Tiempo y dimensiones relativas en la fe: la religión y Doctor Who

1:00 p m| 25 set 15 (THINKING FAITH/BV).- Así se titula una colección de diecinueve ensayos escritos por teólogos y académicos que busca examinar el significado religioso en el popular show Doctor Who, a menudo percibido como la antítesis de la creencia religiosa. Incluso el título Time and Relative Dimensions in Faith hace referencia a la posibilidad que ofrece la obra de explorar diferentes “mundos”: comunidades, filosofías y periodos históricos, así como lo hace TARDIS (Time And Relative Dimensions In Space), máquina del tiempo en la serie. La colección fue publicada con ocasión de las celebraciones por el 50º aniversario del programa de ciencia ficción con mayor tiempo en el aire, y que rompió otro récord durante su episodio de aniversario al ser transmitido en 94 países a la vez.

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Doctor Who estaba previsto para durar un año como máximo y no se pretendía que fuera algo más que un drama educativo para los niños británicos; el hecho de que algunas personas hoy en día consideran que su personaje principal pertenece a la misma tradición mítica de Robin Hood y Sherlock Holmes dice mucho sobre la sostenida popularidad del show, a pesar de que fue cancelada en dos ocasiones por la BBC. Palabras como “Tardis” y “dalek ” se incluyeron en el Diccionario Inglés de Oxford y se explican como alusiones a la serie para los que nunca han visto ninguno de sus 800 episodios.

El primer episodio fue en realidad escrito por un católico australiano proselitista llamado Anthony Coburn, que elaboró al héroe a partir de San Pablo. Esto fue en 1963, antes de que muchos de los puntos clave en la mitología del programa se establecieran: la capacidad del Doctor para regenerarse apareció en 1966; su pueblo (los Señores del Tiempo) no fue incorporado hasta 1969; el planeta del Doctor no se llamó Gallifrey hasta 1974, y gran parte de la mitología de los Señores del Tiempo fue creada por el escritor Robert Holmes en 1976. Andrew Crome, coeditor y colaborador de esta colección, que parece poseer un conocimiento enciclopédico de todas las épocas de la serie, se divierte  especulando la dirección que la serie podría haber tenido si trama no producida, The Masters of Luxor de Coburn, hubiera reemplazado a The Daleks como segundo serial en 1964, dado que presentaba al Doctor como un personaje que valoraba por igual creencias religiosas y razonamiento científico.

Los lectores poco familiarizados con el programa (especialmente con las nuevas series, a partir de 2005) podrían tener problemas para seguir la argumentación en este libro, a pesar de la forma amistosa en el que los distintos ensayos tratan de incorporar el contexto. Esto debido en parte a que ciertos episodios recientes se han convertido en puntos de referencia clave para estos escritores. The Runaway Bride (2006), Human Nature (2007), Last of the Time Lords (2007), The Fires of Pompeii (2008), Journey’s End  (2008), The Waters of Mars (2009), The End of Time (2010), A Christmas Carol (2010), The God Complex (2011) y A Town Called Mercy (2012) son episodios a los que se refieren en al menos media docena de los ensayos. Como se trata de aventuras en las que el Doctor es visto con frecuencia encarando decisiones éticas importantes, siendo tentado por su lado más oscuro o siendo presentado como omnipotente, no es de extrañar que la mayoría de los colaboradores se refieran a ellos como textos clave. K. Jason Wardley hace algunas observaciones interesantes, en particular sobre Human Nature (un episodio donde nuestro héroe alienígena ha tomado forma humana) y muchos de los colaboradores utilizan la capacidad del personaje para existir fuera del tiempo cronológico para ponderar la naturaleza y conveniencia de la inmortalidad.

Por el contrario, hay un número menor de ensayos que se centran explícitamente en la serie original, presentada entre 1963 y 1989. Esto puede ser debido a la percepción de que el programa se ha vuelto más “oscuro” y adulto en los últimos años. En un ensayo sobre este tema, Tim Jones hace comparaciones entre The Curse of Fenric (1989) y The God Complex (2011) para sugerir que los aficionados prefieren “el escepticismo evidente y extremo del episodio más actual”. Y sin embargo, la noción de que la nueva serie es de alguna manera más secular que la original se debilita con la observación de Andrew Crome de que Gridlock (2007), escrito por el autor abiertamente ateo Russell T. Davies, acabó nominado al Epiphany Prize a la programación religiosa, antes de que el comité de premiación cayera en la cuenta de la inclinación religiosa de su creador. Tal anécdota demuestra, como apunta Kieran Tranter, que “es difícil discernir valores y temáticas consistentes en una narrativa tan vasta”. Una ironía, que estoy seguro los editores agradecerán, es que este libro salió justo antes del especial de aniversario, que ha llevado una vez más al programa en una dirección muy diferente.

La ponderación en este libro de la nueva serie sobre la antigua también puede ser debido a que la actual se ha centrado mucho más en la construcción de la mitología de su protagonista y ha tenido arcos narrativos más claros en la que la mitología del Doctor ha sido sometida a una considerable reinvención. Muchos de estos ensayos se centran en finales de temporada recientes en los que los paralelos más mesiánicos a veces son evidentes. Y, sin embargo, como Jennifer Miller y otros colaboradores argumentan, ahora hay un lado mucho más oscuro del Doctor en el que sus “tendencias monstruosas” pasan a primer plano. ¡Aunque hace cincuenta años, el Doctor de William Hartnell trató de descerebrar a un cavernícola!

Como este libro muestra, “[los espectadores] somos forzados constantemente a evaluar la ética del Doctor y de sus seguidores” (Waltonen), y hay un gran número de cuestiones éticas y morales que debatir en esta muy larga serie. Y aunque no se pretende que el Doctor sea una figura mesiánica, su capacidad para vencer a la muerte, sus constantes batallas con el mal y la manera en la que es presentado a menudo como salvador del mundo, todo suma para convertirlo en un buen modelo a seguir para los niños, en un mundo que frecuentemente carece de héroes tradicionales. Como estos inspiradores ensayos demuestran, un programa que explora ideas de tiempo no lineal, cuestiones relacionadas con la inmortalidad subjetiva y el sacrificio personal, puede ser un descubrimiento muy importante para niños criados en familias no religiosas, así como una vía para debatir estos temas con otras personas.

Como señala el coeditor James F. McGrath, “Doctor Who es un punto de partida del que fácilmente se generan debates sobre tópicos religiosos muy serios”, y picotear entre estos ensayos académicos ofrecerá a los fans de la serie una dimensión extra a disfrutar. Doctor Who tiene un espacio establecido en nuestra cultura popular y, como un antiguo colega jesuita, puedo apreciar cómo los estudiantes de hoy podrían conectar más fácilmente con el pensamiento cristiano a través de la alusión a cómo un Tardis puede ser más grande por dentro que por fuera, que tratar de explicarle la parábola del grano de mostaza. La mayoría de mis estudiantes asumen que la mostaza sólo viene en frascos…


Fuente:

Thinking Faith

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