P. Lombardi SJ: Reflexión cultural en diálogo con la teología para un mundo mejor

5:00 p m| 28 oct 16 (RD/BV).- El sacerdote jesuita Federico Lombardi, quien fue durante una década el portavoz de la Santa Sede, protagonizó una entrevista publicada en el portal de noticias Religión Digital y explicó la nueva labor que empieza como presidente de la Fundación Ratzinger, con la misión de “continuar la herencia cultural y teológica de Joseph Ratzinger”, aportando al diálogo entre la Iglesia y la cultura actual.

Al iniciar la entrevista comentó sobre sus años de servicio como comunicador en el Vaticano, un rol que identificó como “puente” entre la Iglesia institucional y el mundo de la comunicación. Mencionó también cómo el mensaje del Papa Francisco es particularmente apto para la comunicación actual. Finalmente recogemos una reflexión del P. Lombardi que hace referencia a “Últimas conversaciones”, libro-entrevista sobre el Papa emérito Benedicto XVI.

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-¿Qué balance hace de sus 10 años al frente de la oficina de prensa de la Santa Sede?

El balance tienen que hacerlo los periodistas y los católicos. Son ellos los que tienen que decir si he hecho un buen trabajo o no. Ha sido una experiencia muy importante y muy rica en mi vida, esta colaboración al servicio de dos Papas muy diferentes. Y ya antes trabajé en el Vaticano con Juan Pablo II. Tres papas en 25 años. Es una experiencia muy profunda. Como ejercicio profesional de comunicación y como experiencia espiritual de cercanía a los papas, que son personas maravillosas que han marcado la vida de la Iglesia en estas últimas décadas.

Es un servicio con los periodistas y para los periodistas. Se trata de ayudarlos a entender bien e informar y comentar adecuadamente la vida de la Iglesia. En este sentido, para mí fue un servicio de diálogo y de puente entre la Iglesia institucional y el mundo de la comunicación. Fue también una buena experiencia de amistad y de encuentro personal con muchos periodistas del mundo. De diferentes naciones y de diferentes orientaciones.Y siempre con la idea de colaborar, para ofrecer un buen servicio a todas las personas que desean tener una información profunda sobre la Iglesia en el mundo de hoy.

-¿Aprendió algo de los periodistas durante su tiempo como portavoz de la Santa Sede?

Tengo que decir que mi experiencia ha sido muy buena. He intentado servir a los periodistas con todo mi corazón. Dar el material y la información útil que necesitaban para que hicieran bien su trabajo. Y con una actitud positiva y de disponibilidad.

-¿Los medios y sus profesionales son instrumentos imprescindibles para la Iglesia?

Naturalmente. Hay periodistas que tienen una orientación y una sintonía mayor con la Iglesia porque comparten sus ideales y sus intenciones. Hay otros que tienen una perspectiva diferente. Pueden interpretar los hechos sin entender bien cuáles son las intenciones profundas evangélicas del papa, porque no las comparten. En cualquier caso, todas son personas que hacen seriamente su trabajo y merecen que se las ayude a entender correctamente la realidad de la Iglesia. En este sentido ha habido un respeto mutuo.

-Y como prueba de ese respeto mutuo, los periodistas le han hecho un homenaje en Roma hace poco tiempo…

Yo nunca me he sentido atacado. Siempre me he sentido respetado y apreciado por los periodistas.

-¿Va a echar de menos no estar en el avión en el próximo viaje papal?

No, yo siempre he pensado que prestaba un servicio. Éste ha terminado y ahora hago otra cosa. No es una tragedia. Es muy normal tener diferentes destinos. Estoy muy contento de colaborar con los Papas. Pero era muy consciente de que este servicio no iba a ser eterno. Ahora tengo otra tarea.

-¿Ha cambiado la comunicación en el Vaticano con el Papa Francisco?

El estilo de comunicación del Papa Francisco es muy distinto al de Benedicto. Con Benedicto había una comunicación muy rica en contenidos, muy profundos y teológicos. Francisco tiene un carisma muy especial de expresión concreta y directa, de cercanía con el mundo de hoy y con las personas. Es una comunicación más concreta y directa, y con sintonía profunda entre el pueblo y el Papa Francisco. Y naturalmente, el servicio de la comunicación por mi parte fue diferente, en el sentido de que con Benedicto era más un servicio de interpretación, de simplificación de sus mensajes, de divulgación.

Con Francisco, los mensajes se entienden más directamente. Y el servicio consiste en ayudar a los diferentes medios, especialmente a los digitales, a recibir rápidamente el mensaje de Francisco, que es particularmente apto para la comunicación actual. Con frases breves, contundentes, con mensajes sencillos. La potencia comunicativa de Francisco tiene algo muy especial. El papa tiene el don de la comunicación.

-¿Le molesta que los periodistas le sigamos etiquetando de ex portavoz o eso es un timbre de gloria?

No es un problema. Es una realidad.

-Ya está metido de lleno en nuevas tareas

Ahora tengo nuevas cargas y voy a ver cuáles son y cómo interpretarlas. Es un periodo un poco de transición porque he empezado a ver qué es la Fundación Ratzinger y qué puedo hacer en ella. Además, está la Congregación General de los jesuitas, a la que voy a estar dedicado un mes y medio. Después, veré si tengo otra misión en la Compañía para compaginar con la de la Fundación.

-De portavoz de la Santa Sede a presidente de la Fundación Ratzinger. ¿En qué consiste su nuevo trabajo?

Ahora tengo una misión especial que consiste en continuar la herencia cultural y teológica de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI. Por medio de algunos premios, algunas publicaciones y algunos congresos de teología. Es decir, continuar el espíritu de Joseph Ratzinger de ayudar al desarrollo a través de la contribución de la teología y de la cultura de la Iglesia. No sólo tenemos que reflexionar sobre lo que Ratzinger ha dicho, sino mantener su espíritu, favorecer el diálogo entre la Iglesia y la cultura actual. La fundación tiene esta misión. Para llevarla a cabo, mantenemos muchas colaboraciones con diversas instituciones, como universidades del mundo, congresos, publicaciones y diferentes iniciativas.

-¿Cómo se fraguó su paso a la dirección de la Fundación Ratzinger?

Francisco me dijo: ‘Vas a terminar en la Sala de Prensa y te vas a encargar de la Fundación Ratzinger’. Y pensé: ‘No sé si eso es lo mío, organizar congresos y cosas así’. Pero luego entendí que haber trabajado con Benedicto XVI fue muy importante para mí, y poder seguir trabajando con él era una oportunidad, un don. Siento como un don el poder estar cerca del Papa emérito en este tiempo fundamental, el tiempo de su preparación al encuentro con Dios.

Seguimos hablando y Francisco también me dijo que, con la Fundación, tenemos que dedicarnos a impulsar y a tomar parte activa en un trabajo de reflexión cultural con una perspectiva muy amplia de diálogo con la teología. Con una perspectiva que, siendo compatible con la fe, pueda realmente ayudar al mundo de hoy. Éste es el sentido en que yo interpreto el trabajo que me ha confiado Francisco. Un trabajo muy importante, porque él conoce muy bien y aprecia el enorme servicio que Benedicto ha hecho a la Iglesia.

Hay una maravillosa relación de aprecio y de sintonía de Francisco con su predecesor. Me siento bien de pasar de un servicio al otro, porque plasma el espíritu de continuidad que hay entre los dos Papas y la profunda relación que hay entre las dos personas.

-¿Cómo se encuentra Benedicto XVI?

Está en el tiempo de la preparación al encuentro de Dios. El libro de sus últimas conversaciones, que pienso que pronto se publicará en español, tiene un valor especial para mí, porque es su testimonio. Es su testimonio de cómo se prepara al encuentro final de la vida. Un testimonio de una gran profundidad y de una sinceridad maravillosa, que puede ayudarnos a todos nosotros en nuestra espiritualidad. Considero que es un privilegio estar en sintonía con este gran hombre.

En un pequeño diálogo que mantuve con él unas semanas atrás, concretamente sobre la Fundación, sobre el sentido de mi tarea hoy, me dijo: ‘Es muy importante que nos empeñemos en ayudar al desarrollo de una teología en la Iglesia que se inserte profundamente en ella, y que se haga desde el interior de la teología y no desde el exterior, con intervenciones disciplinales’. Esto, para mí, viniendo de un Papa emérito, que antes fue prefecto de Doctrina de la Fe, es muy interesante.

Benedicto piensa que la búsqueda de la verdad y la búsqueda del diálogo teológico tienen que crecer hacia el interior, con un espíritu del aggiornamento positivo. Como el que muestra en su libro sobre Jesús.

En el umbral del encuentro

Un comentario del presidente de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI sobre el volumen “Últimas conversaciones”.

El nuevo libro entrevista de las conversaciones de Benedicto XVI con Peter Seewald es una total sorpresa para mucha gente, una sorpresa preciosa.

Es una sorpresa porque en principio Benedicto XVI había elegido una vida solitaria de oración y meditación y quizás no esperábamos la publicación de una nueva larga conversación con un periodista.

Es una sorpresa preciosa en el sentido de que, además del primer asombro, la tranquila lectura del texto nos ofrece unas perlas muy preciadas y de gran valor, y otras útiles e interesantes.

Las perlas mas preciadas son, en nuestra opinión, dos, que están en la Primera Parte y en el capítulo final de la Tercera Parte del libro.

La primera y más importante es el testimonio conmovedor de la experiencia espiritual del viejo pontífice emérito “en camino para llegar a la presencia de Dios” (225). Podemos decir que Benedicto XVI habla de manera muy serena de cómo está viviendo la última etapa de su vida en recogimiento y oración.

Juan Pablo II nos había dado su precioso testimonio sobre cómo vivía el dolor de su enfermedad en la fe. Benedicto XVI nos da el testimonio del hombre de Dios anciano, que se prepara a la muerte. Lo hace de manera humilde y humana, y reconoce que la debilidad física le impide estar siempre, como quisiera, en “las regiones altas del espíritu” (23).

Nos habla del gran misterio de Dios y de las grandes dudas que le acompañaron en su vida espiritual, que siguen acompañándole y se hacen quizás más grandes, como la presencia del mal en el mundo. Nos habla en particular de Jesús Cristo, verdadero centro de su vida, que “ve precisamente delante” de él, “siempre grande y misterioso” y del hecho de que “muchas palabras del Evangelio ahora las encuentro más difíciles que en el pasado, con su grandiosidad e importancia” (26).

El viejo pontífice vive el acercarse al misterio “sin dejar la certeza de la fe y sumergido en ella”. “Nos enteramos de que tenemos que ser humildes, porque si no entendemos las palabras de las Escrituras, tenemos que esperar hasta que el Señor nos ayude a entenderlas” (27).

Ratzinger habla con serenidad de la mirada sobre la vida pasada y del “peso de la culpa”, de la nostalgia por no haber hecho bastante para los otros, pero también de la confianza en el amor fiel de Dios, del hecho de que en el momento del encuentro “le rogará que fuera indulgente con su miseria” y del convencimiento de que en la vida eterna “llegará a su verdadera casa” (28).

Junto a esta verdadera perla fundamental, en nuestra opinión la parte más importante del libro es, en un nivel diferente –inferior pero también considerable– la respuesta clara y serena a todas las elucubraciones inmotivadas sobre su renuncia al pontificado, como si fuera por las dificultades encontradas con los escándalos y las conspiraciones.

De todo eso ahora, incitado por las preguntas de Seewald, Benedicto en primera persona hace limpieza de manera definitiva y habla del camino de discernimiento con el que tomó la decisión delante de Dios y de la serenidad con la que comunicó y puso en práctica su decisión sin incertidumbres y nunca se arrepintió de haberlo hecho. Subraya que él tomó la decisión no por las dificultades urgentes, sino cuando estas se acabaron. “He podido renunciar precisamente porque había vuelto la calma en torno al asunto. No fue una retirada bajo la presión de los acontecimientos o una fuga por la incapacidad de hacerles frente” (38).

Además de la respuesta a las interpretaciones equivocadas, Benedicto explica claramente las motivaciones verdaderas de la renuncia con tan grande naturaleza que aparecen razonables y convincentes. En cierto sentido –podemos decirlo– la renuncia de un Papa que no esté dispuesto a ejercer su responsabilidad en el gobierno de la Iglesia porque su fuerza física y psíquica se reduce, parece necesaria y “normal”.

Aunque quede la libertad soberana de cada Papa en este asunto, es cierto que la decisión de Benedicto XVI ha ofrecido un modelo de discernimiento y ha abierto concretamente –¿y podemos decir también en este caso “definitivamente”?– una posibilidad de elección que es más fácil para todos los sucesores.

Estos dos grandes asuntos son los que justifican plenamente y hacen oportuna la publicación de este libro, mientras siga viviendo Benedicto.

Pues, en la Segunda y en la Tercera Parte, la conversación trata de varios temas distintos sobre toda la vida de Joseph Ratzinger, desde su familia de origen hasta todo el pontificado. Como ha explicado el mismo Seewald en una entrevista reciente (Christ und Welt, Zeit online, 7.9.2016) es importante notar que el libro en realidad nació de unos diálogos con el entrevistado (en agosto y en noviembre de 2012, antes de la renuncia; en julio y en diciembre de 2013, y en febrero de 2014 después de la renuncia) en vista de una posible biografía futura, contestando por eso con aclaraciones y ahondamientos a preguntas sobre situaciones, episodios, asuntos, encuentros de interés en las diferentes fases de la larga vida y de la actividad del entrevistado.

No sabemos si o cuándo Seewald va a escribir una verdadera biografía. Este libro no lo es para nada. Sin embargo, con párrafos introductorios breves a los capítulos y con una oportuna formulación de las preguntas, Seewald ordena y contextualiza las respuestas de Benedicto en una rápida sucesión cronológica. La claridad y la profundidad de muchas respuestas, su tono personal y la absoluta sinceridad convierten las informaciones y las meditaciones en contenidos interesantes y no fragmentarios.

En nuestra opinión, las páginas más interesantes son dedicadas a los temas de mayor interés. Podemos subrayar, por ejemplo, el tema del nazismo en la experiencia familiar y eclesial del joven Ratzinger, o el clima cultural casi apasionante que el profesor de teología vivió en Bonn en el periodo del renacimiento de Alemania después del desastre de la guerra, su personal contribución como experto del Concilio Vaticano II, sobre todo con el asunto fundamental de la relación entre Escritura, Tradición y Magisterio; su posición cada vez más crítica con los otros teólogos alemanes sobre la misma comprensión de la naturaleza y del papel de la teología en relación a la fe de la Iglesia; su estrecha y muy larga relación de afecto y colaboración con el Papa Wojtyla.

Muchos seguramente estarán interesados en las respuestas que contribuyen a trazar un “balance” del Pontificado de Benedicto XVI a partir de las líneas de orientación. Ofrecemos aquí unas ideas.

“Lo que quería hacer es antes que todo poner en el centro el tema de Dios y de la fe, y la Sagrada Escritura. Yo provengo de la Teología, y sabía que mi punto fuerte, si tengo alguno, es anunciar la fe de modo positivo. Por eso quería sobretodo enseñar empezando por la plenitud de la Sagrada Escritura y de la Tradición… Y sabía también que mi pontificado no iba a ser largo. Que no podía hacer proyectos largos e iniciativas extraordinarias… No habría convocado un nuevo Concilio, pero quería consolidar el elemento sinodal” (180).

Benedicto vuelve muchas veces a poner en relieve el espiritu de su Pontificado, reconociendo el Año de la Fe como su signo distintivo: “un renovado estímulo a creer, a vivir una vida a partir del centro, del dinamismo de la fe, a redescubrir Dios a través de Cristo, o sea redescubrir la centralidad de la fe” (217). Es cierto que la gran obra sobre Jesús tiene un papel central en el Pontificado de Benedicto XVI. No era el ejercicio del teólogo en su “tiempo libre” dejado por el servicio de Papa, sino su servicio más importante a la Iglesia, porque “si nosotros no conocemos más a Jesús, es el final de la Iglesia… y el peligro que Jesús sea destruido por algun tipo de exégesis es muy grande” (192-193).

En la meditación teológica de Ratzinger la escatología, o sea las “realidades últimas”, y la persona de Jesús han tenido un puesto muy importante. No era una teología separada de la vida: ahora ella sigue y llega a su meditación cotidiana sobre las realidades últimas, y en su vivir siempre delante de Jesús.

También la mirada a su pontificado, con sus luces y límites, es lúcida y serena; como hacen los que “cuentan los días” él ha aprendido a ver las cosas de este mundo con la “sabiduría del corazón” (Salmo 90), y puede dejar con confianza su vida y su obra en manos de Dios.


Otros enlaces de interés:


Fuentes:

Religión Digital / Fundación Ratzinger

Puntuación: 5 / Votos: 3

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