NEUROCIENCIA Y CORONAVIRUS ¿CÓMO ACTÚA NUESTRO CEREBRO EN UNA CUARENTENA OBLIGATORIA? SEIS IDEAS PARA EXPLICARLO.

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La pandemia del coronavirus ha tenido como una de sus primeras víctimas a nuestra mente. En pocos días tuvimos que pasar del distanciamiento social al aislamiento social obligatorio y luego a la inmovilización social obligatoria, conceptos además desconocidos para millones de personas. Este virus ha cambiado por completo al mundo y a nuestro mundo personal, y avizoramos que no serán sólo 15 días de cuarentena, sino tal vez más. Así, el número de muertes que provoca, y luego, las medidas coercitivas que toman los gobiernos enclaustrando a millones de personas en sus casas, nos genera a todos variados estados psicológicos como ansiedad, irritación, impulsividad, depresión, etc., las cuales hasta cierto punto son respuestas lógicas del organismo, pero que puede terminar afectándonos si no nos preparamos para afrontarla. La neurociencia puede ofrecernos algunas luces al respecto.

  1. Asimilar el cambio. Un miedo natural en las personas es el temor a un cambio radical en tu modo de vida. La posibilidad de una medida extrema (una cuarentena) nos causa temor a perder el control de nuestras vidas. Para algunas personas, no perder ese control en el nuevo escenario significa reactivamente adquirir o acopiar bienes, algunos realmente en exceso. Eso es lo que explica que muchas personas se lancen a los supermercados a vaciar los estantes empezando por el papel higiénico. Para otras, no perder el control significa la percepción de que todo es una exageración (y hasta una conspiración) del gobierno y de los medios, y que todo sigue normal, que no hay razón para modificar su modus vivendi, y por consiguiente, seguir su vida saliendo a la calle, intentando ir a trabajar, o en general, realizando actividades fuera del hogar o en horario prohibido que la mayoría percibe ya como riesgosas. Por supuesto, también hay las que creen estar por encima de la ley (alguna incluso llamando a un General del Aire para que la saque del apuro). No es fácil asimilar un cambio drástico, cada ser humano lo procesa a su modo, vemos que por la irresponsabilidad de otros se puede prolongar la medida, y eso nos enoja. Lo importante es aceptar la nueva realidad, ser consciente de sus características (fenómeno mundial, temporalidad, vulnerabilidad de ciertos sectores, prevención en el hogar), y planificar la nueva etapa.
  2. Selecciona la información. Otro efecto psicológico que se produce es la ansiedad de saber absolutamente todo acerca del coronavirus ante la sospecha y el temor de padecerla o tener síntomas de ella, primer paso hacia la hipocondría, que es la preocupación obsesiva de padecer una enfermedad grave. Esta obsesión por la información del virus debe regularse y seleccionarse, buscando la calidad informativa (especialmente en las redes sociales) para saber cómo actuar. Es cierto que se trata de un virus desconocido, que aún no tiene vacuna, y si los medios de comunicación informan que, por ejemplo, Italia tuvo ayer 24 de marzo más de 740 muertes, pues es difícil no alarmarse. Una situación como esta pandemia nos genera ansiedad y dispara el sistema nervioso simpático, que nos pone en modo huida o lucha frente a cualquier estímulo intenso externo (eso explica que nadie quisiera atender a la canadiense presumiblemente con coronavirus que tuvo que dormir a la intemperie en el parque Larcomar de Miraflores). Pero el cerebro puede pasar de la respuesta instintiva (del sistema límbico) a la racional (a cargo de la corteza cerebral) en poco tiempo, por lo que puede prevalecer el juicio adecuado y la decisión racional. Lo esencial aquí es el autocontrol de la información, y eso lo puede decidir cada uno.
  3. Organiza tu tiempo. En confinamiento, más si es en espacios pequeños y con un pequeño número de personas, el día parece durar una eternidad y la ansiedad se dispara. La principal estructura de tiempo es la hora de las comidas. Ahora al estar todos en casa sí puede establecerse un horario fijo para cada una de ellas. En todo lo demás, cabe hacer referencias temporales, no horarios rígidos como en un establecimiento militar o penitenciario. Por supuesto, no cabe que unos hagan todo y otros se la pasen de príncipes o princesas: eso solamente producirá conflictos y aumentará tensiones innecesariamente. La reclusión forzada puede generar comportamientos egoístas o negacionistas en algunas personas porque les cuesta sentirse vulnerables y les eleva la ansiedad. Como respuesta, asumen que no son parte del grupo afectado, es decir, toda la sociedad. En otras, la reacción puede ser la conducta depresiva. Por ello, es clave alguna forma de integración en casa, que es el único espacio social que tenemos en estos 15 días de cuarentena. El modo colaborativo y el buen uso del tiempo siempre tendrán efectos positivos en el grupo humano.
  4. Canalizar la mayor actividad cerebral. Sucede que cuando estamos obligados a una menor movilidad, es muy frecuente que el cerebro trabaje más focalizándose en los temas de nuestra mayor preocupación o interés, y casi primordialmente en los primeros, lo que los expertos denominan rumiación psicológica. En tiempos de coronavirus, evitar contagiarse puede derivar en una obsesión, o simplemente generarse todo tipo de ideas angustiantes de lo que puede pasar. La respuesta cerebral al miedo es un estado de alerta mayor al normal, por lo que la solución no es desactivar la mente, sino orientarla a actividades estimulantes como bailar, jugar con la familia, dibujar, arreglar cosas o lugares, crear, leer, etc.
  5. Disfruta este tiempo. Puede parecer un contrasentido pero la historia de las pandemias revela como reacción humana la interiorización del individuo en micro-sociedades, sean sectas, comunidades o familias, sin necesidad de normas punitivas del gobierno. Tal vez la idea intuitiva es reducir el riesgo de contagio minimizando la interacción social. Por otro lado, una de las cosas que debe entenderse del cerebro es su plasticidad, su sentido de adaptabilidad a una situación extrema pero que sabemos temporal, por lo que no se trata de hacer un sinnúmero de cosas para llenar el tiempo, agotarse en el día y tratar de descansar sin sobresaltos en la noche. Al contrario, vale la pena asumir que es una situación excepcional en la cual podemos realizar experiencias satisfactorias con nuestra familia, incluyendo las mascotas. Disfrutar de la compañía de nuestros seres queridos, proponerse realizar actividades que pueden hacerse en casa sin la exigencia del tiempo, programar alguna lista de objetivos realizables, o simplemente mejorar nuestro espacio vital (mejor si es en grupo), pueden ser formas resilientes de invertir los efectos nocivos del aislamiento.
  6. Lo nuevo: la cohesión y solidaridad social. Frente al peligro compartido, los individuos sienten temor a tomar decisiones y tienden de manera instintiva a refugiarse en el grupo. Aparece el gregarismo pero también la despersonalización, lo que eleva la sugestionabilidad del grupo y la necesidad de un liderazgo fuerte para afrontar la amenaza. En las sociedades nacionales actuales, toma mayor importancia la actuación del Presidente o líder ejecutivo y las disensiones o los críticos son infravalorados o atacados. Se valorará del líder su permanente información sobre cómo gestiona la crisis. Es significativo que el Presidente Martin Vizcarra haya saltado al 85% de aprobación mientras que el Presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (un líder con cuotas regulares de popularidad de hasta 80%) se ha desplomado al 51% de aprobación. En el primer caso, los peruanos (y en otros países) valoran muy positivamente su gestión, mientras que los mexicanos le reprochan a AMLO su desinterés en reaccionar asertivamente a la crisis de la pandemia. El otro elemento importante es la reacción espontánea de la gente con expresiones de cohesión social: entrega de alimentos a los policías y militares que patrullan las calles, los aplausos a las 8 de cada noche agradeciendo al personal de la salud y todos los que siguen trabajando en los servicios esenciales, y la exigencia de castigar con más severidad a los que infringen las disposiciones del gobierno. En otros países, se ha aceptado la participación del voluntariado social.

En suma, nuestro cerebro es un poderoso aliado para enfrentar una circunstancia tan excepcional como la que vivimos ahora. Superemos esta cuarentena con aquellos seres humanos que son lo más importante para cada uno. Y sobre todo, quedémonos en casa hasta que se diga lo contrario. Ojalá sea lo más pronto posible.

#YoMeQuedoenCasa

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Acerca del autor

Vicente Sánchez Vásquez

Presidente del Instituto de Neurociencias para el Liderazgo. Abogado y Magister en Gerencia Pública.

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