Abusos: Francisco anima a los sacerdotes, sin olvidar el dolor de las víctimas

6:00 p m| 8 ago 19 (RD/VN).- Consciente de que el horror cometido por una minoría repercute en el ánimo de la gran mayoría y de que “nuestros sacerdotes se sienten ridiculizados y culpabilizados”, Francisco llamó a todos a no desalentarse. Lo hizo en una extensa carta, en coincidencia con el 160 aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes.

En la misiva les pide que, más allá del dolor y la indignación por el escándalo de abusos, no se desanimen y, pese al descrédito actual, los respalda. Pero ese apoyo viene con una advertencia: “el dolor de tantas víctimas, así como el nuestro, no puede ser en vano”, por lo que exigió una actitud transparente y solidaria con las víctimas, y mayor atención al sufrimiento humano.

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Pese a la crisis vocacional, los pecados (y delitos) de algunos de sus miembros y una sensación de “cansancio, fatiga, enfermedad o desolación”, el papa Francisco “se la juega” por sus sacerdotes. Por eso, con motivo del 160 aniversario de la muerte del santo cura de Ars, ha escrito una carta a los sacerdotes de todo el mundo en el que les agradece “su valiente y constante ejemplo que, en momentos de turbulencia, vergüenza y dolor, nos manifiesta que Ustedes siguen jugándose con alegría por el Evangelio”.

La misiva, dividida en varios apartados (Dolor, Gratitud, Ánimo y Alabanza) comienza recordando a aquellos presbíteros que “sin hacer ruido lo dejan todo para estar empeñados en el día a día de vuestras comunidades”.

Curas que “trabajan en la trinchera”, y “dan la cara continuamente”. El Papa quiere dirigirse a tantos curas que “de manera desapercibida y sacrificada, en el cansancio o la fatiga, la enfermedad o la desolación, asumen la misión como servicio a Dios y a su gente e, incluso con todas las dificultades del camino, escriben las páginas más hermosas de la vida sacerdotal”.

Un tiempo de sufrimiento

La situación no es para menos: “En estos últimos tiempos hemos podido oír con mayor claridad el grito, tantas veces silencioso y silenciado, de hermanos nuestros, víctimas de abuso de poder, conciencia y sexual por parte de ministros ordenados”, admite Francisco, que reconoce que estamos ante “un tiempo de sufrimiento en la vida de las víctimas que padecieron las diferentes formas de abusos; también para sus familias y para todo el Pueblo de Dios”.

En este punto, Bergoglio reitera que “estamos firmemente comprometidos con la puesta en marcha de las reformas necesarias para impulsar, desde la raíz, una cultura basada en el cuidado pastoral de manera tal que la cultura del abuso no encuentre espacio para desarrollarse y, menos aún, perpetuarse”.

“No es tarea fácil y de corto plazo, reclama el compromiso de todos. Si en el pasado la omisión pudo transformarse en una forma de respuesta, hoy queremos que la conversión, la transparencia, la sinceridad y solidaridad con las víctimas se convierta en nuestro modo de hacer la historia y nos ayude a estar más atentos ante todo sufrimiento humano”, se compromete Francisco.

Indignación e impotencia

El horror de los abusos en la Iglesia “no es indiferente tampoco a los presbíteros”, constata el Papa, que recuerda sus encuentros personales con sacerdotes que muestran “su indignación, y también cierta impotencia” al sentirse señalados y ver la desconfianza en el pueblo. “Sin negar y repudiar el daño causado por algunos hermanos nuestros sería injusto no reconocer a tantos sacerdotes que, de manera constante y honesta, entregan todo lo que son y tienen por el bien de los demás”, señala Bergoglio.

Recordar la “chispa” de la vocación

Por otro lado, y recordando a uno de sus maestros, el padre Lucio Gera, Francisco invitó a “la memoria deuteronómica de la vocación”. Esto es, la vuelta a la “chispa” del comienzo del camino, a recordar por qué se hicieron sacerdotes. “Un día pronunciamos un ‘sí’ que nació y creció en el seno de una comunidad cristiana de la mano de esos santos ‘de la puerta de al lado’ que nos mostraron con fe sencilla que valía la pena entregar todo por el Señor y su Reino”, sostiene el Papa.

“En momentos de tribulación, fragilidad, así como en los de debilidad y manifestación de nuestros límites, cuando la peor de todas las tentaciones es quedarse rumiando la desolación fragmentando la mirada, el juicio y el corazón”, apunta el Papa, es preciso agradecer la fidelidad por los compromisos contraídos.

“Gracias por la alegría con la que han sabido entregar sus vidas”, añade el Papa, quien invita a seguir dando “testimonio de perseverancia y aguante en la entrega pastoral”. “Gracias por celebrar diariamente la Eucaristía y apacentar con misericordia en el sacramento de la reconciliación, sin rigorismos ni laxismos, haciéndose cargo de las personas y acompañándolas en el camino de conversión”, añade.

Proximidad y cercanía con el que sufre

“Gracias por las veces en que, dejándose conmover en las entrañas, han acogido a los caídos, curado sus heridas, dando calor a sus corazones, mostrando ternura y compasión como el samaritano de la parábola”, porque “nada urge tanto como esto: proximidad, cercanía, hacernos cercanos a la carne del hermano sufriente”.

Junto a la gratitud, Bergoglio quiere animar a los sacerdotes, que no son “inmunes al sufrimiento, al dolor e inclusive a la incomprensión”. Así, el Papa les pide “preguntarnos cómo enfrentamos el dolor”, y a no desilusionarse “con la realidad, con la Iglesia o con nosotros mismos”. Una tristeza, advierte el Papa, que “lleva al acostumbramiento y conduce paulatinamente a la naturalización del mal y a la injusticia con el tenue susurrar del siempre se hizo así”.

Dos recetas

Para ello, el Papa da dos recetas. La primera, “no desvincularnos de Jesús”. La segunda: “acrecienten y alimenten el vínculo con vuestro pueblo”. “No se aíslen de su gente y de los presbiterios o comunidades. Menos aún se enclaustren en grupos cerrados y elitistas”, pues “un ministro animado es un ministro siempre en salida”.

Francisco concluye advirtiendo: “Hermanos, el dolor de tantas víctimas, el dolor del Pueblo de Dios, así como el nuestro propio no puede ser en vano. Es Jesús mismo quien carga todo este peso en su cruz y nos invita a renovar nuestra misión para estar cerca de los que sufren, para estar, sin vergüenzas, cerca de las miserias humanas y, por qué no, vivirlas como propias para hacerlas eucaristía”.

ENLACE. Carta del papa Francisco a los sacerdotes

 

¿Por qué escribe Francisco una carta a todos los sacerdotes del mundo? (Texto de Mateo González Alonso)

Una extensa carta en la que en torno a 4 apartados recoge algunas ideas que no son nuevas en el pontificado pero que aparecen sistematizadas en un escrito cercano y directo. Así, al pensar en los sacerdotes –quizá en los días de agenda más relajada que tuvo Francisco en el mes de julio– a Bergoglio le vienen a la mente 4 palabras: dolor –fundamentalmente por las consecuencias de los abusos por parte de los pastores–, gratitud, ánimo y alabanza. En torno a estos puntos cardinales, el Papa traza un completo perfil del sacerdote que necesita este tiempo para cumplir su misión fundamental: ser servidores del Pueblo de Dios construyendo en Reino a través del ministerio.

El santo

La ocasión para el envío de esta carta ha sido la fecha en la que se recuerdan los “160 años de la muerte del santo Cura de Ars a quien Pío XI presentó como patrono para todos los párrocos del mundo”. Reivindicado por varios papas, san Juan María Vianney es una ejemplo de pastor entregado por encima de todas las previsiones humanas. Entregado al ministerio en el altar, en el confesonario o entre la gente… a pesar de todos los que habían dudado de su vocación durante su etapa de formación.

La parroquia de Ars, no muy lejos de Lyon, aunque considerado “el último pueblo de la diócesis” fue el objeto de su entrega total. Allí creó una hospicio para chicas necesitadas y en la relación con los fieles comenzó un auténtico acompañamiento espiritual que llegó a transformar la vida cotidiana de la comunidad cristiana –a costa, dicen, de pasar hasta 18 horas diarias en el confesonario–. Sus sermones de temas muy variados nos quedan como testimonio de cotidiano de vida cristiana.

La respuesta

Francisco señala que en el mundo hay sacerdotes que viven la persecución, hay quienes viven su ministerio en situación de minoría o desconfianza, hay quienes sufren los ataques en su ministerio por la conducta poco ejemplar de algunos presbíteros, hay quienes están cercanos a sus comunidades en las periferias de las zonas rurales o del extrarradio, hay quienes viven su compromiso sacerdotal formando a las nuevas generaciones o empeñados en una pastoral específica, hay quienes desde la sencillez de su persona irradian evangelio con una simple charla con quien vive la soledad…

Sacerdotes en cárceles, hospitales, grupos de jóvenes o catequesis de adultos, en las aulas, los campos de refugiados o en las misiones… todos ellos, buscando en el fondo de su vocación están llamados a romper con la indiferencia y la desidia y afrontar su ministerio como un servicio de trinchera y no como una servidumbre que poco tiene que ver con el estilo de vida de Jesús. Gracias Francisco por tu carta, necesitamos siempre reavivar esta vocación y sentir que merece la pena ser cura con la que está cayendo.

 

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Fuentes:

Religión Digital / Vida Nueva

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