del profundo terror a la valentía sin límites. Y lo que vieron y experimentaron fue Jesucristo resucitado de entre los muertos.

2. Después de la resurrección, Jesús se le apareció primero a Pedro

Pedro tiene una presencia tan fuerte en las narraciones de la Pasión que es natural creer que Jesús se iba a aparecer primero al pescador de Galilea . Pero Jesús no se aparece primero a Pedro, ni a ninguno de los otros discípulos varones, sino a las mujeres.

En el Evangelio de Mateo, Él se aparece por primera vez a “María Magdalena y la otra María”. En Marcos, se aparece por primera vez a María Magdalena. Y en el Evangelio de Juan, la distinción de María Magdalena es aún más pronunciada: Temprano el domingo de Pascua, ella llega a la tumba, la encuentra vacía y corre a decírselo a Pedro y la persona conocida como “el discípulo predilecto”.  Regresan los tres juntos, los discípulos entran y miran dentro del sepulcro y luego se van. Después que se han ido, como María está llorando junto al sepulcro, Jesús se le aparece. Él se dirige a ella por su nombre en arameo, que se conserva en los manuscritos griegos, con ternura llamándola “Mariam”.

Al final de la historia en el Evangelio de Juan, Jesús le pide a María que anuncie la noticia de la Resurrección a los discípulos. Así, mi título favorito para ella: “Apóstol de los Apóstoles”. Este es un recordatorio necesario del rol central de la mujer en la historia de Jesús, así como en la Iglesia en sus primeros años.

3. La Cuaresma consiste en sacrificios

Cada año al llegar la Cuaresma, la pregunta más recurrente para los cristianos es: “¿A qué estás renunciando?”. En gran medida, la Cuaresma implica sacrificio -abstenerse de ciertos alimentos, el chisme, la pereza y similares -, pero el sacrificio no es un fin en si mismo. Nos recuerda que podemos ejercer el autocontrol y que Jesús experimentó tremendos sacrificios físicos durante su Pasión. También nos impulsa a la caridad. Uno de los objetivos originales de recortar el consumo, después de todo, era ahorrar dinero para dárselo a los pobres.

Pero en general, la Cuaresma se trata de una preparación espiritual, y el sacrificio no es más que un medio para ese fin. A menudo le planteo a la gente que cambien el “¿Qué estás renunciando para la Cuaresma?” por un “¿Qué estás haciendo por Cuaresma?” ¿Está siendo amable? ¿Ama? ¿Perdona? Estas actividades, que nos mueven más allá del sacrificio, preparan a los creyentes para recibir a Cristo en sus vidas de una manera nueva. Es por eso que una de las frases en las oraciones de Cuaresma en la Misa, habla de la “alegría” de la Cuaresma.

4. Los Huevos de Pascua no tienen que ver con la Pascua

Muchas personas fastidiadas por el creciente comercialismo de la Pascua – cestas rellenas de videojuegos y iPads, los chocolates Cadbury, etc. – mete en el mismo saco a los Huevos de Pascua con la secularización general de la fiesta.

Pero los huevos de Pascua son un antiguo medio de representación de creencias religiosas. Dependiendo de la fuente, la costumbre o bien se originó en Mesopotamia con los primeros cristianos -quienes manchaban huevos de color rojo para conmemorar el derramamiento de la sangre de Cristo- o bien apareció como un símbolo de renacimiento. Otros vinculan el paralelismo entre un ave que nace dejando una cáscara vacía y un Cristo resucitado dejando atrás la tumba vacía. El consumo de huevos el domingo de Pascua se puede vincular también a la finalización de la Cuaresma, un tiempo en que, además de carne, algunas culturas cristianas evitan los huevos y los productos lácteos.

A pesar del intento de la industria de los dulces de “enterrar” la Pascua en productos llenos de chocolate y caramelo, muchos cristianos, sobre todo los de la tradición ortodoxa oriental, todavía decoran sus huevos con símbolos religiosos. Llenos de chocolate o no, los huevos están cargados de significado en la Pascua.

5. La Pascua no es tan importante como la Navidad

En la creencia popular, la Pascua fue subsumida por la Navidad hace mucho tiempo. La gente no se pasa semanas en compras para los regalos de Pascua, ni horas escribiendo tarjetas de pascua a familiares y amigos.

Sin embargo, la Pascua es el evento clave en la historia cristiana. Y no se dice eso con el afán de rebajar la importancia de lo que los cristianos llamamos la “Encarnación” – la creencia de que Dios se hizo hombre en Jesús, que celebramos en Navidad. Pero la Resurrección lo cambia todo: ¡Es un recordatorio de que Jesús no sólo resucitó de entre los muertos, sino que el amor es más fuerte que el odio, que la esperanza es más fuerte que la desesperación, y que la vida es más fuerte que la muerte! Más sencillo, nos recuerda que nada es imposible para Dios. Elegir no creer en la Resurrección convierte a Jesús en un profeta más. Creer en la resurrección, te cambia la vida.


Fuente:

“Five myths about Easter”. Texto de James Martin SJ. Publicado en “The Washington Post”.

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