21/12/17: Pensamiento económico de izquierda en el Perú

EL PENSAMIENTO ECONÓMICO DE LA IZQUIERDA PERUANA

Efraín Gonzales de Olarte

La izquierda peruana ha dejado de tener un pensamiento económico capaz de ser utilizado para convencer al electorado y menos para gobernar.

El problema esencial del pensamiento económico de izquierda es cómo tener una economía política socialista para administrar un país capitalista como el Perú. O, alternativamente, cómo proponer una economía socialista capaz de convencer el abandonar el neoliberalismo.

Lo cierto es que después de la caída de los países socialistas o comunistas, que acarreó el abandono del marxismo-leninismo como teoría interpretativa y el abandono del estructuralismo y dependentismo de América Latina, las fuentes teóricas de la izquierda se han agotado y no han podido ser renovadas.

Por otro lado, la fuerza y simplicidad del neoliberalismo, aunada a los resultados de crecimiento económico con escasa redistribución de las dos últimas décadas han puesto una barrera difícil de vencer a cualquier propuesta redistribucionista, ya sea redistribución del patrimonio y de los stocks o ya sea de los ingresos o flujos. Las posibilidades de reformas de la propiedad que fortalezcan la propiedad colectiva y/o estatal están supeditadas a resultados políticos altamente favorables, por ejemplo que un eventual gobierno de izquierda obtenga una votación mayoritaria acompañada de una mayoría en el congreso. Es decir, cualquier propuesta socialista pasa por una legitimidad y mayoría política, pero para tal fin la propuesta de gobierno debería ser tan convincente como para que la mayoría del electorado abandone su adhesión, implícita o explícita, al modelo neoliberal o que los resultados económicos sean realmente catastróficos, lo que no parece ser el caso peruano en los próximos años.

El nacionalismo económico como propuesta de izquierda es una de las ideas que no tiene la fuerza suficiente en un mundo globalizado, con muchos tratados de libre comercio. En el Perú actual, esta idea tiene un enorme desafío, pues para promover la demanda interna por bienes y servicios producidos en el territorio nacional se requiere de costos y precios muy bajos, capaces de competir con las importaciones cuyos precios relativos son bajos debido al atraso cambiario. Por consiguiente, el nacionalismo económico sólo podría ser creíble si el Perú tuviera altas productividades, lo que no es la realidad actual. Además, esto rige también para cualquier otro tipo de nacionalismo, de centro, derecha o izquierda.

Los chinos, comunistas declarados, sostienen que son un país comunista con dos sistemas: el capitalista que se subordina al comunista, es decir la economía planificada regula y orienta a la economía de mercado. Esta curiosa situación es posible ya que China tiene un régimen político autoritario capaz de planificar en el largo plazo, aprovechando las posibilidades de negocio de empresas capitalistas, bajo reglas impuestas por el estado comunista. Pero lo que se aprecia es que la principal característica económica de China es tener alta productividades en buena parte de los sectores modernos y exportadores, que se combinan con bajos costos de la mano de obra. Todo esto es posible bajo un régimen político vertical que es capaz de generar reglas económicas rígidas, las que engendran una alta credibilidad en los inversionistas, en las empresas y en los países con los que comercia China.

Si la idea de las varias izquierdas es llegar al gobierno dentro de las reglas democráticas, no queda otro camino que redefinir el significado de izquierda en estos tiempos. Me parece que la única posibilidad de tener una propuesta cercana al ideal socialista: “dar a cada uno de acuerdo a sus necesidades y pedir de cada uno de acuerdo a sus capacidades”, pasa por alguna variante social-demócrata. Esto se emparenta con el pensamiento neo-keynesiano o neo-estructuralista, cuya esencia es modular los ciclos económicos para que el desempleo y el sub empleo sean bajos y, al mismo tiempo, establecer políticas redistributivas.

La clave de las políticas redistributivas de corte izquierdista pasa por: ¿cómo redistribuir el capital y el patrimonio sin quitarle a nadie? Pero: ¿qué entendemos por capital y patrimonio hoy? Es obvio que en el siglo XXI el llamado capital humano y el capital intangible son las formas más importantes del capital, a diferencia de los siglos XIX y XX, en los cuales el capital físico (maquinarias, fabricas, etc) fue su principal forma. Por otro lado, el único patrimonio redistribuible son tierras, minas, petróleo, bosques de propiedad del estado. En consecuencia, la izquierda para ser viable debería enfocar su idea económica en algún modelo en el cual el capital humano y los capitales intangibles (creatividad, cocina, arte, patrimonio histórico, cultura, etc.) sean el eje de la economía. Sobre esta base se podría definir las políticas económicas, tanto macroeconómicas como sectoriales. La potenciación de políticas sectoriales con asociaciones público-privadas basadas en resultados medibles es una de las posibilidades de diferenciarse del pensamiento de derecha que detesta las políticas sectoriales. Además, las políticas sectoriales permiten organizar la política a través de los intereses económicos sectoriales. Podría constituir un eje político importante para una izquierda creativa, la que parece no existir en el Perú.

Finalmente, viendo el comportamiento de las varias izquierdas existentes en el Perú es poco probable que tengan la capacidad de articular una doctrina económica creíble y aceptable, una imagen política basada en principios éticos acordes con la solidaridad y la inclusión y un liderazgo convicente.

Lima, diciembre 2017

 

 

 

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