Archivo de la etiqueta: niñez

Los niños observan las acciones de sus papás

132 diego fernandez

En varias entradas en este blog he mencionado cuán importante son las acciones de los papás para sus hijos. La frase “los papás son el ejemplo” está tan manoseada que cuando la decimos puede no tener ningún efecto y caer en saco roto. Pero resulta que la frase es abrumadoramente real.

Ejemplo 1

Es decir, por ejemplo, ¡qué difícil debe ser para un niño entender que debe ser mesurado en el manejo de su teléfono celular, si sus propios papás se la pasan chateando todo el día y prefieren hacer eso que conversar o estar en silencio con la persona que tienen al lado!

Ejemplo 2

Otro ejemplo un poco más complejo: uno de los papás le saca la vuelta al otro constantemente y es evidente que no va a modificar su comportamiento. El otro papá, “la víctima”, puede decir: “¡qué mal ejemplo que le da a nuestros hijos!”, y tiene razón, sin embargo esos hijos también tienen el ejemplo de ese otro papá que se queda con la pareja infiel y que no hace nada para distanciarse, quedándose en ese rol de víctima. Esos chicos tienen no solo el ejemplo de cada uno de sus papás, sino tienen también un primer modelo de pareja sexual. Para ellos, así es (y probablemente así será) la vida de pareja. Cuando crezcan, lo harán con ese modelo en la cabeza, que será determinante para sus vidas futuras.

El niño observa, escucha, guarda en la memoria e imita

Aquí les voy a compartir algo que escribió Françoise Dolto sobre este asunto:

“El niño observa los gestos y los actos de los adultos. Escucha sus palabras. Guarda todos estos comportamientos en la memoria. Los imita cuando está solo (…). El niño ama a los adultos y teme desagradarlos. Desea conquistar su asentimiento, alcanzar su poder y su dominio de las cosas. Se ejercita imaginariamente en su propio dominio de las cosas y de las personas, solo y junto a ellos” (Dolto, 1998; página 33).

Aquí algunas de las últimas entradas en las que he mencionado cuán importante son las acciones de los papás en la crianza de los niños:

Obesidad infantil

Ante una infracción no se salte nunca el reglamento

Pautas para formar hijos moralmente sanos

Como hacer para que los hijos no pidan solo gaseosas o bebidas dulces para calmar su sed

Referencia

Dolto, Françoise (1998). El niño y la familia. Desarrollo emocional y entorno familiar. Barcelona, España: Ediciones Paidós Ibérica.

Cambio constante de nanas

131 diego fernandez

Françoise Dolto, hablando acerca de las detenciones o dificultades del desarrollo del lenguaje, de la motricidad y de la capacidad de simbolización de los niños pequeños dice:

“(…) estas dificultades no se encuentran solamente en familias cuyo nivel económico es bajo. Se encuentran también con frecuencia en las familias acomodadas cuando, por razones diversas, los padres recurren a nodrizas pagadas. Los cambios intempestivos de la persona que alimenta al niño son traumatizantes. La persona [la nana] que se va lleva consigo las señales humanas de comunicación de lenguaje (verbal y gestual). Deja al niño en el desierto de su soledad. Y el niño está obligado, en cada relación sucesiva con una persona que lo alimenta y tutela, a construir una red nueva, si bien precaria, de comunicaciones interhumanas que cada nueva partida debilita, reduciendo todos los significantes del otro que hay en él” (Dolto, 1998; páginas 32, 33).

Hay que recordar que los niños de menos de tres años, no están preparados para cambiar de persona a persona, como nosotros los adultos podríamos cambiar de compañero de trabajo a compañero de trabajo. Los niños más pequeños necesitan figuras constantes que se les hagan familiares, no muy numerosas. Esto permite establecer un código de comunicación, de significados y de símbolos con estas personas cercanas. Por eso es que Dolto reflexiona así a propósito de las nanas que se siguen unas a otras mes a mes o incluso semanas a semanas.

Y es que las nanas no es que sean solo figuras que están ahí, las nanas a esa edad alimentan al niño, como recalca Dolto, y en los mamíferos superiores la alimentación es entre madre y cachorro, y más adelante entre padres y cachorros, es una cuestión de naturaleza. Los seres humanos bebés y niños pequeñitos establecen un vínculo muy importante con la persona que los alimenta, y este vínculo, nos dice Dolto, es importantísimo para su desarrollo y crea una red de comunicaciones que se esfuma constantemente, como si nunca hubiera existido, cuando las nanas se suceden una tras otra.

130 diego fernandez

Recomendación

Hay que tomarse muy en serio el tema de las nanas. Si se va a optar por este tipo de servicios, hay que asegurarse de que se contrate a alguien adecuado, especialmente si el niño va a quedarse al completo cuidado de esta persona por tiempos prolongados.

Si esto de las nanas no funciona y vemos que se nos empiezan a ir o las echamos y viene una y otra, hay que ver qué está pasando y evaluar bien si conviene seguir con ese esquema de crianza.

Referencia

Dolto, Françoise (1998). El niño y la familia. Desarrollo emocional y entorno familiar. Barcelona, España: Ediciones Paidós Ibérica.

 

Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495
diego.fernandezc@pucp.edu.pe

 

Licencia Creative Commons
“Cambio constante de nanas” por Diego Fernández Castillo se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución – No Comercial – Sin Derivar 4.0 Internacional.

Una recatafila interminable de palabrotas

128 diego fernandez

La tarde del jueves pasado tenía una hora libre en mi consultorio. Estaba ahí en el escritorio sin mucho qué hacer. De repente, desde la ventana de atrás, que da a un jardín interior y, más allá, a la espalda de las casas vecinas, escuché los gritos de una mujer, proveniente de una de esas casas. Los gritos eran de enojo y llamaba “par de conchudos” a dos personas, de las que no se escuchaba ni pío.

Lo que siguió fue entre media hora y 45 minutos de gritos provenientes de esa casa, todos de esa misma mujer. Al poco tiempo de iniciado este griterío, pude darme cuenta de que le hablaba especialmente a otra persona del sexo femenino, que yo asumí que era su hija, a quién le decía, cosas como “inútil de mierda”, “conchuda”, “estúpida”, “idiota”, entre otras perlas, como carajos, mierdas y puta madres hasta para regalar.

129 diego fernandez

Casi finalizando el desagradable episodio, escuché a la mujer en cuestión exigirle a grito pelado a esta otra persona que sacara algo o le mostrara algo. La otra persona no le respondía, o si lo hacía no se escuchaba. Vale aclarar que la distancia entre las casas es relativamente grande. Hay que gritar mucho para que se escuche a la casa vecina, así que lo normal es que no se escuche la respuesta.

Al parecer la otra persona no “sacaba” o no “enseñaba” lo que quería la mujer de los gritos, por lo que exigía cada vez con más fuerza y de forma más imponente y con más volumen de voz y sí, con más insultos y palabrotas.

De pronto, la mujer de los gritos perdió la paciencia y se escuchó como un movimiento violento de cosas. Entonces finalmente pude escuchar a la otra persona. En realidad no es que haya dicho nada, pues lo que se oyó no fueron palabras, sino un lloriqueo… el lloriqueo de una niña de unos 6 o 7 años como máximo.

Vaya, pues por el tono de los gritos, por el hecho de haberla llamado “conchuda”, por las lisuras y palabrotas, yo habría jurado que esta mujer estaba peleando con una hija adolescente o con una joven, pero no, era una niña.

La pregunta del millón: ¿hay alguien que realmente crea que esto le enseñó algo positivo a esa niñita?

Bueno, la respuesta ya la sé: sí, hay muchas personas que creen que esa es una buena forma de educar a una niña, y muchas de esas personas han sufrido cosas similares de sus propios padres, y lo justifican diciendo cosas como “yo soy una persona de bien, no he quedado traumada ni nada, [por tanto mis papás hicieron muy bien en lisurearme, insultarme y masacrarme]”.

En este caso, nosotros preferimos la evidencia científica a lo que pueda decir alguien particular acerca de su vida privada. Y la evidencia, desde hace ya décadas, muestra una y otra vez otra cosa muy diferente.

Menos mal que es la primera vez que escucho este tipo de griteríos en el consultorio. Si ha sido un acto aislado, estoy 99% seguro de que esa pobre niña nunca en su vida se va a olvidar de la interminable recatafila de palabrotas que salió de la boca de esta mujer. Si el cerebro de esta niñita ve que es mejor ocultar o encubrir el terror y lo impensable que sufrió en ese momento, y que yo pude percibir desde mi escritorio, tal vez más adelante escriba por ahí en alguna red social: “yo no estoy traumada ni nada, [estuvo genial que me gritaran conchuda, imbécil, inútil de mierda, etcétera, etcétera, etcétera]”.

Pero vamos, ¿tú qué harías si alguien te habla así? Exceptuando a las personas que se han unido a una pareja maltratadora, supongo que harían algo. De no poder hacer nada, la humillación y el daño experimentado tendría que traerles alguna consecuencia. De poder hacer algo, responderían, de una u otra forma. Es más, tal vez incluso se defenderían o atacarían. Pues bien, esta niña fue humillada ¡45 minutos SIN PODER DEFENDERSE! Algo de empatía: ¿qué sentirías en su lugar? No como hija, porque eso trae un montón de justificaciones, sino como persona, como ser humano.

Bueno, igual cada quién se responderá a su modo. Si quieres seguir leyendo sobre este tema puedes ir a este enlace:

http://blog.pucp.edu.pe/blog/diego-fernandez-castillo/tag/maltrato-psicologico/

 

El pudor en los niños

123 diego fernandez

“Me gustaría hablarles también del pudor. La creencia de que pasearse completamente desnudos ante los niños es bueno para ellos es del todo falsa. (…) uno no se pasea completamente desnudo delante de todo el mundo… El niño no puede desear lo que mira sin tocarlo. Por tanto, no le permitamos ver lo que, con razón, le prohibiríamos tocar. Dejémosle en la ignorancia, salvo de aquello que tratará de mirar él solo, por ejemplo, por el agujero de la cerradura. A veces un niño necesita conocer el cuerpo del adulto. Cuando ha adquirido este conocimiento y habla de él, no hay que culpabilizarlo, sino decirle: «Tú también serás así». De este modo es como respetamos su pudor y su libertad. Ausentémonos del aseo del niño desde el momento en que no tiene necesidad de nuestra ayuda. Permitámosle que cierre la puerta con llave. Respetemos este pudor del cuerpo, y respetemos también sus iniciativas sentimentales. No hay nada más nefasto para el progreso de un niño que decir a propósito de él en su presencia: «Ha mirado a fulanita. ¡Le gusta!». No hay nada más desmoralizador para un niño, y más todavía para un adolescente, que recalcar sus emociones de deseo.”

Dolto, Françoise (1998). El niño y la familia. Desarrollo emocional y entorno familiar. Barcelona, España: Ediciones Paidós Ibérica. Página 21.

“Tres aspectos de la educación de Finlandia que necesitamos importar con urgencia”

120 diego fernandez

A fines de mayo puse aquí una entrada con la que pretendía mostrar cómo es que apurarse con la educación o escolaridad de los niños no garantiza de ninguna manera una buena formación. En el ejemplo hablaba de Finlandia, un país cuya educación está entre las mejores del mundo y cuyos niños empiezan a los 7 años. Esta es la entrada: “El ejemplo de la educación escolar en Finlandia”.

Pues bien, ahora les traigo más Finlandia, como para reforzar lo dicho:

Tres aspectos de la educación de Finlandia que necesitamos importar con urgencia

Este artículo está escrito desde el punto de vista de España. La autora toma como ejemplo tres aspectos de la educación finlandesa y la compara con los mismos aspectos en la educación de su país, de ahí el título de la nota.

Los tres puntos son importantes, y de hecho se podría decir lo mismo de nuestra educación, pero lo que nos interesa en particular, en esta ocasión, es el segundo punto, donde habla del comienzo de la vida escolar en el país nórdico (a los 7 años).

Bueno, nuevamente, repito, aquí lo que trato de hacer no es animar a los padres a convertirse en una familia finlandesa en el Perú (o en el país en el que esté el lector), eso sería ridículo. Lo que trato es de demostrar cómo es que el adelantar etapas de desarrollo, por ejemplo haciendo que los niños empiecen la educación inicial al año y medio, no ayuda en nada y, es más, podría incluso traer consecuencias negativas, de las que ya hablé en su momento.

Es mejor hacer las cosas a sus tiempos: por ejemplo, planeando las cosas como para que los niños empiecen la primaria a los 6 años, habiendo cursado uno o dos años, como máximo, de educación inicial. Me parece que esa sería una manera para adecuarse a nuestra realidad educativa y, al mismo tiempo, respetar las etapas de desarrollo de los niños.

Niños egoístas – niños generosos

118 diego fernandez

<<Quiero decir unas palabras (…) sobre la educación de la generosidad. A menudo nos causa enfado ver a niños egoístas que lo guardan todo para ellos… Pero, por lo general, estos niños son los que más tarde destacarán por su generosidad. Cuando un niño no es generoso, es que no ha comprendido que tiene todo lo que le hace falta. Hay una edad de la generosidad. En primer lugar, es preciso que el niño haya tenido el sentido de la posesividad, pues no hay que tomar por generosidad la ausencia del sentido de posesión ni el hecho de dejarse desposeer con dolor. No hay que olvidar que el niño que da a menudo lo hace para complacer al adulto que se lo ordena, y no sabe que dar es identificarse con el que va a recibir la donación. Mientras el sujeto no tenga lo suficiente no puede dar sin lamentarlo después. Para llegar a la edad de la donación, hay que pasar por la edad del trueque.

Los padres no conocen bien la edad del trueque y a menudo la desaprueban. ¿Por qué? Porque el trueque que practica el niño no se hace por un valor igual en dinero según los padres. Un niño cambiará una pluma de 2.000 pesetas por una canica de veinte duros la bolsa. No nos mezclemos demasiado en los trueques de los niños o, en todo caso, hagámoslo desde cierta distancia. Hablemos con ellos, pero dejémosles llegar a un acuerdo, pues el conocimiento del valor del dinero viene después, hacia los siete u ocho años. Entonces se puede hablar de generosidad.>>

119 diego fernandez

Dolto, Françoise (1998). El niño y la familia. Desarrollo emocional y entorno familiar. Barcelona, España: Ediciones Paidós Ibérica. Páginas 20, 21.

Lo que NUNCA debes hacer al llevar a tu hijo a psicoterapia (7): decirle que el terapeuta es su amigo

117 diego fernandez

Muchos papás, en su intento de convencer a sus hijos de no despreciar la psicoterapia, les acaban diciendo que el terapeuta es un amigo; afirmaciones como “puedes confiar en él, tómalo como un amigo”“es un amigo al que puedes contarle todas tus cosas”.

Los chicos que NO quieren ser amigos del terapeuta

En primer lugar, muchos chicos no intentarían ni imaginarían jamás una relación de amistad con su psicoterapeuta, de tal forma que una buena proporción de ellos simplemente no aceptarán la propuesta ni bien sea dicha. Más bien sería una propuesta de amistad extraña, incómoda, similar a cuando algunos papás, en su intento por hacer “amistad” con sus hijos adolescentes, toman unos aires juveniles forzados que acaban por incomodarlos.

La negativa de los hijos ante esta propuesta de amistad con el terapeuta puede y suele darse en silencio. Los chicos simplemente se quedan callados y no comunican a sus papás que no tienen intención alguna de ser amigos del psicólogo al que lo están llevando. Esta expectativa de los padres de que su hijo haga amistad con el psicoterapeuta puede contaminar el inicio de la psicoterapia y realmente obstaculizar el afianzamiento del proceso.

Ahora bien, la propuesta de amistad de los papás podría quedar ahí, pero podría ponerse más complicada si el niño o adolescente asume que eso que dicen los papás también es intención del terapeuta, es decir que el terapeuta quiere ser su amigo, cosa que el chico NO quiere. ¿Imaginan lo incómodo de tener que ir a ver a alguien que quiere ser tu amigo, sin que tú desees lo mismo? Digamos que no sería la mejor forma de iniciar un proceso y no sería sorprendente que esta predisposición negativa pueda llegar, en algunos casos, a imposibilitar el avance del proceso.

Los chicos que SÍ quieren ser amigos del terapeuta

Hay otra proporción de chicos a los que sí les agrada la idea de que su terapeuta sea su amigo. Aquí el problema empieza porque esa relación de amistad no se dará. Durante la psicoterapia la relación entre paciente y terapeuta es una relación intensa y cercana, porque se tocan aspectos emocionales, personales y afectivos de la persona, pero no es una relación amical, es una relación de trabajo. 116 diego fernandez

Las relaciones de amistad son relaciones horizontales en las que hay una serie de supuestos de lealtad, de reciprocidad, de complicidad. En la relación terapéutica no se dan estos supuestos de la misma manera. Para empezar los amigos comparten sus cosas mutuamente. En la psicoterapia, en cambio, el terapeuta no puede ocupar el tiempo en hablar de sí mismo como lo haría un amigo, eso sería una estafa. El terapeuta está ahí para el paciente y no al revés, como podría darse en una relación de amistad en donde los implicados se turnan la atención y el apoyo que se brindan. Los amigos son pares, no hay jerarquías muy marcadas. En cambio en la psicoterapia no hay una relación horizontal, es necesaria cierta verticalidad para mantener un orden y proteger las reglas del proceso, y esto es así tanto en psicoterapia con niños, como con adolescentes y adultos. Por último, los amigos no se pagan honorarios profesionales cada vez que se ven, como sí se da en el trabajo psicoterapéutico.

Ahora, si el niño o el adolescente, animado por sus papás, espera que haya una relación de amistad, podría ser decepcionante ver cómo uno a uno van cayendo esos supuestos de amistad, podría también sentirse rechazado al darse cuenta de que su terapeuta está trabajando y para proteger ese proceso evitará dicha relación de amistad. Por eso, decirle al niño o adolescente que el terapeuta será su amigo obstaculiza el proceso, puede provocar demora en el tratamiento o, en el peor de los casos, arruinarlo.

Entonces…

El terapeuta no es un amigo. A veces la relación terapeuta – paciente es más intensa y entrañable que muchas relaciones de amistad, pero NO es una relación de amistad, es una relación de trabajo en donde ambas partes están concentradas en la salud de una de ellas. No es que los psicoterapeutas somos seres fríos y extraños que bloqueamos el contacto amical estando tan cerca, no, es que realmente en un trabajo como este, en el que se requiere trabajar sobre los sentimientos, fantasías, preocupaciones y síntomas de la persona, es imposible. Por eso es mejor evitar decirles a los chicos que el psicoterapeuta es su amigo. Mejor es decirles la verdad, que el terapeuta es eso: su terapeuta.

115 diego fernandez

 

Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495
diego.fernandezc@pucp.edu.pe

 

Puedes seguir leyendo sobre este tema:

Anterior: “Lo que NUNCA debes hacer al llevar a tu hijo a psicoterapia (6): retirarlo del tratamiento sin despedirse del terapeuta”

 

Licencia Creative Commons
“Lo que nunca debes hacer al llevar a tu hijo a psicoterapia (7): decirle que el terapeuta es su amigo” por Diego Fernández Castillo se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución – No Comercial – Sin Derivar 4.0 Internacional.

“Ante una infracción, no se salte NUNCA el reglamento”

Ya pasaron tres semanas de las elecciones generales aquí en Perú y ya me siento más libre de compartir esta imagen que circulaba por Facebook. Un poco antes, los medios de comunicación informaron de que habían muerto estudiantes universitarios a manos de asaltantes, quienes, en el colmo de la insanía, los asesinaron porque querían sus respectivos teléfonos celulares (dicho sea de paso, cuesta entender cómo es que alguien puede ser tan enfermo e infantil como para matar a alguien porque quiere su celular). El hecho es que estas noticias se entrelazaron con el asunto de las elecciones presidenciales, de tal manera que cuando me encontré con este cartel, lo quise publicar de inmediato porque también tenía relación con una de las últimas entradas que publiqué aquí, pero me frené justamente por el tema político. Aquí la imagen en cuestión:

113 diego fernandez

En fin, ya descontextualizado de la coyuntura política, viene más a cuento comentar lo que quería: la penúltima entrada que publiqué aquí se titula “Pautas para formar hijos moralmente sanos”. Esta entrada es una cita textual de un libro de la psicoanalista francesa Francoise Dolto. Una de sus pautas a los papás tiene que ver con esto, y dice: “ante una infracción, no se salte nunca el reglamento”. Yo subrayaría ese “nunca” y lo pondría así: “ante una infracción, no se salte NUNCA el reglamento”.

¿A qué se refiere? Se refiere a que los papás tienen que tener muchísimo cuidado con su propio comportamiento, porque sus hijos los están viendo y para sus hijos ellos son el modelo a seguir. Esta parte es dura, pero si se piensa en los niños que uno está criando de repente no es tan descabellado. A ver: te para un policía de tránsito porque cometiste una infracción. Aquí la costumbre es intentar sobornar al policía. Pero veamos, resulta que a tu lado están tus hijos. Francoise Dolto te dice “¡no lo hagas!”… yo también te lo diría: ¡no lo hagas! Es mejor y más barato pagar tu multa a que tu hijo te vea haciendo esa bestialidad, por más pequeño que sea (porque eso de “está muy chiquito para entender” es mentira, aunque resulta muy largo de explicar por qué… en otra entrada tal vez).

Veamos otra: tu hijo te pide un videojuego. Aquí la costumbre nos dicta ir al mercado informal y comprar una copia pirata. Pues bien, igual, ¡no lo hagas! Puede que esto que estoy diciendo suene utópico, pero en realidad no lo es. Simplemente se trata de hábitos antisociales a los que nuestra sociedad nos ha acostumbrado y vivimos con ellos como si fueran normales. El problema está en que nuestros hijos nos están viendo y si nos interesa su salud, habría que pensarlo dos veces antes de sobornar, coimear, piratear, robar, o utilizar a tu criatura para hacerte el pobrecito y que te atiendan primero en el banco cuando tu pareja está bien campante en el auto afuera.

Lo mismo se aplica a la imagen: tu hijo te pide un teléfono celular, o tú te quieres comprar uno, o le quieres regalar uno a tu pareja. Vas al mercado informal y le compras al tipo que está ahí. Pues bien, ese celular pudo haber sido de una persona que ahora mismo está debatiéndose entre la vida y la muerte por un balazo o seguro la están velando, o seguro ya está bajo tierra; sí, justamente por ese celular que tú estás comprando; es decir, esa persona fue asesinada para que tú compres tu celular. Por supuesto, luego, cuando le pasa lo mismo a uno de los tuyos, ahí sí saltas y lloras y te rasgas las vestiduras. Pues sí, tu hijo lo está viendo todo, y está aprendiendo toda esa complicidad y toda esa hipocrecía de ti. Luego te puedes lamentar porque tu hijo te engaña y te puedes preguntar horrorizado “¿de dónde aprendió a ser tan deshonesto?”.

Mejor no lo hagas, ante una infracción, no te saltes nunca las reglas, tu hijo te está viendo.

114 diego fernandez

El ejercicio físico y el cerebro

110 diego fernandez

Desde fines del siglo pasado hasta el momento se han acumulado muchas evidencias, tanto en humanos como en animales, de que el ejercicio físico beneficia las funciones cerebrales, al cerebro mismo y al sistema nervioso en general.

Es así que si desde la niñez se lleva un estilo de vida físicamente activo, se puede prevenir o retrasar el declive de las funciones cerebrales (memoria, aprendizaje, por ejemplo) que normalmente trae el envejecimiento.

¿Cómo así?

La actividad física beneficia al sistema nervioso de muchas maneras. Aquí voy a presentarles solo una de ellas: el ejercicio físico aumenta la síntesis de una proteína que se conoce como “factor neurotrófico derivado del cerebro” (sí, un nombre algo especial). Esta proteína actúa en el proceso de crecimiento del sistema nervioso, en la neurogénesis, en la supervivencia de las células nerviosas y en la plasticidad neuronal, de tal manera que es una proteína clave, fundamental.

Esta información salió publicada en un artículo titulado “Exercise Impacts Brain-Derived Neurotrophic Factor Plasticity by Engaging Mechanisms of Epigenetic Regulation”, publicado en el European Journal of Neuroscience en febrero del 2010.

112 diego fernandez

Recomendaciones

Hay que mantenerse físicamente activo. Los adultos podemos prescindir, aunque sea algunas veces, del automóvil o del transporte público o de los taxis para caminar o para dar un paseo. Si se puede o se desea practicar algún deporte, mejor.

A los niños (y especialmente a ellos) también hay que mantenerlos físicamente activos, que elijan practicar algún deporte o actividades al aire libre, que hagan algo con su cuerpo, lo que quieran, y para ello es necesario que los papás tomen esto como una necesidad y ellos mismos empiecen a estimularlos desde muy pequeñitos. No sería bueno que los niños crezcan jugando únicamente sentados o echados manipulando celulares.

111 diego fernandez

Referencia

Gomez Pinilla, F., Zhuang, Y., Feng, J., Ying, Z., Fan, G. (2010). Exercise Impacts Brain-Derived Neurotrophic Factor Plasticity by Engaging Mechanisms of Epigenetic Regulation. European Journal of Neuroscience. 33 (3), 383-390.

 

Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495
diego.fernandezc@pucp.edu.pe

 

Licencia Creative Commons
“El ejercicio físico y el cerebro” por Diego Fernández Castillo se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución – No Comercial – Sin Derivar 4.0 Internacional.

Pautas para formar hijos moralmente sanos

109 diego fernandez

Cuando el niño se enfrenta con las leyes del grupo, de la sociedad o de la escuela, no se entrometa usted calificando positiva o negativamente lo que ha sucedido. Y ante una infracción, no se salte nunca el reglamento. ¡No lo haga nunca! Así es como ayudará a un niño a introyectar la instancia paternal. Las modificaciones de los reglamentos se deben anunciar a medida que el niño crezca. Es necesario decretar estas reducciones de los castigos, pero no cuando no se ha cometido una infracción.

(…)

En el estado de cosas actual, lo que los padres pueden dar sobre todo es el ejemplo de tener amigos de su edad, de tener intereses fuera del hogar, de conciliar los intereses de su grupo social y los de la vida personal del hogar, de intercambiar su creatividad con el prójimo. Eso es lo que producirá un niño sano socialmente y le permitirá mantenerse apegado a su célula familiar, al mismo tiempo que sentirse llamado hacia los grupos de jóvenes y las pandillas de una manera que no será delictiva en modo alguno.”

Dolto, Françoise (1998). El niño y la familia. Desarrollo emocional y entorno familiar. Barcelona, España: Ediciones Paidós Ibérica. Páginas 19, 20.

Nota: los resaltados son míos.