Actitud y optimismo para ser más competitivos

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En una sociedad tan competitiva, implacable, siempre es conveniente reflexionar sobre cómo enfrentar mejor las situaciones.

Que ser optimista es mejor que ser pesimista, lo sabe todo el mundo.

Que si nuestra mente piensa en clave positiva repercute en nuestro cuerpo y bienestar, también. Pero lo que muchas personas no tienen tan claro es qué deben hacer para ser más positivos, sin caer en la trampa de recetas mágicas del montón.

Aquí algunas ideas al respecto:

Una parte del optimismo nos viene por vía genética.

Sin entrar en detalles de porcentajes, está comprobado que representa menos del cincuenta por ciento de nuestras posibilidades; lo que significa que lo de ser optimistas depende mayormente de nosotros y, en concreto, de nuestra actitud.

Pero la clave del optimismo está en nuestra autoestima, que a su vez es alta o baja en función de cómo nos queramos, y de cómo valoremos lo que hacemos y lo que somos.

Por tanto, se trata de tomar medidas para mantener el estado de ánimo alto. ¿Y qué es lo que hace que podamos tener el ánimo alto?

Pues básicamente son dos cosas: que confiemos en nosotros mismos y que nos pongamos retos.

Los 3 enemigos

¿Y cuáles son los principales enemigos para ser optimista? Son tres: el miedo, las preocupaciones y el exceso de obligaciones.

La referencia es  al miedo malo, no a aquel que nos protege de posibles peligros, sino a aquel que nos llega a bloquear o recorta nuestras posibilidades naturales, haciéndonos pensar que no podemos hacer algo.

Por otro lado, las preocupaciones juegan un papel importante porque nos limitan pensando en problemas que no sabemos con certeza si surgirán en el futuro.

Y por último, el exceso de obligaciones, como  pagos  de todo tipo, que nos impiden disfrutar del presente y que curiosamente hemos sido nosotros los que hemos aceptado contraer.

De este modo, la suma de todos ellos hace un coctel explosivo que no nos deja ninguna posibilidad para que seamos libres y elijamos, que es como las personas podemos desarrollarnos plenamente.

Pero además de confiar en nosotros y de fijarnos retos motivadores, conviene tener ciertos hábitos: hacer ejercicio físico para segregar endorfinas, relacionarse con personas positivas, dormir lo suficiente y, algo muy importante, reír.

Hay que creer, por lo expuesto,  que se puede ser optimista, si se quiere.

Fuente Consultada

 

 

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