UN ENFOQUE NEUROCIENTÍFICO SOBRE LAS MARCHAS DE LA GENERACIÓN BICENTENARIO

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En primera plana del diario “Expreso” el 16-Nov se decía: “En el Perú actual no rige el Derecho Constitucional sino la dictadura de la calle y de los chiquillos de la generación equivocada de los Tiktokers”. Mientras el 14-Nov, RPP informaba sobre una entrevista con José Vega: “El vocero de UPP negó que los peruanos estén protestando a nivel nacional por la vacancia presidencial. Dijo que los jóvenes están cansados de tener políticos corruptos”. Algo así como “no marchan contra lo que hice sino a favor de lo que hice”

Para el lector no enterado de la política peruana, ambos relatos corresponden a dos posiciones ideológicas antagónicas que se conocen bien en el país: la primera de extrema derecha y la segunda de extrema izquierda. Pero viéndolos bien, ambos se parecen: son discursos muy conservadores. Lo cual me hizo recordar el trabajo de Albert Hirschman “Retóricas de la intransigencia”, en la que plantea los tipos de argumentos usados para desacreditar acciones de cambio. El primero es el relato del riesgo: la “dictadura de la calle” es el caos, y “los chiquillos tiktokers” no pueden ser algo serio. El segundo es el argumento perverso: darle a un hecho el significado exactamente contrario.

Son varios los aspectos que explican la enorme distancia actual entre los políticos y sus electores, y uno de ellos es sin duda el congelamiento de sus doctrinas políticas. Y sin importar la ideología que adopten, actúan como una élite bajo la premisa que su conocimiento especializado de la política les otorga una superioridad intelectual o moral sobre el resto de los mortales, y por tanto, les da la facultad unilateral de liderar “a los individuos” o “a las masas”, según sean de derecha o de izquierda.

Ese congelamiento se traduce en la negativa a adoptar nuevas ideas o corrientes científicas, lo que conlleva a limitar y debilitar su percepción de la realidad y de lo que piensa la gente. Por eso su incomprensión de los sucesos políticos de la semana pasada. Ejemplos: el premier Ántero Flores Araoz dijo que no entendía las protestas de miles de jóvenes, que podría reunirse con ellos para comprenderlos. El congresista Diethell Columbus, antes analista político, decía que “no imaginaba una reacción de esta magnitud”. Otro congresista, Carlos Almerí, decía de las marchas: “Esto es consecuencia de que las redes están mucha gente azuzando a los jóvenes”. Traducción: son manipulados.

Por lo tanto, queremos aportar en el análisis de las multitudinarias marchas juveniles de la semana entre el 09 al 15 de noviembre, desde la perspectiva multidisciplinaria de las Neurociencias, que pueden contribuir a este indispensable acercamiento entre política y sociedad, fenómeno que aqueja a casi todos los pueblos del planeta.

En primer lugar, para muchos jóvenes, su participación en estas marchas es por primera vez, una suerte de iniciación en ciudadanía. Gritar a todo pulmón, avanzar con mucha gente, reaccionar a los gases, etc., etc., todo ello es un nuevo conocimiento. Ello genera nuevas redes neuronales que se configuran de inmediato porque el cerebro rápidamente entiende la marcha como una actividad de riesgo. Al estar en modo supervivencia, la memoria fijará esos conocimientos para saber cómo actuar la siguiente vez.

En segundo lugar, siendo una actividad masiva y con miles de personas desconocidas, se activan las neuronas espejo, llamadas neuronas de la empatía, las que explican nuestra socialización. Por ellas, nos ponemos en el lugar del otro e imitamos a los demás. Entonces se va a la marcha en grupo. Si alguien cerca nuestro cae por disparos de perdigones, lo que haremos será auxiliarlo. Si caen cerca gases, seguiremos a quien corre delante nuestro. Ellas explican también que se conformen brigadas de jóvenes abogados, de médicos, etc., tratando de ayudar de alguna forma. Nuestro sentido colaborativo y de conexión se dispara.

En tercer lugar, las marchas son actividades fundamentalmente emocionales, donde el sistema límbico está en total estado de alerta, donde la adrenalina fluye por todo el cuerpo. Está plenamente demostrado que el aprendizaje es más fuerte cuando intervienen las emociones. Para miles de jóvenes será una experiencia inolvidable de vida.

En cuarto lugar, que las marchas hayan logrado expulsar en 6 días al gobernante ilegítimo otorga a los jóvenes una inmensa inyección de autoestima, de confianza en sí mismos, tanto a nivel individual como colectivo. El logro y el éxito tienen ese efecto estimulante en el ser humano, mucho más si se percibe como una acción de justicia. Se reduce el miedo al cambio y mejora la resiliencia frente a situaciones estresantes.

Finalmente, al ofrendar sus vidas, Inti y Bryan, generaron una corriente universal de repudio a la represión y de unificación de la indignación nacional. Como la muerte es uno de nuestros grandes misterios y miedos, los seres humanos tenemos la tendencia a evitar la conciencia de nuestra propia mortalidad y la trasladamos a los demás. Para evitar esta amenaza existencial, el cerebro la proyecta en otros. Ambos serán entonces la imagen de lo que les pudo pasar a cada joven. Más que víctimas de la represión, serán nuestros héroes. Y los héroes nunca se olvidan.

Cada uno de estos 5 puntos generan diversas consecuencias para la acción política. Pero hay que abrir los corsés ideológicos. Ojalá los políticos peruanos puedan entender el mensaje de los jóvenes… y rápido. Ello sería uno de los mejores aportes de la Generación Bicentenario.

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Acerca del autor

Vicente Sánchez Vásquez

Presidente del Instituto de Neurociencias para el Liderazgo. Abogado y Magister en Gerencia Pública.

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