El éxito de “Jesucristo Superstar” en vivo por TV

7:00 p m| 24 abr 18 (AMERICA/BV).- La obra “Jesucristo Superstar”, que en su momento revolucionó el ambiente artístico bajo el género conocido como ópera rock fue presentada en Semana Santa de manera inédita: en vivo por televisión nacional. Esto se dio en Estados Unidos a través de la cadena NBC. La producción, -que pasó varias décadas sin ser aprobada por el Vaticano- en esta nueva versión, ha demostrado su vigencia con altos niveles de rating y buenas críticas. Un periodista especialista, Rob Weinert-Kendt, editor principal de la revista “American Theatre”, explica detalles que conjugan la puesta en escena y la historia que representa, que finalmente le han hecho preferir esta presentación que las que vio en el teatro.

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¿Por qué la versión de “Jesucristo Superstar” (JS) transmitida en vivo por televisión (NBC) el domingo de Pascua por la noche me ha parecido mejor que las veces que la vi en el teatro? Tenemos que dar crédito al elenco, por supuesto -John Legend asume el papel de un Jesús sentido pero sosegado, Sara Bareilles es una sensible María Magdalena y Brandon Victor Dixon es un angustiado Judas- y al director, David Leveaux, quien preparó un escenario con varios niveles entre andamios en un almacén de Brooklyn, aprovechando al máximo un entorno con tres dinámicas interconectadas: un escenario de concierto, un espacio teatral y un estudio de televisión en vivo.

Pero el casting inspirado y la habilidosa puesta en escena no son suficientes para explicar la asombrosa conexión que genera la versión de JS en la pantalla chica. Diría que tiene algo que ver con el material en sí. Escrito en 1971, tras el álbum conceptual “Tommy” de The Who, la ópera rock de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice reimagina la Pasión como una historia similar: de un mesías pop que no puede controlar el impacto de su mensaje y cuyos seguidores se vuelven contra él.

No es solo el rock vibrante lo que hace que los personajes bíblicos de la serie parezcan figuras mediáticas del siglo XX; también hay pistas para indicar que Rice y Lloyd Webber ven esto en parte como una historia de relaciones públicas y de histeria masiva, en la era de la televisión. Mientras Jesús es acompañado por centuriones en Getsemaní, los reporteros con micrófonos lo rodean y le preguntan: “¡Dime, Cristo, cómo te sientes esta noche!” (La transmisión del domingo agregó un nuevo toque: reporteros-ciudadanos grabando videos con sus teléfonos celulares). Y luego, Judas dándole a Jesús algunos consejos no solicitados sobre estrategia de medios: “Si hubieras venido en esta época, habrías llegado a toda una nación… cuando estabas Israel no tenía comunicación masiva”.

El Estados Unidos del 2018 no sufre tal escasez, aunque el exceso de medios en nuestras vidas no ha mejorado notablemente nuestra salud cívica o espiritual. Significa que el mensaje de “Jesucristo Superstar”, sin mencionar a Jesucristo, ahora puede alcanzar ojos y corazones casi ilimitados: casi 10 millones sintonizados en la transmisión del domingo. Entonces, ¿qué mensaje viajó a través de esa última transmisión? Aquí hay cuatro revelaciones, una para cada Evangelio.

1. El ahora universal. Es importante destacar que mientras Judas era interpretado por un afroamericano en la producción original de Broadway, la versión cinematográfica y esta última, con el casting de John Legend como un Jesús negro dio a los eventos familiares de la Pasión una nueva y realista sutileza, ya que la visión de su cuerpo azotado y ensangrentado, incluso con solo su aspecto encorvado y encadenado, no pudo evitar hacer sonar las alarmas. (Su interpretación vocal de las canciones de Jesús también fue refrescantemente conmovedora y humana, en contraste con el chillido de los músicos anteriores en el papel).

Estas resonancias encajan perfectamente en el espíritu universal contemporáneo del show; aunque ya no es radical que los hippies de cabello largo con guitarras eléctricas reclamen la narrativa de Jesús, en el 2018 tiene buena acogida una propuesta con una historia bíblica que expone rasgos de nuestra región multirracial actual.

2. Demasiado grande para el teatro. Pocas veces he descifrado el trabajo de Lloyd Webber en el escenario; siempre lo he sentido pseudo-operístico en la peor manera, aspirando a las alturas de la emoción extrema pero con música que, a pesar de su melodiosa invención, estuvo muy lejos de la tarea, como si estuviera tratando de interpretar “Tosca” con jingles comerciales. Pero hay algo de ese enfoque básico suyo y de Tim Rice en este drama devocional de vida o muerte que coincide con las apuestas artificialmente elevadas del formato de “transmisión en vivo”, propuesta de las cadenas de TV que nos da “American Idol”, el Super Bowl, varios y diversos premios, y musicales en vivo de “The Sound of Music” a “The Wiz”. En nuestra fragmentada era del video a demanda y las redes sociales, estos eventos de televisión promocionados son lo que queda de nuestra plaza digital.

Y no son solo las conexiones temáticas las que hacen que JS sea natural para la TV. Tanto los puntos altos acostumbrados de Lloyd Webber -las canciones desconcertantes que ningún cantante puede evitar gritar, como “La muerte de Judas”, o los hilarantes rangos alto / bajo de las melodías del Sanedrín- y los soliloquios de los tres protagonistas y de Poncio Pilato (un herido Ben Daniels) hace una espectacular puesta en escena, y no necesariamente por ser del tipo “no puedo dejar de mirar” kitsch que se conoce científicamente como “buena TV”.

3. La vieja extravagancia. Para que todo esto no suene como si JS fuera simplemente el resultado inevitable del material correcto en el lugar correcto, las felicitaciones deben ir no solo a Leveaux, el director, sino a los productores Neil Meron y Craig Zadan, quienes han estado detrás de los esfuerzos para llevar el canon de teatro musical a las audiencias televisivas desde “Gypsy” (1993) con Bette Midler. En los relanzamientos de la década de 1950 y 1960, cuando el teatro musical aún era la cultura pop dominante, Meron y Zadan han demostrado que hay una gran audiencia ávida de musicales.

No estoy seguro de que podamos darles el crédito por el excelente casting de JS, pero basta un ejemplo para demostrar la sabiduría de los productores: en el papel de Herodes con una sola canción, el ícono de glam-rock Alice Cooper simplemente tuvo que aparecer con un traje naranja y cantar cada palabra burlona de su canción directamente a Jesús para que la canción sea un total éxito en la presentación.

4. La Resurrección no será televisada. En el centro de todas estas canciones y danzas, por supuesto, hay una versión del sufrimiento y la muerte de Cristo, y simplemente no se ignora el poder elemental de ver esa historia representada, de manera sincera y con reverencia, en gran escala en la televisión nacional. A menudo he pensado en JS como el Evangelio apócrifo de Judas: Es su escepticismo al sentir que la misión de Jesús iba a la deriva, el pasar de la rebelión social a un tipo de transformación más interna y eterna -que impulsa la primera parte de la presentación- y conduce Judas a los brazos del conspirador Sanhedrín. Pero en la segunda mitad él, junto con el resto de los personajes, sienten la influencia de fuerzas más grandes que siguen un camino predeterminado del que no pueden separarse, por mucho que lo intenten.

Nadie, ni siquiera este Jesús, comprende bien lo que presagia el final infeliz de la historia, con Jesús preguntando a Dios: “¿Por qué debería morir?” Y los discípulos implorando: “¿Podemos comenzar de nuevo, por favor?” Mientras que los cristianos han acogido -la alguna vez heterodoxa- “Jesucristo Superstar”, ha sido una crítica constante el hecho que no represente la Resurrección.

Bueno, el Evangelio de Marcos apenas lo hizo también. Y la imagen final de Leveaux, acompañada de la música más genuinamente encantadora de Lloyd Webber, del crucifijo ensangrentado que retrocede en una luz en forma de cruz mientras sus seguidores la miran con adoración, fue (literalmente) una solución brillante, fácilmente interpretable como una visión de vida posterior, o simplemente una visión.

De cualquier manera, ya sea que sus televidentes estuvieran convencidos de nuevo de que Jesucristo está vivo, este JS participó libremente de la copa que le da al teatro su poder fundamental: fue indudablemente en vivo.

Fuente:

America Magazine

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