LOS CENTROS POBLADOS: EL NUEVO FENÓMENO POLÍTICO EN EL PERÚ

Las elecciones del 26-E han permitido la irrupción o disrupción (como gusta decirse ahora) de los centros poblados en la vida política nacional, ya no sólo como pequeños racimos demográficos alrededor de la mayoría de las ciudades del Perú, sino ahora como espacios sociales en modo búsqueda y captura de una representación política propia.

Han estado allí desde hace décadas, pero eran invisibles… hasta ahora.

Desde hace algo más de 60 años, con la fabulosa migración del campo a las ciudades, así como de las provincias a la capital, el Perú ha vivido una transformación paradigmática que quebró la histórica primacía de la población rural en favor de la población urbana.  Seis décadas después de las grandes migraciones de los 60 y 70, la población urbana es ahora el 79,3 % del total nacional (Censo INEI 2017), con las transformaciones de toda índole que esa cifra implica.

Miles y miles de pobladores conformaron primero los pueblos jóvenes, luego los llamados asentamientos humanos marginales alrededor de la capital y las grandes ciudades de la costa, sierra selva. Esas poblaciones exigieron, con movilizaciones si era necesario, acceder a la vivienda, servicios básicos, educación, salud, programas sociales, y progresivamente esas conquistas les permitieron acoplarse a las dinámicas políticas, económicas y sociales de las ciudades que rodeaban.

Con el tiempo, esos cinturones inicialmente periféricos se han integrado a las ciudades, ya son parte de ellas, han recibido de todos los niveles del Estado, la atención que su peso demográfico y luego su peso político, les ha permitido alcanzar. En la capital, la aparición de los grandes centros comerciales desde fines de los 90 en los ahora llamados distritos emergentes fueron la mejor demostración que ya habían dejado de ser marginales.

Pero el crecimiento horizontal de las ciudades no se ha detenido. El visible y notorio mayor desarrollo de la urbe frente al campo ha dado lugar a continuas olas migratorias, ya no sólo hacia la capital o las grandes ciudades, sino hacia las medianas y las pequeñas, y ante la falta de espacio en ellas, estas oleadas de migrantes se ubican en los nuevos límites urbanos, creando nuevos centros poblados o integrándose a otros ya existentes.

Estos centros poblados, que hoy se cuentan por miles en todo el país, están lo suficientemente cerca de las ciudades como para desear sus beneficios y comodidades, pero están lo suficientemente lejos como para no alcanzarlos tanto por su escaso peso político como por la desidia y olvido de los gobernantes.

Ni siquiera los alcaldes distritales los atienden, ya ni hablemos de los provinciales o del gobierno regional. Por eso, apenas pueden, intentan conformar su propia municipalidad de centro poblado, y si las cosas van bien en el futuro buscarán ser distrito. Lo único cierto es que, por razones de toda índole, pese a existir la Ley 30397 de Centros Poblados que regula su procedimiento de creación, cientos de estas iniciativas, se quedan en el camino en medio de trámites tan engorrosos como eternos, y permanecen por años olvidados sin atención siquiera de sus servicios básicos.

Según el mismo Censo 2017, existen 94,922 centros poblados en todo el país, siendo las regiones con mayor número de ellos Puno, Cusco, Ancash, Ayacucho, Huancavelica, Cajamarca, Huánuco y Lima Provincias.

El INEI define el Centro Poblado como “el lugar del territorio de un distrito, que tiene un nombre y es habitado por varias familias o por una sola familia o una sola persona con ánimo de permanencia. Las viviendas del centro poblado pueden estar formando manzanas, calles y plazas, como los pueblos o ciudades; estar semidispersas, como los caseríos, anexos, entre otros y totalmente dispersas, como las viviendas en ámbitos agropecuarios. De acuerdo a la distribución de sus viviendas, un centro poblado puede ser: urbano o rural”. De esos más de 94 mil centros poblados a nivel nacional, sólo 2,437 han conformado municipalidades de centros poblados, ya que ese es el número registrado por el INEI en su Directorio Nacional de Municipalidades de Centros Poblados del 2015.

Pues bien, esas poblaciones han dicho el 26 de Enero: “Aquí estamos. Ya no queremos ser invisibles. No más”. No se trata sólo de que los partidos reconozcan y acojan sus problemas y necesidades, sino también de hacerlos parte activa de la representación política formal, de hacerlos parte del ejercicio del poder político en los diversos niveles de gobierno.

Si vemos los resultados electorales de los nueve partidos que pasaron la valla electoral, tenemos que dos obtuvieron en la Provincia de Lima (que incluye el voto extranjero), más del 50% de sus votos a nivel nacional, por lo que podemos caracterizarlos como partidos limeñocéntricos. En efecto, Perú Podemos obtuvo el 67.3% de todos sus votos válidos en ese distrito electoral. El Partido Morado obtuvo el 55%. Por el contrario, Alianza para el Progreso y Unión por el Perú son partidos que tuvieron una escasa votación en la capital (16% y 18%, respectivamente). De los nueve partidos con representación congresal, tres partidos (Frepap, Podemos Perú y Unión por el Perú) han representado en dicha elección proyectos fronterizos o marginales al actual stablishment político nacional, sumando el 23.5% del total de votos válidos a nivel nacional. Estos partidos apenas figuraban en las encuestas una semana antes de las elecciones.

Como lo señalamos en nuestro artículo titulado “Seis razones del éxito electoral del Frepap” del 12/02/20: “El proceso de urbanización y crecimiento de las grandes ciudades ha generado un amplio sector de la población (ubicada en los ámbitos rural y urbano) marginados del modelo político actual. Si uno aprecia las grandes, medianas y pequeñas ciudades en todo el país puede darse cuenta de la existencia de miles de centros poblados en sus alrededores o periferia que no son objeto de atención ni de los gobiernos regionales ni de los gobiernos locales, menos del Poder Ejecutivo. (…) Pues bien, son claramente esos sectores sociales los que buscan opciones políticas que los representen (…) porque perciben que el actual sistema de partidos políticos no tiene ningún interés en acogerlos ni representarlos”.

Por cierto que estas elecciones son apenas el preámbulo de las grandes decisiones que tomará el electorado el 2021, y no puede decirse siquiera que estos resultados se repetirán. Nada está dicho. Pero de algo si estamos seguros: ya no se puede obviar a los nuevos marginados del campo y la ciudad, quieren poder político, y lo quieren ahora. Así que este mensaje va para todos los partidos políticos: abran bien los ojos y paren las orejas. Después no se quejen en abril del próximo año, y menos se sorprendan.

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Acerca del autor

Vicente Sánchez Vásquez

Experto en Liderazgo. Abogado. Magister en Gerencia Pública.

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