La Santa Sede planea ordenar sacerdotes a adultos mayores casados

1:00 p m| 1 feb 18 (VI/BV).- La de ordenar sacerdotes casados de edad madura, los llamados viri probati, es una hipótesis que debe ser “evaluada con atención y sin cerrazón ni rigidez… se recuperaría una estructura ya existente en la Iglesia de los orígenes. No está en discusión el celibato”. Lo afirmó el cardenal Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación del Clero, refiriéndose principalmente a los casos de regiones de difícil alcance como la Amazonía. Las declaraciones son parte de la entrevista que aparece en el libro “Todos los hombres de Francisco”, un volumen del vaticanista italiano Fabio Marchese Ragona, dedicado a los cardenales creados por Bergoglio.

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El argumento del posible matrimonio de los sacerdotes, presentado como una posibilidad para contener la disminución de las vocaciones, está desde hace tiempo en la agenda de algunos movimientos progresistas, pero nunca ha sido tomado verdaderamente en consideración por la Iglesia; de hecho, todos los últimos Pontífices han insistido en la importancia del celibato para los sacerdotes. El celibato que nunca ha sido un dogma, pero que es considerado como un don precioso que debe ser atesorado.

La posibilidad de ordenar sacerdotes a hombres casados de edad madura, los llamados viri probati, representa una hipótesis diferente: no se trataría de permitir que los sacerdotes se casen si así lo desean (celibato opcional), ni de ordenar sacerdotes jóvenes que antes de llegar al sacerdocio se hubieran casado, como sucede en las Iglesias ortodoxas y como también sucede en las Iglesias católicas de rito oriental. Se trata de responder, en cambio, a emergencias en determinadas zonas de misión, encomendando la guía de las comunidades, a menudo inaccesibles para el sacerdote, a hombres ancianos casados de comprobada fe para que puedan celebrar los sacramentos.

El papa Francisco en una entrevista afirmó: “Debemos reflexionar si los viri probati son una posibilidad”. En el libro, Marchese Ragona le pregunta al cardenal Stella si se está tratando de recorrer esta vía. “Se trata de un tema que, a menudo, vuelve a surgir –respondió el ‘ministro’ vaticano del clero. El peligro es que haya lecturas instrumentales e ideológicas. De esa entrevista, sin embargo, surge la intuición del Pontífice, que exhorta a la Iglesia a reconocer el momento preciso en el que el Espíritu sugiere algo. Es decir, no se trata de estar a favor o en contra de algo, sino más bien de evaluar con atención las diferentes posibilidades, sin cerrazón ni rigidez”.

“Con respecto a la crisis de las vocaciones, en algunas zonas del mundo (se piense, por ejemplo en la Amazonia o en las lejanas Islas del Pacífico) hay un sufrimiento agudo por una verdadera ‘emergencia sacramental’, que los pocos sacerdotes presentes no logran satisfacer; se trata de preguntarse cómo responder a esta urgencia, tomando en consideración (por lo menos para las comunidades más aisladas) la posibilidad de encomendar la evangelización y la celebración de los sacramentos a los viri probati“.

Hay que notar que Stella habla de emergencia sacramental: la eventual decisión a favor de la ordenación de los viri probati (que todavía es una hipótesis que debe ser verificada y sobre la que probablemente se hablará durante el Sínodo sobre la Amazonia) estaría motivada por la ley suprema para la Iglesia, esa ley que debería ser la base para cualquier reforma: el bien de las almas. Es decir el bien de las personas y comunidades que por diferentes motivos no logran ser alcanzadas por los sacerdotes sino algunas veces al año.

“Del estudio de la cuestión –observó el cardenal Stella en la entrevista– surgen perspectivas interesantes, de las que se podría evaluar el alcance efectivo, como, por ejemplo, la posibilidad de ordenar en algunas comunidades a algunos ancianos, según la propuesta que el obispo emérito de Aliwal, en Sudáfrica, monseñor Lobinger, hizo hace ya algunos años; aquí se alude no a cada uno de los viri probati que podrían ser ordenados, sino a la madurez y a la responsabilidad de la comunidad cristiana, de la que podrían surgir algunos ancianos que, una vez recibida la ordenación, se ocuparían de garantizar la celebración eucarística, el sacramento de la reconciliación y el de la unción de los enfermos”.

“Recibiendo la orden sacra –continúa el cardenal Prefecto del clero–, estos ancianos se dedicarían al ejercicio del munus sanctificandi, puesto que entre las tareas del sacerdote (como recordaba en una audiencia Benedicto XVI) está el de ‘santificar a los hombres, sobre todo mediante los sacramentos y el culto de la Iglesia’, convirtiéndose en ministros de la santificación que Cristo comunica, dispensadores de sus misterios, puentes del encuentro con Él, de su mediación entre Dios y los hombres, y entre los hombres y Dios (Benedicto XVI, Audiencia general del 5 de mayo de 2010)”.

“La idea fundamental, según el axioma de Henri de Lubac, varias veces desarrollado en el magisterio de Juan Pablo II, es que ‘la eucaristía hace a la Iglesia y la Iglesia hace la eucaristía’. Esto significa recordar ‘la verdad esencial, no solo doctrinal, sino también existencial, de que la eucaristía construye la Iglesia, y la construye como auténtica comunicad del Pueblo de Dios, como asamblea de fieles’ (Juan Pablo II, Redemptor Hominis, n. 20), y, como consecuencia, la Iglesia, a través de la celebración sacramental, hace que el misterio eucarístico se actualice en el tiempo y en el espacio”.

“Por ello –explica Stella, ofreciendo las razones de la eventual decisión de ordenar sacerdotes a hombres ancianos casados–, si ‘la Iglesia vive de la Eucaristía’ y la eucaristía es el núcleo del ministerio de la Iglesia (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, n. 1), entonces a cada comunidad cristiana, incluso en situaciones complejas o en contextos culturales y eclesiales difíciles, se debería garantizar este alimento espiritual. En tal sentido, cuando surgiera la emergencia, se podría pensar en la ordenación de ancianos que, conservando su familia y su trabajo, y recibiendo una formación contextualizada en el ambiente, podrían ofrecer un servicio parcial en la misma comunidad de la que provienen, para garantizar la pastoral sacramental y, en particular, la presidencia de la celebración eucarística”.

El purpurado recuerda que la hipótesis de los viri probati representaría una vuelta al inicio del cristianismo: “Se recuperaría esa estructura ya existente en la Iglesia de los orígenes, que distinguía a los ministros ordenados célibes (como Pablo y otros fundadores de comunidades) de los responsables de comunidades, como los ‘ancianos de Corinto’. Los primeros, con formación más específica y compromiso a tiempo completo en el ministerio, serían más itinerantes; los segundos, en cambio, nacidos dentro de las mismas comunidades, serían más fijos, según las necesidades sacramentales de la colectividad. En sustancia, cada comunidad apartada y a menudo casi inaccesible podría expresar los propios ancianos para la presidencia de la eucaristía, mientras que los ministros ordenados célibes, al ser itinerantes, se ocuparían de la animación y de la formación de estas comunidades, además de los ancianos mismos que las presiden establemente”.

Para concluir, el cardenal Stella en la entrevista con Marchese Ragona precisa que la eventual ordenación de los viri probati en algunas zonas del mundo no afectaría la figura del sacerdote célibe tal y como se ha consolidado a lo largo de siglos de historia. “Se trata solamente –explica– de hipótesis que serán profundizadas y de sugerencias que deberían ser verificadas mediante un estudio atento y un amplio discernimiento eclesial. Sin embargo, una propuesta de este tipo no sustituiría la tipología de sacerdote actual ni pondría el acento sobre el celibato opcional”.

“Por el contrario, iría a completar esta figura, añadiéndole la de los miembros de la comunidad, elegidos por su edad madura y su vida ejemplar, que podrían ofrecer un precioso servicio, presidiendo la eucaristía y garantizando la confesión y la unción de los enfermos. Sobre el tema, el camino y la discusión acaban de comenzar”.

 

Fuente:

Vatican Insider / Fabio Marchese Ragona, “Todos los hombres de Francisco”, Ediciones San Pablo (20188), 384 pp.

Puntuación: 5 / Votos: 3

Comentarios

  1. ARTURO FRANCO escribió:

    “…La posibilidad de ordenar sacerdotes a hombres casados de edad madura, los llamados viri probati …”
    Estoy de acuerdo, que sean maduros ! no necesariamente solo ancianos.

  2. Cesar Augusto Alva y Alva escribió:

    Estoy de acuerdo, pero también pueden haber viri probati jóvenes o de edad madura y no solo ancianos

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