Gran descubrimiento. Homilías inéditas de Orígenes

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11.00 a m| LIMA 03 jul 12 (Buena Voz).- Sin lugar a dudas es “el descubrimiento del siglo”, el realizado por una filóloga italiana en la biblioteca de Múnich. Son 29 homilías, hasta ahora inéditas. En la primera mitad del siglo III, Orígenes había dictado una serie imponente de obras que pronto ejercieron un influjo decisivo sobre la interpretación bíblica, tanto griega como latina. La historia de la comunidad cristiana, está muy relacionada a estos escritos y a Orígenes, gran filósofo e intelectual griego cristiano del siglo III.

Marina Molin Pradel se dio cuenta de que algunas homilías sobre los Salmos contenidas en el códice bizantino del siglo XI, correspondían a las de Orígenes traducidas al latín por Rufino a inicios del siglo V. E inmediatamente, extendiendo los controles sobre el manuscrito, la estudiosa llegó a la conclusión de que todas las veintinueve homilías contenidas en el códice, hasta ahora inéditas, son del gran intelectual cristiano.

La importancia del descubrimiento está en el hecho de que la inmensa obra principalmente exegética de Orígenes, fue perdida en gran parte, y de lo que fue salvado, (relativamente poco) llegó hasta nosotros en lengua original y en traducción latina, dado que en Occidente, se continuó leyendo y utilizando los escritos de Orígenes traducidos durante toda la Edad Media. En la primera mitad del siglo III, Orígenes había dictado sobre el Salterio una serie imponente de obras que pronto ejercieron un influjo decisivo sobre la exégesis bíblica, tanto griega como latina. Pero precisamente su extensión, además de la condena del año 553, explica su pérdida casi total, ya en época antigua.

Orígenes

Hay algunas personas que resultan muy importantes durante la historia. Normalmente, los colectivos guardan memoria de ellas y esa memoria es el tributo que realizan a sus aportes. El tributo prestado a estos ancestros retorna sobre la comunidad como inteligencia de su tradición, como mejor conciencia de las razones detrás de muchas de sus ideas, costumbres, y prácticas. Desgraciadamente, algunas tradiciones pierden su fuerza en el colectivo que así pierde conciencia del modo como se construyó su tradición. Eso nos pasa a la mayoría de los católicos.

Pocos saben quién fue Orígenes. Pocos se preguntan cómo es que un pequeño grupo de pescadores judíos, con el apoyo de algún fariseo helenista como Pablo, logró la tarea de desarrollar el sistema religioso en el que se convirtió el cristianismo.

Uno de los protagonistas de esa hazaña fue Orígenes. Él y un grupo de personas conocidas como los Padres de la Iglesia realizaron la tarea de pensar la novedad de Jesús Mesías (cumplimiento de la promesa religiosa hecha a los judíos) dentro de las categorías del pensamiento mejor estructurado de la época; el de la filosofía griega. Benedicto XVI, teólogo y Papa, habla por eso cada vez que puede de la originalidad cristiana como LOGOS.

Benedicto realiza también, dentro de un programa catequético de largo plazo durante las audiencias generales en abril de 2007 sendas conferencias sobre este gigante.

Orígenes, y su maestro Clemente, son hombres del sigo II y III), época de persecuciones. El padre de Orígenes muere mártir y él quedará marcado por el deseo de recibir como privilegio este “bautismo de sangre”. Por otro lado, son hijos de Alejandría; el faro cultural de la época. Son cristianos y cultos. El radicalismo del desafío al mundo y el Imperio, y a la cultura predominante se combinan en Orígenes produciendo desmesura en todos los extremos. Literal en el seguimiento del evangelio toma en serio el pasaje de Mt 19,12 y “se hace eunuco por el reino de los cielos”. Esa radicalidad en el seguimiento del evangelio le valió el apodo de “Adamantius”: hombre de acero. Este exceso de celo se volverá en su contra cuando mucho más tarde y teniendo ya prestigio como erudito y persuasivo predicador, es ordenado sacerdote, sus adversarios lo descalifican y persiguen por ser eunuco. Un sacerdote debe ser un hombre perfecto.

Pero su prestigio mayor es intelectual. Es probablemente el más importante autor antes del concilio de Nicea. Funda la teología como razonada reflexión sobre la biblia. Su lección marcará un punto de no retorno en el cristianismo. Y en el proceso, realiza no solo una producción prolífica sino obras que marcarán el modo de proceder posterior: quizás su mayor aporte metodológico es una edición de la biblia en 6 columnas (el Hexapla) usando el hebreo, la transliteración del hebreo en caracteres griegos y las mejores versiones griegas disponibles (incluyendo la septuaginta) para responder a la pregunta ¿cuál es el texto?. Con este aparato realiza tres lecturas:¿qué dice literalmente el texto (lectura literal)?; ¿qué nos quiere decir el texto (lectura moral)?; ¿cuál es el espíritu del texto (lectura alegórica)? en unos comentarios de la biblia hoy perdidos en su mayor parte. Además, realizó un enorme esfuerzo apologético, defendiendo la fe cristiana contra los argumentos adversarios; entre las obras de este tipo está su monumental “Contra Celso”.

Pero su aporte es más amplio, sus intereses abarcan el universo mundo y en el camino funda en Cesarea una escuela al estilo de los filósofos de la época. En ella desarrolla un pensamiento cristiano original y sistémico capaz de responder no solo a los desafíos de los adversarios sino a las divisiones internas entre los cristianos respecto de la doctrina cristológica, o la naturaleza del alma, o frente a la impugnación del antiguo testamento por algunos gnósticos. En De Principiis desarrolla la primera exposición filosófica del pensamiento cristiano; realiza en el terreno no pautado de su época aportes en todos los campos de la teología. Más tarde algunas de sus afirmaciones resultarán siendo consideradas heréticas. De alguna manera sus enemigos, que le complicaron la vida vivo, lograron –para nuestro mal- complicársela después de muerto. La mayoría de sus obras se perdieron bajo el peso de la persecución y la condena. Era tradición que se le declaró hereje en el 5to Concilio Ecuménico, pero aunque hay evidencia de condena de algunas ideas sostenidas por él y sus discípulos, no parece haber condena de él.

En el balance de su vida habría que decir que finalmente obtuvo su bautismo de sangre; murió como resultado de secuelas de las torturas que sufrió durante un año bajo la persecución a los cristianos del emperador Decio. Más tarde, como muestran los discursos de Bendicto XVI, fue reivindicado en la iglesia católica como Padre de la Iglesia.

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