La Danza de las Mil Manos

Pocos espectáculos artísticos en China son tan espectaculares como la ”Danza del Bodisattva de las 1.000 manos”. El público contempla extasiado a una bella deidad budista, Guanyin, moviendo sus cientos de brazos de forma grácil y armoniosa. En realidad son una treintena de bailarinas puestas en fila, tan bien coordinadas que hacen creer a los asistentes que sólo hay una. Lo más asombroso es que todas las bailarinas son sordomudas y no pueden escuchar la música a cuyo son bailan.

Las bailarinas, dirigidas por Tai Lihua (la primera de la fila, sordomuda como el resto y directora artística del grupo) forman parte de la Compañía China de Artistas Discapacitados, uno de los más bellos ejemplos de integración social para ciegos, sordomudos y personas con otras discapacidades físicas y mentales. Con su ya mundialmente famosa danza de las mil manos ha recorrido más de 60 países, ha actuado para presidentes y reyes, ha desatado los aplausos y las lágrimas de emoción en los mejores teatros -desde la Scala de Milán hasta el Carnegie Hall neoyorquino o el Liceo de Barcelona- y ha sido el plato fuerte en las ceremonias de clausura de los Juegos Paralímpicos de Atenas 2004 y Pekín 2008, entre otros eventos internacionales.

En un país como China, con 83 millones de discapacitados, la existencia de esta troupe de 88 artistas de todo el país (55 sordomudos, 28 invidentes y cinco con otras minusvalías físicas) es una llamada a creer que pese a la pobreza de muchos de ellos, a las dificultades para integrarse en una sociedad ya de por sí dura y competitiva, a la falta de atención en muchas ocasiones a este colectivo, existen motivos para la esperanza, para que gente como Tai Lihua sean admirados por el público y tengan una forma de desarrollar sus inquietudes.

Mi Sueño

El nombre del espectáculo que representa la compañía ya lo dice todo: ”Mi Sueño”. Muchos de los componentes de la compañía, pese a no poder oír ni ver, soñaban desde pequeños en estar en un escenario y poder triunfar, y lo han conseguido.

La compañía nació en 1987 con el impulso de la Federación China de Personas Discapacitadas, que tres años antes había fundado Deng Pufang, hijo del entonces máximo líder chino Deng Xiaoping. Pufang, actual presidente de honor de la compañía artística y principal voz pública de los discapacitados chinos, es parapléjico desde una agresión sufrida en 1968, cuando los Guardias Rojos le arrojaron de una ventana en la Universidad de Pekín.

Desde su fundación, la compañía ha contado con un amplio apoyo del Gobierno chino, e incluso de una entidad tan poderosa como el Ejército de Liberación Popular. El principal coreógrafo de la compañía, y autor de la danza de la diosa de las mil manos, no es otro que Zhang Jigang, teniente general del ejército.

La formación artística es uno de los mejores embajadores de amistad del país asiático, y así la reconoció la UNESCO cuando le concedió el título de ”Artistas por la Paz”.

El repertorio de la compañía es amplio, pero las dos horas y media que suelen durar sus espectáculos son tremendamente amenas. Mezcla danza contemporánea y clásica (las bailarinas sordomudas representan el fragmento más conocido del ”Lago de los Cisnes” de Tchaikovsky) con bailes tradicionales del norte y el sur de China. En lo musical, también se suceden los cambios estilísticos, y los cantantes ciegos y sordomudos se atreven con canciones en chino, inglés, japonés (la sintonía de la popular serie de dibujos animados ”Doraemon”) o incluso el español (”La Copa del Amor” de Ricky Martin). Tampoco falta la famosa Ópera de Pekín, con acrobacias incluidas.

Al cabo de unos minutos, el espectador se olvida de que los artistas no oyen, o no ven, o les falta alguna extremidad. Sólo las dos chicas que a los lados del escenario dirigen cual directoras de orquesta los movimientos de las bailarinas le dan un toque diferente de cualquier otro espectáculo.

Se trata de uno de los más emocionantes momentos de comunión entre público y artistas que pueden disfrutarse en China. La Compañía China de Artistas Discapacitados es la mejor muestra de que música, baile y arte no tienen límites, ni siquiera sensoriales.

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